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domingo, 26 de julio de 2026

Shalom – Educando con la Fundación Yehudi Menuhin


Shalom – Educando con la Fundación Yehudi Menuhin  

En Shalom hoy descubrimos de la mano de Antonio Merino, coordinador de la institución, el legado de la Fundación Yehudi Menuhin, institución que utiliza arte y educación para fomentar la inclusión, el diálogo intercultural y la convivencia. Conocemos sus proyectos y su impacto en miles de jóvenes 

Hacé click en el enlace para ver el programa. 

https://www.rtve.es/play/videos/shalom/educando-fundacion-yehudi-menujin/17169403/ 

jueves, 23 de julio de 2026

Argentina, objetivo woke

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo de opinión firmado por Pilar Rahola.

Argentina, objetivo woke

La mayoría de los ataques contra la selección de Lionel Messi son de tal

desvergüenza que no aguantan ni un minuto de reflexión

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Jugador con camiseta argentina número 10 de espaldas. Al fondo, aficionados de distintas nacionalidades, con banderas, levantan puños y señalan.
La mayoría de los ataques contra la selección de Lionel Messi son de tal desvergüenza que no aguantan ni un minuto de reflexión (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando los primeros en felicitar al ganador de un mundial de fútbol son el Presidente de Irán Masoud Pezeshkian, el Presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan, los hutíes del Yemen y la organización terrorista Hamas, entonces esto no va de fútbol. Si además, las felicitaciones son especialmente eufóricas, no por quien ha ganado, sino por quien ha perdido, entonces esto no va de fútbol. Si, además, el jefe del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, país que destruye todos los derechos fundamentales de su pueblo, tiene la desvergüenza de asegurar que el éxito de España “ha traído la felicidad a todas las naciones libres del mundo que se oponen a los Estados Unidos e Israel”, decididamente esto no va de fútbol. Y desde luego, no tiene nada que ver con el fútbol ni el odio desatado a la selección argentina, ni los bulos y maldades contra Messi, ni las aberrantes acusaciones de racismo, ni la argentinidad convertida en el saco de boxeo del wokismo más obtuso. Detrás de esta campaña nauseabunda e infecta contra Argentina el fútbol no existe, solo es la excusa para vehicular pensamientos muy oscuros. Lo cual no saca razón al éxito de la selección española, que ganó con méritos el título, pero como queda claro, esto no va de fútbol.

¿Una conjura? ¿Un complot? ¿O sencillamente la suma de prejuicios, dogmas ideológicos, fobias políticas y popurri geopolítico? O dicho de otra manera, lo que une a Zohran Mamdani con Irene Montero, Javier Bardem y Samuel L. Jackson, o directamente las autoridades de Hamas. No todos se mueven por las mismas obsesiones o los mismos intereses, pero todos convergen en el mismo objetivo: convertir Argentina en el villano perfecto, el chivo expiatorio de los males que quieren erradicar. No les une lo que defienden, sino lo que detestan, y todo lo que detestan lo representa la Argentina actual: desde el fortalecimiento de la democracia liberal, hasta la defensa de los valores judeocristianos. Es contra esos valores, contra los que se revuelve la izquierda woke internacional, que no perdona a la Argentina de Milei el liderar el proceso regenerador de América Latina, enfrentarse a la locura bolivariana, acercarse a Estados Unidos y tener excelentes relaciones con Israel. Esta Argentina desacomplejada y exitosa rompe los esquemas ideológicos del wokismo, una derivada del postcomunismo que, en su desprecio profundo por las democracias liberales, se encuentra con el orientalismo antioccidental: de Yanis Varoufakis a Mamdani, de Irán a Turquía, de Bardem a Jackson.

