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| Fragmento de una de sus partituras. |
Georg Reutter nació en Viena, entonces Archiducado de Austria, el 3 de noviembre de 1656, y murió en su ciudad, el 29 de agosto de 1738. Organista, tiorbista y compositor.
Hola, soy Leonardo Liberman. Te invito a visitar mi Blog, en el que propongo efemérides y temas de interés general. Podes mandarme tu comentario al E-mail elmiradornocturno@gmail.com Foto de portada: Magdalena Viggiani.
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| Fragmento de una de sus partituras. |
Gennaro Verolino nació en Nápoles, Italia, el 3 de noviembre de 1906, y murió en Roma, Italia, el 17 de noviembre de 2005. Sacerdote y diplomático.
El sitio www.levandehistoria.se publicó este recordatorio.
El Premio Per Anger 2004: Gennaro Verolino
Conozca la historia de Gennaro Verolino, galardonado con el premio Per Anger 2004 en la categoría de defensor de los derechos humanos.
Lo único que hicimos fue redactar estos pasaportes de protección. Cada carta fue escrita a máquina. Había muchísimas, seguramente unas 25.000.
Cuando el Ejército Rojo soviético liberó Budapest en enero de 1945, aún vivían allí 120.000 judíos. Este era el grupo más numeroso que había sobrevivido a las persecuciones nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Un joven sacerdote católico desempeñó un papel fundamental para que esto fuera posible.
En 2004, el arzobispo Gennaro Verolino recibió el primer Premio Per Anger por sus esfuerzos desinteresados y valientes durante la ocupación alemana de Hungría en 1944.
Cuando Gennaro Verolino era un joven sacerdote, durante la Segunda Guerra Mundial, fue enviado a Budapest como enviado diplomático de la Iglesia Católica. En una entrevista realizada pocos días antes de su muerte en 2005, relató la historia de la persecución nazi contra los judíos en Hungría.
Sobre Gennaro Verolino
En marzo de 1944, los alemanes ocuparon Budapest y comenzaron a aplicar las horribles leyes contra los judíos. Los enviaron a Alemania con la promesa de que trabajarían, pero era mentira. Era una farsa. También enviaron a personas mayores de 80 años y a niños pequeños. ¿Qué tipo de trabajo podían realizar? Pero eso fue precisamente lo que hicieron.
Entre el 14 de mayo y el 8 de julio de 1944, 437.402 judíos húngaros fueron transportados a Auschwitz-Birkenau. El noventa por ciento de ellos fueron gaseados inmediatamente después de su llegada. El 9 de julio de 1944, quedaban 230.000 judíos en Budapest. A pesar de los reveses alemanes al final de la guerra, los nazis aún planeaban deportarlos también antes de que terminara el año.
En octubre, las fuerzas de ocupación comenzaron a reunir a la población judía restante para deportarla a la frontera con Austria, con el fin de cavar trincheras y construir muros defensivos contra el avance del Ejército Rojo. El traslado se realizó a pie. Cientos murieron de agotamiento y hambre durante estas marchas de la muerte.
Los diplomáticos de los países neutrales en Budapest acordaron ayudar en todo lo posible para detener, o al menos obstaculizar, la persecución. Este acuerdo fue suscrito por los más altos funcionarios de cada país, pero el trabajo sobre el terreno lo llevaron a cabo principalmente funcionarios públicos como Per Anger y Gennaro Verolino. Gracias a su valentía y gran ingenio, lograron salvar a muchas personas de una muerte segura en los campos de concentración.
Gennaro Verolino y sus colegas emitieron pasaportes de protección que salvaron la vida de muchos. —Nosotros solo nos dedicamos a redactar estos pasaportes. Cada carta se escribía a máquina. Eran muchos, seguramente 25.000. Estas cartas funcionaban como una especie de pasaporte papal y podían proteger a los perseguidos. —Muchos deportados pudieron salvarse y regresar a Budapest gracias a los pasaportes. Recuerdo que enviábamos camiones a recogerlos a la frontera.
La valentía demostrada por los diplomáticos de países neutrales durante los últimos meses de la ocupación alemana es admirable. En octubre y noviembre, Verolino y sus colegas lograron encontrar monasterios que podían dar refugio a los perseguidos. Bajo la protección del Papa, estas personas pudieron encontrar un lugar seguro. Cuando los nazis intentaron entrar en las casas, Verolino y sus colegas consiguieron impedir su acceso.
