lunes, 1 de junio de 2026

Edith Barr

 

Nora Edith Barr García nació en Lima, Perú, el 1 de junio de 1936. Cantante.   

El sitio www.loritos-periquitos.blogspot.com de José Carlos Serván Meza, publicó este artículo.   

"EDITH BARR". FAMOSA COMO "LA FLOR MORENA DE LA CANCIÓN CRIOLLA". 

¡Qué gusto nos da evocar a artistas de cuyos inicios fuimos testigos! Este es el caso de nuestra amiga Edith Barr, la espigada muchacha de los años 55 que, con el optimismo de hacerse una carrera profesional en el arte musical criollo, hacía sus pinitos en Radio Victoria. Aquellas matinés dominicales, auspiciadas por "Criogenine Lumiere", supieron de su voz y personalidad y, dadas estas virtudes, estaba asegurado su futuro triunfo en aquel campo, tan bien representado por "Las Cinco Grandes del Criollismo":  Jesús Vásquez, Eloísa Angulo, Delia Vallejos, Esther Granados y Alicia Lizárraga. La generación aquella fue muy prolífica. Surgieron, entre otros, Judith Acuña "Wara Wara", Maritza Rodríguez "La Princesita de la Canción Criolla", Edith Suárez, que dio mucho qué hablar cantando los temas de Fresia Saavedra, como "El Ladrón, por ejemplo. Ya triunfaba en toda la extensión de la palabra el bolerista Eddy Martínez, hijo del pianista y maestro Polito Bedoya.  

Un paso fugaz en Radio Victoria realizaba la abuela de mis nietos "Gaby Rossi" y sus canciones italianas. Nuestro matrimonio la alejó del arte y la tuve cantando en exclusividad para sus hijos. Edith Barr, se afianzaba cada vez más y no pasaría mucho tiempo para convertirse en "La Flor Morena de la Canción Criolla", apelativo que le creó José Lázaro Tello "El Animador de las Multitudes". En efecto, en aquel semillero de artistas que era la matiné dominical de Radio Victoria, surgió para esta artista la gran oportunidad. Su consagración vendría en la nueva emisora "RADIO ONCE SESENTA" y en la que sería lanzada con bombos y platillos al gran estrellato nacional. La foto pertenece al recordado estudio "Luz Y Sombra". Sin duda alguna Edith Barr tenía asegurado un gran futuro. Pensar que se inició cantando muy niña en la emisora Radio Callao.  

Quedarían en el recuerdo aquellas tardes y noches del Parque de la Exposición. Hoy la nostalgia me invade y me traslado frente a la Cabaña, lugar donde funcionara Radio Victoria" y veo a la juvenil Edith con todas sus ambiciones y confundida en medio de la arboleda. Indudablemente que nuestra estrella ha sabido probar de todo en el campo artístico. Pasada la etapa radial, llegaría la televisión y en aquella exitosa Panamericana, triunfó como animadora y se reafirmó en los niveles más trascendentes. Han pasado muchos años y siempre tiene la ocasión de mostrarnos su arte en la televisión con gran suceso. También es bueno resaltar su carácter empresarial y que la llevó a inaugurar la recordada "Casa de Edith". Siempre triunfadora y conservando esa clase de artista que mostró desde muy niña. Nos decía que le gustaba el canto y así se dedicó en exclusividad a su profesión. 

Ha sido estrella en los espectáculos con su propia revista. Una excelente animadora e intérprete que salió de los cánones tradicionales e impuso su propio estilo. Quien reseña esta nota, allá por los años 60, mantenía una programación en Radio Luz, emisora en la que nuestro colega locutor Manuel Acosta Calderón se revelaba como compositor. Habíamos sufrido meses antes, la muerte de nuestro hermano mayor Ángel Serván. Por alguna razón llegó Edit Barr a los estudios y al verme, ¿cuál sería su sorpresa? Lanzó una exclamación de asombro y demostró también su vena histriónica, porque, para ella, quien había fallecido era este reseñador al que no veía hacía muchísimo tiempo. Fue un reencuentro hermoso y que evoco con gran afecto por su generosa amistad. A mi solicitud, le entregué un cassette con varias de las composiciones de Manuel Acosta Calderón. 
 
Tuvo la gentileza de aprender el vals "Busco un Corazón" de mi colega de Radio Luz y este tema apareció grabado en un Larga Duración de la FTA con otros grandes éxitos que supimos promover con gratitud. Todo lo que decimos son experiencias nuestras. Así, luego de varios años de no vernos, amenizábamos una kermesse de un Colegio de Chacarilla del Estanque con nuestro grupo orquestal. Fue Edith Barr el personaje central y con su agrupación de guitarristas bajo la dirección de Alberto Urquizo La Negra, dieron relieve a dicha actividad. Conquistó a la concurrencia con su animación y cantando, como siempre, sus grandes éxitos. Uno de ellos, el vals de Chabuca Granda "José Antonio" y en el que lució mucha gracia y es uno de sus éxitos discográficos de mayor aceptación de su gran público. Otro vals muy solicitado fue el de Augusto Polo Campos "Limeña". 

Tuvimos ocasión de recibir y oír un disco de grandes efectos electrónicos y con una Edith Barr diferente. Cantando y deslumbrándonos con baladas y canciones que pusieron en relieve sus innatas condiciones de vocalista internacional. Con toda su belleza en ambos lados figura como "EDITH, LA DE SIEMPRE Y LA OTRA". Está en una nuestra colección y así, como otras grabaciones suyas, es un digno recuerdo de su arte que nos da gusto mostrar en especiales ocasiones. Ha sido la reseña de "EDITH BARR". Grande como sus predecesoras y con un sitial de preferencia en la historia de nuestra inmortal Canción Criolla. Es una verdadera luchadora y propulsora ejemplar para las futuras generaciones. Siempre activa y derrochando gran amistad y enorme arte. Gracias. 

A continuación, celebramos su cumpleaños, con Cuando Llora Mi Guitarra.  

Eugeniusz Sławomir Łazowski. Médico, integrante de la Resistencia y profesor de pediatría.


Eugeniusz Sławomir Łazowski, más conocido como Eugene Lazowski, nació en Czestochowa, Polonia, en 1913, y murió en Oregón, Estados Unidos, el 16 de diciembre de 2006. Médico, integrante de la Resistencia y profesor de pediatría. 

El sitio www.svetzeny.cz publicó este recordatorio. 

El valiente Eugeniusz Łazowski: Un médico engañó a Hitler con una falsa epidemia de tifus, salvando a miles de personas. 

Un héroe poco conocido, logró engañar al mismísimo Adolf Hitler y a sus secuaces. Eugeniusz Łazowski (†93) fue un médico polaco que decidió dar un paso muy peligroso durante la Segunda Guerra Mundial. Sabía que, si su estratagema fracasaba, él y su familia serían enviados a la muerte. Lo apostó todo a una sola carta y funcionó. El médico provocó una falsa epidemia de tifus, quizás la enfermedad más temida por los nazis, salvando así miles de vidas. 

Gabriela Maryškova 16. 12. 2025 

Se han escrito muchas líneas sobre las atrocidades que los nazis cometieron no solo contra los judíos, y aún hoy resultan inconcebibles. Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial también surgieron héroes que arriesgaron todo para salvar a otros. Si bien, por supuesto, temían profundamente a los nazis, hicieron lo imposible por impedir el traslado de su pueblo a una muerte segura.  

Łazowski sabía que los nazis temían las enfermedades. 

La historia de un médico polaco que demostró una valentía y coraje increíbles comenzó en 1941. Los habitantes del pueblo de Rozwadów y de otros pueblos cercanos empezaron a desaparecer. Fueron llevados a guetos y campos de concentración, y todos sabían que jamás regresarían. Un día, un amigo judío se acercó al joven y le rogó que intentara hacer algo al respecto. Pero ¿qué podía hacer un médico de veintiocho años contra los nazis? Empezó a reflexionar profundamente, y finalmente lo comprendió. Los nazis temían las enfermedades, y el tifus, en particular, era su mayor temor.   

Eugeniusz recordó sus estudios 

El propio Hitler había ordenado que, si aparecía una enfermedad contagiosa en cualquier lugar, la zona debía ser puesta en cuarentena y aislada de inmediato, lo que para sus habitantes equivalía a la supervivencia. Ahora solo faltaba averiguar cómo lograrlo. Łazowski no podía inyectar a la gente con el tifus mortal. Recordó algo de sus estudios de medicina. Existía una batería completamente inofensiva que podía ayudarle. Si inyectaba a alguien con la bacteria Proteus OX19 muerta, su sistema inmunitario produciría anticuerpos de inmediato. La prueba de Weil-Felix daría entonces un resultado positivo para el tifus.   

Tras la extracción de sangre, se procedió inmediatamente a la cuarentena. 

El plan era brillante, pero también muy peligroso. Si los nazis descubrían el engaño, todos serían condenados a muerte. Łazowski contactó a su colega Stanisław Matulewicz y juntos discutieron todo en detalle. Eugeniusz comenzó a inyectar esta cepa bacteriana a personas no judías, sabiendo que los nazis mataban inmediatamente a los judíos infectados con tifus. Cuando los médicos alemanes llegaron para tomar muestras de sangre, se quedaron atónitos. Los habitantes de una de las aldeas estaban infectados con tifus y se ordenó una cuarentena de inmediato.    

El médico engañó a los partidarios de Hitler. 

Poco a poco, los valientes hombres comenzaron a salvar más y más aldeas. Por supuesto, Łazowski llevaba registros falsos de todos los habitantes para poder mostrárselos a los médicos alemanes si fuera necesario. Todos los aldeanos tenían instrucciones claras sobre cómo comportarse en caso de la llegada de los nazis, para que parecieran estar infectados de tifus. Afortunadamente, los partidarios de Hitler nunca se quedaron el tiempo suficiente para comprobar la verdadera tasa de mortalidad en las aldeas.  

Łazowski salvó miles de vidas 

En total había doce aldeas, donde vivían juntas aproximadamente ocho mil personas. Eran católicos polacos o judíos que se escondían tras identidades falsas. Gracias a la falsa epidemia, las familias podían estar juntas y cada mañana, estar juntos era un milagro para todos. Afuera, el Holocausto hacía estragos, pero en las zonas de cuarentena, la gente se ayudaba mutuamente y se convencía de que aquel infierno algún día terminaría. Y tenían razón. En 1945, todos los supervivientes se salvaron y la epidemia de tifus desapareció misteriosamente.  

El médico no le contó a nadie sobre su valentía. 

Łazowski destruyó discretamente todos los registros y eliminó la bacteria que había salvado miles de vidas. Emigró con su familia al extranjero y completó los exámenes necesarios en Chicago para obtener la licencia médica. Además de ejercer la medicina, también era profesor en la Universidad de Illinois. No le contó a nadie sobre sus acciones durante la Segunda Guerra Mundial, ni siquiera a su esposa. Sin embargo, su historia comenzó a salir a la luz gradualmente. Periodistas entrevistaron a supervivientes, algunos de los cuales estaban conectados por una misteriosa epidemia que, en realidad, los había mantenido con vida.   

Un hombre humilde vivió hasta una edad bendecida. 

Finalmente, se descubrió quién era el hombre que había logrado engañar a Hitler. Tras décadas de silencio, Eugeniucz accedió a ser entrevistado. Todos mencionaban la palabra valentía, pero el doctor no estaba de acuerdo. «No fui valiente. Simplemente fui un médico que hizo lo que hacen los médicos. Ves a gente en peligro y la ayudas. Eso es todo», dijo Łazowski, quien vivió hasta la venerable edad de noventa y tres años y se convirtió en un héroe y salvador para muchos.