jueves, 18 de agosto de 2011

Mahatma Gandhi. Oración para la hora de la decisión.



Señor ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón.

Si me das éxito, no me quites humildad.

Si me das humildad, no me quites dignidad.

Ayúdame a ver el otro lado de la medalla.

No me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a ti mismo y a no juzgarme como a los demás.

No me dejes caer en el orgullo, si triunfo.

Ni en la desesperación si fracaso.

Mas bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es lo más grande del fuerte y que la venganza es la señal más primitiva del débil.

Si me quitas éxito, déjame fuerza para triunfar del fracaso.

Si yo faltara a la gente, dame valor para disculparme
y si la gente faltara conmigo dame valor para perdonar.

Señor si yo me olvido de ti, no te olvides nunca de mí.

Mahatma Gandhi

miércoles, 17 de agosto de 2011

Pensamientos y Frases del General Don José de San Martín


Las frases nos pertenecen a todos, pero eso no nos da derecho a usarlas en nuestro beneficio.
Leonardo Liberman

Cuando la patria esta en peligro, todo esta permitido, excepto, no defenderla.
Juro por mi honor y por la patria sostener con mi espada y con mi sangre, la bandera que desde hoy cubre las armas del Ejército de los Andes.

Divididos seremos esclavos: unidos estoy seguro que los batiremos; hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

Seamos libres, lo demás no importa nada.

De lo que mis granaderos son capaces, solo lo sé yo, quien los iguale habrá quien los exceda no.

Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria.

La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos.

Mi mejor amigo es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos.

Para los hombres de coraje se han hecho las empresas.

Serás lo que debas ser, si no no serás nada.

Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Si hay victoria en vencer al enemigo; la hay mayor cuando el hombre se vence a si mismo.

Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados.

La seguridad de los pueblos a mi mando, es el más sagrado de los deberes.

Mi nombre es lo bastante célebre para que yo lo manche con una infracción a mis promesas.

Desearía que mi corazón fuese depositado en Buenos Aires.

En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas, como en lo general de las cosas, dividirán su opinión; los hijos de estos darán el verdadero fallo.

El que se ahoga no repara en lo que se agarra.
De lo que mis granaderos son capaces, solo lo sé yo, quien los iguale habrá quien los exceda no.

El hombre bajo todo gobierno sera el mismo, con las mismas pasiones y debilidades.

La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos.

Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria.

Mi mejor amigo es el que enmienda mis errores o reprueba mis desaciertos.

Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Para los hombres de coraje se han hecho las empresas.

Serás lo que debas ser, si no no serás nada.

Si hay victoria en vencer al enemigo; la hay mayor cuando el hombre se vence a
si mismo.

La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien.

Una derrota peleada vale más que una victoria casual.

Declaro no deber ni haber debido, jamás, nada a nadie.
Cuando la patria esta en peligro, todo esta permitido, excepto, no defenderla.

No esperemos recompensas de nuestras fatigas y desvelos.

La seguridad de los pueblos a mi mando, es el más sagrado de los deberes.

No hay revolución sin revolucionarios - los revolucionarios de todo el mundo somos hermanos.

Si somos libres, todo nos sobra.

Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados.

Siento la fatiga de la muerte.

Mi nombre es lo bastante célebre para que yo lo manche con una infracción a mis promesas.

Sacrificaría mi existencia, antes de echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.

Compañeros juremos no dejar las armas de la mano hasta ver al país enteramente libre o morir con ellas como hombres de coraje.

Mi juventud fue sacrificada al servicio de los españoles mi edad mediana al de la patria, creo que me he ganado mi vejez.

Seamos libres, lo demás no importa nada.
José de San Martín

Para disfrutar

Disfruten de esta intérprete. Elvira Ríos de Mexico http://youtu.be/XkHxOFRgruE

Insolencia

Este artículo lo recibí por E-mail y lo compartimos en el Blog. Es muy bueno...Para Pensar

El Dr. Mario A. Rosen es médico, educador, escritor. Tiene 63 años. Socio fundador de Escuela de Vida, Columbia Training System, y Dr. Rosen & Asociados. Desde hace 15 años coordina grupos de entrenamiento en Educación Responsable para el Adulto. Ha coordinado estos cursos en Neuquén, Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fe, Bahía Blanca y en Centro América. Médico residente y Becario en Investigación clínica del Consejo Nacional de Residencias Médicas (UBA).. Premio Mezzadra de la Facultad de Ciencias Médicas al mejor trabajo de investigación (UBA). Concurrió a cursos de perfeccionamiento y actualización en conducta humana en EEUU y Europa. Invitado a coordinar cursos de motivación en Amway y Essen Argentina, Dealers de Movicom Bellsouth, EPSA, Alico Seguros, Nature, Laboratorios Parke Davis, Melaleuka Argentina, BASF.

La Argentina Insolente

En mi casa me enseñaron bien.
Cuando yo era un niño, en mi casa me enseñaron a honrar dos reglas sagradas:
Regla N° 1: En esta casa las reglas no se discuten.
Regla N° 2: En esta casa se debe respetar a papá y mamá.
Y esta regla se cumplía en ese estricto orden. Una exigencia de mamá, que nadie discutía... Ni siquiera papá. Astuta la vieja, porque así nos mantenía a raya con la simple amenaza: “Ya van a ver cuando llegue papá”. Porque las mamás estaban en su casa. Porque todos los papás salían a trabajar... Porque había trabajo para todos los papás, y todos los papás volvían a su casa.
No había que pagar rescate o ir a retirarlos a la morgue. El respeto por la autoridad de papá (desde luego, otorgada y sostenida graciosamente por mi mamá) era razón suficiente para cumplir las reglas.
Usted probablemente dirá que ya desde chiquito yo era un sometido, un cobarde conformista o, si prefiere, un pequeño fascista, pero acépteme esto: era muy aliviado saber que uno tenía reglas que respetar. Las reglas me contenían, me ordenaban y me protegían. Me contenían al darme un horizonte para que mi mirada no se perdiera en la nada, me protegían porque podía apoyarme en ellas dado que eran sólidas... Y me ordenaban porque es bueno saber a qué atenerse. De lo contrario, uno tiene la sensación de abismo, abandono y ausencia.
Las reglas a cumplir eran fáciles, claras, memorables y tan reales y consistentes como eran “lavarse las manos antes de sentarse a la mesa” o “escuchar cuando los mayores hablan”.
Había otro detalle, las mismas personas que me imponían las reglas eran las mismas que las cumplían a rajatabla y se encargaban de que todos los de la casa las cumplieran. No había diferencias. Éramos todos iguales ante la Sagrada Ley Casera.
Sin embargo, y no lo dude, muchas veces desafié “las reglas” mediante el sano y excitante proceso de la “travesura” que me permitía acercarme al borde del universo familiar y conocer exactamente los límites. Siempre era descubierto, denunciado y castigado apropiadamente.
La travesura y el castigo pertenecían a un mismo sabio proceso que me permitía mantener intacta mi salud mental. No había culpables sin castigo y no había castigo sin culpables. No me diga, uno así vive en un mundo predecible.
El castigo era una salida terapéutica y elegante para todos, pues alejaba el rencor y trasquilaba a los privilegios. Por lo tanto las travesuras no eran acumulativas. Tampoco existía el dos por uno. A tal travesura tal castigo. Nunca me amenazaron con algo que no estuvieran dispuestos y preparados a cumplir. Así fue en mi casa. Y así se suponía que era más allá de la esquina de mi casa. Pero no. Me enseñaron bien, pero estaba todo mal. Lenta y dolorosamente comprobé que más allá de la esquina de mi casa había “travesuras” sin “castigo”, y una enorme cantidad de “reglas” que no se cumplían, porque el que las cumple es simplemente un estúpido (o un boludo, si me lo permite decir).
El mundo al cual me arrojaron sin anestesia estaba patas para arriba.
Conocí algo que, desde mi ingenuidad adulta (sí, aún sigo siendo un ingenuo), nunca pude digerir, pero siempre me lo tengo que comer: "la impunidad". ¿Quiere saber una cosa? En mi casa no había impunidad.
En mi casa había justicia, justicia simple, clara, e inmediata. Pero también había piedad.
Le explicaré: Justicia, porque “el que las hace las paga”. Piedad, porque uno cumplía la condena estipulada y era dispensado, y su dignidad quedaba intacta y en pie. Al rincón, por tanto tiempo, y listo... Y ni un minuto más, y ni un minuto menos. Por otra parte, uno tenía la convicción de que sería atrapado tarde o temprano, así que había que pensar muy bien antes de sacar los pies del plato.
Las reglas eran claras. Los castigos eran claros. Así fue en mi casa. Y así creí que sería en la vida. Pero me equivoqué. Hoy debo reconocer que en mi casa de la infancia había algo que hacía la diferencia, y hacía que todo funcionara. En mi casa había una “Tercera Regla” no escrita y, como todas las reglas no escritas, tenía la fuerza de un precepto sagrado. Esta fue la regla de oro que presidía el comportamiento de mi casa:
Regla N° 3: No sea insolente. Si rompió la regla, acéptelo, hágase responsable, y haga lo que necesita ser hecho para poner las cosas en su lugar.
Ésta es la regla que fue demolida en la sociedad en la que vivo.
Eso es lo que nos arruinó. LA INSOLENCIA.
Usted puede romper una regla -es su riesgo- pero si alguien le llama la atención o es atrapado, no sea arrogante e insolente, tenga el coraje de aceptarlo y hacerse responsable. Pisar el césped, cruzar por la mitad de la cuadra, pasar semáforos en rojo, tirar papeles al piso, tratar de pisar a los peatones, todas son travesuras que se pueden enmendar... a no ser que uno viva en una sociedad plagada de insolentes.
La insolencia de romper la regla, sentirse un vivo, e insultar, ultrajar y denigrar al que responsablemente intenta advertirle o hacerla respetar. Así no hay remedio.
El mal de los Argentinos es la insolencia. La insolencia está compuesta de petulancia, descaro ydesvergüenza.
La insolencia hace un culto de cuatro principios:
- Pretender saberlo todo
- Tener razón hasta morir
- No escuchar
- Tú me importas, sólo si me sirves.
La insolencia en mi país admite que la gente se muera de hambre y que los niños no tengan salud ni educación.
La insolencia en mi país logra que los que no pueden trabajar cobren un subsidio proveniente de los impuestos que pagan los que sí pueden trabajar (muy justo), pero los que no pueden trabajar, al mismo tiempo cierran los caminos y no dejan trabajar a los que sí pueden trabajar para aportar con sus impuestos a aquéllos que, insolentemente, les impiden trabajar. Léalo otra vez, porque parece mentira.