El Papa y la Iglesia Católica han sido criticados por no haber hecho lo suficiente para salvar a las personas de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Pero según Gennaro Verolino, esto no es cierto.
Desde el principio, tuvimos instrucciones de intentar ayudar y salvar a estas personas, y así lo hicimos. Por supuesto, hubo períodos de persecución más severa, y entonces intervinimos más, y durante los períodos de calma hicimos menos.
La razón por la que la mayor parte de sus esfuerzos no se han dado a conocer es consecuencia de su condición de diplomáticos.
- El deber de un diplomático es informar a la nación o al estado que lo envía, y no a los periodistas.
Monseñor Gennaro Verolino falleció en 2005 a la edad de 99 años. Fue uno de los últimos del grupo de diplomáticos que rodeaban la legación sueca en Budapest que podía relatar la historia de los acontecimientos de 1944.
La citación del jurado
"Por haber demostrado lo mejor del ser humano, en tiempos en que nuestra historia evidenciaba lo peor de la humanidad, Monseñor Gennaro Verolino recibe el Premio Per Anger 2004 por su labor humanitaria y en favor de la democracia."
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| Federico y su popularidad porteña. Collage. Gentileza de Horacio Spinetto. |
Carlos Szwarcer
Hay fechas que funcionan como bisagras en la memoria de una ciudad. El viernes 13 de octubre de 1933, cuando el trasatlántico Conte Grande asomó su silueta en el Puerto de Buenos Aires, no solo traía a bordo a un dramaturgo de éxito, desembarcaba una sensibilidad que Buenos Aires estaba lista para devorar y, a la vez, consagrar. El diario La Nación, con esa sobriedad analítica de la época, lo saludaba desde sus páginas como un exponente de la literatura “moderna e inquieta”, poseedor de un pensamiento con “entraña de tierra y de raza”. Pero Federico, lejos de la pose del intelectual consagrado, se dejaba arrastrar por la inmensidad misteriosa del Río de la Plata. Aturdido por el afecto de sus amigos y el reencuentro con sus tíos Francisco y María, confesaba con una honestidad casi infantil: “Perdónenme ustedes. Es que yo, cuando viajo, no sé quién soy... uno, aturdido... se deja llevar”.
Para Federico, este arribo era también un respiro frente a la España de 1933, una nación donde los cambios de gobernadores civiles y las tensiones de las coaliciones de derecha presagiaban tormentas. Dejaba atrás una Granada donde, según sus propias palabras, todo es pequeño y se mira al mundo a través de la celosía, para encontrarse con la magnificencia de una Buenos Aires que se le antojó una revelación. Lo que se proyectó como una escala técnica de pocas semanas se estiró hasta los seis meses, atrapado por el “dramático latido” de una urbe que lo fascinaba.
Instalado en la habitación 704 del Hotel Castelar, Federico comparaba la llanura porteña con la soberbia de Nueva York. Entendió, con la rapidez del poeta, que en estas orillas el río es un espacio de libertad colectiva: “en Buenos Aires hay río para todos, y todos se asoman a él para quitarse el orgullo”.
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| Federico y Av. de Mayo. Dibujo. Gentileza de Horacio Spinetto. |
La verdadera magia ocurría en el encuentro cuerpo a cuerpo con el público y con la vibrante comunidad española residente. Sus conferencias en Amigos del Arte —especialmente la mítica "Teoría y juego del duende"— no fueron disertaciones, sino actos de prestidigitación poética donde el auditorio quedaba “electrizado” ante ese hombre que encarnaba el misterio de la creación. Esta resonancia emocional no solo le dio la independencia económica que su tierra natal le retaceaba, sino que consolidó su nombre impulsado por el éxito de Bodas de sangre.
Hay una postal invisible que sobrevive en la memoria: la de Federico sentado al piano tocando coplas y Carlos Gardel cantando para él, en un intercambio de admiración mutua entre dos grandes. Según el testimonio original de César Tiempo, quien propició aquel abrazo en 1933, y las posteriores ratificaciones del periodista Edmundo Guibourg en la década del setenta y de Ben Molar, este cruce fue la síntesis perfecta de la vanguardia y el sentimiento popular.
