Theo Altmeyer nació en Eschweiler, Renania, Alemania, el 16 de marzo de 1931, y murió en Hannover, Alemania, el 28 de julio de 2007. Tenor.
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sábado, 16 de mayo de 2026
Theo Altmeyer
Theo Altmeyer nació en Eschweiler, Renania, Alemania, el 16 de marzo de 1931, y murió en Hannover, Alemania, el 28 de julio de 2007. Tenor.
lunes, 26 de enero de 2026
Aniversario del estreno de la ópera Diálogos de Carmelitas, de Francis Poulenc
miércoles, 7 de enero de 2026
Aniversario del estreno en París del Stabat Mater, de Gioachino Rossini.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Charles Theodore Pachelbel
Charles Theodore Pachelbel, nació en Stuttgart, Alemania, y fue bautizado como Carl Theodorus Pachelbel, el 24 de noviembre de 1690. Murió en Charleston, Carolina del Sur, Estados Unidos, y recibió sepultura el 15 de septiembre de 1750. Compositor, organista y clavecinista.
martes, 12 de agosto de 2025
Carlos Álvarez

© Javier del Real / Teatro Real
Carlos Álvarez Rodríguez nació en Málaga, España, el 12 de agosto de 1966. Bajo barítono.
El sitio www.melomanodigital.com publicó esta entrevista realizada por Susana Castro.
Carlos Álvarez: ‘No había esperado nunca tener esta profesión, la percibo como un regalo’
Me encuentro en el Teatro Real con el barítono Carlos Álvarez, que recala por unas semanas en Madrid para ponerse en la piel de dos personajes muy diferentes, sin descanso: la prima donna Mamma Ágata en Viva la Mamma de Donizetti y el temible Barón Scarpia de Tosca de Puccini. Dos personajes con una carga escénica fortísima que permitirán al espectador disfrutar de la voz de Álvarez y de su imponente presencia en el escenario. Gracias a estos atributos, acaba de recibir el reconocimiento como Mejor Cantante en los Premios Ópera XXI, por un Don Carlo que ha interpretado por todo el mundo.
Por Susana Castro
Todo el mundo alaba tanto su faceta profesional como su personalidad. Creo que es la primera vez que me encuentro con que muchas personas de la profesión coinciden en destacar por encima de todo la calidad humana de un artista. ¿Cómo ha conseguido que todos hablen maravillas de usted?
Utilizo la empatía. Quizá tenga que ver con mi propia vida; provengo de una familia normal, de trabajadores. No había esperado nunca tener esta profesión, la percibo como un regalo. Así que doy aquello que me gustaría que me dieran, y funciona. En mi trabajo, crear atmósferas que sean positivas es mucho más productivo, así no eres tú el que crea problemas, sino que buscas solucionarlos.
Usted debuta en el año 1990 y rápidamente queda claro que tanto sus enormes cualidades vocales como su capacidad física y actoral son inmensas. ¿Qué queda de aquel chico de poco más de 20 años?
Queda prácticamente todo en el interior; en el exterior las cosas han cambiado un poquito (risas). Puedo decir que soy el mismo que empezó seguramente porque nunca esperé nada de esta profesión, como decía antes. Subirme al escenario significa jugar, divertirme, por supuesto también tener una gran responsabilidad. Pero, al igual que en aquel tiempo iba descubriendo cosas, sigo haciéndolo. Aunque hagas el mismo repertorio, todos los días tus compañeros son distintos, las condiciones del trabajo son diferentes, etc., y eso me permite tener una gran visión de lo que significa este trabajo a nivel de conjunto. La responsabilidad es individual, pero el resultado es colectivo. Me gusta mucho hacer mi trabajo, fundamentalmente aquel que no se ve: desentrañar la información de la partitura, poder ensayar… Después de que esta profesión me haya dado hasta tres oportunidades de volver, lo que más me gusta es el trabajo del día a día, y eso está muy cerca de lo que sentía en mis comienzos, cuando todo eran dudas y le preguntaba a mis compañeros: ‘¿vosotros creéis que me puedo ganar la vida con esto?’.
¿Y ellos qué respondían?
Era la segunda producción que hacía fuera de Málaga, la Carmen de Luis Iturri en el Teatro Arriaga de Bilbao, así que el resto de mis compañeros eran todos muy experimentados. Me dijeron una cosa que me impactó y me sirvió de aliciente: ‘si tú no puedes, nosotros tampoco’. Era un piropo precioso y suponía corroborar en cabeza ajena que tenía una oportunidad de hacerlo. Desde entonces dejé de llevar conmigo los apuntes de la Facultad de Medicina.
En los primeros momentos de nuestra conversación rápidamente ha salido a relucir una palabra mágica para usted, Málaga, su ciudad natal, y de la cual es usted un gran embajador. En mi opinión, Málaga destaca por valorar mucho a sus artistas, de todas las disciplinas. Podríamos hablar del caso de Antonio Banderas, por ejemplo, que en agradecimiento al calor del público ha fundado allí el Teatro Soho, ¿qué es lo que hace a los malagueños tan agradecidos? Sus artistas sí son profetas en su tierra.
Málaga es una ciudad de acogida, donde hay poca gente oriunda de la ciudad, como es mi caso, pero siento que tengo un compromiso especial con la sociedad malagueña, ya que en el momento en que yo lo necesité, me respaldó. Devolver eso me parece justo y creo que ese sentido de la responsabilidad es el que debemos tener los artistas. Además, queremos ver florecer el arte en nuestra ciudad, que tiene una enorme historia que permite que la gente tenga esa visión amplia; quizá se deba a la presencia del mar. Existe una tendencia artística en la gente de Málaga que, sobre todo en expresiones más minoritarias como pueden ser la lírica o el arte contemporáneo, necesita que se le dé cancha.
Por lo que veo, usted ofrece una enorme generosidad al público…
No es generosidad, es egoísmo puro: cuando te lo pasas bien, si puedes echar una mano a los demás, ¡estupendo!
