Mostrando las entradas con la etiqueta Héroe. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Héroe. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de enero de 2023

El Mirador Nocturno – Radio / Cecilia Levit presenta: Tributo a Mordejai Anielewicz.


El Mirador Nocturno – Radio / Cecilia Levit presenta: Tributo a Mordejai Anielewicz.

Cecilia Levit produce semanalmente este programa que se emite por Radio Sefarad.

Mordejai Anielewicz: el sueño se ha cumplido

TRIBUTO: HISTORIAS QUE CONSTRUYEN MEMORIA DE LA SHOÁ, CON CECILIA LEVIT – Mordejai Anielevich nació en 1919, en Vibskov, al noreste de Varsovia. Sus padres se trasladaron más tarde a Povishla, un barrio humilde en los suburbios de Varsovia junto al río Vístula. Anielewicz entró en el movimiento juvenil sionista-socialista «Hashomer Hatzair» después de finalizar los estudios secundarios en el Gymnasium de Wyszków. El 7 de septiembre de 1939, una semana después de que Alemania atacara Polonia, Anielewicz viajó el lado soviético e intentó convencer a sus compatriotas de que regresaran a Polonia a ayudar en la lucha contra la ocupación nazi. Regresó a Varsovia en 1940 donde organizó grupos guerrilleros en el gueto, participó en la elaboración de publicaciones clandestinas, organizó reuniones y seminarios, y viajó a otras ciudades para establecer contacto con otros grupos insurgentes. En el verano de 1942, estaba en el suroeste de Polonia y le notifican que durante su ausencia había ocurrido una deportación masiva de judíos al campo de exterminio de Treblinka, y solo 60.000 judíos de los 350.000 originales permanecían en el gueto. Se unió a la organización judía de combate, ŻOB, y en noviembre fue elegido comandante en jefe. El 18 de enero de 1943, los alemanes intentaron llevar a cabo el segundo envío deportando a los judíos restantes a los campos de concentración, pero la ŻOB y la ŻZW expulsaron a los sorprendidos alemanes. Este incidente, en el que Anielewicz jugó un papel fundamental, fue el que dio inicio al Levantamiento del Gueto de Varsovia. El 19 de abril los alemanes lanzaron su contraataque, logrando reducir a la resistencia judía. Pero los defensores del gueto siguieron escondiéndose en los bunkers y en las alcantarillas. El 8 de mayo, Anielewicz, y muchos de los líderes de la ŻOB se suicidaron en su búnker ubicado en el Gueto.

Hacé click en el reproductor para escuchar el programa.

lunes, 19 de abril de 2021

Levantamiento del gueto de Varsovia: la lucha hasta la última gota de sangre contra la maquinaria de muerte de Hitler

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo.

Levantamiento del gueto de Varsovia: la lucha hasta la última gota de sangre contra la maquinaria de muerte de Hitler

El 19 de abril de 1943 los judíos hacinados en el gueto se levantaron en defensa de la dignidad humana y la vida. Libertad o Muerte, dijeron. Y pusieron en jaque al nazismo. Esta es la heroica historia de los que nunca se rindieron frente al horror

Entre los muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra (AP)
Entre los muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra (AP)

Entre octubre y noviembre de 1940, a poco de que las tropas nazis aplastaran a Polonia –primero de septiembre de 1939– y mostraran las garras y fauces de la Segunda Gran Guerra –60 a 80 millones de muertos–, todos los judíos de Varsovia, la capital, y de otras regiones, fueron confinados a lo que sería el gueto de Varsovia. Pleno centro y sobre las ya invisibles ruinas de un gueto similar, pero de la Edad Media.

Entre sus muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra.

La diabólica prisión era un punto de paso: desde allí, en incesante goteo, los reclusos serían llevados en vagones a la muerte en los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka, Majdanek.

La vigilancia era tan estricta como cruel. Y el asesinato, sangre cotidiana. Custodiados por soldados de la SS y la policía polaca, todos los cautivos debían llevar de manera visible la Estrella de David en colores azul y blanco.