Esta resonancia, que el biógrafo Ian Gibson elevaría a la categoría de hecho histórico documental hacia 1985, demuestra que en las madrugadas de la Avenida de Mayo, Lorca no era un extranjero; era el alma de una bohemia compartida con Pablo Neruda, Victoria Ocampo y Alfonsina Storni.
Federico se marchó en marzo de 1934 expresando: “Buenos Aires tiene algo vivo y personal, algo lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en medio de sus mil razas que atrae al viajero y lo fascina”. Su partida fue el regreso a una España que pronto se volvería trágica, pero para el migrante, para el hijo de españoles que aún hoy camina por la Avenida de Mayo, Lorca sigue siendo el símbolo de ese puente indestructible. Federico demostró que Buenos Aires es, y será siempre, esa “segunda casa” donde el acento español y el alma porteña se funden en un solo abrazo de cultura y memoria.
*Publicado en La Región Internacional. España. Autor: Carlos Szwarcer. 17 de mayo de 2026
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A continuación, Zorongo Gitano, en la voz de La Argentinita acompañada por Federico García Lorca en piano. Grabación realizada en 1931.
La historia y las advertencias de Giza Alterwajn, «la niña de la maleta»
El sitio www.centroshoa.org.uy publicó esta entrevista realizada por Ana Jerozolimski, publicado en Semanario Hebreo el 29 de abril del 2022
Por Ana Jerozolimski, publicado en Semanario Hebreo el 29 de abril del 2022
Giza querida, te agradezco mucho que hayas accedido a esta entrevista.
Para mí es un placer Ana. Pero también es un deber, dada la realidad en que vivimos hoy en día en el mundo entero.
Tú naciste en el ghetto de Varsovia, de donde tus padres lograron sacarte en una maleta, para darte la posibilidad de poder sobrevivir ¿verdad?
Sí, pero no me sacaron ellos, por supuesto, sino a través de contactos. En esos tiempos era común tratar de salvar niños -bebés, sobre todo- a escondidas. En mi caso, fue adentro de una maleta. No solamente personas individuales sino que lo hacían también organizaciones que lograban salvar niños en forma clandestina. Hasta hoy no sé exactamente quién me sacó a pedido de mis padres. Pero lo que sí tengo clarísimo es cuán valientes fueron mis padres para decidir deshacerse de su única hija, su bebé, para tratar de lograr que pueda seguir viviendo. Es que ellos sabían que su destino estaba marcado, que su final era pronto.
Es terrible imaginar lo que deben haber vivido y sentido. Tu mamá fue asesinada en Treblinka, tu papá en Auschwitz. ¿Verdad?
Es verdad. Mi madre tempranamente, según lo que me cuentan, fue de las primeras de irse de este mundo de Treblinka, porque ya la vida de ella no tenía sentido ni si sus hijos ni su compañero de vida ni en la situación precaria, espantosa en que estaba viviendo. Mi padre fue llevado a Auschwitz y sobrevivió hasta que llegaron los aliados. Pero ya era como un cadáver caminando y no pudo sobrevivir al poco alimento que le dieron. Ese mismo alimento fue el que lo mató.
Qué horror… Pienso en tus padres, en esa decisión de sacarte del ghetto con la esperanza de que te puedas salvar. Pero ni siquiera podían tener certeza…
Ni siquiera sabían cuál era mi destino. Pero sí sabían que podía salir del gueto y eso ya era un paso muy, muy, muy bueno.
Y aquí llegamos a la familia polaca que te salvó, reconocidos luego como Justos entre las Naciones. Llegaste afortunadamente a una familia polaca no judía que te crió como si fueras una hija más.
Así es, exacto. A raíz de lo que hicieron, peligraba la vida de todos ellos, porque si algún nazi sabía que en el seno de esta familia existía un integrante judío no solamente mataban al judío sino que liquidaban a toda la familia. Era una familia de un matrimonio con seis hijos. Imagínate tú la valentía de estos padres de arriesgar la vida de toda su familia para cobijar un bebé extraño para ellos. Su sentido de lo humano era más importante que el peligro que los acechaba.
Entiendo que la mayoría de los hijos de la familia no sabían nada sobre tu identidad, para que no se les escape nada por error. La única que sabía, además de los padres por cierto, era la hija mayor que tenía en ese momento 17 años, Danuta, la que tú llamabas Danusia. Para ella tú eras su hermanita.