Acaba de participar como jurado en el programa Tierra de Talento y eso también me parece generoso. Que un artista de su nivel, y con su proyección internacional, cante en prime time en televisión puede motivar al público a ir al teatro…
Sí y, de hecho, ha sucedido. La idea de participar en el programa surgió a través de Manu Sánchez, productor y presentador del programa. Contactó conmigo y me dijo: ‘Carlos, me gustaría que pudiéramos llevar este proyecto adelante porque nuestra región, Andalucía, es un sitio de mucho talento, pero se percibe como algo que aparece espontáneamente y, sin embargo, no es así, hay mucho trabajo detrás y mucho esfuerzo y dedicación, y hay que valorarlo a través de un jurado especialista que todavía esté trabajando’. Todos los que formamos parte del jurado somos personas que trabajamos todos los días en un escenario, y esa empatía es importante.
Como ejemplo de esa motivación que decías, te puedo contar una anécdota que sucedió el mes de agosto pasado. Yo iba hacia mi casa, con la mascarilla puesta, y se va acercando una pareja más o menos de mi edad, y el marido me va señalando. Al llegar a mi altura, me dice: ‘¡tú eres Carlos Álvarez! Por favor, hazte una foto con mi mujer, que está enamorada de ti desde que te ve en la tele’. Y me dice ella: ‘hay algo fundamental: al haberte visto ahí yo, que no soy una gran entendida del mundo de la lírica, ahora tengo ganas de ir a verte al teatro’. ¡Fantástico! Porque si ha funcionado una vez, seguro que tiene un efecto multiplicador y que habrá mucha gente que pueda acercarse al mundo de la lírica gracias al programa, que apuesta por la diversidad en todo momento.
Está claro que esta forma de llevar la lírica a las casas de la gente hace mucho para atraer nuevos públicos. Hay muchos teatros que están trabajando en ello, pero estoy segura de que valen más esas actuaciones breves que muchos proyectos para todos los públicos que se programan en los teatros.
Esto me preocupa desde el punto de vista del cantante lírico, por el mantenimiento de esta profesión en las condiciones que se debe hacer. Si descontextualizamos esta profesión corremos el riesgo de desaparecer. Nosotros somos los últimos ‘analógicos’, cantamos sin amplificación y, para que eso suceda, tenemos que hacerlo en un lugar idóneo, con una acústica y unas condiciones determinadas. Si empezamos a sacar fuera de los teatros, auditorios y festivales nuestro trabajo, a lo mejor llega el momento en el que no nos necesitan…
¿Qué cree que se puede hacer para que esto no llegue a suceder?
Creo que hay varias soluciones, pero hay una que es fundamental: la renovación absoluta de la educación musical de nuestro país. A esto habría que sumar la capacidad de convocatoria de los auditorios y teatros, que haya entradas asequibles para todos los bolsillos, como sucede, por ejemplo, en Viena. Y todo esto parte de nosotros, tanto de los cantantes como de los músicos, y de las orquestas en general, que tienen que darse cuenta de que es imprescindible hacer un trabajo de mayor divulgación porque si no, no tiene sentido que estemos pagando orquestas públicas, podrían hacer ese trabajo las orquestas privadas. También quiero que quede claro que la subcontratación de estructuras imprescindibles para hacer nuestro trabajo no siempre es la mejor solución y no debe ser la cuestión económica la que nos lleve a esta situación.
Nuestra cita tiene lugar en el Teatro Real porque en estos momentos está usted enlazando dos producciones antagónicas. Acaban de nombrar a este coliseo como Mejor Teatro de Ópera en los Internacional Opera Award 2021, ¿está usted de acuerdo con este reconocimiento?
Sí, absolutamente. Tengo la oportunidad de ver el trabajo diario de este teatro y es excepcional. El otro día alguien me comentaba que aquí hay ‘orgullo del Real’ y la verdad es que es así. Los cantantes, que somos circunstanciales, sentimos que el Teatro tiene esa vida interior con toda esta gente, que es mucha, que hace muy bien su trabajo. Eso hace que un teatro esté en lo alto, precisamente porque cada trabajador aporta lo mejor de su conocimiento y de sus ganas, que no es tan fácil. He estado en otros teatros en los que aparece ese punto de desgana, y piensas: ‘¡pero si somos unos privilegiados, hacemos lo que queremos!’. Esto también lo podríamos extrapolar a otros teatros españoles, pero en este caso ha sido el Real el que ha obtenido ese reconocimiento por su capacidad de producción.
Hablemos ahora de estos dos roles tan diferentes que está defendiendo en el Real. Viva la Mamma finalizó en el mes de junio, pero en estos días es posible disfrutar de Tosca. ¿Cómo se preparan dos papeles que, desde el punto de vista dramático, son tan distintos?
Primero tuve que hacer un estudio de la compatibilidad vocal de ambos personajes y, tras darme cuenta de que sí podía hacerlos, me apetecía mucho asumir el desafío de ser primero una mamá napolitana que es capaz de hacer cualquier cosa por su hija para después convertirme en un noble romano malísimo. Siempre aconsejo y aliento a la gente a que tenga alguna experiencia en el escenario, ya que es un sitio absolutamente libre. En estos días se habla mucho de cuáles son los límites del humor, pero ¿cuáles son los límites de la interpretación? Ninguno. Lo que sucede en el escenario debe tener absoluta libertad para poder expresar lo que los autores han querido que suceda. Y no tenemos que ser nosotros, los intérpretes, los que pongamos pega alguna para que eso suceda. Si yo tuviera que juzgar éticamente a los personajes que hago, a la mayor parte de ellos no los podría hacer, pero he aprendido a no juzgarlos, lo cual me ha llevado a tener esa libertad de expresión absoluta.
Intento ser honesto con la partitura, ser responsable con mi trabajo y ser leal a las indicaciones de la dirección musical y de la dirección escénica. Tener la oportunidad de hacer dos papeles tan distintos, uno detrás del otro, es un desafío maravilloso para alguien que se encuentra en una situación de madurez, y un aliciente para seguir disfrutando. Lo importante será que el público vea de verdad a los dos personajes.
