Hola, soy Leonardo Liberman.
Te invito a visitar mi Blog, en el que propongo efemérides y temas de interés general.
Podes mandarme tu comentario al E-mail elmiradornocturno@gmail.com
Foto de portada: Magdalena Viggiani.
La paz en el entorno familiar y cómo conservarla en épocas
tan complicadas como las que nos han tocado vivir es el tema que hoy abordamos
en nuestro programa.
Robert Bernard Sherman nació en Nueva York, Estados Unidos,
el 19 de diciembre de 1925, y murió en Londres, Reino Unido, el 6 de marzo de
2012. Compositor.
El sitio www.elpais.com
publicó este recordatorio firmado por Gregorio Belinchón.
OBITUARIO
Robert Sherman, el compositor supercalifragilístico
El músico estrella de Disney ganó con su hermano dos
‘oscars’ por ‘Mary Poppins’
Robert Sherman (a la izquierda) y su hermano Richard reciben en 1965, de manos de Debbie Reynolds, sus oscars por Mary Poppins.AP
Ayer, muchísimos cinéfilos pararon un momento sus quehaceres
al conocer la muerte del compositor Robert B. Sherman y silbaron algunas de sus
melodías, porque él y su hermano Richard crearon las canciones, famosísimas, de Mary
Poppins, Chitty chitty bang bang o El libro de la selva, películas
todas grabadas a fuego en el corazón de medio mundo. Con la banda sonora de
Mary Poppins y la canción Chim chim cher-ee (que cantaba Dick
van Dyke), los Sherman ganaron sendos oscars: a mejor banda sonora y mejor
canción. La pareja además logró nueve candidaturas a los premios de la Academia
de Hollywood y dos grammies, gracias, sobre todo, a sus trabajos para Walt
Disney.
Robert B. Sherman falleció en Londres a los 86 años. El
autor se había mudado en 2001 a vivir a la capital británica tras el
fallecimiento de su esposa, Joyce. Ese traslado coincidió con el estreno
de Chitty chitty bang bang en el West End, una adaptación para
la que creó nuevos temas musicales y, tres años después, llegó Mary
Poppins. Unas temporadas después, ambos musicales se estrenaron en
Broadway.
Nacido en Nueva York en 1925, Sherman era hijo de emigrantes
judíos de origen ruso. Su padre, Al Sherman, encontró trabajo como letrista en
Tin Pan Alley, la manzana de Manhattan donde se concentraban los músicos, y más
tarde animó a sus hijos para que tomasen el camino de la música. Tanto marcó
esta la vida de Robert, que los gastos del hospital donde nació los pagó su
padre con un cheque recibido ese mismo día por su canción Save your
sorrow.
Tras mudarse la familia a Los Ángeles, Sherman escribió con
16 años varios programas de radio y musicales. Al año siguiente, sus padres le
dieron permiso para enrolarse en el Ejército: formó parte del primer escuadrón
aliado que entró en el campo de concentración de Dachau en abril de 1945 y fue
herido en una rodilla días después (usó bastón toda su vida). Su recuperación
tuvo lugar en Londres y allí nació su admiración por la cultura británica.
Al volver de la guerra, comenzó con su hermano Richard (tres
años menor, y que le ha sobrevivido) su carrera como compositor; poco a poco su
talento les hizo populares y, a finales de los cincuenta, Walt Disney les fichó
para su compañía. Sus trabajos en Mary Poppins, tanto la banda
sonora como temas tan populares como Feed the birds, Chim Chim Cher-ee,
Supercalifragilisticoespiralidoso o Con un poco de azúcar, fueron
un éxito instantáneo.
Con la muerte de Disney en 1966, los Sherman abandonaron la
compañía, pero siguieron colaborando con ella en títulos como El libro
de la selva, Los aristogatos, o La bruja novata. Su
primera película no Disney fue Chitty chitty bang bang, otro
gran éxito. En el cine siguieron trabajando hasta el año 2000, en películas
como La telaraña de Carlota; Snoopy, vuelve a casa; Las aventuras de
Winnie the Pooh; Tom Sawyer; Huckleberry Finn o La película de
Tigger. En 2008, los Sherman recibieron en la Casa Blanca la Medalla
Nacional de las Artes, el máximo reconocimiento que el Gobierno estadounidense
concede a artistas.
Hasta 2002, Sherman mantuvo en secreto su otra gran pasión:
la pintura (empezó con ella en 1941). Desde abril de ese año, sus trabajos
fueron expuestos en diversas ocasiones en galerías londinenses y
estadounidenses.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con la canción Supercalifragilisticexpialidocious, de la película Mary Poppins.
