miércoles, 13 de noviembre de 2013

Domingo Cura


Domingo Cura nació en Santiago del Estero, el 7 de Abril de 1929 y murió en Buenos Aires, el 13 de noviembre de 2004. Músico, bombisto y percusionista.

En el Sitio http://www.guiacultural.com aparecio esta publicacion con el comentario de dos reconocidos periodistas de nuestro medio, recordando a Domingo Cura.
  
Adiós a Domingo Cura
Lunes 15 de noviembre de 2004
Querido por todos los géneros
El percusionista falleció en medio de un recital 

Domingo Cura falleció anteanoche, durante una actuación en el recital de Chico Novarro. El percusionista santiagueño, de 75 años, que estaba invitado al concierto en el teatro Lola Membrives, sufrió un paro cardíaco cuando estaba a punto de tocar el bongó. Había pasado media hora del comienzo del espectáculo. Con el telón cerrado y mientras se le realizaban trabajos de reanimación, los productores anunciaron la suspensión del show.
Los restos de Domingo Cura serán inhumados hoy, a las 15, en el panteón de Sadaic del cementerio de la Chacarita.
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Posiblemente no le hubiera gustado que su muerte lo pusiera en las tapas de los diarios, porque nunca fue un músico estridente o exhibicionista, sino uno de los más sutiles intérpretes de la percusión folklórica. Domingo Cura era el invitado del recital de Chico Novarro. Poca gente podría relacionar al percusionista santiagueño con el reconocido bolerista, pero Cura era así. El músico santiagueño pertenecía a una raza de instrumentistas que proyectaron al folklore a un espacio diferente, donde la improvisación y el encuentro con otros ritmos se transformó en una costumbre natural.

Desde que vino a Buenos Aires a los 18 años, junto al mítico armoniquista Hugo Díaz, nunca tuvo prejuicio para mezclarse con otros géneros. De chico había aprendido algunos "trucos" con una orquesta característica de su ciudad, donde había tocado foxtrot, tango y jazz, aunque lo que más había influido en su forma de tocar era el ritmo de los bombistos anónimos de su región: ese toque vital e intuitivo se transformaría con el tiempo en la marca de su estilo interpretativo.

En la ajetreada noche porteña de los años 50 se acercó a la música caribeña y experimentó con el jazz; colaboró con artistas cubanos y figuras internacionales como Nat King Cole, Lucho Gatica y el Trío Los Panchos; se sumó a las refinadas agrupaciones de René Cospito y Eduardo Armani, y llegó a grabar su primer disco con el conjunto Santa Anita Sextet para la RCA Víctor, donde tocaba el bongó.

No se olvidaba de su origen como bombisto y seguía tocando folklore con su cuñado Hugo Díaz, pero era requerido por orquestas de música tropical que circulaban por las boîtes más conocidas del centro. En eso andaba cuando se encontró con el pianista Ariel Ramírez y el charanguista Jaime Torres para grabar el disco "Folklore nueva dimensión" (1961), que revolucionó el género en cuanto a los arreglos y la interpretación de los instrumentos en la música de raíz.

Poco después llegaría su inserción en el proyecto de "Misa Criolla" (1964), que lo lanzaría definitivamente como uno de los principales percusionistas del género; y el trabajo junto a Mercedes Sosa en "Cantata Sudamericana", otra pieza clave de Ramírez en la música nativa y en la vida de Cura.

Su utilización de diferentes elementos de la percusión como tumbadoras, timbales y bongós sumados al bombo legüero le dio otro sonido a su música. La popularidad alcanzada con las giras europeas, lo transformaron en un músico de prestigio en el ámbito nacional e internacional.

Pero Domingo Cura no se conformó con su actividad folklórica. Llevado por ese espíritu intuitivo siguió explorando en otros géneros y coqueteando con músicos de vanguardia como Eduardo Lagos, Kelo Palacios, Astor Piazzolla, Milton Nascimento y el Gato Barbieri, con el que llegó a tocar en el Central Park de Nueva York durante el prestigioso festival Newport, con un set de ocho bombos que dejó con la boca abierta a jazzeros como Gerry Mulligan.

Ya mimetizado con las costumbres porteñas, Domingo Cura alternaba su movida agenda musical con una variada rutina de entretenimiento. Le encantaba la noche con todos sus atractivos: la charla de café, el hipódromo, los sábados de boxeo en el Luna Park y las jam sessions, donde tocaba con músicos de diferentes estilos.
 