Desalojados de sus casas a palos y privados de toda libertad, debieron soportar burlas y humillaciones: desde lo alto de una carretera, crueles y estúpidos turistas los fotografiaban como animales en un zoológico.

Los judíos decidieron continuar con sus vidas, a pesar del horror. No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas
Los judíos decidieron continuar con sus vidas, a pesar del horror. No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas

El hambre no tardó en retorcer de dolor los estómagos. Además del hacinamiento (72 habitantes por habitación de 10 metros cuadrados), mientras los soldados del ejército alemán y de la SS consumían 2.130 calorías diarias…, los judíos apenas 920 gramos de pan, 295 de azúcar, 103 de mermelada y 60 de grasas… ¡por semana!

Una papa, un pescado, un bocado de carne, una fruta, un puñado de verdura que lograba eludir el cerco era una fiesta inolvidable.

Desde luego, las enfermedades se propagaron. Una epidemia de tifus sembró el gueto de cadáveres. Registro oficial promedio: 5.500 judíos muertos por hambre cada mes. Y el episodio límite de horror: una madre famélica comió una nalga de su propio hijo, muerto el día anterior.

Pero el espíritu humano suele ser invencible. Y en los judíos del gueto se multiplicó hasta el asombro. Decidieron, perdido por perdido, continuar con su vida. Con sus costumbres. Con sus oficios, más allá de los brutales castigos, los culatazos, los arreos en masa hacia la muerte, la aniquilación a golpes sin distinción: también mujeres y niños.

Establecieron un mercado negro en las orillas para conseguir comida. Los emisarios y repartidores eran los niños. Que, pequeños, ágiles, escurridizos, cavaban los cimientos, conseguían comida del otro lado del muro, y la llevaban a destino. Desde el cementerio judío, sin vigilancia, un día lograron pasar 23 vacas…

No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas. Y de la nada urdieron mínimas industrias: lámparas hechas con papel de cigarrillos, y preservativos con chupetes en desuso…

El 19 de abril, centenares de soldados entraron en el gueto disparando cañones y morteros, mientras aviones Stuka de la Lutwaffe demolía los edificios con bombas. Pero la resistencia no levantó bandera blanca (United States Counsel for the Prosecution of Axis Criminality; United States Exhibits)
El 19 de abril, centenares de soldados entraron en el gueto disparando cañones y morteros, mientras aviones Stuka de la Lutwaffe demolía los edificios con bombas. Pero la resistencia no levantó bandera blanca (United States Counsel for the Prosecution of Axis Criminality; United States Exhibits)

El correo estaba prohibido para ellos, pero no el ingenio: cruzaron cartas con parientes británicos, soviéticos, palestinos. Publicaron, entre gallos y medianoche, pequeños diarios y revistas en hebrero y en yiddish. Fundaron una biblioteca. No renunciaron al milagro de la música: los conciertos de violín se abrieron las puertas de la barbarie nazi.

Eso, a pesar de los apaleos porque sí, por el perverso placer de herir, y del diezmo en zloty (la moneda polaca) que exigía el dueño de un árbol… para que un judío pudiera sentarse un rato a la sombra. O el caso del guardia SS al que llamaban “Frankestein”, porque su rutina exigía matar a un judío cada día, por simple diversión.

En 1942, los conatos de rebeldía, las filtraciones y las fisuras parciales del telón de acero nazi obligaron a construir una cárcel (dentro del gueto, por supuesto) para 350 prisioneros. Pero en pocas semanas la atestaron casi 1.300 almas. No conformes, los monstruos construyeron otra… para 500 niños

Iniciado el mayor crimen contra la Humanidad (la Solución Final – acabar con todo el pueblo judío de Europa, 22 de julio de 1942) – el general SS Herman Höffle ordenó el vaciamiento del gueto de Varsovia "para el reasentamiento": sinónimo de muerte segura en los campos.