Cecilia Levit produce semanalmente este programa que se
emite por Radio Sefarad.
Edith Bruck: ¡cuenta nuestra historia!
TRIBUTO: HISTORIAS QUE CONSTRUYEN MEMORIA DE LA SHOÁ, CON
CECILIA LEVIT – Edith Bruck, nació en una familia judía en la Hungría rural en
1931. A la edad de 12 años, ella y su familia fueron deportados a Auschwitz, y
luego a otros campos deexterminio: Dachau,
Christianstadt yBergen-Belsen. En 1945
fue liberada por los Aliados junto con una hermana y un hermano. Sus padres y
otro hermano no sobrevivieron a los campos de concentración. En 1950 se
trasladó a Roma y comenzó una extensa carrera como escritora, directora y
guionista. Hoy vive en Roma a sus 90 años de edad.
Hacé click en el reproductor para escuchar el programa.
Joseph Etienne Camille Pleyel, más conocido como Camille
Pleyel, nació en Estrasburgo, Francia, el 18 de diciembre de 1788, y murió en
París, Francia, el 4 de mayo de 1855. Pianista virtuoso francés y dueño de la
Firma de Fabricación de Pianos Pleyel.
Fue el hijo menor del fabricante de pianos Ignace Joseph
Pleyel. Estudió con Jan Dussek. En 1815 se convirtió en socio de su padre, y a
la muerte de este, asumió la titularidad de la firma. La Maison Pleyel reunió a
los máximos talentos de su época. Fue un innovador y perfeccionó los procesos
de fabricación de instrumentos. Le proporcionó los pianos a Frédéric Chopin.
Uno de ellos fue el pianino que le envió a Mallorca en 1838, y que en la
actualidad está expuesto en la celda 4 de la Cartuja de Valldemossa. Construyó
una moderna sala de conciertos, la Salle Pleyel, en la que Chopin tocó el
primero y el último de sus conciertos en París, y fue el centro de reunión de
los grandes músicos de la Ciudad.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con el Nocturno para Piano en Si Bemol Mayor, en la versión de Bart van Oort.
A continuación, de Wolfgang Amadeus Mozart, el Concierto
para Piano y Orquesta Nº 21 en Do Mayor K. 467, en la versión de Maurizio
Pollini, y la Orquesta Filarmónica del Teatro Alla Scala de Milán, dirigida por
Riccardo Muti.
Arthur Fiedler nació en Boston, Massachusetts, Estados
Unidos, el 17 de diciembre de 1894, y murió en Brookline, Massachusetts,
Estados Unidos, el 10 de julio de 1979. Violinista y director de orquesta.
El sitio www.mcnbiografias.com
publicó este recordatorio, firmado por Cecilia Guiter Viader.
Fiedler, Arthur (1894-1979).
Director de orquesta estadounidense e intérprete de varios
instrumentos, nacido en Boston el 17 de diciembre de 1894 y fallecido el 10 de
julio de 1979 en Brookline, Massachusetts. Primero estudió violín con su padre,
para ir después a Berlín a continuar su formación musical. Entre 1911 y 1915,
Fiedler estudió violín, piano y dirección en la Real Academia de Música de
Berlín, antes de unirse a la Boston Symphony Orchestra como miembro integrante
de la segunda sección de violines. Tocó en la sección de viola entre 1918 y
1930, y también sobresalió con la celesta, el piano y el órgano.
Comenzó a dirigir en su ciudad natal en 1924, año en que
creó la Arthur Fiedler Sinfonietta, una orquesta sinfónica de cámara. En 1929
organizó los conciertos Esplanade, gracias a los cuales, y por primera vez en
Boston, se escuchaba música sinfónica al aire libre. En 1930 fue nombrado
director de la Boston Pops Orchestra, de la que fue director durante cincuenta
temporadas. Como director de la Boston Pops, Fiedler desarrolló un repertorio
muy variado y ligero; sus programas consistían en una variopinta mezcla de
clásicos ligeros y arreglos de melodías muy populares, interpretadas por una
orquesta sinfónica, lo que, unido a la personalidad optimista de su director,
convirtieron a la orquesta Pops en una institución en Estados Unidos, con una
respuesta apabullante por parte del público. Sus grabaciones con la Pops
vendieron alrededor de 50.000.000 de discos. El objetivo principal de Fiedler,
según sus propias palabras, era "proporcionar a las audiencias un buen
rato", y dirigía a la Pops en actuaciones de melodías populares, música de
espectáculos y clásica.
