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domingo, 4 de octubre de 2026

Chris Lowe


Christopher Sean Lowe, más conocido como Chris Lowe, nació en Blackpool, Lancashire, Reino Unido, el 4 de octubre de 1959. Tecladista. 

El sitio www.revistagq.com publicó esta entrevista realizada por por Rafa Cervera. Fotografía: Pelle Crepin. 

La entrevista de GQ con Chris Lowe de Pet Shop Boys sobre el pop desenfadado, la lucha por los derechos LGTB+ y el hedonismo como estilo de vida 

Oscar Wilde hubiese matado por formar parte de Pet Shop Boys, una banda imprescindible desde hace cuatro décadas y que ahora regresa con su vigesimocuarto álbum: 'Hotspot'. 

Por Rafa Cervera / 4 de febrero de 2020 

"Nos tomamos en serio nuestro trabajo, pero no tanto como otros músicos que están encantados de haberse conocido". 

Chris Lowe, el 50% de Pet Shop Boys, es la estrella musical que lleva casi 40 años sin sonreír en una sola foto. Sin embargo, durante nuestra conversación telefónica, el británico (con gorra y gafas en la imagen superior) ríe con frecuencia. Tiene un humor inconfundiblemente inglés que es parte de la esencia del dúo que fundó con Neil Tennant en 1981. "Ni Neil ni yo imaginamos entonces que celebraríamos cuatro décadas. Nunca quisimos ser como otros grupos ni hacer lo que ya hacían los demás. Nos tomamos en serio nuestro trabajo, pero no tanto como otros músicos de pop que están encantados de haberse conocido y parece que lo que hacen va a salvar el mundo. Nuestra actitud siempre fue distinta. Pensábamos que cuantas menos pretensiones le pusiéramos, mejor nos iría. Y parece que no estábamos equivocados". 

No, no lo estaban. Acaban de publicar su vigesimocuarto álbum, 'Hotspot', que promocionarán a partir de mayo con una gira –con parada en el Mallorca Live Festival el sábado día 16 de ese mes– bautizada como 'The Greatest Hits Live'. De hits van sobrados; de actitud, también. "Creo que hay dos tipos de música pop, la que te gusta en plan: '¡cómo mola, colega!'; y otra que te hace preguntarte quiénes son esos tipos que han grabado esto y por qué se visten así o por qué hacen esas portadas. Música que puedes bailar y cantar y que conforma un mundo propio. Yo creo que Pet Shop Boys pertenece a esa segunda categoría". 

Después de tres álbumes con el productor Stuart Price, Lowe dice que 'Hotspot' marca el fin de un ciclo. "Con Stuart hicimos un primer disco muy de baile, el regreso a nuestro lado más de club. Después hicimos otro que estaba más enfocado a las canciones. 'Hotspot' también lo está, pero crea un equilibrio entre los dos anteriores. Bueno, lo cierto es que yo creo que éste también está más enfocado a las canciones… [ríe]. A veces, es complicado describir de una manera objetiva lo que has hecho". 

Tennant y Lowe son un tipo de pareja artística que parece imposible que se dé fuera de Inglaterra. Son dos polos opuestos que se complementan a la perfección, como Marc Almond y Dave Ball en Soft Cell, Annie Lennox y Dave Stewart en Eurythmics o Vince Clarke y Alison Moyet en Yazoo. La diferencia es que ninguno de estos dúos ha gozado de la longevidad de Pet Shop Boys. "No sé qué pasará tras 'Hotspot'. Y eso está bien porque significa que todavía somos espontáneos, que nada está planeado. Nunca sabes qué va a ocurrir hasta que te pones a trabajar en las canciones. Son ellas las que marcan el camino a seguir". 

Hedonismo con mensaje 

Uno de los sencillos de 'Hotspot' es 'Dreamland', cuya letra hace alusión a los refugiados que llegan a Occidente desde todas partes buscando un mundo mejor. Pet Shop Boys siempre ha tenido un perfil político; es un grupo que hace música hedonista pero que saca a relucir su compromiso social cuando toca. Ambos se han burlado de los expresidentes Bush y Clinton, también de Putin; han abogado por los derechos LGTB+ y una de sus últimas canciones, 'Give Stupidity A Chance', critica abiertamente el Brexit. "Durante mucho tiempo nos metimos con grupos que iban de líderes políticos para destacar, así que quien quiera criticarnos por opinar sobre política está en su derecho. Pero nuestras opiniones y comentarios no están por encima de la música, son una parte más de ella". 

Cuesta trabajo imaginar un mundo sin Pet Shop Boys, pero cuando ese día llegue… ¿qué le gustaría hacer a Chris Lowe? "Lo tengo muy claro: pasear por la playa de Blackpool [la ciudad en la que nació en 1959]. Me veo a mí mismo como un anciano jubilado dando largos paseos con un perro. Bueno, el tema del perro tendré que solucionarlo más adelante porque por ahora no tengo… [ríe]. Es imposible tener uno cuando casi nunca estás en casa". 

*Entrevista publicada originalmente en el número 262 (febrero de 2020) de GQ España. 

A continuación, celebramos su cumpleaños, con Always on my mind.   

miércoles, 4 de marzo de 2026

sábado, 7 de febrero de 2026

Piazzolla nació entre un tango y una corrida en moto, se salvó de morir con Gardel, fue polémico y ganó por goleada

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo firmado por Patricia Kolesnikov

Piazzolla nació entre un tango y una corrida

en moto, se salvó de morir con Gardel, fue

polémico y ganó por goleada

El periodista Marcelo Gobello publica una biografía apasionada del músico. La vida en Nueva York,
el bandoneón para niños, el papel de Nonino y las batallas por su estilo  
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Marcelo Gobello cuenta la vida
Marcelo Gobello cuenta la vida del Astor Piazzolla con datos y pasión.

La señora está embarazada, embarazadísima, pero esta noche se va con el marido al teatro. Están en la ciudad de Mar del Plata. Él la pasa a buscar en moto, llegan puntuales a la función de Cuando un pobre se divierte, el sainete de Alberto Vacarezza. Pasan los minutos y, cuando los artistas están cantando el tango La copa del olvido, la señora, que se llama Asunta Manetti, siente los dolores del parto: a correr. Salen del teatro, se suben a la moto, van entre enloquecidos y cuidadosos. Hay que llamar a la partera. El reloj pasa las 12 y ya es el 11 de marzo de 1921: entre tango y corridas ha llegado al mundo Astor Piazzolla. Esto cuenta el periodista Marcelo Gobello en su reciente Astor Piazzolla, música en estado de revolución, una biografía a cargo de alguien que conoce bien al músico.

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Astor Piazzolla, música en estado de revolución

Por Marcelo Gobello

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Vamos unos años más adelante: Piazzolla vive en Nueva York con sus padres, Nonino y Asunta. Nonino ha insistido mucho para que el muchacho no se quedara con la escuela y nada más, que estudiara música, que hiciera deportes, que fuera más allá de lo obligatorio. Un día, Nonino va a comprarle patines al nene a una casa de empeños. Pero en la vidriera, ah, ve un bandoneón. Ahí, en Nueva York, un bandoneón pequeño, como para un chico. No tiene nada que pensar: paga los 19 dólares y se lo lleva. El chico, Astor, se decepciona. Lo contará él mismo, muchos años después, y lo reproduce Gobello: “El primer bandoneón que tuve me lo regaló mi papá cuando tenía ocho años. Lo trajo envuelto en una caja, y yo me alegré, creía que eran los patines que le había pedido tantas veces. Fue una decepción, porque en lugar de los patines me encontré con un aparato que nunca había visto en mi vida. Papá se sentó en una silla, lo puso sobre mis piernas y me dijo: «Astor, este es el instrumento del tango, quiero que aprendas a tocarlo». Mi primera reacción fue de bronca. El tango era esa música que él escuchaba casi todas las noches cuando volvía del trabajo, y que a mí no me gustaba".

Estos son algunos de los momentos hermosos de la biografía de Gobello, pero no son los únicos. La visita, en Nueva York, a Carlos Gardel: Nonino ha tallado una escultura de un gaucho con guitarra y lo manda a Astorcito a llevársela. 13 años tenía el chico: se empilcha y va. El músico lo recibe en pijama pero el pibe, que encima toca el bandoneón, le cae bien. Lo convertirá -cuenta Gobello- en su guía en la ciudad. Hasta se irá un día a comer a lo de los Piazzolla. La biografía incluye una carta que Piazzolla escribió mucho más tarde y que publicó en el diario Clarín y que cuenta algo extraordinaio: por esas cosas de la vida, el chico termina tocando su primer tango en el piano y el que canta es Gardel: “Quizá llamándote Charlie te acordarás del pibe de 13 años que vivía en Nueva York, que era argentino y tocaba el bandoneón. ¿Te acordás cuando te llevé un muñeco de madera que había tallado mi viejo? (...) Jamás olvidaré la noche que ofreciste un asado al terminar la filmación de El día que me quieras. (...) Tuve la loca suerte de que el piano era tan malo que tuve que tocar yo solo y vos cantaste los temas del filme. ¡Qué noche, Charlie! Allí fue mi bautismo con el tango“.