Habla de madurez, ¿diría usted que está en los mejores años de su carrera?
Como dice Antonio Banderas, ‘estoy para entrar a vivir’ (risas). Cuando tuve la lesión en la cuerda ya llevaba veinte años de profesión y tuve la capacidad de renovarme. Si me hubiera pasado antes, no sé lo que hubiera sucedido. Pero después de haber vivido todo eso y los años posteriores, puedo decir que me siento en plenitud. Sigo haciendo lo que más me gusta, afortunadamente parece que tiene una buena recepción por parte del público y, sobre todo, por parte de los compañeros y de la gente que tiene capacidad de contratarme. ¿Qué más puedo pedir?
He oído que le gusta mucho la zarzuela, aunque no disponga de todas las ocasiones que quisiera para poder cantarla. ¿Cree usted que desde su posición de intérprete podría llevar la zarzuela por el mundo o es un trabajo que deben hacer los programadores y directores?
El que ha defendido la zarzuela fuera de España ha sido Plácido Domingo, lo que ha permitido que se escuchara en La Scala, en Washington, Los Ángeles, y en muchos otros sitios. Lo que yo siempre hago es no dejar pasar la oportunidad de incluir música española en mi repertorio de concierto. Por ejemplo, grabamos un disco en directo en La Monnaie de Bruselas junto a mi hermano de Barakaldo, el pianista Rubén Fernández Aguirre, en el que el repertorio era íntegramente español. ¡Eso sí que fue una pica en Flandes! El público siempre se queda muy sorprendido: primero, porque nosotros mismos hemos hecho un menosprecio del género lírico español, ya sea ópera o zarzuela, convirtiéndolo todo en género chico cuando este es solo una parte; y después porque es un repertorio muy difícil, tienes que ser muy convincente, como actor y como cantante.
Está claro que usted es un animal escénico —por si quedaban dudas con esa Mamma Ágata lo hemos podido confirmar en el Real— pero ¿qué espacio reserva para el repertorio sinfónico-coral?
Hice mucho sinfónico-coral cuando formaba parte de los coros polifónicos en Málaga, no como solista, y me sirvió como un aprendizaje enorme, ya que si algo debemos hacer es escuchar al de al lado, a la orquesta, seguir la mano del director… Mis características vocales no siempre se adecúan al repertorio sinfónico. Me encantaría hacer obras como el Réquiem alemán de Brahms, que es casi operístico, pero si no se cumple la condición de que sea adecuado a mi voz, yo mismo no lo veo. Sí me lo han ofrecido, y en ocasiones especiales he dicho que sí, porque me gusta.
Me gustaría hablar del futuro, del suyo, por supuesto, pero también de cómo valora las jóvenes voces líricas actuales, ¿tenemos el futuro del género asegurado?
Cada vez hay más gente que se quiere dedicar a esta profesión. Mi consejo es que no solo basta tu intención y tus ganas, sino que tienes que estar dispuesto a recibir opiniones de todo el mundo, porque todo el mundo tiene opinión sobre nuestro trabajo, conozca o no el trabajo que hacemos, la propia persona o las circunstancias que le rodean. Además, la consigna es ‘formación, formación y formación’, que no llegue el momento y que tengas que decir que no. ¡Yo le dije que no a Muti! Pero fue la respuesta más honesta del mundo. Se puede decir un no, pero tiene que estar razonado.
A mi juicio, la gente joven está haciendo una identificación errónea entre presencia en redes sociales y calidad de trabajo. Desde hace mucho yo no tengo redes sociales, pero quizá hablo desde una posición en la que tengo la espalda cubierta y no lo necesito para mi trabajo porque de eso ya se encarga la agencia. También es cierto que ahora las oportunidades que se les dan para subir a los escenarios son menos, yo pertenezco a otra generación. La primera vez puedes llegar de la mano de alguien o te pueden abrir la puerta, pero la segunda vez ya no, depende de ti. Pero si no tienes la primera oportunidad, va a ser difícil que puedas evolucionar como cantante, ya que uno se hace encima del escenario.
¿Cree que ahora se exige más a los cantantes, especialmente a nivel escénico?
Sí, pero la gente no debe tener pena por los cantantes, ya que un cantante no hará nunca algo que no quiera. Primero porque existe un prurito profesional que te obliga a ser lo más consciente posible de las cosas que puedes hacer y las que no; y segundo, porque hay un elemento fisiológico que dice: ‘si me ahogo, no lo puedo hacer’ (risas). También tenemos que explorar nuestros límites, si no llegamos a ellos no sabemos dónde están. Yo siempre pruebo durante los ensayos, no durante las funciones, y veo si puedo asumir los riesgos o hay que buscar soluciones. No creo que exista la dictadura de los directores de escena, pero es verdad que hay que poder competir en el mundo de hoy.
¿Cuáles son sus próximos compromisos para 2021?
Tengo compromisos firmados hasta 2025, pero en lo más inmediato, el próximo 25 de julio estaré con Tosca en el Festival de Peralada; me apetece mucho porque el año pasado no se pudo hacer. A principios de agosto estaré en Londres en una nueva producción de Rigoletto. Espero estar en A Coruña en octubre, ya que adquirí el compromiso después de hacer el Don Carlo. También en ese mes estaré en Málaga interpretando una obra que ha escrito el padre Frisina, del Vaticano, pensando en mí: Las siete últimas palabras de Cristo. Después estaré en La Scala debutando el Dulcamara de L’elisir d’amore. Tengo pendiente una grabación para Opera Rara de I zingari, una ópera de Leoncavallo. Y, si todo va bien, me iré a Berlín a finales de año para Un ballo in maschera.