Autor Cecilia Guiter Viader
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con Stars and Stripes Forever, de John Philip Sousa, en la versión de la
Orquesta Boston Pops, dirigida por Arthur Fiedler.
James McCracken nació en Gary, Indiana, Estados Unidos, el
16 de diciembre de 1926, y murió en Nueva York, Estados Unidos, el 30 de abril
de 1988. Tenor dramático.
Se formó en la tradición coral. Posteriormente estudió en la
Universidad de Columbia. En 1952 debutó en la Opera de Central City, en
Colorado, como como Rodolfo en La bohème, de Giacomo Puccini. Entre 1953 y 1957,
tuvo pequeños roles en el Metropolitan Opera House de Nueva York. En 1957 se
mudó a Europa, donde obtuvo un gran éxito en la Opera de Zúrich. Sus
principales papeles fueron Otello, uno de los más importantes exponentes del personaje,
y Radamés en Aída, Manrico en Il trovatore, óperas de Giuseppe Verdi, Don José
en Carmen, de Georges Bizet, El profeta en Le Prophete de Giacomo Meyerbeer,
Canio en I Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo, Samson en Sansón y Dalila, de Camille
Saint-Saëns, Calaf en Turandot, de Giacomo Puccini, Florestan en Fidelio, de
Ludwig van Beethoven, y Tannhäuser,
de Richard Wagner. En 1962 cantó
Radamés en el Teatro Colón de Buenos Aires. Al año
siguiente regresó triunfalmente al Metropolitan Opera House como Otello
dirigido por Georg Solti. En 1978 abandonó la compañía cuando no fue invitado a
protagonizar la retransmisión de Otello. En 1983 regresó para la Gala del
Centenario, y en 1985 fue Radamés, en la última función de Leontyne Price, en
el rol de Aida, transmitida por televisión a todo el país. Entre sus dos
períodos en el Met, totalizó 600 funciones con la compañía. Su última actuación
fue como Radamés junto a Aprile Millo y Grace Bumbry, en Central Park, el 17 de
junio de 1986.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con el aria Dio mi potevi, de la ópera Otello de Giuseppe Verdi, junto a la
Orquesta del Metropolitan Opera House de Nueva York, dirigido por James Levine.
Eduardo Palmieri, más conocido como Eddie Palmieri, nació en
Nueva York, Estados Unidos, el 15 de diciembre de 1936. Pianista y compositor.
El sitio www.aarp.org publicó
este artículo firmado por Ernesto Lechner.
Sale el sol para Eddie Palmieri
El pianista boricua rememora su carrera y adelanta un nuevo
álbum.
por: Ernesto Lechner
EARL GIBSON III/GETTY IMAGES
Eddie Palmieri sigue creando música a los 77 años.
Si hubiera que elegir a un genio iconoclasta de la música
afrocaribeña, un artista tan revolucionario y virtuoso que rompió con todos los
esquemas para crear un sonido nuevo, ese sería Eddie Palmieri. Inspirado en la
genialidad de su hermano mayor, Charlie —“el verdadero rey de las blancas y
negras”, como él mismo lo define— Palmieri es un músico rebelde y malentendido,
adelantado a su época y género musical.
Lejos de descansar sobre las glorias del pasado, Palmieri
continúa creando música con la misma energía infatigable de siempre. Su próximo
disco, dedicado al jazz latino, verá la luz este año, mientras los
reconocimientos a su trayectoria no paran de llegar. El año pasado recibió el
Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, mientras
que en 2012 sus raíces jazzeras fueron reconocidas a través del prestigioso NEA
Jazz Masters Award.
Podría haber sido un compositor clásico, alguien como Igor
Stravinsky. Pero creció bajo el hechizo del jazz y la música cubana, un
neoyorquino de padres puertorriqueños. Se dedicó a la salsa, participando en la
invención misma del género, para después sacudir sus cimientos y experimentar
con disonancia, teclados electrónicos, mensajes sociales y temas de más de 10
minutos de duración.
Nacido en el barrio de Spanish Harlem en 1936, cursó
estudios de música en The Juilliard School. Empezó como percusionista, pero se
cansó de acarrear sus timbales y se dedicó al piano. Eran los años 50, época de
oro para la música latina en Nueva York. Palmieri comenzó su carrera
acompañando a las orquestas de Vicentico Valdés y Tito Rodríguez.