El alcalde se negó. Respuesta: cayeron sobre los judíos, en horda y de noche, tropas SS, polacos de la Policía Azul, milicianos y mercenarios de Ucrania, Lituania, Letonia, Estonia, más brutales que todo lo imaginado. Además de los apaleos y los fusilamientos, 5 mil judíos fueron subidos a vagones de ganado, deportados a Treblinka, y gaseados hasta morir.

Hasta nacer agosto, los exterminados sumaban 66.700. Cifra aterradora. De los iniciales 500 mil judíos, en el gueto quedaban apenas 70 mil.

En 1942, los conatos de rebeldía, las filtraciones y las fisuras parciales del telón de acero nazi obligaron a construir una cárcel (dentro del gueto, por supuesto) para 350 prisioneros. Pero en pocas semanas la atestaron casi 1.300 almas. No conformes, los monstruos construyeron otra… para 500 niños
En 1942, los conatos de rebeldía, las filtraciones y las fisuras parciales del telón de acero nazi obligaron a construir una cárcel (dentro del gueto, por supuesto) para 350 prisioneros. Pero en pocas semanas la atestaron casi 1.300 almas. No conformes, los monstruos construyeron otra… para 500 niños

La hora de la rebelión había llegado. Era preferir morir luchando que asesinados día a día por el Tercer Reich.

Reunieron un pequeño ejército de resistencia: 1000 guerrilleros en 22 grupos de 30 partisanos en dos cuarteles generales –calles Mila y Zamenhofa–, más almacenes de armas: pistolas, fusiles, ametralladoras, mil litros de gasolina y una carga explosiva de clorato de potasio.

El Día LM (Libertad o Muerte) fue el 18 de abril de 1943. Soldados SS que llevaban a una columna de judíos a la estación para ser deportados…recibieron una lluvia de balas. Otro grupo corrió hasta la plaza Muranowska e izó la bandera de Polonia y la Azul de Israel.

En su cuartel general, el monstruo Heinrich Himmler, jefe de las SS, ordenó aplastar la resistencia judía con 2.100 hombres entre granaderos alemanes, colaboracionistas polacos de la Policía Azul, soldados letones, un tanque francés, dos vehículos blindados, un cañón y dos piezas de artillería aérea.

Un día después, el 19 de abril, centenares de soldados entraron en el gueto disparando cañones y morteros, mientras aviones Stuka de la Lutwaffe demolía los edificios con bombas.

Pero la resistencia no levantó bandera blanca. Desde huecos y trampas, los judíos disparaban con furia. Algunas mujeres se ataron con cuerdas a las chimeneas, se impulsaban, y arrojaban cócteles Molotov contra los verdugos…

Las bajas judías fueron enormes: más de 6 mil muertos. Las tropas nazis no lograron ocupar un solo edificio de la resistencia. Cuatro días después… ¡ordenaron retirada!

70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre
70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre

La lucha siguió durante 27 días: del 19 de abril al 16 de mayo de 1943. Los verdugos fracasaron: no hubo tabla rasa. Avanzaron calle por calle, piso por piso, pero fueron burlados: los judíos darían su último grito de libertad desde sótanos, bodegas, alcantarillas y todo rincón que los mantuviera a salvo y a favor del factor sorpresa.

Pero los nazis eran más y tenían, además de sus órdenes y su vocación criminal, armas ineludibles: válvulas de agua a presión, gases lacrimógenos y perros adiestrados para matar a todo judío que lograra eludir esas trampas.

Los últimos reductos fueron pulverizados con lanzallamas y explosivos. Muy pocos fugitivos alcanzaron a refugiarse en los bosques polacos, mientras entre el 4 y el 8 fueron capturados 4 mil en un refugio subterráneo. El 15, dinamitada una sinagoga. Y el 26, desgarrador recuento: 70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre.

El gueto quedó vacío y en escombros. Allí donde la vida se había abierto paso con la sola fuerza del espíritu, y después con armas desiguales (conmovedoramente desiguales y bravías).

