jueves, 2 de enero de 2025

Chacho Müller


Rodolfo Antenor Müller, más conocido como Chacho Müller, nació en Buenos Aires, Argentina, el 2 de enero de 1929, y murió en Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina, el 23 de mayo de 2000.​ Compositor, arreglador, guitarrista, pianista e intérprete.

El sitio www.riobelbo.com publicó este recordatorio firmado por José Luis Torres

Chacho Muller, la KGB y el río

Publicada por riobelbo en 28 de junio de 2021

Recuerdos del músico del Paraná en la memoria de un amigo

Por José Luis Torres*

Chacho Muller tenía una lancha que le había comprado a la compañía de aviación, cuando el hidroavión acuatizaba frente a Rosario. La compañía tenía una lancha para desembarcar los pasajeros y llevarlos hasta el puerto de la Estación Fluvial, casi frente al Monumento a la Bandera.

Ese hidroavión, que hacía la travesía Buenos Aires-Asunción, con paradas previas en Rosario y Santa Fe, cesó sus actividades en 1959, y Chacho compró esa embarcación que había quedado en desuso.

Era una lancha larga, de 11 metros de eslora, y con sus conocimientos de carpintería se dedicó durante un tiempo a restaurarla y reacondicionarla para su uso particular, con lo cual podía transportar hasta 30 personas. La bautizó Yerutí. Su pasión era el río Paraná y las islas que están frente a nuestra ciudad. Las conocía palmo a palmo desde que aprendió a usar los remos, siendo muy chico. Conocía al río y lo respetaba, además era muy buen nadador.

En las islas tenía amigos pescadores que vivían con sus familias soportando crecidas e inundaciones, personajes que se pueden conocer a través de sus canciones.

Esa lancha era utilizada para llevar a sus amigos los fines de semana a conocer las islas, muchas veces acampando y comiendo lo que brindaba el río. Esas vivencias y el conocimiento de aquellos habitantes le permitían componer obras como Pescadores de mi río:

Doblado de remos,

quemado de río y aguaceros

lleva correntoso el corazón.

Y en el dibujo de las redes

está enmallado de sol a sol.

Pan que mi río nos ofrece mansamente,

plateado y vivo

salta en las redes,

brilla en los ojos de quien lo sabe ganar.

Gente de río, pescadores,

de mi río Paraná...

Entre esos amigos estaban incluidos músicos rosarinos como Carlitos Pino, Pancho Romero, Cristián Hernández Larguía, Eduardo Spinassi y algunos otros que no recuerdo.

En algunas oportunidades otras figuras que llegaban a Rosario con motivo de alguna actuación conocían la aventura de viajar en su lancha y cruzar a las islas.

Así han lo han hecho Los Quilla Huasi (los primeros en grabar uno de sus temas); Daniel Toro; Los Trovadores; Mercedes Sosa, que en 1999 cantó frente al Monumento y recordaba esa visita:

—Qué cosa tan bella es este río Paraná, ¡y cuanto miedo sentí cuando Chacho Muller me llevó en su lancha! Era muy joven, nunca más lo volvería a hacer.

Mercedes Sosa conoció a Chacho en 1966, se hicieron amigos y comenzó a cantar sus canciones. Chacho componía en el piano, se sentía cómodo con ese instrumento y le permitía utilizar una gama de recursos que sonaban muy lindos.

El problema surgía al tocar esas mismas melodías en guitarra, había que transportar acordes y armonías, el tema se iba complicando. Chacho lo hacía, tocaba para él y lo resolvía, tenía un oído privilegiado sin ser un gran conocedor de la guitarra.

Pero en una oportunidad se dio el caso de que Mercedes vino a Rosario con su guitarrista Pepete Bértiz y fueron a visitar a Chacho porque necesitaban conocer los acordes de un tema suyo para poder cantarlo en el teatro.

En 1967 Mercedes viajó junto con Los Trovadores, Chito Zeballos, Luisito Amaya, en una larga gira que comenzó en Miami y le siguió Portugal, Italia, Polonia y Rusia.