En 1961, empezaron las innovaciones. Creó su propia
orquesta, La Perfecta, basándose en una combinación inaudita: dos trombones y
flauta de madera, un formato aguerrido y lleno de swing, que de ahí en más
sería conocido como “trombanga”.
“Todo ocurrió por una cuestión económica”, explica Palmieri,
de 77 años, con una sonora carcajada. “En esa época todos tenían un conjunto
con tres o cuatro trompetas. Yo también quería tener mi propio grupo, pero era
difícil conseguir trabajo. Una noche fui a un club social donde Johnny Pacheco
realizaba descargas los martes. Ahí me encontré con un trombonista genial que
se llamaba Barry Rogers y lo contraté. Después llega el brasileño José
Rodrigues como segundo trombonista, y se arma este fenómeno musical llamado La
Perfecta”.
Durante la década de los 60, Palmieri transformó al conjunto
en un laboratorio incansable de ritmos tropicales. En 1965, llega un momento
clave para la música latina: graba “Azúcar pa’ ti”, tema de nueve minutos de
duración, un éxito entre los bailarines que colmaban el club nocturno
Palladium. En un extenso solo de piano, Palmieri logra lo inimaginable. Con una
mano toca el tumbao rítmico, mientras con la otra improvisa un solo melódico.
“Eso se lo debo a mi maestro de piano, Claudio Saavedra, que
me enseñó la independencia de las dos manos, la técnica de terceras y sextas”,
cuenta. “Cuando la gente lo escuchó, me dijeron que había dos pianistas, o que
había grabado las partes por separado”.
Pero La Perfecta fue solo el principio. En 1968, Palmieri
decidió disolver la agrupación para incursionar en otras sonoridades y
texturas. Era una época prodigiosa para la música popular, con el auge del rock
progresivo, el jazz-rock y el funk. Palmieri les agregó mensajes políticos a
sus rumbas (Justicia, 1969), grabó un disco en vivo en la cárcel de Sing Sing y
transformó su repertorio en un mazacote subversivo de sintetizadores y solos
disonantes contrastados con temas bailables.
Palmieri grabó todos estos discos para las compañías Alegre
y Tico, que después serían adquiridas por el abogado Jerry Masucci para formar
parte del imperio discográfico de la Fania.
A mediados de los 70, Palmieri reeemplazó a su cantante
habitual, Ismael Quintana, con un puertorriqueño de solo 16 años: Lalo
Rodríguez. El debut de ambos para la disquera Coco, The Sun of Latin Music,
ganó el Grammy inaugural de mejor grabación latina en 1976.
Pero después llegaron los problemas. Palmieri comenzó a
grabar un disco que se llamaría Kinkamache, no quedó contento con los
resultados y abandonó el proyecto. En una brillante decisión comercial, el
dueño de Coco, Harvey Averne, lanzó la grabación bajo el título de Unfinished
Masterpiece —obra maestra inconclusa— y el disco le significó a Palmieri un
segundo Grammy consecutivo.
“Les dije, si ustedes dejan salir ese disco, no les vuelvo a
grabar jamás”, dice Palmieri. “Y entonces me encerré en mi casa, primero por
tres años, y después dos más”.
Pero el sol de la música latina amaneció de nuevo.
En 1981, Palmieri regresó al conglomerado de la Fania con el
famoso disco que lleva su nombre —conocido como “white album” por su portada
blanca. Desde entonces ha resucitado a La Perfecta, auspiciado a la diva
puertorriqueña India, y grabado sabrosas sesiones de jazz latino. Como su nueva
producción, titulada Sabiduría, que verá la luz este año.
Palmieri promueve este trabajo con pasión: “Es el mejor CD
grabado en el ámbito del Latin jazz”, dice entusiasmado. “Bajo las estructuras
del mambo instrumental y el son montuno, lo que quiere decir que es bailable.
Cuando lo escuche, usted me lo va a confirmar”.
A continuación, celebramos su cumpleaños, con La Libertad. Eddie Palmieri & Afro-Caribbean
Jazz All Stars. Eddie Palmieri, piano; Vicente "Little Johnny" Rivero,
congas; Orlando Vega, bongos; Luques Curtis, bajo; Louis Fouche, saxo alto; José
Claussell, timbales; Jonathan Powell, trompeta.
El sitio bbc.com publicó el 12 de diciembre, este artículo firmado por Carlos Serrano
Los "Führer de la física": los científicos nazis que intentaron desacreditar a Einstein con argumentos racistas
Carlos Serrano (@carliserrano)
BBC News Mundo
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Albert Einstein se enfrentó a cálculos tremendamente complejos para resolver grandes enigmas del universo.