En el invierno de 1945, ya perdida la guerra y destrozado el delirio de un Reich para mil años, los alemanes demolieron las ruinas, cubrieron esos restos con tierra, y sobre los cimientos urdieron un verde parque.

Olvido inútil. La gesta jamás será olvidada.


miércoles, 15 de enero de 2020

Raoul Wallenberg, un héroe sin tumba

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo de opinión, firmado por Baruj Tenembaum

Raoul Wallenberg, un héroe sin tumba

Por Baruj Tenembaum
Retrato de Raoul Wallenberg, por Peter Malkin, el hombre que atrapó a Adolf Eichmann en Buenos Aires en 1960
Retrato de Raoul Wallenberg, por Peter Malkin, el hombre que atrapó a Adolf Eichmann en Buenos Aires en 1960
Budapest, enero de 1945. Un hombre espera de pie, junto a una gran bandera sueca, la llegada de las tropas soviéticas que liberarán Hungría. Creyó que, por fin, estaba a salvo. Se equivocó. Pocos días después, el 17 de enero, fue detenido junto a su chofer y acusado de ser un espía de los Estados Unidos. Nunca más se supo de él.
Se cumplen 75 años de la desaparición de Raoul Wallenberg. La suerte corrida por el joven diplomático que logró salvar a miles de judíos húngaros de las garras del nazismo continúa siendo un misterio. Durante las últimas décadas, expertos rusos y suecos trataron de reconstruir un rompecabezas al que aún le faltan piezas estratégicas.
Raoul Wallenberg hizo una gran diferencia. Y de ello pueden dar crédito los miles de judíos que, gracias a él, eludieron una muerte segura en los campos de exterminio nazis.
Argentina lo recuerda de múltiples maneras. Una imponente estatua de Wallenberg se encuentra emplazada en la esquina de la calle Austria y la avenida Figueroa Alcorta, en la ciudad de Buenos Aires. Asimismo, un busto, donado por la Fundación Raoul Wallenberg, puede verse ubicado de modo permanente en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Entre otros gestos que recuerdan al “Héroe sin Tumba”, el Correo Argentino emitió, en 1998, un sello postal conmemorativo.
Wallenberg había nacido en 1912 en el seno de una prominente familia de banqueros y diplomáticos. En 1944 fue elegido por la Junta de Refugiados de Guerra de los Estados Unidos establecida por el presidente Roosevelt para detener las deportaciones de judíos en Hungría. Suecia era neutral y el mundo comenzaba a comprender el verdadero significado de la ”solución final” de Hitler.
Cuando Wallenberg llegó a Budapest, en julio de 1944, centenares de miles de hombres, mujeres y niños ya habían sido enviados a las cámaras de gas y hornos crematorios. Hungría era la próxima estación del plan de deportación y exterminio sistemático dirigido personalmente por Adolf Eichmann.
El joven de 31 años sabía que no tenía al tiempo de su lado. Intuyó que los recursos de la diplomacia tradicional serían poco efectivos en este caso. Por lo tanto, recurrió a métodos poco convencionales para intentar salvar la mayor cantidad posible de vidas. Todo era válido, desde la extorsión hasta el soborno.
No bien llegado puso manos a la obra y, utilizando conocimientos de dibujo adquiridos durante sus estudios de arquitectura en Estados Unidos, creó el Shutzpass, salvoconducto que, presuntamente, otorgaba inmunidad a sus poseedores, súbditos de la corona sueca. Como sabía que los alemanes se impresionaban fácilmente con símbolos vistosos diseñó el documento con los colores de la corona sueca, múltiples sellos y firmas ostentosas. Logró permiso para emitir una cantidad muy limitada pero finalmente imprimió y distribuyó probablemente más de diez mil. Los impactantes papeles no tenían valor legal pero cumplían el objetivo con singular eficiencia.
Wallenberg solía visitar las estaciones de tren en intentos desesperados para salvar más vidas. Se trepaba a los techos de los vagones, atestados de judíos a punto de ser deportados, para entregar un Schutzpass a todo aquel que pudiera agarrarlo, para luego exigir que la persona sea retirada del vagón aduciendo que había sido detenida por error. Steven Spielberg tomó está imagen del hombre parado sobre un vagón y se la atribuyó a Oscar Schindler en su película La Lista de Schindler.
Aún más osadas eran sus intervenciones en las llamadas marchas de la muerte cuando irrumpía en medio de las caravanas y, señalando a algún prisionero gritaba: ”Eh, usted, deme su pasaporte sueco y métase en esta fila”. Repetía la farsa cuantas veces podía, mientras los desconcertados judíos se llevaban las manos a los bolsillos en busca de cualquier tipo de identificación, fuera una licencia de conducir o un certificado de nacimiento.
Los candidatos al exterminio se escondían luego en las Casas Suecas, decenas de edificios en Budapest alquilados por Wallenberg y presentados como si fuesen instalaciones pertenecientes a la corona. Allí flameaba la bandera del país nórdico, símbolo de inmunidad diplomática. Allí encontraron refugio miles de judíos. Y allí esperó Wallenberg, de pie, la llegada del Ejército Rojo.
Baruj Tenembaum
Fundación Raoul Wallenberg
Ilustración: Retrato de Raoul Wallenberg, por Peter Malkin, el hombre que atrapó a Adolf Eichmann en Buenos Aires en 1960.