Pelajes rockeros

Ese espíritu movedizo lo llevó a formar una inusual sociedad creativa con Lito Nebbia en los efervescentes primeros años del rock nacional, durante la década del setenta. Eran los tiempos de fusión con las raíces latinoamericanas y el autor de "La balsa" encontró en Domingo Cura el único músico capaz de interpretar el lenguaje rockero y aportarle timbres más folklóricos. El resultado fue "Despertemos en América", de 1972, donde la percusión de Cura es fundamental dentro de la atmósfera sonora. La cohesión del folklorista con el rockero lo llevó a participar del primer festival BA Rock. El recuerdo de ese encuentro memorable entre Cura y Nebbia -dos músicos de estilos y generaciones diferentes- quedó plasmado en el tema "Vamos negro", que puede verse en la película "Hasta que se ponga el sol".

La amistad con Nebbia daría con el tiempo otras reuniones informales e invitaciones para grabar en discos de amigos como Roque Narvaja. El bombisto participó del emblemático álbum "Octubre", una obra maldita con sonido indoamericano que fue censurada por la Triple A. En los noventa, el ex integrante de Los Gatos lo convocó para grabar un disco juntos llamado "Las aventuras de Lito Nebbia y Domingo Cura".

Esa relación con el rock se prolongó en el tiempo. En 2002, el percusionista colaboró en el disco "Siempre es hoy", de Gustavo Cerati. "Grabar con él fue excepcional -aseguró en su momento el ex Soda Stereo-. En el caso de «Sulky» [el tema que grabaron juntos] tenía una base rítmica con un sampler de un vinilo de los años 60 de Cura. Y me dije: «¿Por qué no llamarlo y reemplazar el sampler por el original?» La energía que desplegó en el estudio me hizo reescribir la letra. «Ser como piedras perfectas, imaginarnos de viejos...» Me dejó la sensación de que la música no tiene edad."

A su labor como sesionista de lujo o solista destacado fue sumando sus propios trabajos, entre los que se cuentan los álbumes "Tiempo de percusión", "Gloria", "El Dios de los parches" y "La percusión en el folclore argentino". Domingo Cura estaba preparando un nuevo espectáculo junto al pianista Oscar Alem, pero el latido del parche se detuvo, como el de su corazón.
 
Por Gabriel Plaza
De la Redacción de LA NACION

 
Un hombre sencillo y humilde
El músico enriqueció la percusión con su versatilidad
Se nos ha ido dando un postrero golpe. No de parche. Un golpe contundente, golpe final, de despedida.
Domingo Cura, ante todo un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra, como dijo Antonio Machado. Hombre sencillo, humilde, respetuoso, cordial.
Domingo hizo del golpe, es decir, de la percusión, del ritmo, un modelo. Y eso es preciso rescatar en estos tiempos.
Domingo nunca hizo alardes con su arte maravilloso, heredado de sus ancestros santiagueños. Esa chacarera -tan maltratada, tan tergiversada, tan "caballito de batalla" de peñas y reuniones de jolgorio- jamás fue asumida por Domingo para empujarla con "efecto festivalero". La percusión, con él, cobró otra dimensión. La dimensión hacia el meollo mismo del ritmo, hacia sus recovecos menos pensados, hacia las sutilezas inesperadas, hacia la musicalidad. Como una rúbrica mágica de las melodías y armonías. Domingo hizo de ese desplazamiento rítmico llamado síncopa un arte superior. Su intuición profunda dejó de lado todo lo obvio, como son las marcaciones de los "tiempos fuertes" del compás. Pero todo enriquecido con breves toques, donde el silencio cobró nuevas significaciones musicales; con repiqueteos apenas perceptibles. Pero también supo de la contundencia, cuando arremetía a su "batería de parches", para convertirse en una fiesta de la polirritmia.
Con bombos, tumbadoras, bongós, guiros, redoblantes, platillos, maracas, claves, cencerros, cajones, pandeiros se convirtió en un creador, para enriquecer los temas rítmicos y los que no lo son. ¿Cómo acompañar ese clásico del altiplano como es "El cóndor pasa"? Sólo Domingo pudo hacerlo, con toques diminutos, como lo hizo con el llanto del yaraví. Y más allá, abarcar desde esa chacarera, tan metida en su sangre, el carnavalito, el malambo, la zamba, la baguala, las danzas árabes de sus lares atávicos, los más variados ritmos latinoamericanos -incluyendo el bolero- y el jazz.

Desentrañar el arte prodigioso de Domingo Cura debería ser la consigna de los nuevos percusionistas. De él aprenderán siempre que los parches no son para el estruendo, sino para alimentar las melodías y armonías del mundo.

René Vargas Vera


Recordamos a Domingo Cura en una de sus múltiples apariciones en TV.