Así nos vamos a quedar sin trabajo todos. Porque a la insolencia no le importa, es pequeña, ignorante y arrogante.
Bueno, y así están las cosas. Ah, me olvidaba, ¿Las reglas sagradas de mi casa serían las mismas que en la suya? Qué interesante. ¿Usted sabe que demasiada gente me ha dicho que ésas eran también las reglas en sus casas? Tanta gente me lo confirmó que llegué a la conclusión que somos una inmensa mayoría. Y entonces me pregunto, si somos tantos, ¿por qué nos acostumbramos tan fácilmente a los atropellos de los insolentes?
Yo se lo voy a contestar.
PORQUE ES MÁS CÓMODO, y uno se acostumbra a cualquier cosa, para no tener que hacerse responsable. Porque hacerse responsable es tomar un compromiso y comprometerse es aceptar el riesgo de ser rechazado, o criticado. Además, aunque somos una inmensa mayoría, no sirve para nada, ellos son pocos pero
muy bien organizados. Sin embargo, yo quiero saber cuántos somos los que estamos dispuestos a respetar estas reglas.
Le propongo que hagamos algo para identificarnos entre nosotros. No tire papeles en la calle. Si ve un papel tirado, levántelo y tírelo en un tacho de basura. Si no hay un tacho de basura, llévelo con usted hasta que lo encuentre. Si ve a alguien tirando un papel en la calle, simplemente levántelo usted y cumpla con la regla 1. No va a pasar mucho tiempo en que seamos varios para levantar un mismo papel.
Si es peatón, cruce por donde corresponde y respete los semáforos, aunque no pase ningún vehículo, quédese parado y respete la regla. Si es un automovilista, respete los semáforos y respete los derechos del peatón. Si saca a pasear a su perro, levante los desperdicios.
Todo esto parece muy tonto, pero no lo crea, es el único modo de comenzar a desprendernos de nuestra proverbial INSOLENCIA.
Yo creo que la insolencia colectiva tiene un solo antídoto, la responsabilidad individual. Creo que la grandeza de una nación comienza por aprender a mantenerla limpia y ordenada.
Si todos somos capaces de hacer esto, seremos capaces de hacer cualquier cosa. Porque hay que aprender a hacerlo todos los días.. Ése es el desafío. Los insolentes tienen éxito porque son insolentes todos los días, todo el tiempo. Nuestro país está condenado: O aprende a cargar con la disciplina o cargará siempre con el arrepentimiento.
¿A USTED QUÉ LE PARECE? ¿PODREMOS RECONOCERNOS EN LA CALLE ?