domingo, 21 de abril de 2019

A 76 años de la masacre y la resistencia del gueto de Varsovia: una inmortal gesta contra la barbarie nazi y por la dignidad humana

El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo

A 76 años de la masacre y la resistencia del 

gueto de Varsovia: una inmortal gesta contra la

barbarie nazi y por la dignidad humana

Los prisioneros judíos se batieron hasta la última gota de sangre sin renunciar a su identidad aun sabiendo que
la muerte era inevitable
 Play
Cuando todo ha terminado. Cuando ese infierno en la tierra que fue el gueto de Varsovia es solo ruinas y sombras… en la alta noche se oye sonar un piano. Bella música.
Y de pronto, una invencible verdad se impone a la masacre nazi. Apenas 88 teclas tocadas con arte, sabiduría, altivez, y sin resignación. Pero ya llegaremos a esa historia…
Entre octubre y noviembre de 1940, a poco de que las tropas nazis aplastaran a Polonia –primero de septiembre de 1939– y mostraran las garras y fauces de la Segunda Gran Guerra –60 a 80 millones de muertos–, todos los judíos de Varsovia, la capital, y de otras regiones, fueron confinados a lo que sería el gueto de Varsovia. Pleno centro y sobre las ya invisibles ruinas de un gueto similar, pero de la Edad Media.
Entre sus muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra.
La diabólica prisión era un punto de paso: desde allí, en incesante goteo, los reclusos serían llevados en vagones a la muerte en los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka, Majdanek…
El gueto de Varsovia en llamas
El gueto de Varsovia en llamas
La vigilancia era tan estricta como cruel. Y el asesinato, sangre cotidiana. Custodiados por soldados de la SS y la policía polaca, todos los cautivos debían llevar de manera visible la Estrella de David en colores azul y blanco.
Desalojados de sus casas a palos y privados de toda libertad, debieron soportar burlas y humillaciones: desde lo alto de una carretera, crueles y estúpidos turistas los fotografiaban como animales en un zoológico…
El hambre no tardó en retorcer de dolor los estómagos. Además del hacinamiento (72 habitantes por habitación de 10 metros cuadrados), mientras los soldados del ejército alemán y de la SS consumían 2.130 calorías diarias…, los judíos apenas 920 gramos de pan, 295 de azúcar, 103 de mermelada y 60 de grasas… ¡por semana!
Una papa, un pescado, un bocado de carne, una fruta, un puñado de verdura que lograba eludir el cerco era una fiesta inolvidable…
Desde luego, las enfermedades se propagaron. Una epidemia de tifus sembró el gueto de cadáveres. Registro oficial promedio: 5.500 judíos muertos por hambre cada mes. Y el episodio límite de horror: una madre famélica comió una nalga de su propio hijo, muerto el día anterior.
Entre sus muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra
Entre sus muros grises de cuatro metros de altura, levantados a todo vapor, quedaron atrapados en un rectángulo de 8 kilómetros cuadrados 300 mil judíos, que llegarían a 500 mil en el apogeo de la guerra
Pero el espíritu humano suele ser invencible. Y en los judíos del gueto se multiplicó hasta el asombro. Decidieron, perdido por perdido, continuar con su vida. Con sus costumbres. Con sus oficios, más allá de los brutales castigos, los culatazos, los arreos en masa hacia la muerte, la aniquilación a golpes sin distinción: también mujeres y niños.