Exactamente. Esa era una familia muy especial. Danusia, la hija mayor que fue la que más se dedicó a mi cuidado, era una partisana, era una luchadora antinazi polaca que durante el día era una integrante más de la familia y de noche luchaba con la resistencia polaca contra la invasión nazi, teniendo apenas 17 años. Así que, dentro de mi desgracia, siempre lo digo y lo repito, tuve mucha suerte al llegar a una familiar de tal nivel. Cada uno de de nosotros hubiera querido que una familia así sea nuestra familia natural.
Durante 65 años no estuviste en contacto con la familia que te salvó. Ellos finalmente te ubicaron en el 2009 y te lograron contactar. Y ahí te enteraste que te habían estado buscando durante décadas. Y una vez me dijiste que sentís que todos esos años fue un terrible tiempo perdido.
Así es. Yo no sé si una familia biológica busca a un pariente durante 65 años, como ellos me buscaron a mí. Fueron al Centro
Documental Judío de Varsovia buscándome, según mi nombre polaco, que era un nombre falso. Buscaron dónde vivía, si vivía y en qué situación. Mi familia polaca salvadora sabía que mis parientes biológicos que sobrevivieron la guerra y me retiraron de su casa iban a parar al Uruguay, a Sudamérica. Entonces, teniendo la dirección de mi tío, me mandaban cartas para saber en qué situación estaba yo, pero yo nunca las recibí.
¿Por qué?
Puede haber varios motivos y yo creo en la buena fe en que ellos querían que yo corte con el pasado terrible, que lo elimine y
que viva una niñez normal, como cualquier niño del mundo debería vivir. Estimo que consideraron que quizás esas cartas lo que harían sería darme dolor, tristeza y recordarme una vida que yo tenía escondida en la maleta. Pero después de 65 años, por suerte
pudimos a través de un familiar que había estado en el Centro de Documentación Judío de Varsovia buscando familias desperdigadas en el mundo que después de la guerra se hayan disgregado, entablar contacto. Anotaron mi nombre y gracias a eso lograron finalmente contactarme en Uruguay. Te puedo asegurar que fui muy dichosa al poder encontrarme con Danuta Galkowa, mi hermana mayor, aunque desgraciadamente sus padres ya no estaban.
Tú sueles destacar a Danusia, pero evidentemente también sus padres eran muy especiales. Recordemos que los padres y ella, la mayor, fueron reconocidos como Justos entre las Naciones.
Así es. Precisamente quiero recordar que mi padre adoptivo polaco era una persona extraordinaria. Él era de una familia humilde, era conductor de tranvía, pero cada vez que salía de su casa para hacer su trabajo, su esposa le colocaba bolsas de harina alrededor de su cintura para que cuando el tranvía pase a cerca del gueto, él pudiera tirar las bolsas por encima de los muros para
que los judíos dentro del ghetto puedan hacerse su comida, por lo menos ayudar en este sentido. En una redada nocturna, los nazis se lo llevaron y terminó muriendo en el campo de concentración de Flossenbürg. Qué ironías del destino. Yo, una niña judía salvada por esa familia, y él, un polaco cristiano, asesinado en un campo de concentración por los nazis.
Y tu papá adoptivo era una persona que se sabía que tenía buenos contactos con muchos judíos, una persona de valores morales y liberales, ¿no?
Claro, tenían amigos, muchos amigos judíos, vivían en la misma zona en la que es Praga de Varsovia, que era la parte judía
de Varsovia, eran muy amigos. Y en la plaza se juntaban todos, judíos, no judíos, y era una vida normal.
Qué familia tan singular…
Sin duda ninguna. Y vuelvo a contarte de Danusia, mi hermana mayor. Ella de por sí era una personalidad mundial. Había sido luchadora en la guerra contra los nazis, inclusive tuvo mucho contacto con los combatientes de de Mordejai Anielewicz del levantamiento del Ghetto de Varsovia. Por debajo de las alcantarillas se conectaban y pasaban armas al guetto de Varsovia y los conocían perfectamente bien. Tal es así que hace pocos años me reencontré con que uno de los lugartenientes de Mordejai Anielewicz había sido ni más ni menos que íntimo amigo de Danuta. Ella era una heroína nacional polaca. Cuando falleció se le brindaron en Polonia honores de Estado, fue condecorada y hubo siete días de de ceremonias en su honor. Te imaginarás que para
mí es un tesoro guardarlo eso. Una mujer coronel en la Segunda Guerra Mundial. ¿Te das cuenta?