Espero no haber sido insolente.
En ese caso, disculpe.
Dr. Mario Rosen
(¿Sería muy insolente si le pido que lo reenvíe?)

lunes, 15 de agosto de 2011

El Juez


Hace un par de semanas un tema sobresale del resto y es el que está referido al Juez Zafaroni.
La ONG. La Alameda formulo una denuncia de la que se hicieron eco los medios masivos de comunicación.
La misma sostenía que en propiedades del Dr. Zafaroni, se ejercía la prostitución.
El juez reconoció de la titularidad de esos departamentos, pero afirmo que la administración de los mismos estaban a cargo de un apoderado.
Esta noticia en particular está dividiendo la opinión de la sociedad tanto a favor como en contra.
Que la ciudadanía se pronuncie sobre diversos temas lógicamente responde a la posibilidad de manifestarse libremente y en base a la valoración subjetiva de cada uno.
Pero sobre la conducta de los jueces hay normativa muy precisa que los magistrados no pueden desconocer.
Los principios de Bangalore sobre la conducta judicial estipulan seis valores que deben regir a los encargados de impartir justicia. A cada principio le sigue una detallada aplicación que pone límites muy claros a la conducta y al desempeño que la sociedad espera de sus magistrados.
Los valores que proclama la declaración son: Independencia, Imparcialidad, Integridad, Corrección, Igualdad, Competencia y Diligencia.
La pregunta que surge, es responder si el mencionado magistrado violento alguno de los principios.
En cuanto a la Integridad, señala que “La integridad es esencial para el desempeño correcto de las funciones jurisdiccionales.
En la aplicación sostiene que “Un juez deberá asegurarse de que su conducta está por encima de cualquier reproche a los ojos de un observador razonable” y ”El comportamiento y la conducta de un juez deberán reafirmar la confianza del público en la integridad de la judicatura. No sólo debe impartirse justicia; también ha de verse cómo se imparte.
A propósito de la Corrección dice: “La corrección y la apariencia de corrección son esenciales para el desempeño de todas las actividades de un juez.
En dos apartados sostiene: “Un juez, como cualquier otro ciudadano, tiene derecho a la libertad de expresión y de creencias, derecho de asociación y de reunión pero, cuando ejerza los citados derechos y libertades, se comportará siempre de forma que preserve la dignidad de las funciones jurisdiccionales y la imparcialidad e independencia de
la judicatura” y “Un juez deberá informarse sobre sus intereses personales y fiduciario-financieros y hará esfuerzos razonables para informarse sobre los intereses financieros de los miembros de su familia”.
La Constitución Nacional y la legislación vigente prevén los mecanismos para determinar el desempeño de los funcionarios del Estado y los remedios que corresponden para cada caso.
El Dr. Zafaroni hizo declaraciones en los medios, recibió la adhesión de asociaciones profesionales, de referentes sociales y ha participado de actos de desagravio en los cuales se han ponderado sus cualidades profesionales.
Los funcionarios y los jueces en particular están sujetos a regulaciones más rigurosas que el común de los ciudadanos.
Se puede apreciar una corriente de simpatía hacia el magistrado, pero más allá de los pareceres de la sociedad, el juez debe dar primero las explicaciones ante las instancias de contralor y no generar una polémica que lo favorezca a los ojos de los ciudadanos.
Di la verdad aunque sea dolorosa, di la verdad aún contra ti mismo.
Leonardo Liberman