Precisamente, por ese Don Carlo que comentaba ha recibido usted recientemente el reconocimiento como Mejor Cantante en los Premios Ópera XXI, ¿cómo ha recibido este galardón después de una etapa tan difícil para todos, y en particular para la cultura?
Me siento muy honrado por este reconocimiento, fruto del Don Carlo interpretado en A Coruña en la temporada 2019-20. En septiembre de 2020 volví a visitar a los Amigos de la Ópera de A Coruña quienes, pese a encontrarnos en una pandemia restrictiva, que obligó a una reducción del aforo hasta la mínima expresión, afrontaron con absoluta determinación su compromiso con la lírica de nuestro país. Este premio nominal va dirigido a mí, pero es un homenaje a la lírica española durante el año 2020.
A continuación, celebramos su cumpleaños, con dos fragmentos de ópera. En primer término, el dúo Figlia! Mio Padre!, de la ópera Rigoletto, de Giuseppe Verdi, con la soprano Olga Peretyatko, en una producción de la Opera de Viena en 2016, y a continuación, la escena del Te Deum, con el aria Tre Sbirri, de la ópera Tosca, de Giacomo Puccini, en la producción del Teatro Real de Madrid en 2021.
lunes, 4 de agosto de 2025
Friedrich Götz
Friedrich Götz nació en Naumburgo, Alemania, el 4 de agosto de 1930, y murió en Berlín, Alemania, el 12 de diciembre de 2000. Director de teatro y ópera.
El sitio www.deutscheoperberlin.de publicó este recordatorio.
El 20 aniversario de la muerte de Götz Friedrich
Durante dos décadas, desde 1981 hasta su fallecimiento el 12 de diciembre de 2000, Götz Friedrich fue la figura dominante al frente de la Ópera Alemana de Berlín, como director artístico y escenógrafo de óperas. Sus producciones, en particular El Anillo del Nibelungo de Wagner, no solo consolidaron la institución como uno de los escenarios más emocionantes del teatro musical moderno, sino que también contribuyeron a moldear la forma en que percibimos las obras operísticas canónicas. Sus producciones de La Bohème, La Traviata y Las Bodas de Fígaro siguen formando parte del repertorio de la Ópera Alemana de Berlín hasta la fecha.
Exdirector y asesor dramático de la Ópera Cómica, Friedrich comenzó su carrera en la Ópera Alemana de Berlín con tres producciones teatrales durante el breve periodo de Siegfried Palm como director artístico. Cuando el senador de Cultura Dieter Sauberzweig anunció su nombramiento como futuro Intendente General, algunos temieron, y otros albergaron esperanzas, de que convirtiera a la Ópera Alemana de Berlín en una Ópera Cómica II. Si hubieran estudiado su carrera con atención, habrían sabido que, desde su deserción de Alemania Oriental en 1972, había trabajado como Productor Invitado Principal de la Royal Opera House Covent Garden y Director Artístico de la Ópera Estatal de Hamburgo, ampliando considerablemente sus horizontes en el proceso. Y en su primera temporada en Berlín, dejó claro que podía combinar dos facetas de la ópera: por un lado, una pieza coral como DESDE LA CASA DE LOS MUERTOS de Leoš Janáček, en la tradición del «teatro musical realista» de Walter Felsenstein, y por otro, su producción de AIDA con Luciano Pavarotti como Radamés y la dirección de Daniel Barenboim, una obra clásica calculada para atraer a un público internacional. Este fue un ejemplo de cómo, bajo la dirección de Friedrich, la Deutsche Oper fusionó principios artísticos asociados tanto con Oriente como con Occidente mucho antes de la Reunificación propiamente dicha. La caída del Muro nueve años después encontró a Götz Friedrich dirigiendo LOS BASÁRIDOS de Hans Werner Henze en Stuttgart. Este empleo paralelo había sido consagrado en su contrato a petición suya; junto con su trabajo como director artístico y director jefe en la Deutsche Oper de Berlín, tendría libertad para presentar dos obras por temporada en otros teatros de ópera.
Alejándose de la ortodoxia de la Ópera Cómica bajo la dirección de Walter Felsenstein, quien solo contrataba a directores que seguían la línea del «teatro musical realista» (ejemplos clave fueron Joachim Herz y Harry Kupfer, así como el propio Götz Friedrich), Friedrich contrató a directores invitados con estilos muy diferentes. Hans Neuenfels representó obras regularmente tras presentar «LA FORZA DEL DESTINO» en 1982, Günter Krämer debutó en 1986 con «KATJA KABANOVA» y John Drew dirigió «LES HUGUENOTS» en 1987.
La música contemporánea era importante para Friedrich. Una de sus primeras acciones como director artístico fue nombrar a Hans Werner Henze miembro honorario. El compositor había estado estrechamente vinculado a la institución de la Bismarckstrasse desde el estreno mundial de EL REY CIERVO en la Ópera de la Ciudad Vieja, y para la inauguración de Friedrich escribió una obra para piano, interpretada por Homero Francesch en una matinée del «Teatro Musical para Berlín» al comienzo de la temporada 1981/82. Pasarían años antes del siguiente estreno mundial de Henze, EL MAR TRAICIONADO, que se estrenó en 1990 y fue dirigida por el propio director principal. Esta producción se precedió al primer estreno operístico de Edipo, de Wolfgang Rihm. Götz Friedrich había contratado al compositor, quien aún no había cumplido los 30 años y cuyo puesto era «asesor de música contemporánea». TUTUGURI, su «poema dansé», fue un triunfo para el ballet de la Ópera Alemana de Berlín en la segunda temporada de Götz Friedrich como director artístico. Escrita expresamente para el conjunto masculino de voces de la Ópera Alemana de Berlín, que interpreta el papel del «Coro» de la antigüedad, EDIPO se estrenó mundialmente en 1987.