Giza, tú dijiste al principio y yo lo destaqué, que es un compromiso contar todo esto. ¿En qué estás pensando?
Yo creo que no debemos centrarnos solamente en nuestra historia, sino en un círculo mucho más amplio, con una mirada mucho más amplia, que es la realidad del mundo. Si bien se ha adelantado en cuanto a ciencia y tecnología, el mundo se ha degradado desde el punto de vista humano. El mundo no aprendió y, desgraciadamente, a mis 81 años veo que la historia se está volviendo a repetir y que el mundo, como siempre, mira para el costado. Es una gran angustia que yo tengo, porque los primeros días de la invasión rusa a Ucrania yo no podía dormir. De noche era pesadilla tras pesadilla. Era volver a vivir mi vida, volver a vivir mis peores momentos de vida. Y esto está pasando en el siglo XXI, ¿dónde están los derechos humanos? No tengo respuesta.
Yo sé que no te referís a que esto es como la Shoá, que no tuvo parangón, sino al hecho que hay mal, que hay deseo de imponerse, que hay gente inocente que muere… ¿A eso te refieres Giza?
Por supuesto. Jamás la Shoá puede compararse con ningún hecho histórico, pero en ese camino vamos, desgraciadamente. Ojalá me equivoque.
Ojalá Giza, de tu boca a los oídos de Dios. Y mientras, seguirás contando.
Sin duda. Te cuento algo al respecto. Como bien sabes, hoy en día hay un nuevo método para comunicarse con los niños cuando es necesario contarles cosas muy duras de modo que lo puedan asimilar, que lo puedan entender. Ahora, en España, un señor especializado en lo que suele llamarse equivocadamente comics -las tiras dibujadas- está trabajando en mi historia, que dentro de poco va a ser publicada. Es otra forma de transmitir pero que va introduciendo adentro de cada niño la curiosidad de conocer y saber historias. Y así van aprendiendo historias de otra forma.
Así que tu historia también está en ese camino, Giza.
Está en ese camino y en un par de meses ya va a estar a disposición. Creo que es un detalle no menor y que es importante para la transmisión a las generaciones pequeñas.
Esto me recuerda algo de lo que ya hablamos años atrás. Tú das conferencias a públicos no judíos. ¿Qué sentís que hacés, al tocar almas o mentes de los jóvenes que te escuchan?
Mirá, lo que a mí más me interesa es llegar al público no judío, y sobre todo a los jóvenes. Y es muy distinto llegar, personalmente a los jóvenes, que llegar a los jóvenes a través de películas de pantalla, como me ha sucedido en un liceo de Barros Blancos en que la profesora de historia nos invitó, un profesor de Historia que es descendiente de armenios y a mí como sobreviviente de la Shoá. Y yo miraba la cara de todos esos niños liceales, que era más de 500 porque habían juntado de todos los horarios, y noté que mientras yo estaba horrorizada, a ellos no se les movía un pelo. Era como ver una película de televisión.
Imponente.
Sin embargo, cuando me tocó a mí no era una película, era un ser humano como cualquiera de ellos, que de repente en su vida
nunca habían visto un ser judío. Y cuando les empecé a hablar y a contar, quedando atrapada por la emoción, el resultado fue que logré trasladar esa emoción a los jóvenes. Y la prueba es que cuando terminé, ellos lloraban.
¿Te dijeron algo?
Y vaya si tuve respuesta, porque la profesora de historia, cuando vino a mi casa a agradecerme y traerme cartitas de los niños, uno de los discípulos había escrito: “Disculpe, profesora, yo en mi vida siempre hablaba mal de los judíos, cuando hablaba decía ojalá que Hitler hiciera jabón de los judíos, pero cuando conocía a esta señora, me di cuenta lo terriblemente equivocado que estaba. Y vaya si la voy a defender, que cuente conmigo, que la voy a defender en toda la vida que ella precise”.
Qué fuerte…
Así es. Era un niño de Barros Blancos.
O sea que tocaste almas.
