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Foto de portada: Magdalena Viggiani.
Calogero Marrone nació en Favara, Sicilia, Italia, el 12 de mayo de 1889, y murió en el Campo de Concentración de Dachau, Múnich, Alemania, el 15 de febrero de 1945. Funcionario público y Justo entre las Naciones.
Durante décadas, Calogero Marrone fue uno de los "héroes olvidados" de la Resistencia italiana al nazismo, destacando por su labor en el rescate de judíos durante los años de persecución.
Nacido en 1889 en Favara, Sicilia, fue uno de los primeros opositores al fascismo y estuvo encarcelado durante varios meses por negarse a unirse al partido de Mussolini. En 1931, se mudó a Varese con su esposa y sus cuatro hijos tras aprobar un concurso para trabajar como empleado municipal. Allí, pronto se convirtió en jefe del Registro Civil, cargo que aprovechó durante la ocupación nazi para expedir cientos de documentos falsos a judíos y opositores políticos. Gracias a estos documentos, los perseguidos pudieron cruzar la frontera hacia Suiza y salvarse.
Al ser alertado de la traición de un informante, Marrone se negó a ponerse a salvo, también para evitar exponer a su familia al riesgo de represalias. Arrestado en enero de 1944, fue torturado, pero nunca reveló nada sobre la red de rescate a la que pertenecía. Deportado al campo de concentración de Dachau, murió en febrero de 1945, oficialmente tras contraer tifus.
Durante años, la figura de Calogero Marrone permaneció prácticamente desconocida, pero un libro publicado en 2002 por los periodistas Franco Giannantoni e Ibio Paolucci, con el emblemático título de "Un héroe olvidado", hizo justicia a su memoria. En 2013, el Memorial del Holocausto Yad Vashem lo reconoció oficialmente como Justo entre las Naciones.
Stanisława Zambrzycki, más conocida como Stanisława Leszczyńska, nació en Łódź, Polonia, el 8 de mayo de 1896, y murió en su ciudad, el 11 de marzo de 1974. Enfermera – Partera.
El nazi Josef Mengele le pidió que matara a los judíos recién nacidos, pero la sobreviviente de Auschwitz y partera polaca Stanisława Leszczyńska, lejos de obedecerle, ayudó a nacer a miles de criaturas, a las que mantuvo con vida tanto como pudo. Estudiante tardía, como matrona ha pasado a la historia por su valentía y su dedicación a los más vulnerables en un momento del siglo XX marcado por una violencia extrema de un régimen que, un siglo después, no conviene olvidar.
Stanisława Leszczyńska, que dejó su trayectoria escrita en un documento titulado Raport położnej z Oświęcimia (Informe de la partera de Auschwitz), que acabaría convertido en una exitosa obra de teatro (Nowak), donde se relata la vida de las prisioneras embarazadas y sus bebés, había nacido el 8 de mayo de 1896 en Łódź (Polonia), de un soldado del ejército zarista y una obrera, en los duros albores de la industrialización. Cuando tenía 12 años, la familia emigró a Brasil en busca de mejor futuro y allí, en Río de Janeiro, asistió a una escuela en alemán y portugués. Dos años después, optaron por regresar a Polonia, donde la adolescente siguió sus estudios, aunque también ayudaba a su madre a criar a sus dos hermanos pequeños.
Tenía 20 años cuando se casó con el impresor Bronisław Leszczyński. Al año siguiente, tuvo su primer hijo y, dos después, una niña. Trasladados a Varsovia con sus dos pequeños, Stanislawa decidió matricularse en la Escuela de Matronas, donde obtuvo el Premio al Éxito por ser la mejor alumna en 1922. Y volvieron a Łódź, donde pese a tener dos hijos más, comenzó a trabajar como partera, una profesión que amaba y a la que dedicaría el resto de su vida.
Cuando en 1939, los nazis invadieron Polonia, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, la casa de la familia Leszczyński se vio dentro del gueto creado en su ciudad para los judíos, a quienes ayudaron durante años con comida y documentos falsos que Bronislaw hacía en su imprenta. Aquello fue descubierto y en febrero de 1943, la Gestapo la arrestó con dos de sus hijos y su hija, con la acusación de asistir a personas buscadas por la policía secreta de los nazis. Bronisław y el otro hijo lograron escapar, aunque ella nunca volvió a ver vivo a su marido. Los nazis enviaron a los dos niños como mano de obra esclava a las canteras del campo de concentración de Mauthausen-Gusen y a ella y a su hija, de 24 años, al de Auschwitz, donde se les tatuaron los números 41335 y 41336.
Vida en un campo de concentración
Supervivientes de Auschwitz que la conocieron han relatado que siempre fue una persona reservada. Por su historial previo, madre e hija fueron trasladadas a la enfermería del campo (Sylvia estudiaba Medicina), donde las condiciones eran terribles. Hay testimonios que recogen que a los recién nacidos les tatuaban un número para gasearlos después o dejarlos morir de hambre. En este lugar, Stalisnawa conoció a Mengele. Él había levantado el que llamaba “el bloque de la recuperación”, donde estaban las enfermas con infecciones como tifus, malaria o fiebre tifoidea. Delgada y débil, como las demás, allí atendía a las jóvenes parturientas, a menudo pariendo sobre una estufa vacía. La recordarían por su serenidad y su sonrisa, y por ser una persona amable, tranquila y muy religiosa que les infundía esperanza.
Ante las terribles circunstancias en las que estaban, la matrona polaca se las apañaba para solucionar las necesidades de las madres y sus bebés, consiguiéndolas comida, trapos para pañales, agua hervida o mantas. Los testimonios recabados después aseguran que todos los bebés que trajo al mundo en ese lugar macabro nacieron vivos, sin complicaciones, pese a contar apenas con unas tijeras, una palangana, sus manos y poco más. Tras los partos, siempre los bautizaba con agua o una infusión, a modo de ritual que resultaba psicoterapéutico para las traumatizadas madres que con ella se sentían más seguras.
