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Hola, soy Leonardo Liberman. Te invito a visitar mi Blog, en el que propongo efemérides y temas de interés general. Podes mandarme tu comentario al E-mail elmiradornocturno@gmail.com Foto de portada: Magdalena Viggiani.
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El sitio www.marc-blitzstein.org
publicó esta biografía.
Nacido en Filadelfia en 1905, Marc Blitzstein mostró su
promesa musical como pianista a una edad temprana. Comenzó a componer lieder y
piezas cortas para piano en su adolescencia, antes de estudiar composición en
el Instituto Curtis de 1924 a 1926, y luego brevemente en Europa con Nadia
Boulanger y Arnold Schoenberg. A través de su participación en el Composers
Collective of New York y el New York Composers Forum-Laboratory (dos grupos
conocidos por sus puntos de vista políticos de izquierda), Blitzstein entró en
contacto con los compositores preeminentes de la nueva escena musical de Nueva
York de la década de 1920 y 30, incluidos Aaron Copland, Henry Cowell, Hanns
Eisler y Charles Seeger. En 1939, conoció y formó una estrecha amistad con
Leonard Bernstein, quien se convirtió en uno de los defensores más vocales de
la música de Blitzstein. La influencia de estos colegas resultó invaluable en
su desarrollo temprano como compositor y formó la base de muchas amistades de
por vida dentro de este círculo de contemporáneos. A lo largo de su vida,
contribuyó ampliamente, a través de escritos publicados y conferencias, al
discurso en curso sobre el desarrollo de la música y el teatro estadounidenses.
Blitzstein logró su primer éxito notable con su ópera en un
acto Triple Sec (1928), que se presentó en Broadway como parte de Garrick
Gaities en 1930. Su estilo compositivo adoptó un lenguaje musical más simple y
directo a mediados de la década de 1930, cuando dejó de lado el alto estilo
modernista y se volvió cada vez más hacia el teatro musical como medio de
comentario político. El más ejemplar de este estilo, y el trabajo más conocido
de Blitzstein, es su musical de agitprop de 1937 The Cradle Will Rock, una
sátira política a favor de los sindicatos, que satiriza la codicia corporativa
y defiende al "Joe Worker" común y corriente. Encargado por el
Federal Theatre Project, Cradle causó sensación la noche de su estreno cuando,
horas antes de la cortina, las autoridades del FTP intentaron cerrarlo, citando
el mensaje antigubernamental del programa.
Blitzstein compuso en todos los géneros, pero el teatro le
dio sus mayores éxitos: Cradle; Regina, una ópera para Broadway (1949); y una
adaptación al inglés de The Threepenny Opera (1954) de Kurt Weill y Bertolt
Brecht, y fracasos, Reuben Reuben (cerrado fuera de la ciudad, 1955) y Juno
(1959). Su obra orquestal más conocida, The Airborne Symphony, se estrenó con
Bernstein en 1946. En el momento de su inesperada y trágica muerte en 1964,
gran parte de su obra quedó inconclusa e inédita, dejando un legado que se ha
pasado por alto en gran medida en las décadas siguientes.
A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento,
con la Serenata para Cuarteto de Cuerda, en la versión del Cuarteto de Cuerda
Del Sol.
El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo.
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“En nuestro carácter de creyentes y personas de buena voluntad expresamos nuestra
preocupación por la falta de sensatez y humanismo para resolver conflictos. La guerra jamás
puede ser una solución”, plantearon las diversas organizaciones en
una declaración conjunta
Distintas entidades religiosas entre las que se destacan la Conferencia Episcopal y la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA), se pronunciaron sobre la invasión de Rusia en Ucrania y llamaron a orar “por el restablecimiento de la paz y la seguridad”.
“En adhesión a la convocatoria del Papa Francisco, este miércoles 2 de marzo, invitamos a todos nuestros compatriotas a ofrecer una oración desde los más profundo de sus convicciones por el pronto restablecimiento de la paz y la seguridad para quienes padecen hoy el flagelo de la guerra”, expresaron las entidades a través de un comunicado en conjunto.