Es eso es lo que importa. Pero desgraciadamente quedamos pocos ya. Pocos sobrevivientes. Te das cuenta que ya tengo 81 años y era una bebé en la guerra. Pero hay que seguir contando, todo lo que podamos, porque hay negacionistas, en el mundo en general y también en Uruguay. No podemos taparnos con un velo.
Exacto.
Y me pregunto qué va a pasar cuando ya no exista nadie que los enfrente. Tienen que saber. Tienen que ser nuestros
hijos, nuestros nietos y te puedo asegurar que en mi caso lo tienen muy presentes porque mis nietos lo han vivido en carne
propia, y han sabido defenderse. La historia de mi nieta que va a un liceo que no es judío y que tuvo desgraciadamente una situación que es común en todo el mundo cuando hay antisemitismo. Se defendió, se impuso, admirable cómo hizo a la directora del Liceo reunir a todo el liceo y hablar y concientizar a los alumnos de la Shoá. Eso yo, a su edad, no era capaz de hacerlo. Yo a su edad cuando viví esa misma experiencia en el Liceo Rodó, no hablé. Yo no hablaba, tú sabes bien que yo no hablaba.
Yo sé, tú me contaste.
Lo único que yo hice cuando me pasó esto en el Liceo Rodó, fue levantarme y ponerme a llorar y nunca expresé nada. En cambio, mi nieta enfrentó la situación y supo defenderse y la verdad que estoy orgullosa de haberle transmitido eso.
Giza, no tengo palabras. Gracias mil por todo esto.
A ti Ana. Y te felicito por todo tu trabajo.
Muchísimas gracias.
A ti.-
La Página de Facebook Rare History World publicó este recordatorio.
La valiente vida y el legado de Niuta Teitelbaum
Los títulos se generan con la IA de Meta
Llevaba trenzas rubias y un sencillo pañuelo.
Los oficiales nazis, sentados en sus escritorios, apenas la miraron. Para ellos, era solo otra campesina polaca: inofensiva, invisible, que pasaba desapercibida.
Ese momento de indiferencia les costaría la vida.
Se llamaba Niuta Teitelbaum. Tenía 22 años, era estudiante de historia en la Universidad de Varsovia; menuda, de voz suave, el tipo de joven que parecía pertenecer a una biblioteca, no a una guerra.
Pero cuando los tanques nazis entraron en Polonia en septiembre de 1939, Niuta tomó una decisión que resonaría en la historia. Entró en el cuartel general de la resistencia clandestina polaca y pronunció las palabras que definirían su corta pero brillante vida:
«Soy judía. Mi lugar está en la lucha contra los nazis, por el honor de mi pueblo y por una Polonia libre».
Los veteranos combatientes miraron a aquella pequeña rubia y se preguntaron qué podría hacer.
Estaba a punto de mostrarles algo extraordinario.
Niuta comprendió lo que otros habían pasado por alto: su inocencia era su mayor arma. Los nazis esperaban que los combatientes de la resistencia parecieran peligrosos: curtidos en la batalla, militares, hombres. Niuta parecía una chica que iba al mercado.
Así que la usó. Despiadada. Brillante.
Con sus trenzas y su actitud tímida, Niuta atravesó puertas a las que los combatientes armados jamás podrían acercarse. Entró en oficinas y apartamentos nazis. Cruzó puestos de control que habrían arrestado a cualquier otro. Y cuando salió, los oficiales nazis no la encontraron.
Durante casi tres años, Niuta se convirtió en el fantasma de la Gestapo. Le dieron un nombre que susurraban con miedo:
"La pequeña Wanda de las trenzas".
La persiguieron sin descanso. La incluyeron en todas las listas de los más buscados de Varsovia. Ofrecieron recompensas por su captura. Y no pudieron encontrarla, porque buscaban a alguien que pareciera peligroso.
Transportaba armas. Ayudaba a familias a ponerse a salvo. Transportaba información entre células clandestinas. Enseñaba a otros combatientes de la resistencia a sobrevivir. Y cuando llegó el momento, actuó como asesina por la libertad.
Cuando estalló el Levantamiento del Gueto de Varsovia en abril de 1943 —una última y desesperada resistencia de personas que luchaban no por ganar, sino por morir con dignidad— Niuta estaba allí. Se movió entre el caos, ayudando a otros a escapar, negándose a abandonar a quienes la necesitaban.
La mayoría de quienes entraron al gueto en esas semanas nunca salieron.
