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domingo, 25 de octubre de 2026

Shalom – Teshuvá y segundas oportunidades


Shalom – Teshuvá y segundas oportunidades  

Shalom conversa con Jordan Spencer Jacobs sobre la Teshuvá, concepto judío de arrepentimiento y retorno. Una reflexión sobre el error, la responsabilidad, el perdón y las segundas oportunidades, y sobre cómo transformar el pasado para construir un futuro desde la conciencia y responsabilidad ética. 

Hacé click en el enlace para ver el programa. 

https://www.rtve.es/play/videos/shalom/teshuva-segundas-oportunidades/17282319/ 

sábado, 17 de octubre de 2026

Islam e izquierda: el viaje de Lenin

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo de opiñón firmado por Pilar Rahola.

Islam e izquierda: el viaje de Lenin

¿Qué une a los grupos de extrema izquierda que han capitalizado

las protestas en Francia, con los grupos vinculados al islamismo 

radical que se manifiestan a su lado?

Imagen de las protestas e incidentes en las manifestaciones de los últimos días en París, Francia (REUTERS/Sarah Meyssonnier)
Imagen de las protestas e incidentes en las manifestaciones de los últimos días en París, Francia (REUTERS/Sarah Meyssonnier)

La escena es, en ella misma, toda una metáfora. Son dos jóvenes que gritan “grève, blocage, manifestation!” a pleno pulmón en una de las manifestaciones masivas que recorren las calles de Francia. Ambos van vestidos de negro, con su rostro cubierto, pero los matices delatan las diferencias. El primero sigue la estética de los Black bloc, extrema izquierda, ninguna marca que los delate, excepto la bandera negra con la A en un círculo, clásica del anarquismo. El segundo, muy cerca de él, también viste completamente de negro, pero su estética es la del Estado Islámico: cabeza enfundada en una balaclava, y en la frente una banda de tela verde con la Shahada (“no hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”) inscrita en letras árabes blancas. Ambos se manifiestan juntos. Ambos gritan contra el capitalismo. Ambos odian La Republique.

¿Qué une a los grupos de extrema izquierda que han capitalizado las protestas en Francia, con los grupos vinculados al islamismo radical que se manifiestan a su lado? ¿Se ha producido la famosa fusión del islamo-izquierdismo asentado en la idea de la “convergencia de luchas”, que teorizó Pierre-André Taguieff en 2002 en su libro “La nueva judeofobia”? De hecho, a pesar de que Taguieff lo planteó en términos de denuncia (el riesgo de que bandos opuestos se unieran contra la democracia liberal), el concepto nació en positivo de los teóricos modernos del marxismo. El referente es Chris Harman, miembro del Socialist Workers Party, quien en 1994 ya planteó la necesidad de que la izquierda colaborara tácticamente con el islamismo porque movilizaba a las masas oprimidas por el imperialismo. La tesis quedó cuajada en su libro “El Profeta y el Proletariado”: “with the state never, with the Islamists sometimes”. Y ese, “con los islamistas a veces”, se ha convertido en la “interseccionalidad” que actualmente defienden prominentes sociólogos de izquierdas, para los que los movimientos islámicos son aliados naturales de los movimientos estudiantiles y obreros, en su lucha contra el estado burgués. De hecho, si vamos más lejos en el tiempo, la propia revolución jomeinista fue aplaudida por muchos intelectuales de izquierdas franceses que ya intuyeron la alianza que podían cuajar con esos enemigos acérrimos de Occidente.