Dos retratos de Astor Piazzolla
Dos retratos de Astor Piazzolla como bebé en 1921, uno solo con una tela y otro en brazos de su madre. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y el destino, otra vez: Gardel, impresionado, lo invitó a su orquesta. Se iban de gira. Los padres no lo dejaron, el sindicato tampoco. Por eso Piazzolla no estuvo en el avión del accidente fatal: “En vez de tocar el bandoneón estaría tocando el arpa”, decía en la carta.

Esas cosas ha escrito Gobello y ahora está, por videollamada y él también desde Mar del Plata, hablando para esta entrevista. De música quiere hablar, es lo que lo apasiona.

-Difícil una nueva biografía de alguien tan conocido. ¿Qué cosas nuevas pensaste que podías encontrar?

-Mi tío abuelo, eh, era José Gobello, el fundador de la Academia Porteña del Lunfardo. Y él era amigo de Astor. Fue el primer periodista que lo bancó cuando a él en el cincuenta y pico lo criticaban mucho. Pero yo crecí con los Beatles, con los Rolling, después con Led Zeppelin, con Yes, nunca tuve una grieta. Viví afuera y ahí lo que interes de nosotros no es Charly García, es Astor Piazzolla. Yo me encontraba con músicos de rock clásico, de grupos como Genesis, Yes, Emerson, Lake & Palmer, Deep Purple y terminábamos hablando de Piazzolla, casi que me terminaban ellos preguntándome: “¿Cómo era Astor?” “¿Lo viste tocar en vivo?” Yo tenía un contacto con la familia, un contacto muy fuerte con Daniel Hugo Piazzolla, depués con Laura, la esposa, y entre los dos fui viendo la historia.

El joven Astor Piazzolla posa
El joven Astor Piazzolla posa en Nueva York en 1934, vestido con sus mejores galas antes de su encuentro con Carlos Gardel.

-No te tocó la época en que los tangueros lo querían matar...

-Yo siempre tuve una mirada distinta de Astor por mi generación. Vos pensá que yo, Astor, la primera vez que, que lo vi en vivo fue en La Botonera, en 1976. Con el primer octeto electrónico, que era tan revolucionario que el propio Antonio Agri se fue después de un par de conciertos y él actor en vez de poner a otro violinista -no había otro que superara a Agri- puso a un viento que tocaba el saxo. Para mí impactante verlo con batería, con sintetizador. Yo tenía 17 años, era muy joven, pero ya la música era mi pasión.

-Se llama “La música en estado revolución” tu libro...

-Lo primero que le dije a Astor cuando lo entrevisté fue que veía cosas que se parecían a Emerson, Lake & Palmer. Y me dijo; “Sí, me gusta mucho Emerson Lake & Palmer porque ellos son fanáticos de Ginastera, que fue mi maestro. Siempre busqué por ahí salirme un poco del canon. Los viejos piazzolleros te decían: “A ver, pibe, te vas a meter con Piazzolla. ¿Cuál es el mejor grupo de Astor?" Se supone que si uno es medio wikipedico, va a decir “el quinteto”. Y no, los viejos piazzolleros te van a decir “el Noneto”, del 72. Ahí graba unos discos maravillosos y tiene un conjunto que es brillante, que es con el que primero va a viajar a Europa y con el que hace la famosa versión de Balada para mi muerte con Mina, la cantante italiana, que va a ayudar mucho para su difusión.

Hace click en el link para ver el video https://cdn.jwplayer.com/previews/DvJb6Xsa

Una actuación histórica, en 1972

-¿Y cuál es tu grupo favorito?

-A mí siempre me gustó mucho el segundo octeto electrónico y hoy lo están revalorizando, durante años era mala palabra, pero realmente fue una de las cosas avanzadas. En realidad no hay una cosa mejor que otra. A mí me encanta la etapa de él con su orquesta típica en la década del 40. Me encanta el octeto Buenos Aires, que es el rompedor, me encanta lo que hizo en París. Y después vuelve y arma el Octeto Buenos Aires, donde incorpora la guitarra eléctrica y después se va y vuelve y hace el quinteto y después hace el noneto....

-En la biografía se destaca la figura del padre, al que conocemos por “Adiós Nonino. Cómo lo marca, lo hace estudiar, lo ve fuera de lo común.

-La figura de Nonino fue central en su vida. Vicente Piazzolla, el loco le decían, el loco Piazzolla, tenía una personalidad totalmente única para la época inclusive. Fijate que en la década del 20, acá todavía era la época de la inmigración y el tipo se va a Estados Unidos, no era tan común. También, como Astor nace con un defecto físico bastante pronunciado en un pie, Vicente puso en el hijo mucho empeño, que por ahí hoy no es políticamente correcto, porque en vez de cuidarlo como si fuera de cristal, inclusive en contra de lo que decían los médicos en la época, lo hacía correr, lo hacía entrenar, lo hacía boxear, lo hacía jugar al fútbol. Él veía que el hijo tenía algo, no sabía de dónde, porque la verdad que la música no se la había planteado para nada, pero veía que el hijo iba a ser distinto y que iba a ser un genio.

Piazzolla, una personalidad y un
Piazzolla, una personalidad y un talento que hay que seguir explorando.

-Un observador...

-De hecho, él empezó a escribir una especie de diario cuando Astor era chico, un diario sobre el hijo. Y stor escucha la música de Bach, de la casa de un vecino y se enamora de la música. No del tango, que en su momento le parecía triste porque era lo que escuchaban los viejos en la pieza, donde alquilaban en Nueva York y lloraban todas las noches, sino la música de Bach. Y tambíen fue fundamental el padre por lo del bandoneón.

-¿A vos te parece que que él te discutiría algo de este libro?

-Es muy probable porque yo a él le discutí muchas cosas en el libro. Si él decía que el octeto electrónico había sido un error, yo digo que es uno de los de los mejores grupos que tuvo. Y así, mucho. No sólo los tradicionalistas le discutían. Todo el lío que tuvo Astor en su momento, con que decían que había sido el asesino del tango, que no era tango...

-¿Y no fue así?

-No solo no fue el asesino, sino fue el que rescata al tango, el que lo salva de alguna manera. Pero hasta los piazzollianos lo discuten: te dicen que Libertango es una porquería, y yo digo que es una joya.

-¿Piazzolla sigue siendo polémico o o ya está?

-La verdad, no creo que ya a esta altura siga siendo polémico. Ganó él, ganó por goleada.

A continuación, Libertango interpretado por Astor Piazzolla, grabado y publicado en 1974 por el sello Carosello en Milán, Italia. 

domingo, 7 de septiembre de 2025

El Mirador Nocturno Radio / Entrevista a Adriana Lerman – El chico que sobrevivió a Auschwitz


Entrevista a Adriana Lerman – El chico que sobrevivió a Auschwitz 

Adriana Lerman nació el 3 de noviembre de 1971 en Buenos Aires, Argentina. Es escritora, investigadora especializada en el Holocausto, docente de hebreo y farmacéutica. 

En su primer libro, El dolor de estar vivo (Editorial El Ateneo, 2022), logró desenterrar el pasado de su abuelo Salomón Lerman durante el nazismo. La obra tuvo un gran reconocimiento tanto en Argentina como en el exterior. 

Desde entonces, Adriana se ha dedicado a brindar conferencias a nivel nacional e internacional, difundiendo su historia familiar durante el Holocausto y enseñando sobre las consecuencias de la discriminación y el odio. 

En septiembre de 2023, Adriana Lerman recibió un reconocimiento en la Legislatura Porteña, por el aporte de sus relatos sobre su abuelo inmigrante, que reflejan su lucha y resiliencia. 

En noviembre de 2023, la comunidad Benei Tikva distinguió su labor en la recuperación de la historia de sus ancestros y fue galardonada con el premio Jai por su contribución a la preservación de la memoria del Holocausto. Fue destacada como una persona de gran empeño, quien, trabajando sobre un extenso archivo de documentos legados por su abuelo, logró reconstruir la historia que marcó a su familia: el dolor y la pérdida vividos durante el nazismo. 

Su determinación y la pasión por sus orígenes la llevaron a escribir su segundo libro, El chico que sobrevivió a Auschwitz (Editorial El Ateneo, 2025), donde revela la historia completa de sus únicos familiares sobrevivientes de los campos de concentración, rindiendo homenaje tanto a ellos como a las víctimas del nazismo. 



 

Hacé click en el enlace para escuchar la entrevista


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domingo, 24 de agosto de 2025

Shalom – Ana Bejarano, una ventana a Israel

Shalom – Ana Bejarano, una ventana a Israel  

Con sensibilidad y precisión, Ana Bejarano ha llevado al español obras complejas y profundas, respetando su esencia original. Su labor enriquece el panorama editorial hispano y permite que nuevas voces internacionales dialoguen con lectores de habla hispana. 