Richard Wagner fue uno de los compositores favoritos de Götz Friedrich desde 1972. Ese año, saltó a la fama internacional con una producción en Bayreuth de TANNHÄUSER, que desencadenó un escándalo. Las obras de Wagner siempre habían figurado en el repertorio de la Ópera Alemana de Berlín; su precursora, la Deutsches Opernhaus, fue concebida en 1912 como un espacio para la exhibición de las obras de Richard Wagner. Tristán e Isolda fue una de las tres producciones montadas por Friedrich en el período previo a su nombramiento como director artístico, y con la tinta apenas seca en su contrato, comenzó a planificar una nueva producción de El Anillo del Nibelungo. Su ciclo del Anillo se estrenó en 1984 (la novela homónima de George Orwell inspiró toda la concepción detrás de la producción) y desató un clamor popular y crítico. Resultó ser una de las producciones de mayor duración.
Götz Friedrich había esbozado las líneas generales de EL ANILLO DEL NIBELUNGO en Londres con Josef Svoboda, quien también trabajaba en la Ópera Alemana de Berlín en DESDE LA CASA DE LOS MUERTOS. Ahora colaboraba con Peter Sykora, otro exciudadano de la RDA a quien se le prohibió regresar a su país natal y cuya carrera giraba en torno a la Ópera Alemana de Berlín. Gottfried Pilz e Isabel Glathar habían acompañado a John Dew a la Ópera Alemana de Berlín y años después también trabajaron para Götz Friedrich.
La colaboración artística de Friedrich con su esposa, Karan Armstrong, no fue del agrado de todos, especialmente al principio, aunque la Primadonna der Moderne aportó una importante contribución, cantando el papel de Lulú en el estreno de la ópera homónima (1982) y Salomé en la producción de Wieland Wagner, que ya tenía veinte años. Posteriormente, tuvo una participación destacada en producciones de Günter Krämer (interpretando a Katja Kabanowa, Emilia Marty y Lady Macbeth del distrito de Mtsensk) y John Dew, e interpretando el papel de Sieglinde en LA VALQUIRIA. Su interpretación de Marietta en LA CIUDAD MUERTA quedó grabada en DVD y fue una de las pocas producciones televisadas de la época de Götz Friedrich.
Cuando el puesto de Director General de Música quedó vacante en 1990, el Ministerio de Cultura perdió la oportunidad de aceptar las propuestas de Giuseppe Sinopoli, quien contaba con el entusiasta apoyo de la Orquesta. Dada su reticencia a dedicar seis u ocho semanas a supervisar los ensayos de una producción determinada, Sinopoli no habría sido un sustituto adecuado para Jesús López Cobos, quien se había marchado a nuevas tierras en 1989. No obstante, su nombramiento habría impulsado la proyección internacional del mayor teatro de ópera de un Berlín reunificado, que ahora tenía dos competidores inmediatos con los que competir. Finalmente, su poder de convocatoria se prolongó hasta las producciones que ya había sido contratado para dirigir, incluyendo SALOME con Catherine Malfitano y Simon Estes.
Götz Friedrich siempre se debatía entre el arte y la administración, aunque supo abordar este problema de doble filo con creatividad, abandonando su oficina para ir a los ensayos y luego volviendo a su trabajo de oficina. Su decisión organizativa más significativa fue la creación de la Sociedad de Amigos y Mecenas de la Ópera Alemana de Berlín el 13 de febrero de 1982, bajo el patrocinio del entonces alcalde de Berlín y futuro presidente federal, Richard von Weizsäcker. Sin la Sociedad de Amigos, no habría existido el programa de becas para cantantes emergentes, ni la producción de EL ANILLO DEL NIBELUNGO, ni las actuaciones de artistas invitados en Japón y Estados Unidos.
Götz Friedrich concedió gran importancia a la formación de jóvenes talentos y a cultivar el interés de los jóvenes espectadores. Además del programa de becas para cantantes, también impulsó el desarrollo de jóvenes coreógrafos y directores. Supervisó la creación del programa educativo «Klassik is cool» y la creación en el vestíbulo (a falta de un miniescenario dedicado) de un espacio escénico para producciones infantiles. En Hamburgo, cofundó con August Everding un programa de estudios para futuros directores de teatro musical, una futura alma máter de directores y dramaturgos como Stefan Herheim, quien actualmente asume el relevo de Friedrich como director del nuevo ciclo de RING. La última producción de Götz Friedrich, AMAHL Y LOS VISITANTES NOCTURNOS de Gian Carlo Menotti, fue escrita para el público del futuro. En la fase de planificación, no podía saber que sobreviviría al estreno por tan solo unos días. El 12 de diciembre de 2020 se conmemora el 20.º aniversario de su fallecimiento. Su fallecimiento fue profundamente sentido, pero Friedrich sigue vivo en la memoria colectiva gracias, en parte, al Premio Götz Friedrich, otorgado anualmente a una joven promesa del cine. En 2008, el espacio recién remodelado en la esquina de Krumme Strasse, frente a la Bismarckstrasse y la Shakespeare-Platz, recibió el nombre de Götz-Friedrich-Platz en su honor. Una escultura de Günther Uecker a la entrada de la estación de metro conmemora su trayectoria en la Deutsche Oper Berlin, que culminó con su versión teatral de la PASIÓN según San Mateo en 1999.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento, con el aria ¡Ich will nichts hören!, de la ópera Elektra, de Richard Strauss, con Astrid Varnay como Clitemnestra, y la Orquesta Filarmónica de Viena, dirigida por Karl Böhm, fragmento de la película de Friedrich Götz de 1982.
miércoles, 12 de marzo de 2025
Paul Gerhardt
Paul Gerhardt nació en Gräfenhainichen, Alemania, el 12 de marzo de 1607, y murió en Lübben, Alemania, el 27 de mayo de 1676. Poeta, autor de himnos religiosos.
El sitio www.es.wikipedia.org
publicó este recordatorio.
Paul Gerhardt (* 12 de marzo de 1607, Gräfenhainichen - † 27
de mayo de 1676, Lübben) fue un himnógrafo o escritor de himnos religiosos
protestantes alemán, el más importante de su época.
Vida y obra
Paul Gerhardt nació el 12 de marzo de 1607 en el Electorado
de Sajonia, fue el segundo de cuatro hijos. Asistió a la escuela pública donde
adquirió conocimientos de latín y de canto coral. Al igual que muchas familias
en Sajonia, la familia Gerhardt padeció hambre, epidemias y maltratos por parte
de los soldados a causa de la Guerra de los Treinta Años.
Después de terminar sus estudios en la escuela pública en
1627, obtuvo los conocimientos necesarios para acceder a la Universidad. Eligió
el estudio de Teología en la Universidad Luterana de Wittenberg. Allí se
matriculó el 2 de enero de 1628. Gerhardt había tenido conocimiento de esta
teología en su casa y en la escuela. En Wittenberg estudió la pura enseñanza de
Lutero a través de importantes profesores de la Ortodoxia Luterana. Además,
cursó estudios en la facultad de Filosofía.
En Wittenberg se habían refugiado muchas personas que huían
de la guerra. Entre los años 1636 y 1637 cundía la peste y las autoridades
eclesiásticas tuvieron que publicar libros de registro de las numerosas
defunciones. El pueblo del que era oriundo Paul Gerhardt fue completamente
destruido por soldados suecos el 11 de abril de 1637; además, el 7 de noviembre
de 1637 murió su hermano Christian. Las experiencias de Wittenberg impactaron
profundamente en Gerhardt. El 26 de abril de 1642 compuso su primera poesía,
meramente de circunstancias: un encomio al hijo de un profesor de Hamburgo por
haber aprobado su examen de licenciatura.
En 1643 Gerhardt se trasladó a Berlín. La ciudad había
sufrido mucho a consecuencia de la Guerra de los Treinta Años y a causa de la
peste, la viruela y otras epidemias la población se había reducido de 12.000 a
5.000 habitantes al concuir el conflicto. Gerhardt consiguió emplearse como
profesor particular del consejero jurídico Andreas Berthold y su esposa Elisabeth.
Y por entonces compuso varios textos para himnos, que encarnan su desolación
por los desastres de la guerra y sus consecuencias. Con ello también desarrolló
su teología. No se limitó a reflexionar sobre sus impresiones, sino que ayudaba
a reconstruir anímicamente a sus conciudadanos, pues con sus himnos les daba
nuevas fuerzas y restauraba sus esperanzas.
El consuelo de almas y el apoyo espiritual los desarrollaba
Gerhardt especialmente en la Iglesia de San Nicolás (Nikolaikirche) de Berlín.
Aquí colaboraba desde 1622 Johann Crüger como maestro de canto. En 1640 este
último había publicado por primera vez el himnario Praxis Pietatis Melica
(Práctica de beatitud en cantos cristianos y de consolación). Entre él y
Gerhardt comenzó una colaboración amistosa que duraría muchos años. Al nuevo
himnario de Crüger de 1647, Gerhardt había aportado 18 himnos. En la quinta
edición del mismo el número de himnos de Gerhardt aumentó a 82. Gerhardt
también tenía amistad con el Prior de la Iglesia, Petrus Vehr, y este le prestó
su apoyo para ser pastor en Mittenwalde. El 30 de noviembre de 1651 se instaló
como párroco de esta población. Se conservan cuatro sermones fúnebres de esa
época que muestran su forma popular y clara de predicar. Al igual que en sus
himnos, Gerhardt hacía fáciles de entender en sus predicaciones los contenidos
teológicos por medio de ejemplos simples y comprensibles.
Además de su actividad parroquial continuó la poética: en
1653 apareció la quinta edición del himnario de Crüger. Durante este periodo de
su vida compuso el famoso himno de la Pasión O Haupt voll Blut und Wunden! “¡Oh
rostro herido y ensangrentado!” incorporado al himnario de Crüger de 1656 en su
sexta edición; hoy este himno es una obra considerada de valor cultural mundial
y Johann Sebastian Bach la incluyó en su Pasión según San Mateo, así como otra
de sus himnos, Befiehl du deine Wege.
Gerhardt mantuvo su relación con la parroquia de Berlín. El
11 de febrero de 1655 se casó con Anna Maria Berthold. Tuvieron cinco hijos, de
los cuales cuatro murieron pronto. Solo sobrevivió Paul Friedrich. En mayo de
1657 Gerhardt fue elegido segundo diácono de la Iglesia de San Nicolás. En
aquel momento se iniciaban los conflictos entre los Reformados y los Luteranos.
El Príncipe elector de Brandeburgo, Juan Segismundo I, se había convertido
antes de la guerra de la fe luterana a la Reformada calvinista, convirtiendo
ésta en religión de palacio. Sin embargo, sus súbditos siguieron siendo en su
mayoría luteranos. Por ello se produjeron tensiones confesionales.
Posteriormente el Príncipe Federico Guillermo I pasó a ser dispensador de los
asuntos eclesiásticos. Este príncipe inició una política que discriminaba a los
luteranos, lo cual provocó mayores conflictos con los representantes de la
Ortodoxia Luterana. Como consecuencia el príncipe prohibió a sus subordinados
estudiar en la Universidad de Wittenberg.
En las tierras de este príncipe se extendía el desánimo entre
los teólogos luteranos, cuyo centro era Berlín. Gerhardt también fue
involucrado en las discusiones y representó con vehemencia la postura luterana.
Esta postura no le agradaba al príncipe. Sin embargo, considerando que la paz
estaba en peligro, ordenó el 16 de septiembre de 1664 un edicto de tolerancia.
Las disposiciones de la enseñanza reformada no podían ser aceptadas por los
luteranos por considerarlas como la aceptación de una presunta religión
herética y por consiguiente como un abandono de la verdadera fe. Sin embargo el
príncipe exigió que se aceptara el edicto de tolerancia. Los luteranos que se
negaron a firmarlo fueron despedidos.