Además de la Conferencia Episcopal Argentina y la DAIA, adhirieron la Comisión de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso del Arzobispado de Buenos Aires; el Centro Islámico de la República Argentina; el Instituto de Diálogo interreligioso; la Iglesia Evangélica Luterana Unida; la Iglesia Metodista Argentina; y Marcelo Figueroa, Presbítero Evangélico.
“En nuestro carácter de creyentes y personas de buena voluntad expresamos nuestra preocupación por la falta de sensatez y humanismo para resolver conflictos”, plantearon las entidades que insistieron con que “la guerra jamás puede ser una solución” y que llamaron a “la oración y el ayuno.
“Desde una historia construida de dialogo por el bien, reafirmamos nuestro deber cívico para la construcción de la convivencia y la fraternidad humana”, concluyeron las organizaciones religiosas.
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El comunicado de las entidades estuvo acompañado por las palabras que utilizó el Papa Francisco en su cuenta de Twitter, ya presentes en su encíclica Fratelli tutti, para referirse a la tensa situación en la que se encuentra el mundo a raíz de la invasión de Vladimir Putin sobre territorio ucraniano: “Toda guerra deja nuestro mundo peor de lo que lo encontró. La guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una rendición vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal”.
Este domingo, Francisco renovó la invitación “a vivir el 2 de marzo, miércoles de Ceniza, una jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania, para estar cerca de los sufrimientos del pueblo ucraniano, para sentirnos todos hermanos e implorar a Dios el fin de la guerra”.
Al rezar el tradicional Ángelus dominical desde el Vaticano, el Papa recordó que “la gente común es la verdadera víctima” de los conflictos armados, al tiempo que convocó a la comunidad internacional a abrir “corredores humanitarios” para las personas que huyen del país europeo tras la invasión rusa.
”En estos días hemos sido disgustados por una cosa trágica, la guerra. Muchas veces rezamos para que no fuera invocado este camino, y no paramos de hablar, suplicamos a Dios intensamente”, agregó el Sumo Pontífice.
Para Francisco, “quien hace la guerra se olvida de la humanidad, no parte de la gente, no mira la vida concreta de las personas, mete delante de todo intereses de parte y de poder, se basa en la lógica diabólica y perversa de las armas, que es la más lejana de la voluntad de Dios y se distancia de la gente común que quiere la paz”.
El Vaticano realizó gestos y acciones diplomáticas para platear su rechazo a la invasión rusa. Días atrás, Francisco se comunicó con el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, y le expresó su “profundo dolor” por el conflicto bélico desencadenado por Putin.
Por su parte, Zelenesky le agradeció “por rezar por la paz en Ucrania y el cese del fuego”. El viernes pasado, el Papa fue por sorpresa a la embajada rusa en el Vaticano a tratar de mediar por la situación. El pontífice mantuvo una conversación de más de media hora con el representante del Kremlin, Alexander Avdeev.
El Vaticano está dispuesto a colaborar en las negociaciones entre Rusia y Ucrania, aseguró este lunes el secretario de Estado y máximo responsable de la diplomacia de la Santa Sede, Pietro Parolin.
Hoy les presento el 1º programa de La Música de Todos Los
Tiempos, dedicado a Osip Kozlovsky con el Réquiem en Mi Bemol Menor.
Hacé click en el reproductor para escuchar el programa.
El Diario Infobae, en su edición digital, publicó este artículo firmado por Francisco López Muñoz, Esther Cuerda.
Sanz Briz, el “Ángel de Budapest”, no solo otorgó salvoconductos a los judíos en peligro; se involucró además personalmente
en
las actividades de salvamento y hasta sobornó a Eichmann para que respete la
inviolabilidad de los inmuebles protegidos
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Cuando se habla de héroes salvadores de judíos del Holocausto nazi, el mayor genocidio de la historia de la humanidad, siempre viene a colación la figura de Oskar Schindler, gracias a la magnífica y oscarizada película de Steven Spielberg, La lista de Schindler (1993).
