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Foto de portada: Magdalena Viggiani.
Graciana Nélida Federico nació en Buenos Aires, Argentina, el 29 de abril de 1920, y murió en su ciudad, el 24 de mayo de 2007. Cantante, bandoneonista y artista plástica.
Nélida Federico (Buenos Aires, Argentina, 29 de abril de 1920) fue una bandoneonista y pintora argentina, nacida en Buenos Aires, Argentina, el 29 de abril de 1920. Desde pequeña recibió las influencias del arte en el seno familiar. Primero, de su padre, Francisco, violinista y músico de profesión; luego, de Domingo Federico, su hermano mayor, bandoneonista, y quien la iniciaría en la práctica del instrumento.
Con él Nélida formó el Dúo Federico, en el que Domingo ejecutaba el bandoneón y Nélida cantaba. Así, surgieron primero las giras y actuaciones en teatros, cines y confiterías, tanto de Buenos Aires como del interior del país. Con el correr de los años, Domingo creó una orquesta de señoritas -algo poco usual en la época-, en la que Nélida tocaba el bandoneón. Al poco tiempo, Nélida quedó a cargo de la pequeña orquesta; su hermano continuó su carrera por separado, convirtiéndose en un reconocido compositor de tangos en los años 40 y 50.
Paralelamente, Nélida estudió dibujo y pintura con el Profesor Galante, despertando en ella otro de sus talentos. A la música se le sumó la pintura, la que desarrolló profusamente entre los años 1936 y 1940. No obstante, muy pocas obras suyas de aquella época se han conservado.
En la década de 1950 Graciana Nélida Federico contrajo matrimonio con Adelmo Panini, abandonando momentáneamente la música, y dedicándose a la pintura, destacándose especialmente por sus retratos al óleo. Realizó numerosas exposiciones y participó en concursos y salones provinciales y municipales, obteniendo premios y menciones especiales.
Ya en su madurez, su pasión por la música volvió a seducirla. Retomó su carrera musical actuando en teatros, y en programas de tango de radio y televisión. A los 80 años de edad grabó su primer y único registro discográfico, y continuó tocando hasta los 86, cuando ofreció su último recital en la Academia Porteña del Lunfardo. Falleció el 24 de mayo de 2007, a la edad de 87 años.
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Lamentablemente no encontré ningún registro de sus grabaciones.
Marcelo Gobello cuenta la vida del Astor Piazzolla con datos y pasión.
La señora está embarazada, embarazadísima, pero esta noche se va con el marido al teatro. Están en la ciudad de Mar del Plata. Él la pasa a buscar en moto, llegan puntuales a la función de Cuando un pobre se divierte, el sainete de Alberto Vacarezza. Pasan los minutos y, cuando los artistas están cantando el tango La copa del olvido, la señora, que se llama Asunta Manetti, siente los dolores del parto: a correr. Salen del teatro, se suben a la moto, van entre enloquecidos y cuidadosos. Hay que llamar a la partera. El reloj pasa las 12 y ya es el 11 de marzo de 1921: entre tango y corridas ha llegado al mundo Astor Piazzolla. Esto cuenta el periodista Marcelo Gobello en su reciente Astor Piazzolla, música en estado de revolución, una biografía a cargo de alguien que conoce bien al músico.
Vamos unos años más adelante: Piazzolla vive en Nueva York con sus padres, Nonino y Asunta. Nonino ha insistido mucho para que el muchacho no se quedara con la escuela y nada más, que estudiara música, que hiciera deportes, que fuera más allá de lo obligatorio. Un día, Nonino va a comprarle patines al nene a una casa de empeños. Pero en la vidriera, ah, ve un bandoneón. Ahí, en Nueva York, un bandoneón pequeño, como para un chico. No tiene nada que pensar: paga los 19 dólares y se lo lleva. El chico, Astor, se decepciona. Lo contará él mismo, muchos años después, y lo reproduce Gobello: “El primer bandoneón que tuve me lo regaló mi papá cuando tenía ocho años. Lo trajo envuelto en una caja, y yo me alegré, creía que eran los patines que le había pedido tantas veces. Fue una decepción, porque en lugar de los patines me encontré con un aparato que nunca había visto en mi vida. Papá se sentó en una silla, lo puso sobre mis piernas y me dijo: «Astor, este es el instrumento del tango, quiero que aprendas a tocarlo». Mi primera reacción fue de bronca. El tango era esa música que él escuchaba casi todas las noches cuando volvía del trabajo, y que a mí no me gustaba".