El 31 de enero de 1666 Gerhardt debía firmar el edicto. Como
muchos otros se negó, por lo que fue despedido el 13 de febrero. Los ciudadanos
de Berlín y sus gremios no estaban de acuerdo con este despido, y exigieron que
fuera admitido de nuevo y liberado de esta obligación de firmar.
El magistrado de Berlín se dirigió al príncipe, pero éste
rechazó su solicitud. Como Gerhardt había alcanzado con sus himnos un
reconocimiento fuera de Berlín, protestó también la nobleza rural en contra de
su despido. El príncipe readmitió a Gerhardt el 12 de enero de 1667. Sin
embargo, éste renunció a su cargo por cuestiones de conciencia. Por ello
dispuso el príncipe su despido definitivo el 4 de febrero de 1667.
Ya desde 1666 se había empezado a disponer de cuadernillos,
que serían publicados en el año 1667, que contenían 12 trabajos de Gerhardt. En
1667 apareció una primera edición completa de sus textos de himnos bajo el
nombre de “oficios espirituales”. En esa época murió su esposa Anna María, el 5
de marzo.
En 1669 Gerhardt fue invitado a Lübben, donde el 16 de junio
fue nombrado de forma festiva diácono de la Iglesia de San Nicolás. Allí
permanecería los últimos años de su vida en condiciones precarias. Sin embargo,
cumplió con sus obligaciones de consuelo de almas, solucionando los problemas
de la organización eclesiástica.
Gerhardt falleció a los 70 años, el 27 de mayo de 1676, en
su vivienda parroquial de Lübben. El 7 de junio de 1676 fue enterrado en el
coro, junto al altar de la iglesia en la que había trabajado los últimos años
de su vida y que desde 1930 lleva su nombre.
Los primeros años de la vida de Gerhardt estuvieron bajo la
sombra de terribles catástrofes internas en Alemania. Sufrió la peste y el
dolor de sus conciudadanos ocasionados por la guerra. Estas experiencias le
impactaron, aunque era un hombre pacífico. Esto se refleja en sus himnos, en su
sencillez, calor y facilidad para ser cantados. Por ello se han convertido en
cantos populares. A pesar de que compusiese libremente, tomando como base de
sus himnos los salmos de la Biblia, los himnos latinos de Arnulf von Löwen o
las oraciones de Johann Arndt, supo siempre elaborar el contenido poético para
que conmoviera.
La lírica de Gerhardt, que emplea una fraseología llena de
imágenes, trata de la Iglesia, de los días y de las estaciones del año, de la
vida conyugal y familiar. En todas las circunstancias adversas Gerhardt predica
consolación, paciencia y confianza en Dios. Esto se expresa especialmente en su
himno de peregrinación “Encarga a Dios el rumbo de tu peregrinar”. También el
dolor de la guerra y el deseo de paz se encuentran en la lírica de Gerhardt. Al
final de la Guerra de los Treinta Años compuso el himno de acción de gracias
“Alabemos a Dios, ha vuelto a aparecer la honrada paz y la palabra de la
alegría”.
Las obras de Paul Gerhardt que hoy conocemos abarcan 139
letras de himnos y poesías. Además, puso música a 15 poesías latinas, entre
otras, las de Johann Crüger, Johann Goerg Ebeling y Johann Sebastian Bach.
Gerhardt era un poeta modesto, comedido y sin exigencias.
Las poesías de Gerhardt quieren llevar a un diálogo con Dios
y dar confianza a los humanos, con una espiritualidad eclesial y personal. Es
decir, que sus obras llevan de un sentimiento eclesial objetivo a un subjetivismo
personal. Van del testimonio a la edificación. Con Martín Lutero la
congregación clama a Dios, con Gerhardt es el individuo el que habla. La lírica
de Gerhardt marca el principio de una lírica alemana nueva, que posteriormente
perfeccionaría Johann Wolfgang von Goethe.
Aunque Paul Gerhardt pertenece a una época espiritual y
poética que nos puede parecer lejana a nosotros, sigue vivo entre nosotros a
través de sus obras. Sus himnos tienen un profundo carácter religioso y
ciertamente corresponden a su época. Son, pues, la típica expresión de su época
y, sin embargo, van mucho más allá. Gerhardt representa al pensador autónomo
con sentimientos, aunque transmita y se base en la ortodoxia luterana.
Ciertamente tiene el mérito de haber promocionado el desarrollo del himno de
testimonio y consagración. Sus poemas se han convertido en cantos populares y
de familia de la fe cristiana. Dan palabras de alabanza y agradecimiento,
concediendo consuelo en la pena.
Los himnos de Paul Gerhardt fueron pronto incluidos en otros
himnarios. En el tiempo del despertar intelectual no fueron tenidos en cuenta,
sino que a partir de ellos se crearon otros. Solo después de las guerras de
liberación fue reconocida de nuevo su obra; como por ejemplo, por el escrito de
Ernst Moritz Arndt, “Palabra y canto en la Iglesia”.
El haber descubierto de nuevo los oratorios de Bach por
Felix Mendelssohn-Bartholdy permitió presentar de nuevo los corales de Gerhardt
que forman parte de los mismos. Muchos de sus textos, como por ejemplo “Encarga
a Dios el rumbo”, faltaron durante generaciones en la catequesis.
Los poemas de Gerhardt no solo han sobrevivido a los
tiempos, sino que han llegado a pasar las barreras interconfesionales y
lingüísticas. Se han traducido al holandés, francés, inglés y español, así como
a lenguas africanas y asiáticas. Consiguieron introducirse en los himnarios
católicos y también son cantados en las iglesias reformadas. Gerhardt se ha
convertido en un poeta ecuménico. Gerhardt ha escrito una poesía para todas las
circunstancias de la vida y de fiesta.