jueves, 11 de agosto de 2011

Ideas de una Diputada


Una de las cualidades que debe tener un dirigente político es un mínimo sentido de la responsabilidad.
Cuando hacen declaraciones o emiten juicios de valor sobre determinados temas, producen en el conjunto de la sociedad un impacto.
Este se puede cuantificar por el apoyo o por el rechazo que genera la propuesta.
Revisando diversos diarios una noticia, hace unos días, resaltó con particular fuerza.
Se trata de un mensaje en Twitter de la actual Diputada María José Lubertino, que en años anteriores desempeño cargos de distinta responsabilidad en el Estado, como por ejemplo: titular del INADI.
Llama profundamente la atención el tenor de algunos proyectos que impulsa, a veces cercanos a lo escandaloso.
Uno de ellos se refiere a la conveniencia de repartir preservativos a los alumnos de sexto grado de colegios primarios.
Ostenta el título de Abogada, (UCA), 1983 - Medalla de Oro y una Maestría en Ciencias Sociales (Flacso), 1989.
Me pregunto si está calificada para abordar temas de esta naturaleza, más relacionados con la pedagogía y la educación.
Un título universitario la habilita para tratar cualquier tema, opinar o influir en la sociedad?.
Lubertino sostiene: "Son batallas culturales. Nosotros entendemos que hay que correr los prejuicios porque creemos que en la ciudad de Buenos Aires tenemos una subejecución importante del presupuesto en materia de educación sexual. Los proyectos tienen que ayudar a correr los velos que tienen que ver con estos temas".
La Diputada Lubertino preside la Comisión Especial de Igualdad Real de Oportunidades y de Trato entre Mujeres y Varones, en la Legislatura.
También incursiono con sus comentarios en un tema muy delicado y que no se puede tratar con liviandad.
Me refiero a una situación traumática por la que pasaron muchas mujeres. La violación.
El consejo de la Diputada es enfrentar al violador y conminarlo a que use un preservativo.
Me pregunto si alguna vez tuvo que dar contención o ayudar a una mujer que paso por ese trance.
Se puede hablar con tanta liviandad, con tanta irresponsabilidad, sobre un tema como este?
Todos tenemos derecho a opinar o pensar como mejor nos parezca, lo que creo que no hay que hacer es imponer criterios por sobre lo que determinan los planes de estudio, en el caso de los preservativos en la Escuela y menos aún hacer recomendaciones tan alejadas de la realidad en los casos de violaciones.
Leonardo Liberman

miércoles, 10 de agosto de 2011

Oportunidades


Llego la hora de aprovechar las oportunidades, la hora de ponernos de pie y dar rienda suelta a la creatividad para crecer en serio.
Los países de Latinoamérica enfrentan diferentes realidades pero en general viven procesos de crecimiento de sus economías con la consecuente mejora de sus sociedades.
Brasil es un ejemplo destacado con relación a los países de la región. En estos últimos 10 años generaron las condiciones para sacar de la pobreza a casi 40 millones de personas y las incorporaron a la clase media.
Si nos ponemos a pensar en la magnitud del número, vamos a caer en la cuenta que estamos hablando de la casi totalidad de la población argentina.
La clase media es la que sostiene el consumo interno, fomenta la expansión de la economía, genera riqueza y el Estado recauda más por medio de los impuestos, promoviendo el círculo virtuoso del progreso y el bienestar.
El Estado tiene que generar, promover y articular las condiciones para que esto ocurra, porque cuenta con los medios e instrumentos para llevarlo a cabo.
La creación de infraestructura alienta la generación de riqueza por medio del desarrollo.
Hace poco tiempo se inauguró la Autopista Rosario – Córdoba. Este hecho genero un cambio significativo, ya que supone un desafío para reconvertir y adaptar los comercios y negocios que dejaron de recibir el intenso flujo de circulación por el antiguo trazado y a la vez invita a los empresarios a brindar productos y servicios en las zonas aledañas del nuevo recorrido. Hay todo por hacer.
El asistencialismo debe ser una etapa de muy corto plazo. El Estado mientras ayuda a las familias por medio de planes, tiene que generar las condiciones y oportunidades para la creación de micro emprendimientos con la capacitación adecuada, el fomento de Pymes y la creación de polos industriales.
Tenemos un vasto territorio absolutamente despoblado y centros urbanos superpoblados y con muchos focos de marginalidad.
Es inadmisible que en un país como el nuestro haya hermanos que pasan hambre. Podremos pasar por situaciones de no tener dinero, pero no puede haber compatriotas que pasen hambre.
Leonardo Liberman