Y, al mismo tiempo, soportó el feroz ataque de científicos nazis que, llevados por la envidia, la ansiedad por sentirse rezagados ante nuevas teorías e inspirados en ideas racistas, intentaron frenar la revolución intelectual que gestaba uno de los físicos más brillantes de todos los tiempos.
Y no eran enemigos de poca monta.
Durante años, dos premios Nobel de física, Philipp Lenard y Johannes Stark, lideraron una campaña de descrédito contra Einstein, basados en una ciencia influenciada por la ideología nazi.
Su estrategia era imponer una supuesta "física aria", en contraposición a lo que ellos consideraban una física que había sido secuestrada por un, también supuesto, "espíritu judío".
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Philipp Lenard.
Lenard y Stark se negaban a reconocer las dos teorías más audaces de la época, ambas impulsadas por judíos: la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica de Niels Bohr.
Era tal la inquina de Lenard y Star, que los historiadores afirman que sus esfuerzos eran comparables con querer convertirse en los "Führer de la física".
¿Cómo surgió el odio de Lenard y Stark hacia Einstein, cómo fue su campaña de persecución, y hasta dónde llegaron en su empeño de imponer una "física aria"?
Un genio incómodo
Einstein, de origen judío y cada vez más reconocido a nivel mundial, resultaba muy incómodo para los nazis.
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Johannes Stark
Además, su éxito le despertaba celos a Lenard, también un físico brillante, pero sin varios de los atributos que hacían especial a Einstein.
Lenard recibió el premio Nobel de física en 1905 por su estudio de los rayos catódicos.
Sin embargo, tenía "una profundidad intelectual limitada y estaba emocional e imaginativamente atrofiado", según lo describe el escritor científico y exeditor de la revista Nature Philip Ball en su libro Serving the Reich: The Struggle for the Soul of Physics under Hitler ("Al servicio del Reich: la lucha por el alma de la física bajo Hitler").
Lenard era un científico mayormente experimental y, según Ball, sus conocimientos de matemáticas no le alcanzaban para entender ideas tan osadas como la relatividad.
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Albert Einstein.
Su incapacidad de comprender la relatividad lo llevaron a descalificarla como teoría, y el hecho de que fuera apoyada por la comunidad académica internacional, lo hizo pensar que se trataba de una conspiración.
Lenard se aferraba a la idea de que lo que hoy conocemos como espacio-tiempo era el llamado éter, y calificó a la relatividad de ser un "fraude judío".
El caso de Stark era similar.
En 1919 había recibido el Premio Nobel de Física por descubrir que un campo eléctrico causa alteraciones en el espectro de luz, un fenómeno que hoy se conoce como Efecto Stark.
Stark también era un experimentalista que se veía abrumado por la complejidad matemática que estaba adquiriendo la física.
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La nueva física estaba tomando una complejidad que escapaba los límites de Lenard y Stark.
Y como Lenard, también era un nacionalista extremo cuyas ideas se habían radicalizado tras la Primera Guerra Mundial.
Era tal su nacionalismo, que llegó a enfrentarse con oficiales nazi porque, desde su punto de vista, no eran lo "suficientemente nazis".
Ambos, Lenard y Stark, se habían unido a los nazis desde antes de que el partido tomara el poder.
Ciencia racista
Lenard ya criticaba la relatividad desde 1910, pero fue a partir de 1920 cuando comenzó a añadirle elementos racistas a sus ataques, según indica Ball.
Su discurso se basaba en que, mientras los arios se aferraban a los datos y el trabajo experimental, los judíos se enfrascaban en elucubraciones abstractas.
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Lenard y Stark aplicaban la ideología nazi a la ciencia.
"El argumento de Lenard era que cualquier esfuerzo humano, incluyendo la ciencia, estaba definido por la raza", le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador de la ciencia especialista en la historia de la eugenesia.
"Lenard sostenía que distintas razas tenían una física distinta".
Como la relatividad y la mecánica cuántica incluyen factores como la incertidumbre y el relativismo, Lenard vio en esas teorías una amenaza a una sociedad bien organizada y un camino al caos.
En cambio, la "física aria", que incluía experimentos que habían estado en auge en la Alemania del siglo XIX, hacía énfasis en verdades tangibles, en ciencia que fuera aplicada a problemas reales y en un acercamiento a la realidad estrictamente basado en lo experimental.
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Niels Bohr en su laboratorio en 1940.
En general, los argumentos de Lenard y Stark no contenían "críticas sustanciales" a las ideas de Einstein, explica Wellerstein.
Desde el punto de vista científico eran débiles.
Lo más generoso que se podría decir de los argumentos anti Einstein, dice Wellerstein, es que en ese tiempo varios aspectos de sus teorías no se habían terminado de completar, lo cual abría la puerta a que personajes como Lenard o Stark ofrecieran explicaciones alternativas, ignorando los aspectos robustos de las ideas de Einstein.
Alcance limitado
En 1931, cientos de filósofos y científicos participaron en una publicación en contra de las ideas de Einstein.
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La teoría cuántica resultó revolucionaria para la ciencia.
Wellerstein, sin embargo, señala que la "física aria" realmente no gozaba de mucha popularidad.
"No conozco ningún número exacto (de seguidores), pero los relatos que he leído hacen parecer que era relativamente pequeño", dice el experto.
"Hay que tener en cuenta que las ideas que impulsaban Lenard y Stark no eran muy interesantes desde la perspectiva de la física funcional. Era física del pasado, no del futuro".
¿Qué pensaba Hitler de todo esto?
El máximo líder nazi obviamente estaba al tanto de Einstein, mundialmente famoso por su Nobel de 1921, y por ser un disidente que se negó a volver a Alemania tras el ascenso de los nazis.
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Hitler no estaba particularmente interesado en las ideas de Lenard y Stark.
Wellerstein, sin embargo, dice que no ha visto mucha evidencia de que Hitler considerara que la campaña de Lenard y Stark mereciera su atención personal.
"Hitler no necesitaba razones sofisticadas para odiar a los judíos y su creaciones", dice el historiador.
¿Cómo reaccionaba Einstein?
En general, Einstein no se involucró mucho en los ataques de sus detractores.
En 1920, sin embargo, publicó una carta en respuesta a uno de los ataques contra la relatividad orquestados por Lenard.
"Admiro a Lenard como maestro de la física experimental", escribió Einstein.
"Sin embargo, aún le falta lograr algo en física teórica, y sus objeciones a la teoría de la relatividad general son tan superficiales, que no había considerado necesario, hasta ahora, responderlas en detalle".
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Muchas veces Einstein dejó que fueran otros quienes discutieran sus ideas.
Según Wellerstein, Einstein se alejó de los debates públicos sobre sus teorías y dejó que fueran otros físicos los que las discutieran.
"Que yo sepa, no trató de influir en los debates dentro de la Alemania nazi, tal vez consciente de que lo único que lograría sería agitarlos", dice Wellerstein.
El fracaso de la "física aria"
Con el tiempo, las ideas de Lenard y Stark fueron perdiendo fuerza ante el pragmatismo de los oficiales nazis.
En plena guerra, estos líderes estaban más interesados en lograr resultados, desarrollar armas y tecnología, que en discusiones sobre la interpretación de la física.
"Los nazis nunca adoptaron la 'física aria' como parte de su ideología oficial", dice Wellerstein.
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Para los alemanes, la prioridad era desarrollar armas y tecnología.
"La 'física aria' fracasó espectacularmente, porque incluso a los nazis les costaba trabajo tomársela en serio, especialmente durante la guerra".
Ball, por su parte, explica que para los nazis era evidente que los judíos que habían propuesto la teoría cuántica y la relatividad eran quienes realmente conocían los secretos de los átomos, y que solo ellos estaban en capacidad de convertir sus hallazgos en aplicaciones prácticas.
Tras el fin de la guerra, llegaron los juicios de Núremberg en 1945.
Para entonces, Lenard tenía 82 años y aunque fue arrestado brevemente y despojado de su título como profesor emérito en la Universidad de Heidelberg, nunca fue condenado y murió en 1947, como lo explica Ball en su libro.
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Los líderes del nazismo fueron juzgados en los juicios de Núremberg.
Stark también se salvó de una condena severa.
En 1947 fue sentenciado a cuatros años de trabajo en el campo, pero la sentencia fue suspendida dos veces y murió sin cumplir su codena en 1957, a los 83 años.
En 2020, la Unión Astronómica Internacional decidió que dos cráteres de la Luna que habían sido bautizados Lenard y Stark en honor a estos científicos, dejaran de llamarse así.
Hay voces que van más allá y piden que le sean retirados sus respectivos Premios Nobel.
En cambio, la relatividad general de Einstein se mantiene como una de las teorías más importantes de la física moderna, esperando que alguien la supere con argumentos realmente sólidos.