Hacé click en el enlace para ver el programa. 

https://www.rtve.es/play/videos/shalom/ana-bejarano-ventana-israel/16705375/  

martes, 12 de agosto de 2025

Carlos Álvarez

© Javier del Real / Teatro Real 

Carlos Álvarez Rodríguez nació en Málaga, España, el 12 de agosto de 1966. Bajo barítono. 

El sitio www.melomanodigital.com publicó esta entrevista realizada por Susana Castro.    

Carlos Álvarez: ‘No había esperado nunca tener esta profesión, la percibo como un regalo’ 

Me encuentro en el Teatro Real con el barítono Carlos Álvarez, que recala por unas semanas en Madrid para ponerse en la piel de dos personajes muy diferentes, sin descanso: la prima donna Mamma Ágata en Viva la Mamma de Donizetti y el temible Barón Scarpia de Tosca de Puccini. Dos personajes con una carga escénica fortísima que permitirán al espectador disfrutar de la voz de Álvarez y de su imponente presencia en el escenario. Gracias a estos atributos, acaba de recibir el reconocimiento como Mejor Cantante en los Premios Ópera XXI, por un Don Carlo que ha interpretado por todo el mundo. 

Por Susana Castro 

Todo el mundo alaba tanto su faceta profesional como su personalidad. Creo que es la primera vez que me encuentro con que muchas personas de la profesión coinciden en destacar por encima de todo la calidad humana de un artista. ¿Cómo ha conseguido que todos hablen maravillas de usted? 

Utilizo la empatía. Quizá tenga que ver con mi propia vida; provengo de una familia normal, de trabajadores. No había esperado nunca tener esta profesión, la percibo como un regalo. Así que doy aquello que me gustaría que me dieran, y funciona. En mi trabajo, crear atmósferas que sean positivas es mucho más productivo, así no eres tú el que crea problemas, sino que buscas solucionarlos. 

Usted debuta en el año 1990 y rápidamente queda claro que tanto sus enormes cualidades vocales como su capacidad física y actoral son inmensas. ¿Qué queda de aquel chico de poco más de 20 años? 

Queda prácticamente todo en el interior; en el exterior las cosas han cambiado un poquito (risas). Puedo decir que soy el mismo que empezó seguramente porque nunca esperé nada de esta profesión, como decía antes. Subirme al escenario significa jugar, divertirme, por supuesto también tener una gran responsabilidad. Pero, al igual que en aquel tiempo iba descubriendo cosas, sigo haciéndolo. Aunque hagas el mismo repertorio, todos los días tus compañeros son distintos, las condiciones del trabajo son diferentes, etc., y eso me permite tener una gran visión de lo que significa este trabajo a nivel de conjunto. La responsabilidad es individual, pero el resultado es colectivo. Me gusta mucho hacer mi trabajo, fundamentalmente aquel que no se ve: desentrañar la información de la partitura, poder ensayar… Después de que esta profesión me haya dado hasta tres oportunidades de volver, lo que más me gusta es el trabajo del día a día, y eso está muy cerca de lo que sentía en mis comienzos, cuando todo eran dudas y le preguntaba a mis compañeros: ‘¿vosotros creéis que me puedo ganar la vida con esto?’. 

¿Y ellos qué respondían? 

Era la segunda producción que hacía fuera de Málaga, la Carmen de Luis Iturri en el Teatro Arriaga de Bilbao, así que el resto de mis compañeros eran todos muy experimentados. Me dijeron una cosa que me impactó y me sirvió de aliciente: ‘si tú no puedes, nosotros tampoco’. Era un piropo precioso y suponía corroborar en cabeza ajena que tenía una oportunidad de hacerlo. Desde entonces dejé de llevar conmigo los apuntes de la Facultad de Medicina. 

En los primeros momentos de nuestra conversación rápidamente ha salido a relucir una palabra mágica para usted, Málaga, su ciudad natal, y de la cual es usted un gran embajador. En mi opinión, Málaga destaca por valorar mucho a sus artistas, de todas las disciplinas. Podríamos hablar del caso de Antonio Banderas, por ejemplo, que en agradecimiento al calor del público ha fundado allí el Teatro Soho, ¿qué es lo que hace a los malagueños tan agradecidos? Sus artistas sí son profetas en su tierra. 

Málaga es una ciudad de acogida, donde hay poca gente oriunda de la ciudad, como es mi caso, pero siento que tengo un compromiso especial con la sociedad malagueña, ya que en el momento en que yo lo necesité, me respaldó. Devolver eso me parece justo y creo que ese sentido de la responsabilidad es el que debemos tener los artistas. Además, queremos ver florecer el arte en nuestra ciudad, que tiene una enorme historia que permite que la gente tenga esa visión amplia; quizá se deba a la presencia del mar. Existe una tendencia artística en la gente de Málaga que, sobre todo en expresiones más minoritarias como pueden ser la lírica o el arte contemporáneo, necesita que se le dé cancha. 

Por lo que veo, usted ofrece una enorme generosidad al público… 

No es generosidad, es egoísmo puro: cuando te lo pasas bien, si puedes echar una mano a los demás, ¡estupendo! 

Acaba de participar como jurado en el programa Tierra de Talento y eso también me parece generoso. Que un artista de su nivel, y con su proyección internacional, cante en prime time en televisión puede motivar al público a ir al teatro… 

Sí y, de hecho, ha sucedido. La idea de participar en el programa surgió a través de Manu Sánchez, productor y presentador del programa. Contactó conmigo y me dijo: ‘Carlos, me gustaría que pudiéramos llevar este proyecto adelante porque nuestra región, Andalucía, es un sitio de mucho talento, pero se percibe como algo que aparece espontáneamente y, sin embargo, no es así, hay mucho trabajo detrás y mucho esfuerzo y dedicación, y hay que valorarlo a través de un jurado especialista que todavía esté trabajando’. Todos los que formamos parte del jurado somos personas que trabajamos todos los días en un escenario, y esa empatía es importante. 

Como ejemplo de esa motivación que decías, te puedo contar una anécdota que sucedió el mes de agosto pasado. Yo iba hacia mi casa, con la mascarilla puesta, y se va acercando una pareja más o menos de mi edad, y el marido me va señalando. Al llegar a mi altura, me dice: ‘¡tú eres Carlos Álvarez! Por favor, hazte una foto con mi mujer, que está enamorada de ti desde que te ve en la tele’. Y me dice ella: ‘hay algo fundamental: al haberte visto ahí yo, que no soy una gran entendida del mundo de la lírica, ahora tengo ganas de ir a verte al teatro’. ¡Fantástico! Porque si ha funcionado una vez, seguro que tiene un efecto multiplicador y que habrá mucha gente que pueda acercarse al mundo de la lírica gracias al programa, que apuesta por la diversidad en todo momento. 

Está claro que esta forma de llevar la lírica a las casas de la gente hace mucho para atraer nuevos públicos. Hay muchos teatros que están trabajando en ello, pero estoy segura de que valen más esas actuaciones breves que muchos proyectos para todos los públicos que se programan en los teatros. 

Esto me preocupa desde el punto de vista del cantante lírico, por el mantenimiento de esta profesión en las condiciones que se debe hacer. Si descontextualizamos esta profesión corremos el riesgo de desaparecer. Nosotros somos los últimos ‘analógicos’, cantamos sin amplificación y, para que eso suceda, tenemos que hacerlo en un lugar idóneo, con una acústica y unas condiciones determinadas. Si empezamos a sacar fuera de los teatros, auditorios y festivales nuestro trabajo, a lo mejor llega el momento en el que no nos necesitan… 

¿Qué cree que se puede hacer para que esto no llegue a suceder? 

Creo que hay varias soluciones, pero hay una que es fundamental: la renovación absoluta de la educación musical de nuestro país. A esto habría que sumar la capacidad de convocatoria de los auditorios y teatros, que haya entradas asequibles para todos los bolsillos, como sucede, por ejemplo, en Viena. Y todo esto parte de nosotros, tanto de los cantantes como de los músicos, y de las orquestas en general, que tienen que darse cuenta de que es imprescindible hacer un trabajo de mayor divulgación porque si no, no tiene sentido que estemos pagando orquestas públicas, podrían hacer ese trabajo las orquestas privadas. También quiero que quede claro que la subcontratación de estructuras imprescindibles para hacer nuestro trabajo no siempre es la mejor solución y no debe ser la cuestión económica la que nos lleve a esta situación. 

Nuestra cita tiene lugar en el Teatro Real porque en estos momentos está usted enlazando dos producciones antagónicas. Acaban de nombrar a este coliseo como Mejor Teatro de Ópera en los Internacional Opera Award 2021, ¿está usted de acuerdo con este reconocimiento? 

