martes, 28 de enero de 2014

Arthur Rubinstein

 

Arthur Rubinstein, nació en Łódź, Polonia, el 28 de enero de 1887 y murió en Ginebra, Suiza, el 20 de diciembre de 1982. Pianista.


Empezó a estudiar piano a los tres años y poco después pasó a la tutela del músico Alexander Rozincki, que rápidamente se desesperó ante la pereza del pupilo para realizar los ejercicios que se le exigían. 


Su enorme talento musical lo llevó a dar su primer concierto en público a los 6 años. 


Las posteriores experiencias con profesores polacos siguieron un curso desafortunado, y en 1897 se fue a Berlín para conocer a Joseph Joachim, afamado violinista y amigo de Johannes Brahms. 


El músico alemán quedó maravillado y se ocupó inmediatamente de su educación musical, en la cual también participaron Max Bruch, Heinrich Barth y R. Hahn. 


En 1900 se presentó ante el público berlinés bajo la dirección de Joseph Joachim y acompañado por la Orquesta Filarmónica de la ciudad interpretando el Concierto para piano Nº 23 de Mozart, el Concierto para piano Nº 2 de Camille Saint-Saëns, obras de Schumann y de Chopin. 


En 1904 debutó en París, donde poco más tarde fijó su residencia y dos años después dio su primer concierto en los Estados Unidos, en el Carnegie Hall, con la Orquesta de Filadelfia. El recibimiento fue frío, y la gira posterior tampoco estuvo marcada por el éxito. 

Siguieron conciertos en Austria, Italia y Rusia. En 1912 debutó en Londres, donde se presentó con el violonchelista Pau Casals. 



Al estallar la primera guerra mundial, no volvió a actuar en Alemania y vivió principalmente en la capital británica, ejerció de traductor, pues dominaba ocho idiomas, y tocó junto al violinista Eugène Ysaÿe.


En 1916 y 1917 dio conciertos en Sudamérica y en España y se interesó por Isaac Albéniz, Manuel de Falla, Enrique Granados y Villa-Lobos, cuyas obras pasaron a formar parte de su repertorio.


Le agradaba tocar en los países del sur, especialmente en España. Allí gustaba su temperamento desenfrenado, su ligereza, su ímpetu. 

Los cuatro conciertos planeados para 1916, pronto totalizaron más de cien. Estableció una relación con la Casa Real, y el rey Alfonso le otorgó un pasaporte español para que pudiera viajar libremente en sus recitales en plena Primera Guerra Mundial. 


Gracias al reconocimiento que obtuvo en muchos países de habla hispana, lo declararon hijo adoptivo y se convirtió en uno de los más significantes intérpretes de su música. 


En los años veinte, después de una segunda gira por los Estados Unidos, tocó principalmente en Europa.


En la década de 1930 Rubinstein encausó con renovadas fuerzas su dedicación a la música, se impuso autodisciplina y llegó a practicar hasta dieciséis horas al día. 


El esfuerzo tuvo su recompensa. En su reaparición en el Carnegie Hall en 1937, fue aclamado como un genio y toda la gira por los Estados Unidos fue triunfal. 


Tras la invasión alemana de París en la Segunda Guerra Mundial, se trasladó con su familia a los Estados Unidos, país cuya nacionalidad obtuvo en 1946.


En las décadas siguientes dio conciertos por todo el mundo, realizó multitud de grabaciones y trabajó con músicos de renombre como Jascha Heifetz, Emanuel Feuermann, Henryk Szeryng y Gregor Piatigorsky. 


Después de más de veinte años de ausencia, en 1958, volvió a tocar  en Polonia, donde el público lo honró con lágrimas y una ovación de pie, la segunda en la historia de este país, después de la que recibió Paderewski. 


Siguió tocando hasta una edad muy avanzada, y debido a una ceguera progresiva se retiró en 1976. Su última actuación tuvo lugar en el Wigmore Hall de Londres.



Seguidamente, Arthur Rubinstein a los 90 años, en una entrevista realizada por Robert MacNeil, en 1975.





Para completar este homenaje, de Camille Saint-Saëns, el Concierto para Piano y Orquesta Nº 2 en Sol Menor Op. 22, en la interpretación de Arthur Rubinstein, junto a la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por André Previn, en 1975.