Sin embargo, hubo muchos más héroes que arriesgaron vida y carrera y lograron salvar muchas más vidas (aunque el número no sea lo más trascendente, en este caso). Entre ellos destaca, sin duda, el diplomático español Ángel Sanz Briz (1910-1980), el “Ángel de Budapest”, cuya admirable historia es poco conocida, en general, aunque los libros de algunos destacados periodistas, como Diego Carcedo y Arcadi Espada, la hayan sacado a la luz.
El “caso judío” en Hungría
Desde la llegada al poder del partido nazi en Alemania en 1933, la Regencia húngara del almirante Miklós Horthy mostró su apoyo al nuevo gobierno alemán con el objetivo de recuperar parte del territorio imperial perdido después de la I Guerra Mundial.
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Tras la anexión de Austria por Alemania, en marzo de 1938, Hungría comenzó a promulgar leyes antisemitas similares a las leyes de Núremberg alemanas: discriminaciones sociales de carácter racial, eliminación de los judíos del funcionariado, reducción de las actividades económicas de este colectivo e incluso la creación de un Servicio Laboral Húngaro, al que debían incorporarse los varones judíos en edad militar, que suponía, de facto, un sistema de trabajos forzados. A pesar de todo ello, la seguridad de los 725.000 judíos que habitaban la nueva Gran Hungría (sin contabilizar los aproximadamente 100.000 convertidos previamente al cristianismo, pero considerados racialmente judíos) era bastante mayor que en Alemania.
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Pero en marzo de 1944, Hitler invadió Hungría para asegurar su alianza militar con el Eje, y con las tropas alemanas de ocupación entró una unidad Sonderkommando dirigida por Adolf Eichmann, cuyo objetivo era aplicar la “Solución Final” a los judíos húngaros. Inicialmente se aprobaron nuevos decretos contra la población judía: se restringió la movilidad de los judíos en toda Hungría, se les obligó a utilizar el distintivo racial amarillo en sus vestimentas, se confiscaron sus propiedades y comercios, se abolieron sus derechos civiles y, finalmente, se los recluyó en guetos.
El 15 de mayo de 1944 comenzaron las deportaciones de los judíos húngaros, y en menos de dos meses casi medio millón fueron enviados a los campos de exterminio, en su mayoría a Auschwitz, donde la mitad de ellos fueron asesinados en las cámaras de gas tras su llegada. Aunque el regente Horthy detuvo las deportaciones en julio, todos los judíos de Hungría, salvo los de Budapest, ya habían sido deportados.
El 15 de octubre, los alemanes forzaron un golpe de Estado, llevando al gobierno al Partido de la Cruz Flechada, de naturaleza pronazi y abiertamente antisemita, con lo que se agravó enormemente la situación de los judíos que quedaban en Budapest: unos 80.000 fueron asesinados en las riberas del Danubio, sus cuerpos arrojados al río, y varios miles más obligados a desplazarse en “Marchas de la Muerte” hacia la frontera austríaca.
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Durante el asedio soviético de la ciudad, iniciado en diciembre de 1944, los 70.000 judíos que quedaban en Budapest fueron confinados en un gueto, junto a la Gran Sinagoga, y miles de ellos murieron de hambre, frío y enfermedades. Toda una tragedia que algunas autoridades húngaras actuales tratan incluso de minimizar y relativizar.
Frente a esta dramática situación, un grupo de diplomáticos de las naciones oficialmente neutrales en el conflicto bélico se organizaron en una especie de red clandestina de ayuda y protección a la población judía, sin que mediaran órdenes específicas de sus gobiernos, para evitar que los judíos fueran enviados a las cámaras de gas de Auschwitz y Birkenau. Aunque nos vamos a centrar en el español Ángel Sanz Briz, entre ellos también cabe mencionar al primer secretario de la legación sueca Raoul Wallenberg, al cónsul suizo Carl Lutz, al nuncio apostólico Angelo Rotta y al encargado de negocios portugués Alberto Branquinho.
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Ángel Sanz Briz, el “Ángel de Budapest”
El joven diplomático zaragozano encabezaba la Legación de España en Budapest en junio de 1944 como encargado de negocios, informando a sus superiores del Ministerio de Exteriores sobre la denigrante y oprobiosa situación de los judíos en la capital húngara y de los protocolos de deportación a los campos de exterminio.