Sí, absolutamente. Tengo la oportunidad de ver el trabajo diario de este teatro y es excepcional. El otro día alguien me comentaba que aquí hay ‘orgullo del Real’ y la verdad es que es así. Los cantantes, que somos circunstanciales, sentimos que el Teatro tiene esa vida interior con toda esta gente, que es mucha, que hace muy bien su trabajo. Eso hace que un teatro esté en lo alto, precisamente porque cada trabajador aporta lo mejor de su conocimiento y de sus ganas, que no es tan fácil. He estado en otros teatros en los que aparece ese punto de desgana, y piensas: ‘¡pero si somos unos privilegiados, hacemos lo que queremos!’. Esto también lo podríamos extrapolar a otros teatros españoles, pero en este caso ha sido el Real el que ha obtenido ese reconocimiento por su capacidad de producción. 

Hablemos ahora de estos dos roles tan diferentes que está defendiendo en el Real. Viva la Mamma finalizó en el mes de junio, pero en estos días es posible disfrutar de Tosca. ¿Cómo se preparan dos papeles que, desde el punto de vista dramático, son tan distintos? 

Primero tuve que hacer un estudio de la compatibilidad vocal de ambos personajes y, tras darme cuenta de que sí podía hacerlos, me apetecía mucho asumir el desafío de ser primero una mamá napolitana que es capaz de hacer cualquier cosa por su hija para después convertirme en un noble romano malísimo. Siempre aconsejo y aliento a la gente a que tenga alguna experiencia en el escenario, ya que es un sitio absolutamente libre. En estos días se habla mucho de cuáles son los límites del humor, pero ¿cuáles son los límites de la interpretación? Ninguno. Lo que sucede en el escenario debe tener absoluta libertad para poder expresar lo que los autores han querido que suceda. Y no tenemos que ser nosotros, los intérpretes, los que pongamos pega alguna para que eso suceda. Si yo tuviera que juzgar éticamente a los personajes que hago, a la mayor parte de ellos no los podría hacer, pero he aprendido a no juzgarlos, lo cual me ha llevado a tener esa libertad de expresión absoluta. 

Intento ser honesto con la partitura, ser responsable con mi trabajo y ser leal a las indicaciones de la dirección musical y de la dirección escénica. Tener la oportunidad de hacer dos papeles tan distintos, uno detrás del otro, es un desafío maravilloso para alguien que se encuentra en una situación de madurez, y un aliciente para seguir disfrutando. Lo importante será que el público vea de verdad a los dos personajes. 

Habla de madurez, ¿diría usted que está en los mejores años de su carrera? 

Como dice Antonio Banderas, ‘estoy para entrar a vivir’ (risas). Cuando tuve la lesión en la cuerda ya llevaba veinte años de profesión y tuve la capacidad de renovarme. Si me hubiera pasado antes, no sé lo que hubiera sucedido. Pero después de haber vivido todo eso y los años posteriores, puedo decir que me siento en plenitud. Sigo haciendo lo que más me gusta, afortunadamente parece que tiene una buena recepción por parte del público y, sobre todo, por parte de los compañeros y de la gente que tiene capacidad de contratarme. ¿Qué más puedo pedir? 

He oído que le gusta mucho la zarzuela, aunque no disponga de todas las ocasiones que quisiera para poder cantarla. ¿Cree usted que desde su posición de intérprete podría llevar la zarzuela por el mundo o es un trabajo que deben hacer los programadores y directores? 

El que ha defendido la zarzuela fuera de España ha sido Plácido Domingo, lo que ha permitido que se escuchara en La Scala, en Washington, Los Ángeles, y en muchos otros sitios. Lo que yo siempre hago es no dejar pasar la oportunidad de incluir música española en mi repertorio de concierto. Por ejemplo, grabamos un disco en directo en La Monnaie de Bruselas junto a mi hermano de Barakaldo, el pianista Rubén Fernández Aguirre, en el que el repertorio era íntegramente español. ¡Eso sí que fue una pica en Flandes! El público siempre se queda muy sorprendido: primero, porque nosotros mismos hemos hecho un menosprecio del género lírico español, ya sea ópera o zarzuela, convirtiéndolo todo en género chico cuando este es solo una parte; y después porque es un repertorio muy difícil, tienes que ser muy convincente, como actor y como cantante. 

Está claro que usted es un animal escénico —por si quedaban dudas con esa Mamma Ágata lo hemos podido confirmar en el Real— pero ¿qué espacio reserva para el repertorio sinfónico-coral? 

Hice mucho sinfónico-coral cuando formaba parte de los coros polifónicos en Málaga, no como solista, y me sirvió como un aprendizaje enorme, ya que si algo debemos hacer es escuchar al de al lado, a la orquesta, seguir la mano del director… Mis características vocales no siempre se adecúan al repertorio sinfónico. Me encantaría hacer obras como el Réquiem alemán de Brahms, que es casi operístico, pero si no se cumple la condición de que sea adecuado a mi voz, yo mismo no lo veo. Sí me lo han ofrecido, y en ocasiones especiales he dicho que sí, porque me gusta. 

Me gustaría hablar del futuro, del suyo, por supuesto, pero también de cómo valora las jóvenes voces líricas actuales, ¿tenemos el futuro del género asegurado? 

Cada vez hay más gente que se quiere dedicar a esta profesión. Mi consejo es que no solo basta tu intención y tus ganas, sino que tienes que estar dispuesto a recibir opiniones de todo el mundo, porque todo el mundo tiene opinión sobre nuestro trabajo, conozca o no el trabajo que hacemos, la propia persona o las circunstancias que le rodean. Además, la consigna es ‘formación, formación y formación’, que no llegue el momento y que tengas que decir que no. ¡Yo le dije que no a Muti! Pero fue la respuesta más honesta del mundo. Se puede decir un no, pero tiene que estar razonado. 

A mi juicio, la gente joven está haciendo una identificación errónea entre presencia en redes sociales y calidad de trabajo. Desde hace mucho yo no tengo redes sociales, pero quizá hablo desde una posición en la que tengo la espalda cubierta y no lo necesito para mi trabajo porque de eso ya se encarga la agencia. También es cierto que ahora las oportunidades que se les dan para subir a los escenarios son menos, yo pertenezco a otra generación. La primera vez puedes llegar de la mano de alguien o te pueden abrir la puerta, pero la segunda vez ya no, depende de ti. Pero si no tienes la primera oportunidad, va a ser difícil que puedas evolucionar como cantante, ya que uno se hace encima del escenario. 

¿Cree que ahora se exige más a los cantantes, especialmente a nivel escénico? 

Sí, pero la gente no debe tener pena por los cantantes, ya que un cantante no hará nunca algo que no quiera. Primero porque existe un prurito profesional que te obliga a ser lo más consciente posible de las cosas que puedes hacer y las que no; y segundo, porque hay un elemento fisiológico que dice: ‘si me ahogo, no lo puedo hacer’ (risas). También tenemos que explorar nuestros límites, si no llegamos a ellos no sabemos dónde están. Yo siempre pruebo durante los ensayos, no durante las funciones, y veo si puedo asumir los riesgos o hay que buscar soluciones. No creo que exista la dictadura de los directores de escena, pero es verdad que hay que poder competir en el mundo de hoy. 

¿Cuáles son sus próximos compromisos para 2021? 

Tengo compromisos firmados hasta 2025, pero en lo más inmediato, el próximo 25 de julio estaré con Tosca en el Festival de Peralada; me apetece mucho porque el año pasado no se pudo hacer. A principios de agosto estaré en Londres en una nueva producción de Rigoletto. Espero estar en A Coruña en octubre, ya que adquirí el compromiso después de hacer el Don Carlo. También en ese mes estaré en Málaga interpretando una obra que ha escrito el padre Frisina, del Vaticano, pensando en mí: Las siete últimas palabras de Cristo. Después estaré en La Scala debutando el Dulcamara de L’elisir d’amore. Tengo pendiente una grabación para Opera Rara de I zingari, una ópera de Leoncavallo. Y, si todo va bien, me iré a Berlín a finales de año para Un ballo in maschera. 

Precisamente, por ese Don Carlo que comentaba ha recibido usted recientemente el reconocimiento como Mejor Cantante en los Premios Ópera XXI, ¿cómo ha recibido este galardón después de una etapa tan difícil para todos, y en particular para la cultura? 

Me siento muy honrado por este reconocimiento, fruto del Don Carlo interpretado en A Coruña en la temporada 2019-20. En septiembre de 2020 volví a visitar a los Amigos de la Ópera de A Coruña quienes, pese a encontrarnos en una pandemia restrictiva, que obligó a una reducción del aforo hasta la mínima expresión, afrontaron con absoluta determinación su compromiso con la lírica de nuestro país. Este premio nominal va dirigido a mí, pero es un homenaje a la lírica española durante el año 2020. 

A continuación, celebramos su cumpleaños, con dos fragmentos de ópera. En primer término, el dúo Figlia! Mio Padre!, de la ópera Rigoletto, de Giuseppe Verdi, con la soprano Olga Peretyatko, en una producción de la Opera de Viena en 2016, y a continuación, la escena del Te Deum, con el aria Tre Sbirri, de la ópera Tosca, de Giacomo Puccini, en la producción del Teatro Real de Madrid en 2021.  



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