Estos son algunos de los momentos hermosos de la biografía de Gobello, pero no son los únicos. La visita, en Nueva York, a Carlos Gardel: Nonino ha tallado una escultura de un gaucho con guitarra y lo manda a Astorcito a llevársela. 13 años tenía el chico: se empilcha y va. El músico lo recibe en pijama pero el pibe, que encima toca el bandoneón, le cae bien. Lo convertirá -cuenta Gobello- en su guía en la ciudad. Hasta se irá un día a comer a lo de los Piazzolla. La biografía incluye una carta que Piazzolla escribió mucho más tarde y que publicó en el diario Clarín y que cuenta algo extraordinaio: por esas cosas de la vida, el chico termina tocando su primer tango en el piano y el que canta es Gardel: “Quizá llamándote Charlie te acordarás del pibe de 13 años que vivía en Nueva York, que era argentino y tocaba el bandoneón. ¿Te acordás cuando te llevé un muñeco de madera que había tallado mi viejo? (...) Jamás olvidaré la noche que ofreciste un asado al terminar la filmación de El día que me quieras. (...) Tuve la loca suerte de que el piano era tan malo que tuve que tocar yo solo y vos cantaste los temas del filme. ¡Qué noche, Charlie! Allí fue mi bautismo con el tango“.
Dos retratos de Astor Piazzolla como bebé en 1921, uno solo con una tela y otro en brazos de su madre. (Imagen Ilustrativa Infobae)
Y el destino, otra vez: Gardel, impresionado, lo invitó a su orquesta. Se iban de gira. Los padres no lo dejaron, el sindicato tampoco. Por eso Piazzolla no estuvo en el avión del accidente fatal: “En vez de tocar el bandoneón estaría tocando el arpa”, decía en la carta.
Esas cosas ha escrito Gobello y ahora está, por videollamada y él también desde Mar del Plata, hablando para esta entrevista. De música quiere hablar, es lo que lo apasiona.
-Difícil una nueva biografía de alguien tan conocido. ¿Qué cosas nuevas pensaste que podías encontrar?
-Mi tío abuelo, eh, era José Gobello, el fundador de la Academia Porteña del Lunfardo. Y él era amigo de Astor. Fue el primer periodista que lo bancó cuando a él en el cincuenta y pico lo criticaban mucho. Pero yo crecí con los Beatles, con los Rolling, después con Led Zeppelin, con Yes, nunca tuve una grieta. Viví afuera y ahí lo que interes de nosotros no es Charly García, es Astor Piazzolla. Yo me encontraba con músicos de rock clásico, de grupos como Genesis, Yes, Emerson, Lake & Palmer, Deep Purple y terminábamos hablando de Piazzolla, casi que me terminaban ellos preguntándome: “¿Cómo era Astor?” “¿Lo viste tocar en vivo?” Yo tenía un contacto con la familia, un contacto muy fuerte con Daniel Hugo Piazzolla, depués con Laura, la esposa, y entre los dos fui viendo la historia.
El joven Astor Piazzolla posa en Nueva York en 1934, vestido con sus mejores galas antes de su encuentro con Carlos Gardel.
-No te tocó la época en que los tangueros lo querían matar...
-Yo siempre tuve una mirada distinta de Astor por mi generación. Vos pensá que yo, Astor, la primera vez que, que lo vi en vivo fue en La Botonera, en 1976. Con el primer octeto electrónico, que era tan revolucionario que el propio Antonio Agri se fue después de un par de conciertos y él actor en vez de poner a otro violinista -no había otro que superara a Agri- puso a un viento que tocaba el saxo. Para mí impactante verlo con batería, con sintetizador. Yo tenía 17 años, era muy joven, pero ya la música era mi pasión.
-Se llama “La música en estado revolución” tu libro...
-Lo primero que le dije a Astor cuando lo entrevisté fue que veía cosas que se parecían a Emerson, Lake & Palmer. Y me dijo; “Sí, me gusta mucho Emerson Lake & Palmer porque ellos son fanáticos de Ginastera, que fue mi maestro. Siempre busqué por ahí salirme un poco del canon. Los viejos piazzolleros te decían: “A ver, pibe, te vas a meter con Piazzolla. ¿Cuál es el mejor grupo de Astor?" Se supone que si uno es medio wikipedico, va a decir “el quinteto”. Y no, los viejos piazzolleros te van a decir “el Noneto”, del 72. Ahí graba unos discos maravillosos y tiene un conjunto que es brillante, que es con el que primero va a viajar a Europa y con el que hace la famosa versión de Balada para mi muerte con Mina, la cantante italiana, que va a ayudar mucho para su difusión.
-A mí siempre me gustó mucho el segundo octeto electrónico y hoy lo están revalorizando, durante años era mala palabra, pero realmente fue una de las cosas avanzadas. En realidad no hay una cosa mejor que otra. A mí me encanta la etapa de él con su orquesta típica en la década del 40. Me encanta el octeto Buenos Aires, que es el rompedor, me encanta lo que hizo en París. Y después vuelve y arma el Octeto Buenos Aires, donde incorpora la guitarra eléctrica y después se va y vuelve y hace el quinteto y después hace el noneto....
-En la biografía se destaca la figura del padre, al que conocemos por “Adiós Nonino. Cómo lo marca, lo hace estudiar, lo ve fuera de lo común.
-La figura de Nonino fue central en su vida. Vicente Piazzolla, el loco le decían, el loco Piazzolla, tenía una personalidad totalmente única para la época inclusive. Fijate que en la década del 20, acá todavía era la época de la inmigración y el tipo se va a Estados Unidos, no era tan común. También, como Astor nace con un defecto físico bastante pronunciado en un pie, Vicente puso en el hijo mucho empeño, que por ahí hoy no es políticamente correcto, porque en vez de cuidarlo como si fuera de cristal, inclusive en contra de lo que decían los médicos en la época, lo hacía correr, lo hacía entrenar, lo hacía boxear, lo hacía jugar al fútbol. Él veía que el hijo tenía algo, no sabía de dónde, porque la verdad que la música no se la había planteado para nada, pero veía que el hijo iba a ser distinto y que iba a ser un genio.
Piazzolla, una personalidad y un talento que hay que seguir explorando.
-Un observador...
-De hecho, él empezó a escribir una especie de diario cuando Astor era chico, un diario sobre el hijo. Y stor escucha la música de Bach, de la casa de un vecino y se enamora de la música. No del tango, que en su momento le parecía triste porque era lo que escuchaban los viejos en la pieza, donde alquilaban en Nueva York y lloraban todas las noches, sino la música de Bach. Y tambíen fue fundamental el padre por lo del bandoneón.
-¿A vos te parece que que él te discutiría algo de este libro?
-Es muy probable porque yo a él le discutí muchas cosas en el libro. Si él decía que el octeto electrónico había sido un error, yo digo que es uno de los de los mejores grupos que tuvo. Y así, mucho. No sólo los tradicionalistas le discutían. Todo el lío que tuvo Astor en su momento, con que decían que había sido el asesino del tango, que no era tango...
-¿Y no fue así?
-No solo no fue el asesino, sino fue el que rescata al tango, el que lo salva de alguna manera. Pero hasta los piazzollianos lo discuten: te dicen que Libertango es una porquería, y yo digo que es una joya.
-¿Piazzolla sigue siendo polémico o o ya está?
-La verdad, no creo que ya a esta altura siga siendo polémico. Ganó él, ganó por goleada.
A continuación, Libertango interpretado por Astor Piazzolla, grabado y publicado en 1974 por el sello Carosello en Milán, Italia.
Marcos Madrigal nació en Buenos Aires, Argentina, el 27 de agosto de 1916, y murió en su ciudad, el 5 de noviembre de 2010. Bandoneonista.
El sitio www.todotango.com publicó este recordatorio firmado por Juan Manuel Peña.
En el sosiego de su casa de la calle Mariano Acha, del barrio de Saavedra, rodeado de recuerdos y plenamente activo hasta sus últimos días, vivió el maestro Marcos Madrigal. Nació en Buenos Aires, en una casa de la calle Solís y Rondeau.
A su padre, un español que gustaba del tango, la música clásica y el cante jondo, le gustó el sonido del bandoneón, por aquel tiempo un instrumento ya incorporado a nuestra música ciudadana. Le indicó a su hijo Marcos que debía aprender a tocarlo, cuando este rondaba los diez años.
Un cliente del restaurante de su padre —ubicado en Estados Unidos al 800 ente Tacuarí y Piedras—, de nombre Fernando, le enseñó a Marcos el teclado, que él siguió perfeccionando en varias academias a las que concurrió. Luego, vino el conservatorio y recuerda como maestro de bandoneón a Antonio Sureda. Ya adolescente, Madrigal comenzó a tocar en orquestas de barrio y en un mercado que tenía un palco, acompañado por una guitarra y batería.
Su fuerte atracción con el instrumento, al que hoy califica de divino y de maldito, hizo que Madrigal, aparte de sus estudios adquiriera una gran técnica en forma autodidacta.
A los 17 años, ejecutó su bandoneón en mejores conjuntos, aunque olvidados hoy, y realizó con ellos algunas giras. A los 20, Osvaldo Pugliese lo llamó cuando formó su primera orquesta, no aquella del triunfo definitivo del pianista que fue la de 1939 y que equivocadamente se señala a veces como la primera.
Entre otros instrumentistas de esta primera orquesta pugliesiana, pueden señalarse a los bandoneonistas Alfredo Calabró y Juan Abelardo Fernández, los violinistas Rolando Curzel y Juan Pedro Potenza y el contrabajista Aniceto Rossi. Actuaron en el café Germinal de la calle Corrientes 942, entonces angosta.
Horacio Salgán lo llamó en 1937, para formar un trío para acompañar a la cancionista Carmen Duval, compuesto por Gregorio Suriff (violín), Marcos Madrigal y el propio Salgán. Dice Madrigal que Salgán escribía difícil para los bandoneones y había que estudiar mucho.
Paralelamente a esto el violinista Elvino Vardaro decidió formar orquesta propia para presentarse en el Café Germinal, secundado por Pugliese (piano), Alfredo De Franco y Madrigal (bandoneones), Gregorio Suriff (segundo violín) y Pedro Caracciolo (contrabajo).
Cuando contaba 22 años, Enrique Rodríguez lo convocó para su orquesta. El cantante de la misma era El Chato Roberto Flores y al pasar a ser este solista, toda la orquesta siguió con él.
Actuó nuevamente con Salgán en la orquesta de los años 1945/1947, que fue la segunda formación del maestro, cuando en el canto se alternaron Edmundo Rivero, Oscar Serpa y Alfredo Bermúdez. Actuaron en muchos escenarios: los cafés Germinal, Nacional, Marzzoto, Tango Bar, en el cabaret Novelty y en Radio Belgrano. Esta orquesta lamentablemente no tuvo la fortuna de realizar ninguna grabación.
Fue bandoneonista en 1949 de Francisco Lomuto con quien también realizó grabaciones y viajó al Brasil. Trabajó también con músicos de la talla de Carlos Marcucci, Alfredo Gobbi (con quien también grabó), Carlos Figari y, en 1953, con Elvino Vardaro.
Vardaro fue inducido por Martín Darré, en ese momento director artístico del sello Columbia, a formar una orquesta para realizar una serie de grabaciones sobre la base de los arreglos de Héctor Artola. Llegaron a realizar dos grabaciones: los tangos “Pico de oro”, de Juan Carlos Cobián, y “El cuatrero”, de Agustín Bardi.
En el mismo año 1953 lo convocó Julio De Caro para su orquesta, integrando la fila de bandoneones con Carlos Marcucci (primer bandoneón), Héctor Presas, Pedro Belluatti, Alfredo Marcucci (sobrino de Carlos) Madrigal y Arturo Penón.
En 1960, para la realización de la obra Historia de la Orquesta Típica, cuya estructura y texto fueron realizados por Luis Adolfo Sierra y de la cual existe un larga duración del sello Music Hall, fue llamado por el arreglador Argentino Galván, integrándose a la fila de bandoneones con el primer bandoneón de Julio Ahumada, acompañados por Calixto Sallago y Dino Saluzzi. Esta obra resume la historia del tango desde Ernesto Ponzio hasta Ástor Piazzolla.
En 1963 Julio Ahumada forma una orquesta con Miguel Bonano, en la que Madrigal vuelve a trabajar con Sallago y Saluzzi. Durante 17 años, integró la fila de bandoneones de la orquesta del programa del Canal 9: Grandes valores del tango, junto a Armando Calderaro, Daniel Lomuto, Domingo Mattio y dirigida por Armando Cupo.
Entre octubre y noviembre de 1979, integró la orquesta de Osvaldo Fresedo, para grabar el disco Fresedo 80, editado por el sello Columbia, junto a otros calificados músicos, todos de primer nivel, la orquesta fue dirigida a la sazón por Roberto Pansera, dado que El Pibe de la Paternal había delegado la conducción en éste por razones de salud. También fueron de Pansera los arreglos.
Integró el conjunto del pianista Carlos García junto a Federico Scorticati —de quién Madrigal había sido compañero en su viaje a Brasil con Lomuto en 1949—, para el viaje que realizaron a Japón en 1993, Nicolás Paracino y Miguel Ángel Varvello también en bandoneones, y Antonio Agri como primer violín.
Paralelamente con su actuación profesional Madrigal se ha desempeñado como uno de los pocos profesores de bandoneón y autor de un método para el estudio del mismo. Fueron alumnos suyos: Ernesto Baffa, José Libertella y los jóvenes valores, Marcelo Nisinman, Horacio Romo, Matías González, Ernesto Molina, Gabriel Fernández y Víctor Hugo Villena. Este último se desempeña actualmente en la Universidad de Amsterdam.
Ratificando su gran conocimiento musical, compuso con Roberto Pérez Prechi el tango “Andante y allegro”, que fuera grabado por Ernesto Baffa y también por el mismo Pérez Prechi. Su dominio del instrumento le ha permitido ejecutar música de Albeniz, Manuel de Falla, además del Ave María, de Schubert, o los “Tristes”, del argentino Julián Aguirre.
En el año 1996, Baffa organizó una orquesta y llamó a Madrigal. En la misma estaban Baffa, Daniel Lomuto, Marcos Madrigal y Nicolás Paracino (bandoneones), Enrique Lannoo (cello), Antonio Agri y Mario Arce (violines), Luis Paz (viola), Sergio Paolo (bajo eléctrico), Eduardo Lettera (contrabajo) y Oscar D'Elia (piano).
Grabaron un disco para la discográfica Música y Marketing, titulado Calavereando. Registraron: “La cumparsita”, “Calavereando”, “Pa' la Guardia”, “Alma lírica”, “Con buena onda”, “Con todo mi corazón”, “Tocalo de nuevo” y “Valsango de verano” —todos de Baffa en colaboración con otros autores—, “Troileana”, “Callao 11” y “Suárez y Montes de Oca” (de Javier Mazzea) y “Chiqué”.
En el año 2004 participó en la película El último bandoneón, en la que también aparecen Rodolfo Mederos y Gabriel Clausi. Madrigal interpreta la variación a dos manos de “El choclo” y, como solista, la primera y segunda parte de “La casita de mis viejos”.
Muchos elogios ha recibido el maestro de sus colegas. Troilo lo felicitó por la forma en que tocaba, cuando Marcos estaba con Salgán. Pugliese dijo que, en cuanto a sonido de bandoneón, Marcos Madrigal fue uno de los mejores. El pianista y bandoneonista platense Horacio Omar Valente lo felicitó por su método de estudio. Leopoldo Federico le dijo a Villena, por entonces alumno de Madrigal: «Tenés un maestro de lujo». Y así podemos mencionar decenas de elogios hacia su figura señera.
Sin embargo, y pesar de todos los honores y reconocimientos de los músicos, una profunda humildad y desprendimiento acompaña siempre la figura de Madrigal. Cuando habla del fuelle, compañero de toda su vida musical, lo menciona como «un instrumento atrapante y que le gusta a todo el mundo, de muy difícil ejecución, a veces muy ignorado afuera del país».
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento, con el tango Recuerdo, de Osvaldo Pugliese.
Mario del Tránsito Cocomarola, más conocido como Tránsito
Cocomarola, nació en San Cosme, Provincia de Corrientes, Argentina, el 15 de
agosto de 1918, y murió en el 19 de septiembre de 1974. Bandoneonísta,
acordeonista, autor y compositor.
La trayectoria artística de Tránsito Cocomarola le valió el
apodo de “El Taita del Chamamé”.
Mario del Tránsito Cocomarola nació el 15 de agosto de 1918
en la localidad de San Cosme, más precisamente en la “Estancia El Albardón”, en
la provincia de Corrientes. Allí al influjo de dos culturas, de dos herencias,
entre canciones de cuna guaraní de su madre correntina y melodías de lejanas
tierras más allá del Océano, traídas en la memoria y la nostalgia de su padre,
inmigrante italiano.
Allí comienza la historia de un grande de la música
chamamecera. El primer contacto que Tránsito Cocomarola tuvo con la música fue
a través de su padre que era acordeonista, y fue ese (el acordeón) el
instrumento que acarició desde pequeño y el primero que aprendió a tocar. Y con
solo trece años y calzando pantalones largos para aparentar más edad y ayudado
por las sombras de la noche, actuaba clandestinamente en lugares de vida
nocturna para ganarse así sus primeros pesos. Fue también el acordeón con el
cual compuso con sus primeros temas y con el que siguió grabando algunos años
después aun cuando ya ejecutaba el bandoneón. En forma alternada, grababa con
uno y otro instrumento.
En la década de 1930 se integra a varios conjuntos y en
Corrientes ya actúa con los dos instrumentos ya mencionados en la primera
orquesta folklórica de la provincia que dirigía el maestro Ricardo Suárez.
Posteriormente ya en Buenos Aires ejecuta con “Los hijos de Corrientes” y el
“Trío típico Correntino” que dirigía Emilio Chamorro. También con el conjunto
de Osvaldo Sosa Cordero, con el Conjunto Irupé junto a Roberto Ferradás Campos
y Santiago Barrientos en 1946, con el Conjunto”Los Kunumi” junto a Samuel Claus
y Emilio Chamorro, posteriormente con Ramón Estigarribia y con la agrupación
del santaluceño Miguel Repiso, participa en algunas grabaciones con el “Trio
Taragui” de Pedro Sánchez y comparte un larga duración con Julio R Chapo.
Integrando el conjunto “Los Hijos de Corrientes” y en una
sesión de grabación, un directivo del sello discográfico lo escucha y queda
gratamente sorprendido por la calidad de sus interpretaciones y le propone
grabar con su propio nombre. Ese fue el punto inicial que le daría a Cocomarola
la posibilidad de trascender y llegar al disco como director de su propia
agrupación: el ya legendario y muy recordado “Trio Cocomarola”. Esto ocurrió a
fines del año 1941 y el 19 de mayo de 1942 graba sus primeros diez temas en el
sello Odeon con acordeón de dos hileras y bandoneón. En este sello discográfico
deja impreso un total de 124 temas.
Los primeros tríos junto al Taita del Chamamé en las
primeras diez grabaciones fueron integrados por los guitarristas: Colón Cobas,
Policarpo Benitez, Pedro Pascasio Enríquez y Luís Ferreira, luego ingresa el
dúo de “los Zorzales” compuesto por Ramón hurtado e Isauro Guerreño, hasta el
año 1945.Desde 1945 hasta 1948 el dúo Cejas- Ledesma, con José Cejas y Juan
Alberto Ledesma.
Entre los años 1948 al 1952 grabaron con Cocomarola: Nieves
Rodríguez conocido como tabú, El Indio del Norte, Emeterio Fernández, Odilio
Godoy, Manuel Gómez, José Cejas que permaneció un tiempo más y Antonio Nicolás
Niz en una primera etapa. Posteriormente también se integran al trío Cocomarola
el dúo de voces Quiróz-Úbeda, compuesto por Gabino Quiróz y Pascasio Úbeda,
este último formaría tiempo después el afamadísimo dúo Úbeda-Chavez. A fines
del año 1956 y luego de la desvinculación del Dúo Vera-Lucero, otras voces se
unen al conjunto; son las de Simón Jesús palacios y santiago Nicolás Verón, a
quienes se agregan el acordeón de Roque Librado Gonzalez y nuevamente la
guitarra de Antonio Niz.
Estos dúos y tríos fueron los que integró Cocomarola en sus
primeros años e actuación y con los que llevó al disco t5emas realmente
inolvidables.
Se lo ve en fotografías de Septiembre de 1942, integrando el
Conjunto de Marcos Herminio Ramírez, acordeonista, y las guitarras de Manuel
Gómez y Luís Acosta.
Casi al finalizar la década del 1940, el inolvidable
bandoneonista Eustaquio Miño tenía en su formación un dúo de voces que se
habría caminos a pasos firmes en el firmamento chamamecero. Cocomarola, que ya
los conocía, los invita a integrar su conjunto, hecho que ocurre en el año
1952.El dúo era integrado por Salvador Miqueri y Eustaquio “Nene” Vera, el
afamado dúo Vera-Lucero.
Entre los años 1952 y 1956 graban con el Taita del Chamamé
una serie de exitosos temas y es sin duda alguna este período donde se van
sumando factores que convierten en un éxito clamoroso los temas que componen
Cocomarola y Salvador Miqueri, aunándose el estilo inconfundible del dúo de
voces y el toque justo, equilibrado y armonioso del bandoneón del Taita del
Chamamé.
Con la aparición de estos valores chamameceros, el canto se
divide en un antes y un después de Vera-Lucero. Con Tránsito Cocomarola dejaron
grabado en sus voces veinte temas y todos-sin excepción-incuestionablemente
fueron éxitos: Rojheyama, Para Ti, Compañera, El Boyero, Zunilda, Chiripá,
Retorno, Puente Pexoa, Imploración, Mi Selva eterna, Rincón dichoso, entre
otros.
Pero la vida y obra de Tránsito Cocomarola no se detiene.
Luego de incorporar a Roque. L González en acordeón, Juan Ayala en contrabajo,
a la guitarra de Antonio Niz, los dúos y tríos de voces son innumerables: Verón
Palacios; Lisardo Cáceres-Evaristo reyes-Hipólito Argentino Vargas; Gregorio
Molina; Julio Godoy; Luis Soloaga; Ireneo Ramírez, Carlos Ramírez, Elpidio
Verón Miño, Juan Ojeda, Alfredo Alejandro Almeida; entre otros.
Cocomarola deja grabados en el sello Odeón 124 temas y en el
sello Phillips 250, esto deja demostrado la vigencia de un genio de la música
folklórica correntina. Los temas registrados en SADAIC superan dos centenares.
Inesperadamente, Tránsito Cocomarola fallece un 19 de
septiembre del año 1974. Por Ley N°3278 del poder Ejecutivo de Corrientes se
instituyó esa fecha como “El Día del Chamamé”.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con uno de sus grandes éxitos: Kilómetro 11, fragmento de la película Argentinísima
I, de 1972.
El Diario La Nación, en su edición digital, publicó este artículo firmado por Mauro Apicella.
Juan José Mosalini (1943-2022):
murió en Francia uno de los
grandes maestros del tango
Acompañó a grandes figuras locales hasta que, en 1977, se radicó en París; desde allí se convirtió en un embajador europeo del bandoneón; su método instrumental hizo una verdadera escuela y son muy recordadas algunas de las agrupaciones que integró
Juan José Mosalini, en una de sus últimas actuaciones en Buenos AiresLA NACION
En el mundo de la música se suele llamar “maestro” a muchos artistas; generalmente a los directores de orquesta. El título suele ser atribuido aunque no se dediquen formalmente a la docencia. Mas bien, se trata de un mote cariñoso por su labor artística. Ayer partió un verdadero maestro del tango y del bandoneón, en más de un sentido. Fue uno que llevó ese mote porque enseño música de manera formal a varias generaciones y porque también dio clase con su manera de tocar. Ayer, en Francia, murió un gran maestro del tango, Juan José Mosalini. Tenía 78 años.
“Con mucha tristeza recibimos la noticia del fallecimiento de nuestro Académico de Honor Maestro Juan José Mosalini, ocurrida en Francia en horas de la tarde del viernes 27 de mayo de 2022″. Con esas escuetas líneas la Academia Nacional del Tango comunicó en la mañana de hoy la triste noticia.
Juan José fue uno de esos eslabones de generación intermedia que en su juventud llegaron a tocar con grandes directores de orquestas típicas, que abrazaron la innovación y terminaron siendo referentes para esa inquieta camada de jóvenes músicos que en la década del noventa quiso hacer tango cuando para otros era una lengua muerta. Pero no lo estaba en el sentido de que Juan José, que ya llevaba un par de décadas instalado en París, daba cátedra para todos aquellos europeos que querían aprender la música del Rio de La Plata. En 1999 fundó una cátedra tanguera en el suburbio parisino de Gennevilliers.
Con una ecucha atenta de su trabajo, de sus grabaciones y conciertos, se puede descubrir en Mosalini una línea de tiempo referida al pasado, al presente y al futuro del tango. La tradición, la necesidad o el deseo de innovar y el aporte que ha hecho al futuro, es decir, a las nuevas generaciones que lejos de tomarlo como una figura rutilante del firmamento tanguero, vieron en él a un discreto pero a la vez profundo y sincero maestro.
Mosalini fue un bonaerense nacido en José C .Paz, en 1943. Como si tocar el fueye fuera un bien cultural que se hereda, fue hijo y nieto de bandoneonista. El “oficio” familiar no quedó en sus manos. Con el tiempo, también se lo pasó a su hijo Juanjo.
A los 8 Juan José ya dominaba el instrumento y a los 17 se había convertido en un músico profesional. Hasta pasada la mitad de la década del setenta había creado un nutrido currículum por su trabajo con figuras como José Basso, Leopoldo Federico, Astor Piazzolla, Osvaldo Pugliese, Susana Rinaldi, Edmundo Rivero y Horacio Salgán.
También tuvo su cuarto de hora en la liga rockera de primera división. Fueron dos intensos instantes. Uno cuando grabó para un disco de Invisible, la banda que Spinetta lideraba en esos años, y el siguiente cuando el grupo tocó en el Luna Park y llevó a Juan José como invitado. Hasta se ligó un monedazo en la cabeza.