Establecieron un mercado negro en las orillas para conseguir comida. Los emisarios y repartidores eran los niños. Que, pequeños, ágiles, escurridizos, cavaban los cimientos, conseguían comida del otro lado del muro, y la llevaban a destino. Desde el cementerio judío, sin vigilancia, un día lograron pasar 23 vacas…
No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas. Y de la nada urdieron mínimas industrias: lámparas hechas con papel de cigarrillos, y preservativos con chupetes en desuso…
Los judíos decidieron continuar con sus vidas, a pesar del horror. No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas
Los judíos decidieron continuar con sus vidas, a pesar del horror. No cesaron sus ritos religiosos. Nadie interrumpió la lectura de la Torá. Sólo tenían luz y gas desde las diez de la noche hasta las nueve de la mañana, pero lograron que los niños tomaran clases en escuelas hebreas
El correo estaba prohibido para ellos, pero no el ingenio: cruzaron cartas con parientes británicos, soviéticos, palestinos. Publicaron, entre gallos y medianoche, pequeños diarios y revistas en hebrero y en yiddish. Fundaron una biblioteca. No renunciaron al milagro de la música: los conciertos de violín se abrieron las puertas de la barbarie nazi.
Eso, a pesar de los apaleos porque sí, por el perverso placer de herir, y del diezmo en zloty (la moneda polaca) que exigía el dueño de un árbol… para que un judío pudiera sentarse un rato a la sombra. O el caso del guardia SS al que llamaban "Frankestein", porque su rutina exigía matar a un judío cada día, por simple diversión.
Las mujeres llevadas hacia los campos de concentración. Hasta nacer agosto, los exterminados sumaban 66.700. Cifra aterradora. De los iniciales 500 mil judíos, en el gueto quedaban apenas 70 mil. La hora de la rebelión había llegado. Era preferir morir luchando que asesinados día a día por el Tercer Reich
Las mujeres llevadas hacia los campos de concentración. Hasta nacer agosto, los exterminados sumaban 66.700. Cifra aterradora. De los iniciales 500 mil judíos, en el gueto quedaban apenas 70 mil. La hora de la rebelión había llegado. Era preferir morir luchando que asesinados día a día por el Tercer Reich
En 1942, los conatos de rebeldía, las filtraciones y las fisuras parciales del telón de acero nazi obligaron a construir una cárcel (dentro del gueto, por supuesto) para 350 prisioneros. Pero en pocas semanas la atestaron casi 1.300 almas. No conformes, los monstruos construyeron otra… ¡para 500 niños!
Iniciado el mayor crimen contra la Humanidad (la Solución Final – acabar con todo el pueblo judío de Europa, 22 de julio de 1942) – el general SS Herman Höffle ordenó el vaciamiento del gueto de Varsovia "para el reasentamiento": sinónimo de muerte segura en los campos.
El alcalde se negó. Respuesta: cayeron sobre los judíos, en horda y de noche, tropas SS, polacos de la Policía Azul, milicianos y mercenarios de Ucrania, Lituania, Letonia, Estonia, más brutales que todo lo imaginado. Además de los apaleos y los fusilamientos, 5 mil judíos fueron subidos a vagones de ganado, deportados a Treblinka, y gaseados hasta morir.
Además de los apaleos y los fusilamientos, 5 mil judíos fueron subidos a vagones de ganado, deportados a Treblinka, y gaseados hasta morir
Además de los apaleos y los fusilamientos, 5 mil judíos fueron subidos a vagones de ganado, deportados a Treblinka, y gaseados hasta morir
Hasta nacer agosto, los exterminados sumaban 66.700. Cifra aterradora. De los iniciales 500 mil judíos, en el gueto quedaban apenas 70 mil.