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En este sentido, es reveladora la frase de Varoufakis, fundador de la Internacional Progresista, que aseguró que el domingo había triunfado “el multiculturalismo saludable, que logró sobrevivir a la feroz comercialización y los trucos empresariales”. Difícil sostener mayor empanada ideológica, y más cuando lo pronuncia un señor que cuando fue ministro de finanzas de Grecia dejó el país en los huesos. Como si la sociedad argentina no fuera un extraordinario y saludable crisol de identidades, culturas y orígenes. De hecho, la mayoría de los ataques contra la selección son de tal desvergüenza que no aguantan ni un minuto de reflexión. La acusación de “racismo” del actor Samuel L. Jackson contra un país que abolió la esclavitud en 1853, él que vive en un país con una grave situación de racismo, es de traca. O los ataques de la prensa egipcia en la misma dirección, a pesar de que la minoría cristiana (un 15% de la población) sufre una discriminación secular. O la locura antiargentina en México, que prefería defender a España, el país que acusa de colonizador, que a Argentina, que se libró de los colonizadores. Si añadimos el ataque de histeria que una bandera de Israel en la grada argentina le produjo a Irene Montero, o la verborrea clásica de Bardem, tenemos el espectáculo completo. Un espectáculo que siempre funciona de igual manera: utilizar los peores estigmas, el racismo, el supremacismo, la discriminación, los privilegios como arma arrojadiza contra aquello que considera políticamente condenable. Y la selección argentina se ha convertido en el símbolo que concentra todas sus fobias: Milei, Israel, Estados Unidos, democracia liberal, sociedad judeo cristiana... Lo peor para el wokismo.

Y lo peor, también, para los países y grupos violentos que detestan la democracia y que trabajan coordinados con las izquierdas woke en sus ataques mediáticos a Israel. Y, por supuesto, una victoria de Argentina era, para todos estos, una victoria israelí. De ahí las campañas furibundamente antiargentinas en redes, los bulos sobre Messi, todo ello responde a ese fenómeno global que empieza en Teherán, pasa por Estambul y puede acabar en una pintada en el metro de Madrid con la frase “Messi sionista”. Por supuesto, en el caso de España ayuda, y mucho, la actitud anti israelí del propio Pedro Sánchez, convertido en un gran vivero de antisemitismo.

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Sea como sea, era fútbol, pero no ha sido fútbol, sino política e ideología. Sucia, deleznable, injusta, pero muy eficaz en los tiempos de la viralización. Lo peor es que han intentado convertir a la selección argentina, una selección que ama al fútbol como ninguna, nutrida de gentes de todos los barrios y condiciones, con un aporte extraordinario a la historia del fútbol mundial, la han intentado convertir en el símbolo de todo lo que odian. Es el wokismo, es la izquierda caviar, es la geopolítica que mueve sus tentáculos, es el poder viral de los enemigos de la democracia.

No puedo acabar este artículo sin hacer un sentido homenaje a Lionel Messi, cuya grandeza humana trasciende su grandeza deportiva. Diga lo que diga el ruido, éste ha sido su Mundial, grabado para siempre con esfuerzo, sudor y lágrimas en la historia del fútbol. Gracias Messi por todo. Gracias por tanto.

X: @RaholaOficial

Web: https://pilarrahola.com

Instagram: pilar_rahola/

domingo, 12 de julio de 2026

El fútbol como espejo del alma colectiva

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo de opinión firmado por Isaac Sacca

El fútbol como espejo del alma colectiva

Durante noventa minutos, millones de personas dispersas dejan de

sentirse solas. Ahí hay una lección sobre el alma humana.

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Argentina vs Suiza - Obelisco
La experiencia de alentar un equipo de fútbol trasciende el deporte y fortalece la identidad compartida de barrios, familias y memorias personales. Foto: Jaime Olivos

Alguien podría preguntar: ¿qué hace un rabino escribiendo sobre fútbol? La pregunta es legítima. Pero, en verdad, no escribo sobre el deporte en sí —ni sobre tácticas, campeonatos, jugadores o resultados—, sino sobre la extraordinaria emoción que el fútbol despierta en el espíritu humano. Y el espíritu del hombre, con sus pasiones, sus búsquedas, sus desbordes y sus contradicciones, pertenece de lleno al ámbito de reflexión de una persona religiosa, cualquiera sea su credo.

Mi padre solía decirme: “Si no hubiera fútbol, quizás habría más guerras”. La frase, a primera vista, puede sonar exagerada. Pero encierra una intuición profunda: la necesidad humana de pertenecer y el anhelo de trascender los límites de la vida individual. Cuando la persona no lo logra, se frustra, y esa frustración termina canalizándose por algún otro mecanismo, muchas veces destructivo.