El himnario alemán evangélico actual (1993) incluye 26
himnos de Gerhardt. Muchas personalidades de la historia de la Iglesia y del
espíritu han sido impactadas por Paul Gerhardt y han dado testimonio de ello,
hasta en nuestros días. Los himnos de Paul Gerhardt fueron importantes en la
vida de Dietrich Bonhoeffer (1906-1945). Se ha de mencionar especialmente que
Bonhoeffer encontró en ellos consuelo durante su cautividad en la primavera de
1943.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con el Himno ¿Cómo debo recibirte? estrofas 1, 2 y 6, en la versión de Catherina
Witting, soprano; Tiina Zahn, contralto; Dávid Csizmár, bajo; Katharina Wulf,
Verena Fischer-Zernin, violines; Lukas Henke, órgano y tenor.
jueves, 27 de febrero de 2025
Morten Lauridsen
Morten Johannes Lauridsen nació en Colfax, Washington, Estados Unidos, el 27 de febrero de 1943. Compositor.
El sitio www.classiccat.net
publicó su biografía.
Morten Lauridsen
27 de febrero de 1943 (Colfax) -
Morten Johannes Lauridsen (nacido el 27 de febrero de 1943)
es un compositor estadounidense. Fue compositor residente de Los Ángeles Master
Chorale (1994-2001) y ha sido profesor de composición en la Escuela de Música
Thornton de la Universidad del Sur de California durante más de 30 años.
Contenido
Biografía
Lauridsen nació el 27 de febrero de 1943 en Colfax,
Washington, en una familia de inmigrantes de Dinamarca. Se crio en Portland,
Oregón, donde su madre trabajaba como contable y su padre estaba en el Servicio
Forestal de los Estados Unidos. Su madre era una pianista que había tocado en
la banda de baile de su escuela secundaria, y Lauridsen desarrolló un amor por
la música a una edad temprana, escuchándola tocar jazz swing y cantándole. A
los ocho años comenzó a tocar el piano y un par de años más tarde aprendió a
tocar la trompeta. Estudió composición con Ingolf Dahl, Halsey Stevens, Robert
Linn y Harold Owen en la Universidad del Sur de California en la década de
1960.
Composiciones
Las composiciones vocales de Lauridsen, que incluyen siete
ciclos vocales y una serie de motetes sacros a capela, se interpretan
regularmente en conciertos en todo el mundo. En particular, O Magnum Mysterium,
Dirait-on (de Les Chansons des Roses) y O Nata Lux (de Lux Aeterna) se han
convertido en piezas populares del repertorio coral.
El musicólogo y director de orquesta Nick Strimple, al
hablar de la música sacra de Lauridsen, lo describió como "el único
compositor estadounidense en la historia al que se puede llamar místico, (cuya)
obra inquisitiva y serena contiene un ingrediente elusivo e indefinible que
deja la impresión de que todas las preguntas han sido respondidas... A partir
de 1993, la música de Lauridsen aumentó rápidamente en popularidad
internacional, y para finales de siglo había eclipsado a Randall Thompson como
el compositor coral estadounidense más interpretado".
Las obras de Lauridsen han sido grabadas en más de 100 CD,
tres de los cuales han recibido nominaciones a los premios Grammy. Sus
principales editoriales son Peermusic (Nueva York/Hamburgo) y la filial de
Peer, Faber Music (Londres).
Beneficiario de numerosas becas, premios y encargos,
Lauridsen presidió el departamento de Composición en la Escuela de Música
Thornton de la USC entre 1990 y 2002, fundó el Programa de Estudios Avanzados
de la Escuela en Composición Cinematográfica y actualmente es Profesor
Distinguido de Composición.
En 2006, Morten Lauridsen fue nombrado "Maestro Coral
Americano" por el National Endowment for the Arts. En 2007, recibió la
Medalla Nacional de las Artes del Presidente de los Estados Unidos en una
ceremonia en la Casa Blanca, "por su composición de radiantes obras
corales que combinan belleza musical, poder y profundidad espiritual que han
emocionado a audiencias de todo el mundo".
Obras vocales
Ave Dulcissima Maria (2004, escrito para el Harvard Glee
Club)
Ave María (1997)
Llega el invierno (sobre poemas de Howard Moss)
I. Cuando la escarcha se mueve rápidamente
II. Mientras los pájaros se acercan
III. La cascada de las carreras
IV. Un niño se acuesta
V. Quien lee a la luz de las estrellas
VI. ¿Y qué hay del amor?
Les Chansons des Roses (1993) (versiones de poemas de Rainer
Maria Rilke)
I. En una sola flor
II. Contra quién, rosa
III. El sueño de Ton es demasiado pleno
IV. La rosa completa
V. Dirait-on
Canción Eloignee (Rilke)
Lux Aeterna (1997)
I. Introito
II. En Te, Domine, Speravi
III. Oh
Nata Lux
IV. Veni,
Sancte Spiritus
V. Agnus
Dei
Dirait-on
(Rilke)
Alzaré mis ojos
Madrigali: seis “canciones de fuego” sobre poemas del
Renacimiento italiano
I. Oh, muchacha, ¿el bello rostro?
II. Cuando son más fuertes
III. Amor, yo siento el alma
IV. Yo Piango
V. Luci Serene y Chiare
VI. Se Per Havervi, Oime
Canciones de mediados de invierno (1980) (sobre poemas de
Robert Graves)
I. Lamento por Pasífae
II. Como la nieve
III. Ella le dice su amor mientras está medio dormida
IV. El despertar de pleno invierno
V. Intercesión a finales de octubre
Nocturnos (2005)
I. La noche del verano
II. Soneto de la Noche
III. Seguro en esta Noche Brillante
IV. Epílogo: Voici le soir (agregado en 2008)
¡Venid, cantemos al Señor!
Oh Magnum Mysterium (1994)
La nata lux
Ubi Caritas et Amor
¿A dónde se han ido los actores?
Cuatro Canciones Sobre Poesías de Federico García Lorca
Estudiantes notables
Michael Sidney Timpson
A continuación, celebramos su cumpleaños, con Lux Æterna, en
la versión de Los Angeles Master Chorale, y la Orquesta Sinfonía, dirigida por Paul
Salamunovich.



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