La hora de la rebelión había llegado. Era preferir morir luchando que asesinados día a día por el Tercer Reich.
Reunieron un pequeño ejército de resistencia: 1000 guerrilleros en 22 grupos de 30 partisanos en dos cuarteles generales –calles Mila y Zamenhofa–, más almacenes de armas: pistolas, fusiles, ametralladoras, mil litros de gasolina y una carga explosiva de clorato de potasio.
El Día LM (Libertad o Muerte) fue el 18 de abril de 1943. Soldados SS que llevaban a una columna de judíos a la estación para ser deportados…recibieron una lluvia de balas.Otro grupo corrió hasta la plaza Muranowska e izó la bandera de Polonia y la Azul de Israel.
En su cuartel general, el monstruo Heinrich Himmler, jefe de las SS, ordenó aplastar la resistencia judía con 2.100 hombres entre granaderos alemanes, colaboracionistas polacos de la Policía Azul, soldados letones, un tanque francés, dos vehículos blindados, un cañón y dos piezas de artillería aérea.
Un día después, el 19 de abril, centenares de soldados entraron en el gueto disparando cañones y morteros, mientras aviones Stuka de la Lutwaffe demolía los edificios con bombas.
Pero la resistencia no levantó bandera blanca. Desde huecos y trampas, los judíos disparaban con furia. Algunas mujeres se ataron con cuerdas a las chimeneas, se impulsaban, y arrojaban cócteles Molotov contra los verdugos…
Los judíos apenas comían 920 gramos de pan, 295 de azúcar, 103 de mermelada y 60 de grasas… ¡por semana! Las enfermedades se propagaron. Una epidemia de tifus sembró el gueto de cadáveres. Registro oficial promedio: 5.500 muertos por hambre cada mes.
Los judíos apenas comían 920 gramos de pan, 295 de azúcar, 103 de mermelada y 60 de grasas… ¡por semana! Las enfermedades se propagaron. Una epidemia de tifus sembró el gueto de cadáveres. Registro oficial promedio: 5.500 muertos por hambre cada mes.
Las bajas judías fueron enormes: más de 6 mil muertos. Las tropas nazis no lograron ocupar un solo edificio de la resistencia. Cuatro días después… ¡ordenaron retirada!
La lucha siguió durante 27 días: del 19 de abril al 16 de mayo de 1943. Los verdugos fracasaron: no hubo tabla rasa. Avanzaron calle por calle, piso por piso, pero fueron burlados: los judíos darían su último grito de libertad desde sótanos, bodegas, alcantarillas y todo rincón que los mantuviera a salvo y a favor del factor sorpresa.
Pero los nazis eran más y tenían, además de sus órdenes y su vocación criminal, armas ineludibles: válvulas de agua a presión, gases lacrimógenos y perros adiestrados para matar a todo judío que lograra eludir esas trampas.
Los últimos reductos fueron pulverizados con lanzallamas y explosivos. Muy pocos fugitivos alcanzaron a refugiarse en los bosques polacos, mientras entre el 4 y el 8 fueron capturados 4 mil en un refugio subterráneo. El 15, dinamitada una sinagoga. Y el 26, desgarrador recuento: 70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre.
El gueto quedó vacío y en escombros. Allí donde la vida se había abierto paso con la sola fuerza del espíritu, y después con armas desiguales (conmovedoramente desiguales y bravías).
El desgarrador recuento: 70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre
El desgarrador recuento: 70 mil judíos muertos, 13 mil caídos en combate, 56 mil prisioneros (7 mil fusilados en el acto y el resto muertos en las cámaras de gas de Treblinka). La última capturada: una niña, el 13 de diciembre