Pese a que las normas de Auschwitz decían que no se les cortara ni atara el cordón umbilical y se los arrojara a la basura con la placenta, Stalisnawa arriesgó su vida incumpliéndolas. Ella se los devolvía a sus madres, aunque la mayoría morían de hambre por falta de leche. En su informe contaría más tarde que el doctor Mengele, que le solicitaba información sobre estas muertes y que le ordenó que les practicara la eutanasia. “Ni ahora ni nunca”, le contestó. Fue sorprendente que no la mandara ejecutar en ese momento. Pero muchos se los arrebataban para ser ahogados en un barril. De los 3000 que ayudó a traer al mundo, acabaron muriendo 2500, mientras que nos pocos cientos, con ojos azules, fueron dados en adopción para ser germanizados y apenas 30 sobrevivieron junto a sus progenitoras. La empatía que Stanisława sentía por ellas le ayudaba a superar el trauma:
Es lo que me hacía más fuerte cada día y cada noche que dedicaba al trabajo arduo; el esfuerzo y el sacrificio eran solo una expresión de mi amor por los niños pequeños y sus madres, cuyas vidas intentaba salvar a toda costa. De lo contrario, no habría podido sobrevivir.
Cuando el campo fue liberado, el 27 enero de 1945, volvió a Łódź, adonde sus hijos también llegaron desde los campos de trabajos forzados. Se instaló en un apartamento y continuó trabajando como partera de su localidad hasta 1958, a pesar de su precaria salud tras el paso por el campo de concentración. En 1965, decidió publicar su famosa obra El informe de una partera de Auschwitz, que dio a conocer una vida que ella no consideraba especialmente destacable. No hay más referencias a su figura hasta el 27 de enero de 1970, cuando Stanisława asistió a una celebración oficial en Varsovia donde conoció a las prisioneras de Auschwitz y a sus hijos adultos, nacidos en el campo con su ayuda.
Cuatro años después, el 11 de marzo de 1974, fallecía en su ciudad a los 77 años. Sobre su funeral, la doctora Jadwiga Węgierska‑Paradecka escribió:
Fue una manifestación, la despedida pública de una persona de complexión delgada, modesta en su conducta y vestimenta, pero simbólicamente una gigante, completamente dedicada al servicio de sus semejantes y de Polonia… Tuvo el coraje de desafiar las órdenes de los criminales nazis para ayudar a sobrevivir a sus compañeras de prisión cuyas vidas estaban en peligro y que también habían perdido a su mayor tesoro: los hijos.
Todavía hoy, en Polonia, varios hospitales y organizaciones llevan el nombre de Stanisława; también lo tiene la calle principal del museo del campo de concentración de Auschwitz y otra calle de la ciudad de Łódź. En 1983, la Escuela de Obstetras de Cracovia recibió, asimismo, su nombre en su honor. Por su labor humanitaria, la Iglesia católica a la que perteneció, ha iniciado su proceso de beatificación y las peregrinaciones a su tumba son habituales.
Denise Bergon nació en Capdenac-Gare, Francia, el 6 de abril de 1912, y murió en Toulouse, Francia, el 4 de febrero de 2006. Religiosa y Justa entre las Naciones.
El sitio www.es.aleteia.org publicó este recordatorio firmado por Sandra Ferrer.
Denise Bergon: La monja que se jugó la vida por salvar la vida de niños judíos
Shoah Memorial | CDJC / Sandra Ferrer - publicado el 16/09/20
En la Francia de Vichy, el convento de la hermana Bergon se convirtió en el refugió de más de 80 niños y niñas judíos amenazados por una muerte segura
Ayudo a sembrar esperanza
A menudo los héroes y heroínas se nos presentan en el imaginario colectivo como hombres y mujeres atractivos, fuertes, excepcionales, que protagonizan grandes historias del celuloide o se convierten en Best Sellers.
Pero muchas han sido las personas que han dejado una huella imborrable en este mundo siendo sencillas y pasando desapercibidas. Personas humildes, pero extraordinariamente grandes como la hermana Denise Bergon, una religiosa cuya vida estaba destinada a servir a Dios en su sencillo convento pero que los terribles acontecimientos que asolaron la Europa de su tiempo la llevaron a protagonizar uno de los muchos testimonios de solidaridad.
Porque la barbarie humana despierta también el lado más bondadoso, poniendo a prueba la capacidad de amar de muchas personas.
Denise Bergon era la madre superiora del convento e internado de Nuestra Señora de Massip, situado en una pequeña localidad cerca de Toulouse, cuando Alemania invadió Francia instaurando el régimen colaboracionista de Vichy.
El régimen nazi impuso en aquella zona ocupada las mismas leyes antijudías que en el resto de territorio controlado por Hitler. Muchas familias buscaron refugio donde pudieron intentando escapar de una muerte segura.
En el verano de 1942, el arzobispo de Toulouse, Jules-Géraud Saliège, indignado por las nuevas normas que imperaban en su diócesis, publicó una carta pastoral en la que pedía a todos los cristianos que no dieran la espalda a los judíos, pues “forman parte del género humano”. “Son tan hermanos nuestros – añadía – como el resto. Un cristiano no puede olvidarlo”.
Aquellas palabras despertaron en la hermana Bergon el espíritu solidario que permitió que unos ochenta y tres niños y varias familias judías consiguieran salvar su vida. Su plan era sencillo. Mediante documentación falsa e identidades fingidas, acogería en su internado a los niños y niñas judíos que lo necesitaran. Con una rápida transformación, pronto se mezclaron entre el resto de pequeños y consiguieron burlar las leyes nazis.
La hermana Bergon trabajó intensamente durante dos años protegiendo a aquellos niños y ofreciéndoles un hogar lleno de alegría y esperanza en un tiempo de oscuridad y destrucción. Para que su plan fuera un éxito, solamente hizo cómplice del mismo a un grupo muy reducido de personas que la ayudaron en momentos críticos a esconder a los niños en lugares insospechados como un refugio situado bajo una trampilla de la iglesia o huyendo de manera apresurada a los bosques cercanos.
La hermana Bergon también se afanó por poner a buen recaudo los pocos bienes materiales que llevaban consigo los pequeños, sobre todo la documentación que los vinculaba a sus orígenes, para que, una vez terminada la guerra, pudieran recuperarlos y no cayeran en manos de los nazis.
Las monjas de Nuestra Señora de Massip se convirtieron para aquellos niños en madres a las que acudir en busca no solo de protección sino también de calor humano. Consiguieron así, no solo salvarles la vida, sino protegerles de la barbarie de la guerra.
Una vez que esta finalizó, la hermana Bergon se afanó por hacer que todos los pequeños judíos que se habían escondido en su convento pudieran reencontrarse con aquellos familiares que hubieran sobrevivido. Cuando todo volvió a la normalidad, la hermana Bergon continuó con su vida de oración y de ayuda a los niños desamparados hasta que falleció en el año 2006 a los 94 años de edad.
En el convento en el que vivió, un bonito cedro fue plantado en la primavera de 1992 en memoria de los niños que por un tiempo permanecieron en aquel refugio. Uno de los homenajes más bonitos e íntimos a los que se sumaron otros de carácter más solemne como la Medalla de la Legión de Honor otorgada por el gobierno francés en 1979 o el título de Justa entre las Naciones en 1980 con el que la institución judía Yad Vashem quiso honrar su impagable labor.
Les ofrecemos el acto celebrado el pasado mes de enero en el Senado en memoria de las víctimas del Holocausto y en defensa de la prevención de los crímenes contra la humanidad. Este programaSoc pretende recordar la importancia de la memoria y el compromiso internacional frente a la intolerancia.
En sus comienzos, hablamos de la segunda mitad del siglo XIX, el tango era cosa de hombres. Y no solo eran ellos, exclusivamente, los que lo bailaban, sino también los que lo cantaban. Después, con la llegada del siglo XX, la situación cambió. Y las mujeres comenzaron a tener cada vez más protagonismo. Sin embargo, cuando Julio Sosa se hizo presente en la escena musical, todos se remitieron a aquellos tiempos en los que este género destilaba virilidad.
Fue el periodista Ricardo Gaspari quien, al escucharlo, le puso el apodo de “El varón del tango”, con el que se lo sigue reconociendo hasta el día de hoy. El motivo era simple: el timbre de voz y la manera de cantar de este artista remitían al viejo estilo al que los fanáticos de la música ciudadana se habían acostumbrado a referentes como Carlos Gardel. Desde la década del 50, esto cambió y estos artistas fueron reemplazadospor intérpretes menos estructurados. Es por eso que Sosa se distinguía de sus contemporáneos.
Había nacido hace exactamente 100 años, el 2 de febrero de 1926, en el seno de una familia de bajos recursos de Las Piedras, Canelones, Uruguay. Su padre, Luciano Sosa, era un peón de campo y su madre, Ana María Venturini, trabajaba como lavandera. Así que, siendo un niño, el cantor conoció el rigor de la pobreza. Y, cuando llegó a la adolescencia, no tuvo más remedio que empezar a hacer changas para tratar de llevar algún dinero a su hogar.
Fue vendedor ambulante de bizcochos, podador municipal de árboles, ayudante de mercachifle, repartidor de farmacia y lavador de vagones, entre otros oficios ocasionales. Sin embargo, siempre tuvo clara su vocación. Y, por ese motivo, se anotaba en cada concurso de canto que tuviera lugar en su zona de residencia. Hasta que, finalmente, se le dio. Su debut como vocalista profesional fue en la orquesta de Carlos Giardini, en la Ciudad de La Paz. Y, en 1948, en tanto, grabó junto a la orquesta de Luis Caruso en Montevideo.
El cantor fue apodado El Varón del Tango por su estilo y su timbre de voz
Sin embargo, Sosa sabía que su gran posibilidad de triunfar estaba en la Argentina. Y, un año más tarde, desembarcó en Buenos Aires, donde empezó su carrera cantando en el café Los Andes para luego sumarse a la orquesta típica formada por Enrique Mario Francini y Armando Pontier, donde compartió escenario con Alberto Podestá. Para entonces, Julio ya había terminado su primer matrimonio con Aída Acosta, con quien se había casado cuando tenía apenas 16 años. Así que decidió abocarse de lleno al trabajo.
En 1953 se sumó a la orquesta de Francisco Rotundo. Allí, triunfó con temas como Cambalache, Al mundo le falta un tornillo, Padrino pelao y Tengo miedo. En cuanto a su vida personal, en 1958 se casó con Nora Edith Ulfeldt, con quien trajo al mundo a su única hija, Ana María. Pero al poco tiempo se divorció.
En 1960, finalmente, decidió comenzar su carrera como solista. Entonces se unió al bandoneón de Leopoldo Federico y su orquesta, con la que logró llegar a la cúspide de su popularidad. Y de aquella época datan los registros de temas como Nada, Qué falta que me hacés, En esta tarde gris y La cumparsita, que terminaron consagrándolo como uno de los mayores representantes del tango. Para entonces, había vuelto a formar pareja con Susana “Beba” Merighi. Y todo parecía marchar sobre rieles en su vida, al menos, frente a los ojos de los demás.
Sin embargo, cuando nadie se lo podía imaginar, ocurrió la tragedia. Era el 25 de noviembre de 1964. Sosa había participado de un programa radial en el que, como si se tratara de una broma del destino, había cantado varios temas del repertorio de Gardel. Luego salió de la emisora y se subió a su auto. Dicen que le gustaba la velocidad y que no era muy ducho al volante. Dicen también, aunque muchos testigos del momento lo negaron, que había bebido más de la cuenta.
Julio Sosa junto a Violeta Rivas y Beba Bidart en Buenas noches, Buenos Aires
Lo cierto es que, en horas de la madrugada, Sosa chocó contra un semáforo ubicado en Avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla. Su mujer había dicho que alguien lo había embestido primero a él, cosa que no se pudo comprobar, y algún que otro transeúnte señaló que en realidad había intentado esquivar a un camión. Lo cierto es que el impacto fue tal, que el vehículo atravesó la estructura de cemento y se detuvo a 50 metros del lugar de la colisión, con el conductor en grave estado.
Después de un paso por el Hospital Fernández, adonde había sido llevado de urgencia, el cantor fue derivado al Sanatorio Anchorena donde lo intervinieron quirúrgicamente. Tenía cuatro costillas fracturadas, lo que le había producido serias lesiones en el pulmón, además de una conmoción cerebral. Y los médicos hicieron todo lo que estuvo a su alcance, pero no pudieron salvarle la vida.
Al día siguiente, cuando el reloj marcaba las 9:30 horas, “El varón del tango” murió. Tenía apenas 38 años y mucho por hacer todavía. Pero el destino detuvo su reloj. Sus restos fueron velados en el Luna Park por un pedido expreso de Hugo del Carril, después de que el Salón La Argentina se viera desbordado. Y luego, una multitud acompañó bajo la lluvia al cortejo fúnebre que lo trasladó hasta el Cementerio de la Chacarita, donde fue sepultado.
No obstante, como suele suceder con cada muerte joven e inesperada, tras la partida física de Sosa su obra comenzó a revalorizarse. Vendió más de 150 mil discos. También escribió un libro llamado Dos horas antes del alba, que dejó como legado. Compuso la letra del tango Seis años. Y, hasta la fecha, se lo sigue recordando como uno de los mejores cantores de tango de la historia. El de la voz más varonil.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento, con Cambalache y Sus ojos se cerraron.
El Diario Infobae, en su edición digital publicó este artículo firmado por Facundo Chavez, y a continuación, el artículo de opinión de Sandra Arroyo Salgado, también publicado por el Diario Infobae.
Emotivo homenaje de DAIA y AMIA a
Alberto Nisman: “Con el asesinato
quisieron enterrar su voz y su trabajo,
pero no lo lograron”
Las actividades incluyeron un acto central y un panel de debate, donde se abordaron avances en las
causas judiciales y se resaltó la necesidad de esclarecer los crímenes vinculados al terrorismo en la
Sandra Arroyo Salgado y Sara Garfunkel participaron del acto central en homenaje a Alberto Nisman, junto a Osvaldo Armoza (AMIA), Mauro Berestein (DAIA) y el embajador Sela (fotos Adrián Escandar)
Los actos centrales en memoria de Alberto Nisman, al cumplirse once años de su asesinato —calificado como tal por la Justicia argentina tras una prolongada investigación—, se realizaron en la sede de la AMIA, en la calle Pasteur al 600, barrio de Once. El edificio es el mismo que sufrió el atentado terrorista del 18 de julio de 1994, donde murieron 85 personas, y desde entonces representa un espacio central de la memoria colectiva sobre el terrorismo y las deudas pendientes del Estado argentino en materia de justicia.
La jornada se organizó en dos instancias diferenciadas. El acto central en la plaza seca de la AMIA, con la presencia de autoridades comunitarias, representantes del Poder Judicial, del Ministerio Público Fiscal, del Estado de Israel y familiares del fiscal. Y un encuentro organizado por la DAIA en el séptimo piso del edificio, con formato de panel, dedicado al contexto del asesinato, las irregularidades de la investigación y la situación actual de las causas judiciales.
Esta vez, no hubo presencia de funcionarios del gobierno de Javier Milei.
“Hoy más que nunca, la voz y el trabajo de Alberto Nisman, que se quiso enterrar con su asesinato, no logró ese cometido”, afirmó la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, ex esposa y madre de sus dos hijas, Kala y Iara.
El homenaje en la AMIA
En primera fila estuvo la madre de Alberto Nisman, Sandra Garfunkel
El acto principal se desarrolló en la plaza seca de la AMIA y estuvo encabezado por el presidente de la institución, Osvaldo Armoza. Entre los presentes en primera fila estuvieron la madre de Alberto Nisman, Sandra Garfunkel; su ex esposa Sandra Arroyo Salgado; el presidente de la DAIA, Mauro Berenstein; el embajador del Estado de Israel en la Argentina, Eyal Sela; el presidente de la Asociación de Fiscales de la Argentina, el fiscal Carlos Rívolo; además de dirigentes comunitarios, invitados especiales y representantes del ámbito judicial y diplomático.
Los fiscales Kleiman y Rívolo, el ex Presidente de la DAIA y actual Secretario General del Congreso Judío Latinoamericano Jorge Knoblovits, y el camarista Gustavo Hornos
El acto contó con dos oradores: la propia Arroyo Salgado y Osvaldo Armoza. Ambos discursos se desarrollaron en un clima de solemnidad y se centraron en el legado institucional de Nisman, en los avances judiciales de los últimos años y en las tareas pendientes para el esclarecimiento del caso.
El discurso de Sandra Arroyo Salgado
La jueza Arroyo Salgado fue una de las oradoras del acto en homanaje a Nisman
La jueza federal de San Isidro habló como ex esposa de Alberto Nisman y como magistrada. Su exposición abordó el contexto internacional y la situación política y judicial de la Argentina respecto a las causas vinculadas al terrorismo y al asesinato del fiscal.
Arroyo Salgado mencionó que la “realidad mundial actual”, especialmente el accionar de regímenes como el chavismo y el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, junto al régimen teocrático de los ayatolás en Irán, confirmaron el trabajo realizado por Alberto Nisman. Según afirmó, estos procesos internacionales reubicaron su legado y ratificaron que la sociedad argentina supo expresarse frente a los intentos de silenciamiento.
La jueza sostuvo que el asesinato del fiscal buscó infundir temor y callar una investigación molesta, pero ese objetivo no se concretó. “Ese temor que, con el asesinato de Nisman, quisieron infundirnos, ese silenciamiento, no prosperó”, afirmó Arroyo Salgado. Destacó que la respuesta social se manifestó en forma democrática, a través de las urnas, apoyando proyectos de gobierno que, según indicó, reflejan la posición elegida por los argentinos frente al terrorismo.
Arroyo Salgado subrayó que la Argentina optó por alinearse con los países que luchan contra el terrorismo y defienden los valores de la vida, la libertad y la democracia, en contraposición a quienes buscan imponer regímenes totalitarios y discursos de odio. Relacionó esa definición con el legado de Nisman, a quien describió como un funcionario que arriesgó su vida por su trabajo.
Uno de los mensajes centrales de Nisman, resaltó la jueza, es la necesidad de mantener la voz activa: “La verdad y la justicia siempre llegan. Aunque tarde, llegan”, expresó Arroyo Salgado. Aseguró que el intento de acallar la voz y el trabajo de Nisman no logró su cometido; por el contrario, su tarea sigue vigente y obtiene nuevos reconocimientos.
En otro tramo de su discurso, Arroyo Salgado se refirió a una “trilogía” de hechos vinculados al terrorismo en la Argentina: el atentado contra la AMIA en 1994, la denuncia por encubrimiento y traición a la patria presentada por Nisman por la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán, y el asesinato del propio fiscal. Según afirmó, los tres episodios registraron avances en los últimos años.
La jueza destacó que la lucha contra el terrorismo se transformó en una política de Estado. Sobre el atentado a la AMIA, explicó que el proceso judicial cuenta actualmente con una herramienta legal que permitirá someter a juicio oral y público, al menos de manera testimonial, a los ciudadanos iraníes acusados por Nisman desde el año 2006.
Respecto de la denuncia por encubrimiento vinculada al Memorándum con Irán, recordó que se espera la fijación de la fecha de juicio oral, decisión tomada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación el cinco de diciembre de 2024. En cuanto al asesinato de Nisman, sostuvo que la Justicia se pronunció en base a las pruebas y concluyó que la muerte fue un asesinato íntimamente vinculado con su labor, especialmente por la postura que adoptó respecto a ese pacto de impunidad.
Arroyo Salgado remarcó que aún falta avanzar en la identificación de los responsables materiales e intelectuales del asesinato, y subrayó que, tras más de una década, el trabajo del fiscal continúa generando efectos concretos en el ámbito judicial e institucional.
El embajador del Estado de Israel en Argentina, Eyal Sela, participó del homenaje al fiscal Nisman
El mensaje del presidente de la AMIA
Luego de la intervención de Arroyo Salgado, el presidente de la AMIA, Osvaldo Armoza, tomó la palabra. Su discurso, de tono institucional, se centró en el significado del homenaje y en las obligaciones del Estado frente a los crímenes que marcaron la historia reciente del país.
Armoza señaló que el acto representaba el compromiso de conmemorar el legado de Alberto Nisman y de recordar los valores con los que llevó adelante la investigación del atentado contra la AMIA. Destacó que Nisman desarrolló su labor con dedicación y valentía, cualidades que definieron su vida profesional y lo llevaron a sostener una lucha firme contra el terrorismo fundamentalista y la impunidad.
El presidente de la AMIA subrayó que, para la Justicia argentina, la muerte de Nisman constituyó un homicidio vinculado directamente a la tarea que desempeñó desde la Unidad Fiscal para la Investigación de la Causa AMIA, tal como lo determinó la Corte Suprema de Justicia de la Nación. “Este dato no es menor: habla de la gravedad institucional de este crimen y de la deuda que el Estado aún mantiene con la verdad y con la justicia”, afirmó Armoza.
La tumba de Alberto Nisman
A once años de la muerte del fiscal, Armoza afirmó que no hay paz posible sin justicia ni democracia sólida sin verdad, y que no existe futuro sostenible si el Estado no responde ante los hechos más graves que marcaron la historia reciente. Sostuvo que no se puede naturalizar el paso del tiempo sin obtener respuestas.
Esa premisa, explicó, es válida tanto para la causa que investiga el crimen de Nisman como para el atentado contra la AMIA, perpetrado el 18 de julio de 1994, y el ataque a la Embajada de Israel, ocurrido el 17 de marzo de 1992. Aceptar la impunidad, agregó, agrava el daño y condena a las familias de las víctimas a convivir con un dolor multiplicado por la ausencia de justicia.
Armoza sostuvo que el reclamo de justicia trasciende a las instituciones comunitarias y representa una exigencia de toda la sociedad argentina. “Reclamar justicia es un ejercicio de ciudadanía y de compromiso democrático”, afirmó. Agregó que implica exigir que el Estado cumpla su obligación indelegable de investigar, juzgar y sancionar a los responsables de los crímenes más graves. En la Argentina, concluyó, el terrorismo, la violencia y el asesinato no pueden quedar impunes.
El acto organizado por la DAIA
La DAIA organizó una disertación de Sandra Arroyo Salgado, a 11 años del asesinato de su ex esposo y padre de sus hijas, Alberto Nisman
Antes del acto central, la DAIA realizó su propio homenaje a Alberto Nisman en el séptimo piso del edificio de la AMIA. El encuentro, en formato de panel, reunió a dirigentes comunitarios, invitados especiales y referentes del ámbito judicial.
El panel estuvo encabezado por el presidente de la DAIA, Mauro Berenstein, y tuvo como oradora principal a la jueza federal Sandra Arroyo Salgado. Participaron también el fiscal Hernán Kleiman, secretario letrado de la Procuración General de la Nación y auxiliar fiscal en lo Criminal y Correccional Federal; el secretario ejecutivo de la DAIA, Víctor Garelik; y la moderación estuvo a cargo de Leandro Emsani, de la Secretaría Jurídica de la DAIA.
Durante su exposición, Arroyo Salgado se refirió al contexto en que ocurrió el asesinato de Nisman y a las irregularidades que, según señaló, afectaron los comienzos de la investigación. Señaló además el clima político del momento en que el fiscal acusó a la entonces presidenta Cristina Kirchner por la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán.
El fiscal Ricardo Sáenz y Guillermo Yanco, del Museo del Holocausto de Buenos Aires
La jueza reiteró que el asesinato resultó una consecuencia directa de la labor de Nisman y lo calificó como un magnicidio. Destacó que los cambios políticos en la Argentina, tras la llegada de Javier Milei a la Presidencia, permitieron avanzar en el juicio a los ciudadanos iraníes acusados del atentado a la AMIA, en el proceso por encubrimiento que involucra a Cristina Kirchner y ex funcionarios y dirigentes del kirchnerismo, y en la causa sobre la muerte violenta del fiscal.
En ese sentido, sostuvo que la Argentina decidió convertir la lucha contra el terrorismo y el antisemitismo en una verdadera política de Estado. “Está cerca de que se pueda decir, respecto del trabajo del fiscal Nisman: Tarea cumplida”, afirmó Arroyo Salgado.
El camarista Gustavo Hornos estuvo presente en el acto organizado por la DAIA
Durante el encuentro, tanto Mauro Berenstein como el fiscal Hernán Kleiman rindieron homenaje a Nisman, repasaron el avance de las causas judiciales en los últimos dos años y remarcaron la importancia de sostener el reclamo de justicia. Entre los asistentes se destacaron el juez de la Cámara Federal de Casación Penal Gustavo Hornos, el juez de la Cámara Federal Mariano Llorens, el juez en lo penal económico Marcelo Aguinsky, el fiscal general Ricardo Sáenz y Guillermo Yanco, vicepresidente del Museo del Holocausto de Buenos Aires.
La jornada concluyó sin consignas ni movilizaciones, pero con un eje común en ambos actos: a once años del asesinato de Alberto Nisman, el estado de las causas judiciales, la memoria institucional y el reclamo de justicia continúan ocupando un lugar central en la agenda pública sobre el terrorismo y la vigencia del Estado de Derecho en la Argentina.
Fotos: Adrián Escandar
El legado de Alberto Nisman y el desafío
para la democracia argentina
A once años del asesinato del fiscal, la justicia enfrenta sus propias deudas mientras persiste el interrogante sobre la capacidad del
Estado de Derecho para proteger a quienes investigan el terrorismo y la corrupción en Argentina
Es un aniversario en el que la realidad mundial y nacional -me refiero concretamente a lo que se ha puesto al descubierto recientemente respecto del régimen totalitario de Chavez y Maduro en Venezuela y a lo que está pasando con el régimen teocrático de los ayatollah en Irán, con más las diferencias del alineamiento geopolítico de nuestro país al momento del asesinato de Nisman respecto del actual-, decía que esa realidad ha venido a reivindicar el trabajo de Alberto Nisman, han venido a poner en valor y en el lugar en el que debe estar su legado; ha venido a explicar también el propósito de aquello por lo que Alberto Nisman puso todo en riesgo hasta perder su propia vida.
Ese propósito del que hoy la mayoría de los argentinos en alerta somos atentos guardianes y férreos defensores en el escenario local e internacional, no es ni más ni menos que la lucha contra el terrorismo. La lucha contra quienes mediante el uso de la fuerza, el odio, la violencia y el temor pretenden imponer sus ideas, su pensamiento único y totalitario ya sea en materia política, ideológica o religiosa, desestabilizando las estructuras políticas y sociales básicas y fundamentales a través de acciones violentas que atentan directa e indiscriminadamente contra la vida, la libertad, la propiedad y la dignidad de las personas.
Ese propósito se trata entonces y en definitiva de la lucha contra el terrorismo en pos de la preservación de la humanidad.
Por eso, como lo dije en este mismo lugar, el año pasado al conmemorarse los 10 años de su fallecimiento, en mi opinión, el principal legado que el Fiscal Alberto Nisman y su muerte nos dejó es: que el odio ínsito en la matriz terrorista y el miedo que con sus acciones fomenta, no puede ni debe condicionarnos y mucho menos silenciarnos, como pretendieron hacerlo con su labor, su propósito y su razón hoy más presente y vigente que nunca. Aún cuando con su asesinato pensaron que lograrían silenciarlo y erradicar, con ello, para siempre los avances de su trabajo en pos del esclarecimiento del atentado terrorista que estaba investigando.
Todo lo contrario.
Su crimen provocó el inmediato repudio y reclamo de justicia de la comunidad toda, en el plano nacional e internacional. Fueron muchos los que salieron espontáneamente a expresarse en las calles, hasta llegar a aquella marcha de los paraguas bajo la lluvia torrencial en la ciudad, paradójicamente llamada desde la organización “marcha del silencio”. Digo paradójicamente, pues si bien es cierto que marchamos en silencio, por respeto al luto y a la memoria del fiscal fallecido, promoviendo así un espacio de reflexión por la tragedia sucedida, ese mismo silencio -muy distinto al que pretendieron imponernos con su asesinato- produjo un ruido ensordecedor, un ruido atronador.
A tal punto fue que, a los pocos días, la inmensidad del impacto social y político provocado por esa multitudinaria marcha derivó en un espasmódico discurso que muchos recordarán.
Discurso en el que, de un modo cuasi confesional se puso al descubierto el ánimo del gobierno de turno en ese momento de silenciar, por un lado, y condicionar en modo amenazante, por el otro, a todos los que nos animamos a marchar en reclamo por el esclarecimiento de la muerte del Fiscal. Sin acusar a nadie, sólo pedíamos una investigación seria e independiente.
Nisman acusó a Irán y a Hezbollah por la voladura de la AMIA y expuso la presencia de células y redes de espionaje en Sudamérica
No olvidemos las literales palabras pronunciadas en aquel febrero de 2015 en el Patio de Las Palmeras de la Casa de Gobierno con un dejo sentenciante, cuando en referencia a quienes marchamos se dijo: “A ellos les dejamos el silencio. Siempre les gustó el silencio … es o porque no tienen nada que decir, o porque realmente no pueden decir lo que piensan.”
Hoy a 11 años de aquellos hechos podemos afirmar que esa sentencia de pretenso silenciamiento -dada sin juicio previo- gracias a la sabiduría y valentía de la mayoría de los argentinos nunca llegó, nunca se concretó. Nunca nos quedamos con el silencio. Porque nos expresamos sin temor, sin miedos, sin condicionamientos de ninguna naturaleza.
Lo hicimos democráticamente, como corresponde, a través del voto en las urnas, eligiendo primero y reafirmando luego el apoyo, a un proyecto de gobierno que tiene bien en claro los valores que por sobre todas las cosas defendemos los argentinos y que, por ende, tiene bien en claro también de qué lado del mundo queremos estar.
Que indiscutidamente es del lado de los países que luchan por un mundo libre, que luchan por la preservación de la humanidad, reivindicando los valores de la vida y la libertad.
Es, sin duda, del lado de los países que coherentes con ello, no se asocian, no negocian, ni se alían con el terrorismo. Más aún, es del lado de todos aquellos países que accionan contra el terrorismo, contra todos aquellos regímenes de gobierno totalitarios que lo amparan y promueven.
Estado de las causas
Dicho esto y yendo concretamente a los aspectos que puntualmente el Licenciado Berenstein me transmitió que eran de interés abordar en este encuentro, esto es, conocer el estado de situación en el que actualmente se encuentran las investigaciones judiciales en pos del esclarecimiento del atentado terrorista sufrido contra esta sede de la AMIA-DAIA en 1994, de la denuncia de encubrimiento de ese atentado realizada por Nisman a raíz de la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán y del suceso que puso fin a la vida del Fiscal no puedo adentrarme en ello, sin antes señalar que:
En realidad, esos tres sucesos son la trilogía de una misma saga de matriz terrorista en tanto que, tal como lo dijo ya la justicia, el episodio culmine y estelar cuyo homenaje hoy nos ocupa: el asesinato del Fiscal Nisman sólo se explica comprendiendo los dos anteriores capítulos de esa trilogía, que son: 1) Su investigación del atentado terrorista del 18/7/1994; y2) Su denuncia por encubrimiento y traición a la patria a causa de la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán.
“Una comprensión íntegra de los hechos exige su análisis conjunto, y no un examen aislado de los mismos”.
La jueza Sandra Arroyo Salgado destacó que la investigación por el homicidio del fiscal Nisman permanece activa y vinculada al atentado a la AMIA (Fotografía: Adrián Escandar)
Causa AMIA
Sabemos que el 25/10/2006 Alberto Nisman, en cuanto fiscal exclusivamente a cargo de la responsabilidad del esclarecimiento de ese atentado terrorista designado a cargo de lo que se llamó la UFI AMIA en el año 2004, a 10 años de acaecido el atentado, presentó en la causa judicial, su acusación formal al gobierno de la República Islámica de Irán y señaló al grupo terrorista Hezbollah como la organización encargada de la ejecución material del atentado, solicitando así la captura internacional de ocho exfuncionarios iraníes.
Tres años después, estableció la identidad del jefe del grupo operativo que ejecutó el atentado, sobre quien también se dictó captura nacional e internacional y la máxima prioridad de búsqueda de Interpol.
El 29 de mayo de 2013, Nisman presentó otro dictamen en el que detalló la infiltración de células de origen iraní en la región y la instalación de estaciones de inteligencia y bases de espionaje destinada a cometer, propagar y fomentar atentados terroristas.
Podemos que hoy la causa AMIA se encuentra en condiciones de llevar a juicio oral y público de manera testimonial a aquellos acusados y esto es gracias a la flamante sanción y vigencia de la Ley 27.784, Ley de Juicio en Ausencia sancionada por el Congreso de la Nación en el mes de marzo de 2025 al aprobar el proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo Nacional. Proyecto de Ley a cuyo impulso se había comprometido el Poder Ejecutivo en el comunicado emitido el año pasado al cumplirse los 10 años del asesinato del Fiscal Nisman.
Allí expresamente se dijo que “el Presidente Javier Milei reafirmaba su compromiso de procurar que haya justicia para las víctimas del atentado a la AMIA, para lo cual ha presentado ante el Congreso el proyecto de Ley de Juicio en Ausencia, que asegura que los responsables del peor atentado de la historia en suelo argentino no queden impunes”.
Consecuente con ese compromiso asumido y demostrando que el esclarecimiento y condena a los responsables de aquel atentado es una verdadera política de Estado para este gobierno, se obtuvo en el mes de marzo del año pasado su aprobación en el ámbito legislativo.
Esta herramienta que era una deuda pendiente de la democracia con las víctimas y la sociedad, se trata de un instrumento, una herramienta procesal que permitirá juzgar a los iraníes y libaneses acusados por el Fiscal Alberto Nisman -allá por el año 2006-, sin que la reticencia de dichos acusados de presentarse ante la justicia de nuestros Tribunales pueda obstruir el pronunciamiento judicial al que tienen derecho las víctimas de conocer la verdad de lo sucedido y a sus responsables, ni garantizar su impunidad sine die, como así tampoco, frenar el avance de la investigación hacia el esclarecimiento de otros tramos de la organización, planificación y ejecución del hecho respecto de lo que fue la conexión local.
Efectivamente, el 26/6/2025, el juez federal, Daniel Rafecas declaró que el proceso judicial instruido por el ataque terrorista a la AMIA habrá de proseguir en ausencia de los acusados, con lo cual confirmó judicialmente la aplicación de la nueva legislación procesal que permite juzgar a personas rebeldes en causas de terrorismo o crímenes de lesa humanidad. En tal virtud, los imputados acusados por Nisman declarados rebeldes hace años, que se encuentran prófugos y que no han respondido a los pedidos judiciales ni a las órdenes de captura deberían ser prontamente llevados en forma testimonial a juicio oral y público por el Fiscal actualmente a cargo de la UFI AMIA, Sebastián Basso.
Denuncia de encubrimiento Memorandum
Con respecto a la causa judicial iniciada con motivo de la denuncia efectuada por el Fiscal Alberto Nisman por los delitos de encubrimiento y traición a la patria con motivo de la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán podemos decir que se encuentra también en la antesala del juicio oral y público con motivo de la decisión adoptada por la CSJN el 5/12/2024.
Luego de muchas idas y venidas, de más de 10 años de trámite en el que hubo todo tipo de pronunciamientos y posturas en las distintas instancias de la justicia, no olvidemos los primeros conflictos en los que se disputaban qué juez debía intervenir, luego la desestimación por inexistencia de delito inicialmente resuelta por el antes nombrado juez federal Daniel Rafecas, confirmada por la Cámara Federal, y que llevada a la instancia de Casación no pudo ser revisada dado que el fiscal de esa instancia, el Dr. Javier De Luca no mantuvo el recurso, no mantuvo la casación, intentando sellar con ello el archivo ese expediente. Luego el sobreseimiento dictado por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N.º 8 de CABA. La intervención de las Salas I y IV de la Cámara Federal de Casación Penal revirtió la situación.
Lo cierto y concreto es que de no haber sido por la acción e impulso de las querellas de la DAIA y de parte de los familiares de las víctimas del atentado Luis Cycewsky y Mario Averbuch esa denuncia no hubiera visto la luz y no hubiéramos llegado a esta instancia en la que desde el pasado 5/12/2024 en que la CSJN se pronunció –día del cumpleaños N.º 61 de AN– se encuentra esperando que se concrete el juicio oral y público capaz de definir la suerte de quienes orquestaron ese Pacto de Impunidad. Y del trabajo que, como dijo la justicia, le costó la vida al Fiscal.
Pacto de Impunidad con el que el gobierno de la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner intentó sustraer a los acusados del atentado terrorista más grave sufrido en Argentina de la soberanía de nuestros Tribunales de Justicia. Como se sostuvo en el comunicado de la oficina presidencial el año pasado “un verdadero ejemplo de entrega de soberanía y traición a la patria”.
Recordemos que el art. 109 de la Constitución Nacional claramente establece que el Poder Ejecutivo no puede ejercer funciones judiciales, ni arrogarse el conocimiento de causas pendientes: la causa AMIA era una causa pendiente.
Así tenemos que hoy día la denuncia del Fiscal Nisman se encuentra esperando que en las áreas administrativas correspondientes del Poder Judicial se concrete la dotación de personal que los tres jueces de Tribunal Oral designados, Basso, Giménez Uriburu y Ríos han planteado que necesitan para poder llevar adelante el juicio.
Homicidio
Respecto de la muerte del Fiscal -como sabemos- la justicia argentina se pronunció hace ya algunos años afirmando lo que fue probado en el expediente judicial: y es que Alberto Nisman fue víctima de un homicidio que estuvo íntimamente vinculado a su trabajo como fiscal a cargo de la UFI AMIA.
“Alberto Nisman fue víctima de un homicidio y su muerte estuvo motivada en su labor en la UFI–AMIA y, concretamente, con su accionar vinculado al Memorándum de Entendimiento con la República de Irán.” Sosteniendo a renglón seguido que se encuentran en curso la producción de medidas tendientes a determinar la identidad de aquellos que ejecutaron el hecho y de quiénes lo ordenaron.
Su asesinato fue el final del silenciamiento que se intentó imponer a Nisman, ahora visto para atrás podríamos decir que fue la crónica de una muerte anunciada:En agosto y noviembre de 2012, recibió amenazas muy graves. En febrero de 2013, siguieron las amenazas.En julio de 2013. La entonces procuradora Alejandra Gils Carbó le negó a Nisman concurrir a la Subcomisión de Seguridad del Congreso de los EEUU a exponer sobre su investigación.
Buscaron silenciarlo de todas las formas posibles.
Hoy están imputados los responsables del encubrimiento de su asesinato la entonces fiscal Viviana Fein, el exministro de Seguridad Sergio Berni y su ex segundo Darío Ruiz, los entonces jefes de la Policía Federal, Román Di Santo, y de la Prefectura, Luis Heiler.
El fiscal Taiano a finales del año pasado pidió la indagatoria de Fein, nosotros la querella de la familia la habíamos recusado a los pocos meses del hecho sin éxito ante la Justicia.
Hoy día la investigación se centra fundamentalmente en determinar: los autores materiales e intelectuales de ese asesinato tomando como punto de partida la evidencia reconstruida a partir del tráfico de llamadas inexplicable durante todo ese fin de semana entre agentes de inteligencia, funcionarios del Poder Ejecutivo en particular del Ministerio de Justicia y de Seguridad y de altos funcionarios de la Procuración General de quien dependía funcionalmente Nisman y la Fiscal Viviana Fein quien tenía el deber de investigar aquella muerte de manera independiente, objetiva e imparcial.
Por todo lo hasta aquí dicho, podemos decir que hoy a 11 años del asesinato que conmovió al país y a la comunidad internacional podemos afirmar que estamos bastante más cerca de decir misión cumplida en el esclarecimiento de los tres sucesos y esto es muy importante.
Porque cuando un fiscal que investiga el terrorismo internacional y los entramados de corrupción estructural del poder político de turno que pretende encubrirlo, aparece muerto y 11 años después el Estado no ha dado aún respuestas definitivas, lo que está en crisis no es sólo una causa judicial: lo que queda bajo sospecha es la capacidad misma de la democracia para proteger a quienes cumplen con su deber funcional de investigar y llevar verdad y justicia a las víctimas de atroces atentados terroristas.
Por ello y con ello lo que está en juego, no es una historia personal, no es un tema individual de la familia de Alberto Nisman, ni de cada una de las familias de las víctimas de los atentados terroristas sufridos en nuestro país en los años ‘92 y ’94, sino que lo que está en juego es la fortaleza misma del Estado de Derecho.
Por ello debemos estar atentos y activos con nuestra participación para que ese historial de pretenso silenciamiento que caracterizó aquellos años de la historia reciente de nuestro país con esa tendencia a propagar mediante discursos de odio un pensamiento único y totalitario no vuelva. Sigamos alzando la voz en el reclamo de verdad y justicia en pos del esclarecimiento de estos tres hechos terroristas. Ellos definirán el futuro de nuestro país y su posicionamiento geopolítico a nivel mundial en materia de lucha contra el terrorismo.