Ya instalado en Europa integró los grupos Tiempo Argentino y el proyecto Canyengues que compartió con Gustavo Beytelmann y Patrice Caratini), con el que publicó varios LP. Mas tarde, el Quinteto Agri-Mosalini y ya en este siglo registró trabajos con el guitarrista Leonardo Sánchez.
“Pasé [por Francia] en el 76 acompañando a Susana Rinaldi en su primera gira europea, aproveché esta posibilidad y tomé contacto en París con otros músicos: Gustavo Beytelmann, Enzo Gieco, Tomás Gubitsch y otros con los que habíamos soñado hacer una experiencia en un marco menos hostil desde el punto de vista cultural de lo que se vivía en aquella época en la Argentina -contaba a LA NACION, en 1997, cuando habían pasado veinte años de su partida-. Yo trabajaba con Osvaldo Pugliese, no había una contradicción de trabajo regular, ni económica, pero sí de realizar algunos sueños que eran difíciles de llevar a cabo. Impulsado también por Astor, con el que tuve una relación de padre a hijo, que me decía: ‘Tenés que hacer una experiencia afuera, ¡tenés que irte!’. Así fue como en plena dictadura militar no había otra que intentar algo aquí, en Francia”.
El bandoneonista Juan José Mosalini, en uno de los últimos conciertos que dio en Buenos AiresTangoBA Festival y Mundial
Mosalini fue de los que cuando retornó la democracia a la Argentina decidió quedarse en el país donde había comenzado a echar raíces y, sobre todo, reconocimiento. Creó un método para bandoneón encomendado por el Ministerio de Cultura francés. Y se lo tomó en serio. Fue un verdadero embajador argentino del tango. El mismo explicaba esa expansión en Europa: “En 1981, con la llegada de Mitterrand, se crea en Francia una apertura cultural muy importante. Me proponen crear el certificado de aptitud para la enseñanza de bandoneón y el método para que futuros profesores pudieran enseñarlo. Luego, la creación del curso de bandoneón en la Escuela Nacional de Música de Gennevilliers. Yo ya tenía varios alumnos privados que se integraron al curso, a los que se sumaron de Finlandia, Noruega, Holanda. Todo eso creó un movimiento europeo, un paisaje tanguero permanente”. Para finales de la década del noventa dos músicos holandeses daban cursos de tango con su método, en Rotterdam.
Además, buena parte de sus grabaciones las realizó para Label Bleu. Este sello independiente tiene un catálogo llamado Indigo Tango. Mosalini asesoró a la empresa en la búsqueda de nuevos valores tangueros para editar.
Regreso con gloria
Recién en la segunda década de este siglo comenzó a venir con cierta frecuencia a la Argentina. Según sus propios recuerdos, en 1986 había sido la última visita profesional. Fue para un concierto con el trío que compartía con Gustavo Baytelmann y Patrice Caratini. Debieron pasar veintidós años para un regreso con gloria. Fue en 2008 cuando dio un concierto al frente de su quinteto, mientras en la platea lo escuchaban atentos algunas glorias del tango y esos músicos de las más jóvenes generaciones que encontraban en él a un referente. Ese día también le entregaron un diploma de la Legislatura porteña.
Un año después, los lazos con sus país estaban otra vez unidos. Y “su” docencia, que tenía a Europa como terreno exclusivo, se mudaba a estas pampas. “Todos los miércoles nos encontramos con los jóvenes músicos que van a la Escuela Goñi y hacemos unas clases colectivas de bandoneón -contaba en 2009-. Con un enorme esfuerzo, los chicos llevan adelante esta escuela cooperativa para gente que no se puede pagar habitualmente las clases de fueye . Tienen muchas ganas, inquietudes y es un ambiente donde se está armando la movida joven. Es sabido que estos chicos no tuvieron nuestra suerte de tener al lado a un Pugliese o tocar con un Federico. Pero uno puede ver que están enfocando actividades múltiples. Escriben, tienen grupos y hay un potencial enorme. El futuro está garantizado.”
A los curiosos de la música les quedan los discos que publicó, o tantas grabaciones que hoy se pueden encontrar en redes. De sus últimas actuaciones en Buenos Aires son recordadas la que dio en 2019, en la Usina del Arte, con su trío, durante el Festival Tango Buenos Aires de aquel año, o en 2021, en el Teatro Colón, con el guitarrista César Angeleri y la Orquesta Estable del Teatro Colón, dirigida por Luis Gorelik, en el marco de los festejos del centenario del nacimiento de Astor Piazzolla.