Holocausto: un recuerdo permanente y federal
Argentina tiene un fuerte compromiso con respecto a la
tragedia del Holocausto y un sostenido combate contra el antisemitismo,
aspectos que la ponen en un espacio de ponderación en la comunidad
internacional
Por Claudio Avruj 27
de enero de 2018
Secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la
Nación
De los errores históricos que cometió nuestro país con respecto al tratamiento, la condena y su reacción ante los perpetradores del mayor ataque contra la humanidad del siglo XX, el Holocausto, con el paso del tiempo fue surgiendo una corriente diferente, un compromiso distinto para recordar y concientizar a las nuevas generaciones sobre el alcance de aquella barbarie.
De los errores históricos que cometió nuestro país con respecto al tratamiento, la condena y su reacción ante los perpetradores del mayor ataque contra la humanidad del siglo XX, el Holocausto, con el paso del tiempo fue surgiendo una corriente diferente, un compromiso distinto para recordar y concientizar a las nuevas generaciones sobre el alcance de aquella barbarie.
Durante el desarrollo del nazismo y su inmensa crueldad, con
su consecuente Segunda Guerra Mundial, Argentina tuvo un comportamiento que
mereció la reprobación del mundo, una daga que se clavó en el corazón de los
sobrevivientes de la masacre. Es necesario expresarlo con toda claridad: fuimos
empáticos con el nazismo, nos negamos a recibir judíos que huían de Europa en
búsqueda de refugio y, como execrable contrapartida, el poder político de turno
recibió calurosamente a numerosos jerarcas nazis después de la caída del
régimen.
Los años transcurridos y la recuperación de la democracia
provocaron cambios radicales en el manejo de la agenda política, en la cual las
temáticas de derechos humanos pasaron a ocupar un lugar central. Hoy
podemos decir que Argentina tiene un fuerte compromiso con respecto a la
tragedia del Holocausto y un sostenido combate contra el antisemitismo,
aspectos que la ponen en un espacio de ponderación en la comunidad
internacional.
Este cambio se sustanció en varios hitos conocidos. En
primer lugar, fue fundamental la decisión tomada por el ex presidente Fernando
de la Rúa de que nuestro país asistiera a la Conferencia de Estocolmo, y
posicionarlo como único Estado latinoamericano fundador e integrante de la
Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA, por sus siglas en
inglés). Claro que esa iniciativa no fue casual, sino el producto de acciones
precedentes llevadas a cabo durante decenios principalmente por instituciones
de la comunidad judía, que venían sembrando la semilla de la pelea contra el
antisemitismo, muy arraigado en nuestra sociedad.
En ese sentido, no se puede soslayar la tarea del Comité
contra el Antisemitismo; la apertura de cátedras abiertas en universidades
referidas al Holocausto; el diálogo ecuménico inspirado a partir de Nostra
Aetate, declaración del Concilio Vaticano II de 1965; la ley
antidiscriminatoria de 1988, aprobada por el Congreso; la creación del Museo
del Holocausto; la conformación en el ámbito de la Cancillería de la Comisión
de Estudio de las Actividades Nazis en la Argentina (Ceana); la llegada de la
Casa Ana Frank y del Centro Wiesenthal; la fundación Raoul Wallenberg; las
Generaciones de la Shoá; el trabajo de la DAIA, la AMIA y las asociaciones de
sobrevivientes del Holocausto en la misión de mantener la memoria; el Proyecto
Testimonio de la DAIA sobre la política exterior argentina durante el nazismo;
y la captura y la extradición de genocidas nazis en nuestro país como Eichmann,
Schwammberger y Priebke, solo por citar algunas referencias.
Con el mismo criterio, el entonces canciller
Adalberto Rodríguez Giavarini reconoció, junto a la DAIA, a los diplomáticos
argentinos que, mediante la entrega de visados, salvaron la vida de muchos
judíos en Europa, más allá de las órdenes que recibían del Ministerio de
Relaciones Exteriores de no hacerlo.
Un tercer episodio ratifica aquel giro inalterable:
Argentina ejerció el liderazgo, a través del ex canciller Rafael Bielsa, para
la adopción de la resolución 60/7 de Naciones Unidas, donde se establece el 27
de enero como Día Internacional en Conmemoración en Memoria a las Víctimas del
Holocausto, en recuerdo de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz.
Se conmina así a los demás Estados a llevar a cabo conmemoraciones y actos que
reafirmen el compromiso de sus gobiernos.
Se han producido también en estos tiempos hechos de tamaña
importancia, como la inauguración del Monumento Nacional a la Memoria de las
Víctimas del Holocausto y la entrega de los archivos secretos de la Cancillería
Argentina de aquellos años, realizada por el presidente Mauricio Macri, cuando
la reciente visita del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.
Este año vinimos a Chaco a conmemorar otro 27 de enero.
Queremos que estas recordaciones tengan un espíritu federal, por eso las vamos
a llevar a cada rincón del país. Al pie del Monumento a la Humanidad, en
Resistencia, todos juntos les rendiremos homenaje a las víctimas y los
sobrevivientes del Holocausto.
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(Adrián Escandar) |
Educación y memoria son los pilares fundamentales en la
búsqueda de una sociedad fortalecida en valores como el diálogo, el respeto y
la inclusión plural.
Hoy en Argentina la agenda de derechos humanos es una
política de Estado que trasciende a un gobierno, no tiene dueños ni se aborda
con una mirada oblicua que pondere a algunos derechos en detrimento de otros.
Venimos llevando a cabo una agenda federal que contiene a todos los argentinos
por igual. Ese es el país que soñamos y el que estamos haciendo realidad.