En el invierno de 1945, ya perdida la guerra y destrozado el delirio de un Reich para mil años, los alemanes demolieron las ruinas, cubrieron esos restos con tierra, y sobre los cimientos urdieron un verde parque.
Olvido inútil. La gesta jamás será olvidada.
Pero antes, en los estertores de la tragedia, un hombre vivió la más extraña, peligrosa y casi irreal de la aventura.
Era Wladyslaw Szpilman, un pianista polaco de origen judío que el primer día de septiembre de 1939, invasión nazi de Polonia y principio de la guerra, tocaba con excepcional talento en la radio más importante de Varsovia. La radio fue bombardeada.
Szpilman se entera de que el Reino Unido y Francia han declarado la guerra a Alemania, y se celebra la noticia con una gran cena en su casa. Se salva de la deportación gracias a un policía judío amigo de la familia. Lo confinan como esclavo obrero en unidades de reconstrucción alemanas. Amigos no judíos lo protegen: conocen su talento.
El pianista Wladyslaw Szpilman se escondió en un departamento en el gueto. Luego, escribió su historia que Román Polanski llevó al cine
El pianista Wladyslaw Szpilman se escondió en un departamento en el gueto. Luego, escribió su historia que Román Polanski llevó al cine
Se esconde en un departamento prestado. Pasa un año. Su edificio está en ruinas. Los nazis aún lo buscan. Al borde de morir de hambre, encuentra una lata de pepinillos… pero no tiene con qué abrirla. Encuentra unas herramientas sobre una chimenea… pero lo sorprende un capitán alemán: Wilm Hosenfeld.
Hablan. El nazi descubre que el fugitivo es pianista. Melómano, lo lleva hasta u piano abandonado:
–Toque.
Aterrado, con las manos endurecidas por el trabajo brutal, la vigilia, el miedo, acomete con la primera balada Opus 23 en sol menor, y gana el corazón del enemigo.
No lo delata. Le consigue comida y un abrelatas. Y al ver que la guerra está perdida, le regala su capa militar:
–Espero escucharlo en la radio.
En la calle, esa capa casi le resulta fatal: los soviéticos lo confunden con un nazi, lo balean, le lanzan una granada, pero el pianista logra convencerlos:
–Soy polaco, y uso capa por el frío.
En esos días, el capitán Hosenfeld y otros alemanes son capturados. El salvador del pianista le pide a un ex prisionero judío que pasa por allí:
–Llame a Spilzman. Él me salvará.
Demasiado tarde. Cuando el pianista llega hasta la alambrada, los prisioneros han sido deportados.
Szpilman escribe su historia: El pianista del gueto de Varsovia. Román Polanski la filma. Obra memorable: Palma de Oro en Cannes, Tres Oscar (director, actor, guión adaptado, siete premios César –cine francés–, y dos premios BAFTA).
Wilm Hosenfeld, el capitán alemán que salvó a el pianista del gueto de Varsovia
Wilm Hosenfeld, el capitán alemán que salvó a el pianista del gueto de Varsovia
El pianista murió en 2010. Hosenfeld en 1952, en un campo de prisioneros de guerra soviéticos.
Sobre los muertos. Sobre la masacre. Sobre la luminosa resistencia. Sobre ese encuentro cerca de un piano abandonado. Sobre cada nota de ese piano. Sobre la extraña historia de esos dos hombres en ese sangriento entramado… hay algo invencible: el espíritu humano.
La dignidad. La libertad.
De la que Cervantes escribió: "Es uno de los más preciosos dones que los hombres dieron los cielos: con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar que encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida".