Hola, soy Leonardo Liberman.
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Foto de portada: Magdalena Viggiani.
El Mirador Nocturno – Radio / Compositores Rusos 2 – Alexander
Scriabin.
Hoy les presento el 3º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Compositores Rusos, con la Fantasía para Piano en Si Menor
Op. 28, el Poema del éxtasis Op. 54, la Sinfonía Nº 1 en Mi Mayor Op. 26, y el
Concierto para Piano Fa Sostenido Menor, Op. 20.
Hacé click en el reproductor para escuchar el programa.
El Mirador Nocturno – Radio / Música Programática – Ludwig
van Beethoven, Vítězslav Novák, Francisco Escudero, Modest Músorgski.
Hoy les presento el 4º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a la Música Programática, de Ludwig van Beethoven, la Sonata
para Piano Nº 26 en Mi Bemol Mayor Op. 81ª, Los Adioses; de Vítězslav Novák, el
Poema Sinfónico En las Montañas Tatra Op. 26; de Francisco Escudero, el Poema
Sinfónico Aránzazu; y de Modest Músorgski, Cuadros de una exposición,
orquestación de Maurice Ravel.
Hacé click en el reproductor para escuchar el programa.
No es lo mismo iniciarse en la carrera de dirección
orquestal en un país de gran tradición musical, como Alemania o Austria, que
hacerlo en otro que carezca incluso de formación específica en dicha materia.
En este último caso el mérito es mucho mayor para el futuro artista, si cabe.
En España, la moderna dirección orquestal se inició con la primera figura de
cierto nivel internacional, Enrique Fernández Arbós, famoso violinista que
llegó a dirigir en Londres, Moscú y Nueva York y cuyo nombre aparece ligado a
la Orquesta Sinfónica de Madrid. Otro gran director de aquella primera época
fue el lorquino Bartolomé Pérez Casas, director de la Orquesta Filarmónica de
Madrid y más tarde primer titular de la Orquesta Nacional de España. En
Barcelona surgieron maestros de la talla de Juan Lamote de Grignon, Pau Casals
— refiriéndonos a su labor de director — y Eduard Toldrá. Pero sin duda alguna,
el director español que alcanzó mayor dimensión internacional no fue otro que
Ataúlfo Argenta. Tras su prematura muerte en 1958, el único director español
que mantuvo una considerable relevancia internacional en los años
inmediatamente posteriores fue Enrique Jordá, un maestro que decidió buscar
nuevos horizontes artísticos fuera de España y que acabó por adquirir la
ciudadanía norteamericana. Su figura, pese a estar un tanto olvidada
actualmente en España, merece una necesaria y justa reconsideración.
Enrique Jordá nació el 24 de marzo de 1911 en San Sebastián
e inició sus estudios musicales en su ciudad natal para más tarde trasladarse
hasta Madrid, ciudad en donde amplió su formación tanto humanística como
musical en el Conservatorio y en la entonces Universidad Central de la capital
española. De aquí partió hasta la Universidad de la Sorbona y el Conservatorio
de París, en donde estudió bajo la tutela de los profesores Dupré y Ruhlmann.
Sus inicios como director se iniciaron en 1938 al debutar con la Orquesta
Sinfónica de París y posteriormente en Bruselas. En los primeros años de la
posguerra española, un ambiente musical tendente al triunfalismo y ávido de encontrar
figuras benefició sin duda a Jordá, un músico de excelente formación para los
tiempos que entonces corrían por España. Cuando Jordá sólo contaba con 28 años
de edad fue contratado como director ocasional por la Orquesta Sinfónica de
Madrid, obteniendo unos clamorosos éxitos en el Teatro Monumental que le
sirvieron para ser nombrado director titular en 1940. Con todo, la difícil
situación de la formación tras la Guerra Civil unida al hecho de la creación de
la Orquesta Nacional de España provocaron que Jordá no acabara de integrarse
del todo en el ambiente musical español, con lo que en 1945 abandonó la
formación pese a la incontestable realidad de sus éxitos. Desde entonces, Jordá
decidió continuar su trayectoria artística lejos de España y así, en 1948, fue
nombrado director titular de la Orquesta Sinfónica de Ciudad del Cabo, en
Suráfrica. En este exótico destino Jordá logró casi triplicar los abonos para
sus conciertos y se tuvieron que abrir listas de espera ante la enorme demanda.
Jordá además amplió la formación con nuevos efectivos y, según la opinión
unánime de la crítica, la orquesta nunca había sonado tan bien hasta la llegada
del maestro español.
Pero el gran salto de calidad en la trayectoria de Enrique
Jordá sobrevino en 1954, año en que abandonó Suráfrica para asumir la
titularidad de la Orquesta Sinfónica de San Francisco sustituyendo al
legendario Pierre Monteux. Durante la temporada anterior ya había dirigido a la
formación californiana como invitado y su nombramiento como titular fue toda
una sorpresa. Si bien Jordá comenzó de una forma estupenda en su andadura
norteamericana, no es menos cierto que también tuvo a una serie de detractores,
encabezados por el columnista Herb Caen, que no pararon en su empeño de
menospreciar la labor del maestro español. De esta forma, a Jordá se le acusó
de hablar más en los ensayos que de dirigir propiamente. Se dijo también que
era muy desorganizado y que todo lo dejaba a la inspiración momentánea del
concierto. Sin embargo, lo realmente cierto es que Jordá renovó su contrato en
1958 y los profesores de la orquesta llegaron a firmar un manifiesto de apoyo
al maestro ante las crecientes críticas recibidas. En 1963, Jordá renunció a
los dos años que le quedaban de contrato alegando que una pequeña oposición a
su labor en la orquesta había acabado por perjudicar la estabilidad de la
misma. Tras su dimisión, los columnistas Alfred Frankenstein y el ya citado
Herb Caen sostuvieron una fortísima disputa en sus respectivos medios que puso
de manifiesto la campaña de desprestigio que Caen había desarrollado en su
columna de The Chronicle. Un mes después de dirigir su último concierto con la
Sinfónica de San Francisco, habiendo sido sucedido por Josef Krips, Jordá
adquirió la nacionalidad estadounidense.
Tras su renuncia a seguir dirigiendo como titular en San
Francisco, Jordá inició una exitosa carrera como director invitado que le llevó
a dirigir las principales orquestas de Europa hasta que en 1970 asumió la
dirección de la Orquesta Filarmónica de Amberes (actualmente conocida como de Filharmonie
o Royal Flemish Philharmonic) hasta 1975. En 1973, Jordá realizó una exitosa
gira europea con la Orquesta Sinfónica de San Francisco que prácticamente
supuso su despedida como director. No obstante, en 1982, al crearse la Orquesta
Sinfónica de Euskadi, el maestro Jordá fue requerido por sus paisanos para
acceder al podio como primer director del conjunto vasco, aunque su labor fue
más de asesoramiento. Tras una transfusión de sangre que se complicó hasta
extremos fatales, Enrique Jordá falleció en su residencia de Bruselas el 18 de
marzo de 1996.
Enrique Jordá fue uno de los más grandes directores de
orquesta surgidos en España y su labor fue reconocida internacionalmente en los
distintos círculos musicales. Hombre de una extraordinaria cultura, Jordá unió
a una seria preparación técnica un temperamento especialmente sensible en su
modo de entender la música. Con especial brillo y energía, Jordá cultivó un
repertorio basado en los clásicos de mayor peso específico y llevó a cabo una
moderada incursión en la música contemporánea, con estrenos de obras de
Milhaud, Harris y Rodrigo. En 1969 sacó a la luz un interesantísimo libro, El
director de orquesta frente a la partitura, en donde realiza un ameno bosquejo
de la interpretación orquestal en base a una muy documentada historia de la
dirección orquestal y de la evolución de la anotación musical. Según sus
propias reflexiones en dicho libro, «para cumplir con su cometido, el director
debe estudiar la partitura y posteriormente comunicar a los ejecutantes su
concepto de la obra, transmitiendo durante el concierto el mensaje de la misma.
La realización de estas tres fases requiere conocimientos que van desde la
composición musical hasta la psicología; desde el dominio de un instrumento
hasta la metafísica; del conocimiento de ciertos fenómenos físicos hasta las
ciencias históricas y las disciplinas estéticas. A diferencia de con las artes
plásticas, la música requiere de un intérprete entre la creación de la obra y
su exposición hacia el público. Para que una obra musical posea vida real es
necesaria una ejecución de la misma. Sin este movimiento, la obra no existe más
que en estado latente e ideal».
De entre la producción discográfica debida a Enrique Jordá
podemos mencionar las siguientes grabaciones. (Advertimos que los distintos
enlaces que vienen a continuación no tienen porqué corresponderse
necesariamente con la versión citada pero sí con la obra mencionada): Preludio
de La damoiselle de Debussy dirigiendo la Orquesta Sinfónica Nacional (DUTTON
B5CZ8); El aprendiz de Brujo de Dukas dirigiendo la Orquesta Sinfónica Nacional
(DUTTON B5CZ8); Danza Andaluza de Granados (versión orquestada) dirigiendo la
Orquesta del Conservatorio de París (DECCA 7755); Sinfonía nº36 de Mozart
dirigiendo la Sinfónica de Londres (BEULAH referencia desconocida); Preludio de
Khovantchina de Mussorgski dirigiendo la Sinfónica de Londres (BEULAH
referencia desconocida); y, finalmente, Concierto del Sur de Ponce, junto a
Andrés Segovia y dirigiendo la Orquesta Sinfónica del Aire (DG 471430). Nuestro
humilde homenaje a este excepcional director español.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con su interpretación de El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, al frente de la
Orquesta del Conservatorio de París.
El Mirador Nocturno – Radio / Música Programática – Felipe
Pedrell, Modest Músorgski, Camille Saint-Saëns, Richard Strauss.
Hoy les presento el 3º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a la Música Programática, de Felipe Pedrell, el Poema
Sinfónico Excelsior; de Modest Músorgski, Cuadros de una exposición, versión
original para piano; de Camille Saint-Saëns, La Danza Macabra en Sol Menor Op.
40, en la versión cantada, y la orquestal; y de Richard Strauss, el Poema
Sinfónico Muerte y Transfiguración Op. 24.
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El Mirador Nocturno – Radio / Música Programática – Franz
Liszt, Piotr Ilich Tchaikovsky, José Pablo Moncayo.
Hoy les presento el 1º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a la Música Programática, de Franz Liszt, el Poema Sinfónico
Tasso – Lamento y triunfo S 96, y el Poema Sinfónico Los preludios S 97; de Piotr
Ilich Tchaikovsky, la Obertura Fantasía Hamlet Op. 67; y de José Pablo Moncayo,
el Poema Sinfónico Hueyapan.
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El Mirador Nocturno – Radio / Compositores Bohemios – Zdeněk
Fibich
Hoy les presento el 4º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Zdeněk Fibich, con la Sonatina en Re Menor para Violín y
Piano Op. 27, el Cuarteto para Piano en Mi Menor Op. 11, la Suite para Orquesta
Impresiones del campo Op. 54, el Poema
Sinfónico Záboj, Slavoj a Luděk Op. 37, Poema, en dos versiones: la original para piano,
y la orquestal, y la Sinfonía Nº 1 en Fa Mayor Op. 17.
Hacé click en el reproductor para escuchar el programa.
En 1874 Camille Saint-Saëns, compuso el poema sinfónico La Danza Macabra Op. 40, inspirándose en un poema del médico y poeta del simbolismo
francés Henri Cazalis, en el que recrea la antigua superstición de la Danza de
la Muerte.
El estreno se realizó el 24 de enero de 1875, en París, y la
obra describe a la Muerte tocando el violín a medianoche. A su ritmo, los
esqueletos bailan alrededor de una tumba. Al amanecer, con el canto del gallo,
los muertos vuelven a sus tumbas.
El poema original de Henri Cazalis es el siguiente:
Zig y zig y zag, muerte en ritmo
Golpeando una tumba con su talón,
La muerte a la medianoche juega una canción de baile,
Zig y zig y zag, en su violín.
El viento invernal sopla y la noche es oscura
Los gemidos salen de los tilos;
Los blancos esqueletos pasan por las sombras
Corriendo y saltando bajo sus grandes mortajas,
Zig y zig y zag, todo el mundo se menea,
Escuchamos los huesos de los bailarines,
Una pareja lujuriosa se sienta en el musgo
como para saborear viejos dulces.
Zig y zig y zag, la muerte continúa
rasgando incansable su agrio instrumento.
¡Un velo cayó! ¡La bailarina está desnuda!
Su bailarín la abraza con amor.
La dama es, se dice, marquesa o baronesa.
Y el lozano pretendiente, un pobre carretero, ¡horror!
Y ahora ella se abandona a sí misma
¡Como si el patán fuera un barón!
Zig y zig y zig, ¡qué zarabanda!
¡Qué círculos de muertos cogidos de la mano!
Zig y zig y zag, vemos en la banda
¡El rey brincar con el villano!
Pero ¡chis! de repente dejamos el corro,
Nos alejamos a empujones, huimos, el gallo ha cantado.
¡Oh! ¡Qué noche hermosa para el pobre mundo!
Y viva la muerte y la igualdad.
A continuación, el Poema Sinfónico La Danza Macabra, de
Camille Saint-Saëns, en la versión de Alice Combernoux en violín, Jean-Philippe
Biojout, bajo barítono, y la Orquesta Sinfónica del Campus de Orsay, dirigida
por Martín Barral.
El Mirador Nocturno – Radio / Compositores del Reino Unido –
Charles Hubert Parry.
Hoy les presento el 1º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Charles Hubert Parry, con la
Sonata para Violonchelo y Piano en La Mayor, la Fantasía y Fuga en Sol Mayor
para Órgano, el Poema Sinfónico De la muerte a la vida, la Sinfonía Nº 1 en Sol
Mayor, y el Himno Jerusalén, sobre un poema de William Blake.
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A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con el Poema Sinfónico Andrea del Sarto,
en la versión de la Orquesta de la Radio de Luxemburgo, dirigida por Louis De
Froment.
Hoy les presento el 4º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a la Música Programática, de Richard Strauss, el Poema
sinfónico Una Vida de Héroe Op. 40; de Paul Dukas, el Poema sinfónico El
aprendiz de hechicero en Fa Menor; y de Ludwig van Beethoven, la Sinfonía Nº 6
en Fa Mayor Op. 68, Pastoral.
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Hoy les presento el 3º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a la Música Programática, de Ottorino Respighi, el Poema
sinfónico Los Pinos de Roma; de Serguéi Rachmáninov, el Poema sinfónico La Isla
de los Muertos en La Menor Op. 29; y de Felix Mendelssohn, Fragmentos de la
música incidental de El Sueño de una noche de verano en Mi Mayor Op. 61.
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Hoy les presento el 2º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a la Música Programática, de César Franck, el Poema sinfónico
El cazador maldito; de Ernest Chausson, el Poema sinfónico Vivianne Op. 5; y de
Nikolái Rimsky-Korsakov, la Suite sinfónica Scheherezade Op. 35.
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Hoy les presento el 1º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a la Música Programática, de Franz Liszt, el Poema sinfónico
Mazeppa; de Piotr Ilich Tchaikovski, la Obertura fantasía Romeo y Julieta; y de
Hector Berlioz, la Sinfonía fantástica: Episodio de la vida de un artista, en
cinco partes Op. 14.
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(París, 1865 - 1935) Compositor y crítico francés. Aun
cuando no ocupe una posición de primer plano en el ámbito de la música francesa
de su tiempo, este compositor ofrece una fisonomía propia como autor de obras
musicales sinfónicas, de cámara y de teatro. Ingresó en el Conservatorio en
1882 y estudió con Georges Mathias, Théodore Dubois y Ernest Guiraud. En 1888
obtuvo un segundo "Prix de Rome" con la cantata Velleda.
Paul Dukas
El año siguiente, al no lograr alcanzar el primer premio, se
retiró a estudiar en la soledad y profundizó en el conocimiento de la obra de
César Franck, de quien puede ser considerado discípulo espiritual; el estilo
que fue adquiriendo está, en efecto, integrado por influencias de Franck y de
Richard Wagner de un lado, y, de otro, por elementos del impresionismo
sinfónico de Claude Debussy.
Se presentó por primera vez ante el público con la obertura
Polyeucte (1892), y luego se dedicó preferentemente a componer, aun cuando
enseñara orquestación en el Conservatorio en 1909 y composición en la École
Normale de Musique a partir de 1926. Singular éxito conocieron su
"divertimento" sinfónico El aprendiz de brujo, divulgado mundialmente
por la película Fantasía de Walt Disney, su ópera Ariadna y Barba Azul y el
poema musical con danzas La peri.
Paul Dukas escribió otras muchas obras musicales, algunas de
las cuales, que no juzgaba meritorias, no quiso publicar; en efecto, poseía un
elevado y noble temperamento de artista y huía de las intrigas y de la
publicidad. También hizo transcripciones y revisiones, además de una excelente
labor como crítico musical.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con el Poema Sinfónico El aprendiz de brujo, en la versión de la Orquesta
Nacional de Francia, dirigida por Dalia Stasevska.
Hoy les presento el 3º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Alphons Diepenbrock, con Die Nacht, o La Noche, Elegía de
Friedrich Hölderlin, para Contralto y Orquesta, el Himno para Violín y
Orquesta, Im Grossen Schweigen, o En Gran Silencio, el Poema Sinfónico para
Barítono y Orquesta, y la Suite Sinfónica Elektra.
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Hoy les presento el 3º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Jean Sibelius con las 5 Piezas para Violín y Piano Op. 81,
el Poema Sinfónico En Saga Op. 9, el Poema Sinfónico Finlandia Op. 26, y la Suite
de la Música Incidental Rey Cristián II Op. 27.
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Hoy les presento el 1º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Jean Sibelius con el Poema Sinfónico Las Oceánides Op. 73,
y la Suite Lemminkäinen Op. 22.
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Hoy les presento el 2º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Bedřich Smetana, con la Sinfonía Festiva en Mi Mayor Op. 6,
y El Moldava, segundo Poema Sinfónico del Ciclo Mi Patria.
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Hoy les presento el 2º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a César Franck, con el Poema Sinfónico Psyche, y las
Variaciones Sinfónicas para Piano y Orquesta.
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Hoy les presento el 1º programa de La Música de Todos Los Tiempos,
dedicado a César Franck, con el Preludio, aria y final, el Poema Sinfónico El
cazador maldito, y el Concierto para Piano y Orquesta Nº 2 en Si Menor Op. 11.
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