Niuta sobrevivió.
Pero en julio de 1943, traicionada y entregada a la Gestapo, su escondite fue descubierto. Los nazis la arrestaron antes de que pudiera alcanzar la pastilla de cianuro, la última opción de todo combatiente de la resistencia.
La llevaron al cuartel general. La interrogaron durante semanas. La torturaron, exigiéndole nombres, direcciones e información que destruiría su red.
Niuta Teitelbaum no les dijo nada.
Ni un solo nombre. Ni una sola dirección. Ni una pizca de información que pudiera poner en peligro a nadie con quien hubiera luchado.
Protegió a su pueblo incluso cuando su cuerpo se quebraba.
Fue ejecutada en septiembre de 1943. Tenía 25 años.
La resistencia polaca la apodó "Heroína de Varsovia".
Durante décadas, su historia se desvaneció de los libros de historia. Quizás porque era mujer en una guerra de hombres. Quizás porque era comunista en una narrativa nacionalista. Quizás porque la verdad era demasiado compleja: que la combatiente de la resistencia más eficaz en la Varsovia ocupada llevaba trenzas rubias y parecía la hermana de alguien.
Pero la historia de Niuta es real.
Y encierra una verdad que la historia intenta enseñarnos a través de las generaciones:
El coraje no siempre se manifiesta como uno espera. A veces llega silenciosamente —con trenzas, una sonrisa amable y un corazón valiente— y lo cambia todo.
Esa era Niuta Teitelbaum.
Recuerden su nombre.
Amparo de Los Remedios Otero de Pappo nació en La Habana, Cuba, el 30 de octubre de 1896, y murió el 19 de noviembre de 1987.
El sitio www.yadvashem.org publicó este recordatorio.
Amparo (Otero) Pappo
Cuba
Amparo Otero nació en Cuba en 1896. Había emigrado junto con su familia a Francia y vivía en París, donde se casó con Yacob Pappo, un judío de origen búlgaro. En 1933 su esposo falleció, dejándola con su hijo de un año.
Cuando los alemanes ocuparon Francia, Amparo se unió a los muchos franceses que huían hacia el sur, a la llamada zona desocupada. Se instaló en Siran, en la región de Cantal, donde vivía la familia de su hermana, y se ganaba la vida fabricando sombreros. A pesar de sus dificultades personales, Amparo sintió que era su deber ayudar a los necesitados. Fue activa en ayudar a otros refugiados, organizó eventos para niños cuyos padres eran prisioneros de guerra, y también llevó a niños a su casa: dos de estos niños eran la sobrina y el sobrino de su esposo, Jacqueline (n. 1935) y Haim (n. 1923).
Amparo también acogió a Liliane Frangi, cuya familia había huido de París en abril de 1942. La abuela de Liliane se había negado a abandonar su hogar, quedándose atrás y hasta que fue arrestada durante la redada del Velódromo de Invierno (Vel d’Hiv) de los judíos de París tres meses después, y luego fue deportada a Auschwitz. La familia Frangi fue primero al área de Marsella, pero cuando los alemanes ocuparon la Francia de Vichy en noviembre de 1942, huyeron a la zona italiana, que todavía era relativamente segura. En octubre de 1943, cuando esa área de Francia también quedó bajo ocupación alemana, la familia huyó a las montañas, pero envió a su hija Liliane, de 13 años, a Siran, donde Amparo Pappo la escondió.
Liliane contó a Yad Vashem que por su seguridad nunca fue a la escuela, y que Amparo Pappo le pidió al sacerdote local que le diera lecciones privadas, y también encontró a un miembro de la resistencia que era maestra de profesión y le enseñó matemáticas. En su testimonio, Liliane escribió que a medida que avanzaban los años, sus recuerdos de los tiempos de guerra ocupaban un lugar importante en sus pensamientos, a pesar de sus esfuerzos por dejar atrás ese período. Le preocupaba la idea de que no hizo lo suficiente para expresar su gratitud a la persona que le había salvado la vida. En un principio ella no conocía el programa Justos de las Naciones, y una vez que supo de su existencia, decidió presentar la solicitud para honrar a Amparo Pappo como Justa de las Naciones.
El 14 de julio de 2011, Yad Vashem reconoció a Amparo (Otero) Pappo como Justa de las Naciones.