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El fútbol despierta una intensidad emocional capaz de reunir, en un mismo instante, a millones de personas que jamás se conocerán entre sí. Un partido puede provocar lágrimas y júbilo, orgullo y esperanza; conversaciones entre generaciones, amistades instantáneas entre desconocidos y una sensación de pertenencia que atraviesa edades, clases sociales, idiomas y fronteras. Durante noventa minutos, millones de personas dispersas dejan de sentirse solas: se integran a una historia común, sufren y celebran juntas, como si algo verdaderamente importante estuviera en juego.

El fútbol pone en escena una necesidad esencial del alma: la de trascender el aislamiento. El ser humano no fue hecho para vivir encerrado en sí mismo. Necesita pertenecer, participar de un relato compartido, reconocerse en símbolos, cantar con otros, esperar con otros, abrazarse con otros. La vida puramente individual resulta demasiado estrecha para el corazón humano.

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La Biblia Hebrea expresa esta verdad desde el comienzo mismo de la creación: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Aunque en su contexto el versículo se refiere al vínculo más íntimo entre dos personas, revela también una ley general de la existencia: la soledad absoluta no corresponde a la plenitud del ser humano. Toda persona necesita del otro.

El libro de Eclesiastés lo dice desde otro ángulo: “Mejores son dos que uno… porque si uno cae, el otro lo levanta” (Eclesiastés 4:9-10). Y añade que “una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente” (4:12). La vida compartida multiplica la fuerza del individuo: lo que una persona sola no puede sostener, una comunidad puede cargarlo, cantarlo, llorarlo o celebrarlo.

Argentina vs Suiza - Obelisco
El fútbol asume características de una liturgia popular, donde cánticos, colores y recuerdos crean una memoria compartida que trasciende generaciones. Foto: Jaime Olivos

También los Sabios del Talmud comprendieron que la persona separada de los demás queda espiritualmente disminuida: “No te apartes de la comunidad” (Pirké Abot 2:4). En otras palabras, quien se aísla del destino compartido empobrece su propia vida.

En otro pasaje, el Talmud lo formula con una fuerza estremecedora: “O compañía o muerte” (Taanit 23a). La persona necesita diálogo, reconocimiento, reciprocidad. Necesita sentirse parte de algo que la excede.

El fútbol, en su forma más noble, toca precisamente esa fibra. El hincha no alienta solamente a once jugadores: alienta una memoria, un barrio, una familia, una infancia, una camiseta heredada, la voz de un padre, una tribuna, una historia entera.

Por eso el fútbol tiene algo de liturgia popular. Hay colores queridos por cada hinchada, cantos que se repiten, estadios que laten, héroes recordados como figuras entrañables y fechas grabadas en la memoria común.

El fútbol no es sagrado, pero demuestra que el alma humana, cuando se reúne en un colectivo, tiende naturalmente a potenciar sus emociones.

El poder de pertenecer a un grupo es una de las fuerzas más potentes de la humanidad. En esa fuerza radica el secreto de la redención de todos los males sociales que, nacidos del egocentrismo, van destruyendo la posibilidad de vivir en paz.

El Mundial de fútbol —y toda actividad social, masiva y colectiva— podría ser el catalizador de una nueva era: una humanidad renovada, una renovación de voluntades y espíritus capaz de generar un cambio real, y no solo tecnológico como el que hoy nos obsesiona.

Quizás por eso mi padre tenía razón al decir “si no hubiera futbol, quizás habría más guerras”. Allí donde la persona encuentra un lugar de pertenencia, encuentra también una razón para no destruir.

Quien sepa canalizar esa fuerza para bien, tendrá la posibilidad de salvar al mundo.

martes, 23 de junio de 2026

Yo Acuso. Por Pilar Rahola.


Yo Acuso, por Pilar Rahola 

A continuación, el texto del artículo de opinión publicado en el sitio www.elnacional.cat/es firmado por Pilar Rahola.  

Yo acuso 

BARCELONA. Domingo, 21 de junio de 2026. 05:30 

Tiempos oscuros, espesos, yermos para cultivar el pensamiento. Tiempos de ideas licuadas, que se escurren entre los dedos, sin dejar huella. Tiempos de consignas pétreas, que se imponen como dogmas religiosos, con una ingente corte de acólitos que señalan, persiguen y estigmatizan a los herejes. Tiempos de dictar sentencias, sin haber devorado bibliotecas. Tiempos de acumular respuestas, sin haber hecho ninguna pregunta. Es el reino de los impostores, los mesías, los adoctrinadores, los propagandistas, toda aquella gentuza que odia el pensamiento libre, feliz entre el rebaño, pero alérgica al individuo. 

Y justamente de eso se trata: de hacer una defensa radical del individuo, en un tiempo en el que el ciudadano se desdibuja en un magma compacto, amorfo y sin otra personalidad que el pensamiento colmena. Es la tiranía del pensamiento único convertido en un martillo que destruye ideas, señala personas, impide debates, acomodado con la vieja concepción estalinista de dirigir el cerebro del pueblo. Lo más surrealista es que este dominio del dogma y el estigma lo protagonizan hordas de personajes que aseguran defender la libertad e ir contra el fascismo, pero no hacen otra cosa que practicar el método fascista de la intimidación, la censura y la cultura de la cancelación. Si bien no es sorprendente, son los mismos que defienden a los Maduro, añoran el estalinismo, ignoran el sufrimiento de los iraníes y atizan el odio antisemita. Para ellos, hay temas que se convierten en anatemas y, por lo tanto, no pueden ser tratados ni debatidos, condenados a ser sometidos al único tratamiento impuesto; y quien osa romper este mandamiento sagrado merece la muerte social. 

La cuestión de Israel es la estrella de los anatemas, tan ferozmente apropiada por estos gurús del pensamiento progre que no puede ser debatida en ninguna circunstancia, a pesar de ser el conflicto más vitriólico y difícil del mundo. A pesar de la enorme complejidad del tema, las múltiples aristas que tiene y los intereses internacionales que interactúan, el pensamiento único no ha permitido discutir las informaciones, ha destruido todos los grises y ha impuesto un maniqueísmo cainita de buenos y malos que acaba convirtiéndose en una solapada defensa del peor terrorismo. En este conflicto, el periodismo ha fracasado tanto como lo ha hecho el análisis público. No ha habido información, sino propaganda. No ha habido reflexión, sino dogma de fe. Y aquellos que hemos cuestionado datos, fuentes, conclusiones y nos hemos confrontado a los maximalismos impostados, hemos recibido la ira de unos dioses menores que imponen la ideología, dominando el relato público. Una ira por tierra, mar y aire, con ataques personalizados, difamaciones, calumnias, señalamientos y, en mi caso (y de otros), incluso amenazas y agresiones. 

Acuso a aquellos que quieren convertir a los ciudadanos en rebaño, y transformar las ideas en consignas; los acuso de matar la inteligencia. No defienden la libertad. La quieren controlar porque no creen en ella 

Y ahora también el ataque por vía penal. O dicho de otro modo, el intento de usar la justicia para tapar las bocas críticas, impedir las ideas contracorriente y matar socialmente a los disidentes. Y así, una querella (mía) contra aquellos que me agredieron tirándome pintura en un acto se contraprograma con una querella contra mi persona por "delito de odio" y otras barbaridades. No hace falta decir que me enteré gracias a la filtración a la prensa (¡qué cosa extraña, en la Fiscalía!), y a partir de la filtración, la demonización pública pertinente. Habrá que preguntarse si el espíritu de las modificaciones de Marlaska en la persecución de delitos de odio incluye restringir severamente la libertad de expresión. 

Sea como sea, si la voluntad de esta persecución es anular mi espíritu crítico, aviso que no se saldrán con la suya. Si querían asustarme, no me asustan. Si creían que así me autocensuraría, no lo haré. Si piensan que me harán callar, no se saldrán con la suya. Tampoco impedirán que piense por mí misma. Y si creían que acabaría siguiendo al rebaño, lo llevan claro. Mi libertad de pensamiento es innegociable. Define mi condición humana. Nunca rehuiré un debate, pero exijo que exista. No sé si tengo razón, pero tengo derecho a defender mi razón. Y lo hago con información, con años de conocimiento, con criterios democráticos y con razonamiento. Los que piensan diferente, en lugar de querer hacerme callar, que me rebatan con argumentos. Pensar no es difícil. Debatir tampoco lo es. 

Finalmente, yo acuso. Acuso a aquellos que quieren convertir a los ciudadanos en rebaño y transformar las ideas en consignas; los acuso de matar la inteligencia. No defienden la libertad. La quieren controlar porque no creen en ella.