En uno de estos informes, fechado el 16 de julio de 1944, detalla: “Afirman que el número de los israelitas deportados se aproxima a 500.000. Sobre su suerte en la capital corren rumores alarmantes. Insisten en que la mayoría de los deportados judíos (en cada vagón de carga van unas 80 personas amontonadas) están dirigidos a un campo de concentración cercano a Kattowitz donde les matan con gas, utilizando los cadáveres como grasa para ciertos productos industriales”.
Tras la llegada al poder del partido de la Cruz Flechada en octubre de 1944, Sanz Briz, ahora ya sí con la anuencia de Madrid, comenzó a proporcionar las llamadas “Cartas de Protección” o salvoconductos (Schutzbrief) a judíos de Budapest. En un principio lo hacía a aquellos que alegaban orígenes sefardíes, en virtud de un antiguo Real Decreto de 1924 promulgado durante la dictadura del General Primo de Rivera que otorgaba la ciudadanía española a los judíos descendientes de los que fueron expulsados de España en 1492, pero posteriormente se extendió a cualquier judío perseguido, haciéndolos pasar por sefardíes.
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Tras negociar con las autoridades húngaras, recibió inicialmente el consentimiento de otorgar esos derechos a 200 judíos de origen español, pero amplió la cobertura a 200 familias y posteriormente continuó incrementando el cupo asignado, generando series marcadas con letras, de forma que nunca superaban el número 200.
Para salvaguardar sus vidas, Sanz Briz alojó a los judíos protegidos en ocho edificios alquilados por él mismo en diferentes lugares de Budapest, que posteriormente fueron ampliados a once, indicando que eran anexos a la Legación española y que gozaban de extraterritorialidad. Incluso consiguió que la Cruz Roja Internacional colocara letreros españoles en hospitales, orfanatos y clínicas de maternidad, para proteger a los judíos que allí se encontraban.
Asimismo, llegó a involucrase personalmente en estas actividades de salvamento, intimando con una alta autoridad del partido de la Cruz Flechada para que no se violaran sus casas protegidas y sobornando directamente con el mismo objetivo al Gauleiter Eichmann, presentándose físicamente en alguno de los inmuebles para evitar detenciones, y rescatando a 30 de sus protegidos de una “marcha de la muerte” organizada por los nazis y devolviéndolos a las casas de bandera española.
Ante el inminente avance de las tropas soviéticas, Sanz Briz recibió instrucciones precisas de Madrid de abandonar Budapest, dado que España era enemiga del régimen comunista de la Unión Soviética, y partió rumbo a Suiza el 6 de diciembre de 1944.
Pero la labor de Sanz Briz no se perdió con su salida de Hungría, pues continuó durante 40 días más, hasta la liberación de Budapest por las tropas soviéticas el 16 de enero de 1945. El italiano Giorgio Perlasca, quien obtuvo de Sanz Briz un pasaporte español por haber luchado en el bando franquista durante la Guerra Civil, había colaborado con la Legación, visitando y ayudando a los refugiados alojados en casas de protección.
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Con documentos falsificados, Perlasca se hizo pasar ante las autoridades húngaras por el encargado de negocios de la Embajada española y consiguió mantener la estructura organizada por el diplomático español, incluyendo el suministro de alimentos, en una situación de enorme escasez por el sitio de la ciudad.
Justo entre las Naciones
El número de judíos húngaros muertos durante el Holocausto fue, aproximadamente, de 568.000 y sólo sobrevivió uno de cada tres judíos residentes en la Gran Hungría. Entre estos últimos se pueden contar los 5.200 judíos que Sanz Briz, con la colaboración final de Perlasca, salvó de la deportación y, por tanto, de los campos de exterminio, de los que apenas 200 eran de origen sefardí. En total, casi cinco veces más que los incluidos en la famosa lista del empresario alemán Schlinder.
Sanz Briz fue nombrado por Yad Vashem, el 8 de octubre de 1966, “Justo entre las Naciones”, la más alta distinción que otorga el Gobierno de Israel a personas no judías. Esta distinción también se haría efectiva para Perlasca el 9 de junio de 1988, al igual que para los anteriormente mencionados Wallenberg, Lutz y Rotta, que interpretaron un papel parecido al de Sanz Briz.
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Gracias al valor y la tenacidad de este funcionario del servicio exterior español, en actos de heroísmo que van más allá del cumplimiento de su deber, miles de judíos pudieron salvar su vida. Y su recompensa fue la postergación inicial en su carrera diplomática y la prohibición expresa de recoger el honor concedido por Israel, pues el Ministerio de Asuntos Exteriores consideró que la presencia de un diplomático español en dicho Estado podría dañar las recién establecidas relaciones hispano-árabes, por lo que sólo pudo ser entregado póstumamente a su viuda en 1991.
*Francisco López Muñoz es profesor titular de Farmacología y vicerrector de Investigación y Ciencia de la Universidad Camilo José Cela. Esther Cuerda es vicepresidenta del Centro de Investigaciones sobre Totalitarismos y Movimientos Autoritarios (CITMA), Universidad Rey Juan Carlos.
Publicado originalmente en The Conversation
El sitio www.apoloybaco.com
publicó este recordatorio.
Bobby Timmons.
Robert Henry ‘Bobby’ Timmons (Filadelfia, Pensilvania,
1935-Nueva York, 1974), creció en el seno de una familia religiosa, lo que
propició que desde la infancia se sintiera atraído por los sonidos del piano,
pasión a la que contribuyó el entusiasta ambiente góspel y funk reinante en las
ceremonias que tenían lugar en la iglesia.
A los 6 años comenzó a recibir lecciones de piano de su tío
tanto el piano como el órgano en la iglesia de la que su abuelo era ministro.
Tras graduarse en el escuela secundaria recibió una beca para estudiar en la
Academia Musical de Filadelfia.
En 1952, con 17 años, inició su carrera profesional y sus
primeras actuaciones tuvieron lugar en su ciudad natal, a menudo con un trío
que incluía al baterista Al ‘Tootie’ Heath, pero también con diferentes
orquestas locales de R&B, algo habitual en otros grandes maestros como por
ejemplo John Coltrane.
Este temprano periodo formativo —en especial la música de
iglesia— fue sin duda un factor clave en su enfoque pianístico de acentuado
acento “funky” que tanto le caracterizó: supo innovar e improvisar sobre la
base del góspel que llevó al jazz.
Al cabo de un tiempo y ya con una formación jazzística más
consolidada, el joven Timmons abrazó la influencia del pianista Bud Powell, uno
de los músicos de referencia del Bebop, y que le ayudó a buscar ese acentuado
sentido rítmico que lo identificaba como su sello personal.
A los 19 años, en 1954, decidido a ampliar sus horizontes,
se instaló en Nueva York con su bagaje de estilo de piano funky, con acentuados
tintes de góspel y sabor a blues y hard bop, causando un impacto inmediato en
la escena jazzística de la ciudad: junto al trío de Wynton Kelly, Timmons, se
convirtió en uno de los pianistas más solicitados de su generación.
Su primera gran experiencia profesional y su debut
discográfico tuvo lugar con la banda del trompetista Kenny Dorhman, “The Jazz
Prophets” y su álbum: “Round About Midnight at the Cafe Bohemia”, grabado para
Blue Note en 1956. Luego viajó a Los Ángeles para unirse en 1956 al trompetista
y cantante, Chet Baker, y con quien permaneció el resto del año participando en
las grabaciones tanto del grupo como de su big band.
Concluido este compromiso y en su condición de pianista
solicitado, regresó a Nueva York para cumplir con numerosos contratos y
sesiones de grabación con destacados jazzmen de la que podríamos llamar nueva
ola del jazz adscrita al movimiento hard bop, como: Hank Mobley, Sonny Stitt,
Curtis Fuller, Maynard Ferguson, John Jenkins, Clifford Jordan, Lee Morgan,
Pepper Adams o Kenny Burrell entre otros
En 1957 comenzó su colaboración con el saxo tenor, Hank
Mobley, grabando el álbum “Hank” (Blue Note, 1957), y ese mismo año, clave en
su carrera, apareció colaborando en importantes trabajos discográficos con el
saxofonista Sonny Stitt “Personal Appearance”; el trombonista Curtis Fuller “The
Opener”; los trompetistas Lee Morgan “The Cooker y Maynard Ferguson “Boys With
Lots of Brass” y una colaboración en quinteto codirigida junto John Jenkins,
Clifford Jordan — Jenkins, Jordan and Timmons (New Jazz, 1957), así como con
Pepper Adams “10 to 4 at the 5 Spot”; Kenny Burrell “Blue Lights vol 1 y 2”, o
incluso con Benny Golson en el disco “Benny Golson and the Philadelphians”,
publicadas en 1958.
Ese mismo año de 1958, Timmons, con solo 23 años, iniciaría
su colaboración con los “Jazz Messengers”, grupo con el que estuvo en dos
periodos distintos: entre julio de 1958 y septiembre de 1959, y desde febrero
de 1960, hasta junio de 1961. Entre medias, formó parte, aunque de manera
efímera, de la banda del saxo alto Julián ‘Cannonball’ Adderley. A pesar de
ello, su estancia con Cannonball fue fructífera participando en dos espléndidos
álbumes; el primero grabado en directo en San Francisco: “The Cannonball
Adderley Quintet in San Francisco”, uno de los grandes directos de la historia
del jazz y grabado por el ello “Riverside” en 1959.
Su pertenencia a los Jazz Messenger, dejó grabaciones
memorables, como: “A Night in Tunisia”; “The Freedom Riders”; “The Witch
Doctor”; “Drums Around the Corner”; la banda sonora de la película “Les
Liaisons Dangereuses”, o el magistral “At the Jazz Corner of the World”, un
disco que recoge la actuación de los Jazz Messengers en directo, el 15 de abril
de 1959, en el legendario “Birdland, Jazz Club”, de New York.
De su producción discográfica, merece mención especial el
álbum “Moanin”, grabado para el ello “Blue Note”, en 1959, y originalmente
editado a nombre de “Art Blakey & The Jazz Messengers”, y que gracias al
enorme éxito de la composición que daba título al disco, se llegó a
“rebautizar” el álbum como hoy se conoce. En los Jazz Messengers, Bobby Timmons
dio rienda suelta a su enorme capacidad creativa en la composición y su
extraordinaria habilidad para “teñir” las melodías con ese barniz “funky” que
le hizo famoso.
Tras el enorme éxito de “Moanin”, Bobby Timmons era ya uno
de los acompañantes más seguros y solicitados de la escena jazzística
neoyorquina. Recién iniciada la década de los 60 y animado por el éxito de
algunas de sus composiciones, Timmons dejó la formación de Art Blakey y decidió
emprender su carrera en solitario para liderar sus propias bandas,
habitualmente en formato de trío, con grabaciones que solían incluir
composiciones propias —tanto las conocidas y registradas para los Jazz
Messengers o Cannonball Adderley, como otras escritas después—, además de
continuar colaborando en sesiones de grabación para otros músicos y en diversas
actuaciones y giras.
Al principio de esa etapa en solitario, el trío de Timmons
se decantó por la influencia jazzística de los maestros, Red Garland y Ahmad
Jamal, aunque siempre con su característica acentuación funk, buscando más el
sentido rítmico que la complejidad armónica. Miembros habituales de sus grupos
en aquellos años, fueron los contrabajistas, Sam Jones y Ron Carter y los
bateristas Jimmy Cobb y Albert ‘Tootie’ Heath, quien afirmó que para entonces
Timmons se encontraba en el cénit de su fama.
En los sesenta, Bobby Timmons era uno de los pianistas de
moda, y son innumerables las sesiones de grabación realizadas y las
colaboraciones discográficas en estudio o en directo en las que participó. En
aquellos años, Timmons debutó como líder de sus propio grupo en los estudios de
grabación de Blue Note, Riverside, Prestige o Milestone, generando un extenso
cuerpo de creaciones propias al frente de sus propias formaciones, en especial
a trío, y presentándose en una amplia diversidad de lugares y clubes, sobre
todo en el área metropolitana de Nueva York.
Entre 1960 y 1969, Bobby Timmons dejó grabado la parte más
importante de su discografía, con más de una decena de discos, casi uno por
año, diseminados entre los sellos “Riverside”, “Prestige”, “Blue Note”y
“Milestone”. En esos años, Timmons estaba en plena fase de madurez creativa y
sus discos marcaban tendencia entre los aficionados al jazz de aquella época. A
trío o en cuarteto–su fórmula preferida—, Timmons, dejó constancia de su
capacidad para la composición, y su magnífica técnica al piano. Uno de sus
trabajos más reconocido fue el álbum “In Person” (Riverside, 1961), de nuevo a
trío pero ahora con Ron Carter y Albert ‘Tootie’ Heath, y que recoge la
soberbia actuación en el Village Vanguard neoyorquino del 1 de octubre de 1961.
Su debut con el sello Milestone en 1967, recogida en el
álbum “Got to Get It”, presentó a Bobby Timmons al frente de una inusual
formación de Noneto —con la participación de destacadas figuras como Joe
Farrell y James Moody (fl, st) Huber Laws (fl) George Barrow (sb) Jimmy Owens
(tp, fs) Eric Gale y Howard Gale (g) Ron Carter (b) Billy Higgins y Jimmy Cobb
(d). El álbum fue recibido con grandes elogios y calificado como una
irresistible e incendiaria manifestación de “soul jazz”.
La segunda sesión de 1968, dio lugar al que sería el último
álbum del pianista, y titulado: “Do You Khow the Way?”. El disco nos presenta a
un cuarteto con el guitarrista Joe Beck (g) Bob Cranshaw (b el) y un joven Jack
DeJohnette a la batería y tres pistas a trío sin Beck y con tres temas propios:
“The Spanish Count”, “Come Togheter” y “Soul Time”. La crítica señaló que en
estas últimas grabaciones, Timmons intentaba enseñar el camino del futuro de su
música, más avanzada que en grabaciones anteriores, y que estaba preparado para
dar el salto y abandonar el estilo funky que predominó en su carrera hasta
entonces.
Sin embargo los problemas de salud, su adicción al alcohol o
y el progresivo deterioro cognitivo, marcaron el principio de su declive a
fines de la década de los 60. Aun así, mantuvo una digna línea de trabajo
presentándose en numerosos clubes y salas, sobre todo en el área neoyorquina,
publicando sus dos últimos álbumes como líder ya citados en 1969 y colaborando
ese mismo año en el del saxo tenor Dexter Gordon en el álbum: “Live at the Left
Bank”, grabado en directo en el célebre “Famous Ballroom” de Baltimore en una
de las esporádicas visitas a Estados Unidos del gigante saxofonista exiliado en
Copenhague.
En 1974, Timmons, en un penúltimo intento de recuperar su
carrera musical, se unió a la big band de Clark Terry para una gira europea que
no pudo terminar dado sus problemas físicos. Fue trasladado de vuelta, muy
enfermo a los Estados Unidos, y falleció el 1 de marzo de 1974, a los 38 años,
en el hospital de St. Vincent de Nueva York.
Timmons, pese a la brevedad de su carrera —apenas doce
años—, creó un corpus musical que rivaliza con el de algunos de los artistas
más influyentes y prolíficos de la historia del jazz y puede ser considerado
como una de las figuras que más aportó al hard bop del que fue un auténtico
maestro por su genialidad melódica y rítmica y por llevar el sonido góspel y
soul al piano de jazz.
Por su personal combinación de góspel, blues y funk es
considerado como uno de los fundadores del “soul jazz”, aunque y pese a sus
influencias en cierto modo ajenas al jazz, siempre mantuvo un relevante
virtuosismo en su improvisación y nunca se alejó demasiado del hard bop.
A continuación, lo recordamos en el día de su fallecimiento, con Moanin', junto a Art Blakey & the Jazz Messengers.