Rainer Maria Rilke nació en Praga, Bohemia, entonces Imperio Austrohúngaro, el 4 de diciembre de 1875, y murió en Raroña, Valais, Suiza, el 29 de diciembre de 1926. Poeta y novelista.
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publicó este recordatorio.
Rainer Maria Rilke
(Praga, 1875 - Valmont, 1926) Escritor checo en lengua
alemana. Fue el poeta en lengua alemana más relevante e influyente de la
primera mitad del siglo XX; amplió los límites de expresión de la lírica y
extendió su influencia a toda la poesía europea.
Después de abandonar la Academia Militar de
Mährisch-Weiskirchen, ingresó en la Escuela de Comercio de Linz y
posteriormente estudió historia del arte e historia de la literatura en Praga.
Residió en Múnich, donde en 1897 conoció a Lou Andreas-Salomé, quince años
mayor que él, y que tuvo una influencia decisiva en su pasaje a la madurez.
Decidido a no ejercer ningún oficio y a dedicarse plenamente a la literatura,
emprendió numerosos viajes. Visitó Italia y Rusia (en compañía de Lou
Andreas-Salomé), conoció a León Tolstói y entró en contacto con la mística
ortodoxa.
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Rilke |
En 1900 se instaló en Worpswede, y un año después contrajo matrimonio con la escultora Clara Westhoff, con la que tuvo a su única hija, Ruth, y a cuyo lado escribió las tres partes del Libro de horas. Tras su separación se instaló en París, donde durante ocho meses trabajó como secretario privado de Auguste Rodin. Allí compuso Canto de amor y muerte del alférez Cristobal Rilke, y posteriormente Los cuadernos de Malte Laurids Brigge. Aquejado por una crisis interior, empezó de nuevo a viajar mucho: primero a África del Norte (1910-1911) y luego a España (1912-1913). En 1911 y 1912, invitado por la princesa Marie von Thurn und Taxis, residió en el castillo de Duino (Trieste), escenario en el que surgieron las que denominó precisamente Elegías de Duino.
Durante la Primera Guerra Mundial vivió la mayor parte del
tiempo en Múnich. En 1916 fue movilizado y tuvo que incorporarse al ejército en
Viena, pero pronto fue licenciado por motivos de salud. De esos años es la
intensa relación amorosa con la polaca Baladine Klossowska, madre del escritor
Pierre Klossowski y del pintor Balthus, presuntos hijos naturales nunca
reconocidos por el poeta. Tras la guerra residió en Suiza, y en 1922 vivió en
el castillo de Muzot, donde finalizó las Elegías. Tras una larga y dolorosa
agonía, Rainer Maria Rilke murió de leucemia en el sanatorio suizo de Valmont.
La obra de Rainer Maria Rilke
Los cuadernos de Malte Laurids Brigge (1910), la única
novela de Rilke, fue escrita a modo de diario y describe con la agudeza de un
diagnóstico los contrastes sociales en París, la pobreza y la destrucción. La
gran urbe provoca a Malte, el último descendiente de una gran familia danesa,
el miedo absoluto. Enfermedad y finitud son en esta obra temas recurrentes. A
la muerte deshumanizada y masificada, típica de la gran ciudad, Rilke opone la
muerte individual y propia, que está representada por el recuerdo de un
antepasado de Malte. Las evocaciones de infancia tienen un carácter redentor,
igual que el tema del amor que, junto al de la muerte, constituye el otro gran
eje del libro. El amor no correspondido, que perdura como deseo, deja abierto
el final de la novela, que desemboca en una reelaboración de la parábola del
hijo pródigo.
Estas mismas cuestiones reaparecen en su obra lírica Libro
de horas (1905), formada por los títulos Libro primero, el libro de la vida
monástica; Libro segundo, el libro de la peregrinación; y Libro tercero, el
libro de la pobreza y de la muerte, que remite a las antologías medievales de
plegarias privadas. La forma artística de la plegaria le sirve para abandonar
la lírica de sentimientos propia de Canto de amor y muerte del alférez
Cristóbal Rilke y para experimentar con imágenes nuevas que, mediante traslaciones
sensuales y visuales, amplían las fronteras del lenguaje.
En el Libro de las imágenes (1902-1906) se aprecia una
tendencia hacia la objetualización de las imágenes evocadas y hacia la
observación detallada. Sin embargo, esta precisión no va en detrimento de la
dimensión universal y parabólica del momento captado. Pero el giro decisivo
hacia lo objetual se produce con la colección publicada con el título Nuevos
poemas (1907-1908). Domina aquí la perspectiva observadora del
"poema-cosa", y Rilke deja de hablar de la obra de arte para hacerlo
de la "cosa de arte", que ha de existir por sí misma, distanciada y
liberada del "yo" subjetivo del autor. La poesía ya no es una
confesión y se convierte en un objeto que remite sólo a sí mismo.
Esta nueva orientación de la poesía rilkeana se debe, en
gran parte, al descubrimiento de la obra de Rodin, pues, para el poeta, el
escultor francés significaba la alternativa a los excesos intimistas del arte.
Siguiendo el modelo de Rodin, proclamará como divisa de su poetizar el
"convertir la angustia en cosas" o lo que es lo mismo: el mundo
interior se exterioriza a través de los objetos.
Sus dos últimas obras, las Elegías de Duino (1923) y los
Sonetos a Orfeo (1923), suponen otro cambio radical en su concepción poética.
Se apartan tanto de la inicial lírica de sentimientos como de la objetualidad
de los "poemas-cosa" posteriores. Tampoco parece que sea posible
transformar la angustia en cosas. Tras una larga etapa de crisis en la que el
escritor incluso se plantea la posibilidad de dejar la poesía, publica unos
poemas de cariz existencial que son una interpretación de la existencia humana.
Las Elegías de Duino buscan la definición del ser humano y su lugar en el
universo, así como la misión del poeta, que en esta obra desarrolla un mundo
cerrado en sí mismo de imágenes y símbolos, cargados de recuerdos y de
referencias autobiográficas. Rilke se sirve del ritmo dactílico de la tradición
elegíaca alemana, tal como lo habían empleado Goethe y Hölderlin.
El ciclo de las Elegías, una de las obras más herméticas de
la literatura alemana del siglo XX, parte de la lamentación para arribar hasta
la dicha. Se inicia con la experiencia del ángel terrible separado del hombre
por un abismo para llegar a la posibilidad del acercamiento humano a lo
angélico. Es el poeta quien lleva al mundo angélico, liberándonos así del mundo
interpretado. Pero para ello es preciso recorrer un largo camino en el que son
claves los moribundos, los animales, los amantes y los niños. Todos ellos
parecen figuras capaces de sustraerse al mundo cerrado del hombre, orientado
hacia la muerte.
El júbilo final de las dos últimas elegías muestra una nueva
vida que consigue crear un ámbito común con la muerte, una alegría que se funde
con el dolor. Los Sonetos a Orfeo, aunque formalmente son más abiertos y
variados que las Elegías, están temáticamente ligados a éstas. También aquí la
determinación de la existencia humana lleva a los límites de lo que es posible
expresar en palabras. En ellos están presentes imágenes, simbolismos, recuerdos
y elementos autobiográficos que remiten a las Elegías, y no en vano fueron
definidos por el poeta como un "regalo adicional" surgido
"simultáneamente con el impulso de los grandes poemas".
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con una de las Cartas a un Joven Poeta, del Podcast Epistolar, producido por
Diego Jemio y Tomás Sprei, en la voz del actor Claudio da Passano.