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En todo caso, se trata de una fusión izquierdoislamista que lleva décadas de fructífera y pública relación, aunque, sorprendentemente, no haya sido detectada por la gran mayoría social. El ejemplo más evidente y llamativo fueron los pactos del chavismo con Irán, el famoso eje Caracas-Teherán que, además de los acuerdos comerciales y militares, construyó un sólido nexo ideológico basado en dos preceptos: el odio a Estados Unidos e Israel y el desprecio al sistema democrático. Otro ejemplo de ese nexo delirante fue el del líder de Podemos Pablo Iglesias que dirigió dos famosos programas (Fort Apache, de debate político, y Spoilers, de cine y política) en Hispan TV, la televisión de Irán en castellano, donde incluso permitió que las mujeres debían cumplir estrictas normas de vestimenta. La “justificación” de Pablo Iglesias para explicar la contradicción que suponía la vinculación de un político de izquierdas con una teocracia islámica violenta, fue épica. En una conferencia en 2013 abordó el tema usando el símil del “pragmatismo” de Lenin cuando en la Primera Guerra Mundial aceptó regresar a Rusia con un tren blindado alemán. Lenin quería volver para liderar la revolución bolchevique, y a Alemania le interesaba que los comunistas desestabilizaran a Rusia. Y con ese símil en boca, Pablo Iglesias explicó su alianza con Irán: “A los iraníes les interesa que se difunda en América Latina y en España un discurso de izquierdas porque afecta a sus adversarios. ¿Nos aprovecha a nosotros? Sí”.

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez (REUTERS/Stephanie Lecocq)
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez (REUTERS/Stephanie Lecocq)

Es el mismo “provecho” que explica la convergencia que se ha producido en los campus universitarios norteamericanos, en las manifestaciones de izquierdas en todo Latam, en los discursos de Pedro Sánchez y Gustavo Petro, o en las protestas europeas, a raíz de la guerra de Gaza: manifestantes de izquierdas, activistas de LGBT, neocomunistas, ecologistas, artistas y músicos progresistas, todos ellos al lado de banderas de organizaciones yihadistas como Hamas, y comprando los discursos que el islamismo ha viralizado contra Israel. La famosa consigna “desde el río hasta el mar” que forma parte de los estatutos de Hamas, y que explicita la voluntad de destruir completamente a Israel, ha sido aclamada públicamente por el gobierno español a través de su misma vicepresidenta, Yolanda Díaz, o de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego. O, por rematar, las felicitaciones entusiastas del régimen iraní a Pedro Sánchez, por sus posiciones furibundamente antiamericanas y antiisraelíes.

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Sin embargo, de todos los ejemplos posibles, el más paradigmático es el de Zohran Mamdani, el musulmán chií que juró su cargo sobre el Corán y que representa como nadie la confluencia de intereses entre el islamismo político y el socialismo radical. Una confluencia que ahora siguen otros candidatos demócratas. En ambos casos (socialismo e islamismo), el objetivo es poner en jaque a la democracia liberal, cuyo modelo social combaten, y cuyos valores judeocristianos aborrecen. Se trata, pues, de una alianza táctica que instrumentaliza el descontento de las periferias, usa la narrativa de la victimización (muy arraigada en barrios de mayoría musulmana), y busca la desestabilización del sistema a través del caos social. Todo ello ha conseguido mutar la radicalización juvenil, que ha incorporado, con naturalidad, la convergencia entre la izquierda y el islamismo. De ahí que podamos observar la imagen delirante de activistas gays manifestándose con banderas de Hamás. Con un añadido que no es menor: la financiación que, vía Irán, Qatar y múltiples organismos vinculados al islamismo radical, llega a los movimientos de izquierdas. ¿O alguien consideró (más allá de Greta Thunberg, que es un caso perdido) que las protestas en los campus universitarios, o las flotillas a Gaza nacían por generación espontánea?

La activista Greta Thunberg en la protesta frente a una escuela en Saint-Denis, en las afueras de París, el 13 de octubre del 2026 (AP/John Leicester)
La activista Greta Thunberg en la protesta frente a una escuela en Saint-Denis, en las afueras de París, el 13 de octubre del 2026 (AP/John Leicester)

Es tanta la evidencia, y son tan claras las justificaciones de los líderes de izquierdas, que sería una imperdonable ingenuidad no considerar este pacto táctico entre el islamismo radical y la extrema izquierda, como el reto más serio que debe acometer la democracia liberal. Dos grandes movimientos ideológicos han confluido y trabajan por un mismo objetivo: quebrar el sistema de libertades que cuajó en el siglo XX, y cuya solidez está en riesgo. Del ateísmo anarquizante a la teocracia islamista: la democracia como enemigo común.

Web: https://pilarrahola.com

Instagram: Pilar Rahola

domingo, 11 de octubre de 2026

Shalom – Galardón Corona de Esther


Shalom – Galardón Corona de Esther  

SHALOM asistió a la celebración de Rosh Hashaná 5787 en el Centro Sefarad-Israel de Madrid, donde se entregó el XV Premio Corona de Esther a los programas: Medina en TV, Buenas Noticias TV y SHALOM. Una jornada de encuentro que unió tradición, cultura, diversidad, diálogo en la televisión pública. 

Hacé click en el enlace para ver el programa. 

https://www.rtve.es/play/videos/shalom/galardon-corona-esther-2026/17262367/ 

jueves, 1 de octubre de 2026

Bardem y la judía mala

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo de opiñón firmado por Pilar Rahola.

Bardem y la judía mala

Se está creando una nueva Stasi de las ideas que se ha autonombrado

como censora universal de la libertad de expresión

Javier Bardem lleva una insignia con la inscripción "Palestina" y un símbolo antibélico en la alfombra roja a su llegada a la 98.ª edición de los premios Óscar en Hollywood, Los Ángeles, California (EE. UU.), el 15 de marzo de 2026. REUTERS/Daniel Cole
Javier Bardem lleva una insignia con la inscripción "Palestina" y un símbolo antibélico en la alfombra roja a su llegada a la 98.ª edición de los premios Óscar en Hollywood, Los Ángeles, California (EE. UU.), el 15 de marzo de 2026. REUTERS/Daniel Cole

¿En qué momento de extraña inconsciencia aceptamos que los Bardem y las Sarandon de turno decidieran qué se puede pensar y qué se puede opinar? ¿Cuándo permitimos que los groupies de moda al estilo Swifties Against Genocide se convirtieran en la nueva inquisición del pensamiento? ¿Qué delirio nos llevó a creer que los Macklemore cualquiera eran cualificados expertos en geopolítica? ¿Qué brújula ética rota nos hizo suponer que todos estos fueran los guardianes de la moral ideológica?

Se está creando una nueva Stasi de las ideas que se ha autonombrado como censora universal de la libertad de expresión. Una Stasi que habita fuera de las reglas de juego que nos hemos impuesto como civilización, indiferente a las leyes que marcan los límites del juego democrático. Por supuesto, toda esa marabunta de dioses menores coincide en dos principios básicos. El primero: profesar la nueva religión del palestinismo, cuya fe obliga a practicar contra el estado hebreo un odio puro, sin matices ni ambages. Y el segundo: negar que sean los principales responsables del odio judeófobo que campa por el territorio viral sin ningún sentido, ni control. Por supuesto, todos repiten la vieja letanía del “amigo judío” que les impide ser antisemitas, porque lo suyo es el antisionismo y bla, bla, bla. Lo cual es una contradictio in terminis, porque ser antisionista es negar el derecho de Israel a su existencia, es decir, negar al pueblo judío, sometido a la persecución secular y al intento masivo de exterminio, la posibilidad de tener un escudo que los defienda. No nos vendan el pescado podrido: convertir a Israel en la madre de todas las maldades, focalizar todos los conflictos del mundo en uno solo, negar las razones de Israel para defenderse y banalizar las atrocidades del terrorismo solo tiene un viejo, conocido y letal nombre: antisemitismo. Como metáfora, el aberrante ejemplo del gobierno español, que se niega a coincidir con Israel en el festival musical de Eurovisión, pero se siente feliz con la compañía de Irán en el mundial de fútbol. Negar el antisemitismo de todas estas prácticas es una tomadura de pelo monumental que no aguanta ni un segundo de reflexión. Solo hace falta observar cómo han aumentado las agresiones contra los judíos en todo el mundo para entender de dónde surge la fuente que alimenta al odio.

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Sin embargo, todo lo que está ocurriendo no se queda solo en el antisemitismo, porque la censura y el boicot contra determinadas personas públicas no solo es por su condición judía, lo cual es muy relevante, sino por las ideas que defienden, más allá de su identidad. De ahí que algunos que no somos judíos, suframos el mismo boicot. Es decir, no solamente son judíos, sino que se perciben como “judíos malos”, y es ahí donde el mundo se divide entre el director de Naza Yuval Abraham y la cantante Pink. Es decir, entre el judío bueno que hace una película contra el ejército de Israel y defiende de las tesis de los gurús anti israelíes, y la judía mala que recuerda el drama del 7 de octubre y afea el negacionismo del Free Palestine. El caso de la escritora argentina Ariana Harwicz es especialmente significativo. A pesar de que su condición judía, expresada sin complejos ni tapujos, pesa a la hora de tomar partido en estos tiempos maniqueos y desquiciados, lo cierto es que la persiguieron no por ser judía, sino “judía mala”. Si Harwicz hubiera comprado las tesis del “genocidio” y sus declaraciones hubieran pasado el filtro del “bardenismo” (Bardem crea escuela), habría sido presentada con loor de multitudes y los 25 minutos de aplausos para Naza en Venecia se habrían quedado cortos. Pero Harwicz tenía opinión propia, se había pronunciado en contra del boicot cultural a Israel y sus declaraciones fueron inmediatamente tipificadas como “justificación del genocidio”, una vez queda impuesto y fuera de todo debate, el concepto del genocidio. Este es el punto: Harwicz pensaba libremente sobre el conflicto, y está prohibido tener otra opinión que no sea la que imponen los gurús de la censura. Por cierto, en este punto, caiga para siempre la vergüenza sobre Camila Sosa Villada y el resto de compatriotas de Ariana Harwicz que han defendido el boicot.

La escuela de Bardem, es decir el “bardenismo”, no persigue a los judíos en general. Para eso ya están los miles de descerebrados cuya diarrea mental se esparce por las redes, las universidades, los campos de fútbol, los discursos políticos y por tantos otros rincones oscuros. Lo que persigue el bardenismo es la libertad de pensar, de interrogarse y de llegar a conclusiones que no cuadran con el pensamiento único impuesto. El proceso para derrotar el pensamiento libre es preciso y minucioso: primero se niega toda complejidad al conflicto. Simplificada y vulgarizada la situación, se impone una conclusión cerrada que no admite discusión: la guerra no es una guerra, es un genocidio. Y con las palabras mayores impuestas por doquier, sin pruebas, ni sentencias, ni nada que lo avala, se persigue a quien no acepte la conclusión como una fe inamovible. A Harwicz y a Pink y a muchos otros se les ha puesto la estrella de David en el brazo no solo por ser judíos -que ya es un plus-, sino por no convertirse en delatoras del estado que nació para defenderlas. Al judío público, a las Pink y las Harwicz se las obliga a pronunciarse en contra de Israel, como una penitencia para perdonar su judeidad. El judío domesticado es el único judío bueno. Pero si ese mismo judío habla del 7 de octubre, del terrorismo, del derecho a la defensa, del antisemitismo que sufre, y alza la voz propia contra el pensamiento impuesto, entonces es el judío malo: un señalado, un apestado, un proscrito.

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Javier Bardem, Susan Sarandon, el sabio Macklemore, los ruidosos Swifties del Against Genocide, son la nueva policía del pensamiento, herederos de todos los inquisidores de todos los tiempos que intentaron matar el derecho a pensar, a disentir y a atreverse a expresarlo. Se venden como almas solidarias, pero son vulgares censores, tan cobardes, que necesitan imponer, perseguir y señalar, antes de admitir el debate. Son simplemente lo que parecen: una policía religiosa adscrita a la nueva fe del palestinismo.

@RaholaOficial

Web: https://pilarrahola.com

Instagram: pilar_rahola/