Unos meses después Mercedes lo llama a Chacho y le dice:

—Mirá Chachito, está en Buenos Aires la Orquesta Sinfónica de Moscú y la encargada de la gira me avisa que viajan a Rosario. Tantas veces les he contado a los rusos que tenemos un Paraná fantástico… Quieren conocerlo. Quisiera que los lleves a conocer el río, que puedan tocar esa agua.

Chacho se entusiasmó con la idea y no se conformaba con llevar a los rusos a tocar el agua y mirar el río desde la orilla. “Estos tipos tiene que cruzar el río para entenderlo, los voy a llevar a la isla”.

Vino la Sinfónica de Moscú a Rosario, actuaron en el teatro El Círculo, y custodiados por gente de la KGB se fueron a dormir al hotel.

La Policía Secreta de la URSS en realidad no era tan secreta, desde el momento en que cada vez que salía de Rusia cualquier personalidad (científicos, ajedrecistas, deportistas, artistas) tenía a su cargo la seguridad de la misma, y sobre todo evitar la deserción del paraíso soviético.

Ya habían tenido varias fugas, parece que el clima no les sentaba bien a algunas personas y trataban de cambiar el lugar de residencia. Por esas razones se levantó el muro de Berlín en 1961 y la ciudad quedó dividida en dos. El famoso muro fue derribado en 1989.

En el caso nuestro, aquel domingo temprano la orquesta rusa (junto al coordinador y los agentes de la KGB) se pusieron en movimiento.

Eran 17 músicos, el coordinador y tres agentes. Pasaron por el Rich (famosa casa de comidas en aquellos años), compraron vino Chianti empajado y algunos postres, emprendiendo camino al puerto para encontrarse con Chacho y su lancha.

Alborozados saludos de sincera alegría con el anfitrión, y se fueron acomodando en la lancha, junto a algunos amigos de Chacho más sus dos hijos: Willy era el timonel y Marisa un nota femenina de color entre tantos hombres.

—Chacho, ¿y cómo se entendían si ellos hablaban ruso y ustedes castellano? —le preguntaba yo.

—¿A vos te parece que no nos podíamos entender? ¡Estaban enloquecidos con el río! Les parecía increíble que fuera tan ancho, eran gestos de asombro… Nunca habían conocido un río como este!

Le gustaba recordar la historia a Chacho 30 años después:

Vos no vas a creer, aplaudían, disfrutaban, sacaban fotos, todo los maravillaba, me preguntaban con gestos y traductor mediante ¿Pero, cómo… esta lancha es suya? Así es, es mía. ¿Entonces no es del Estado? Claro, estaba abandonada, la compré y la reformé con mis herramientas para poder usarla y cruzar a las islas.

No podían creer que un ciudadano común pudiera tener una lancha y no fuera propiedad del Estado. En fin… eran otros tiempos de este mundo.

Pero la cosa no termina ahí. Había conseguido en la isla una parrilla grande. Cuando vieron la carne, los costillares y los chorizos que íbamos poniendo para asar aplaudían y sacaban fotos. Y a la hora de comer ya no sabíamos quién era visitante y quién rosarino.

Eran aplausos, brindis en todos los idiomas, risas, alegría, amistad compartida. Al fin de cuentas éramos todos músicos, colegas de la profesión, un idioma universal.

Alguien había llevado una guitarra y comenzaron las canciones, las nuestras (sobre todo tangos) que cantábamos al unísono y luego las de ellos que contestaban de la misma manera con sus canciones rusas tradicionales.

Además, no sé cómo pero aparecieron algunas botellas de vodka, no te sabría decir si era ruso o de Saladillo, pero aquello fue una fiesta de confraternidad increíble.

Uno de los agentes de la KGB le regaló su cámara fotográfica a mi hija Marisa y otro compañero hizo lo mismo con un amigo mío. Serían agentes secretos, pero tomaban y cantaban a más no poder: parecían pescadores de aquellas islas.

Cantamos, bailamos, brindamos, pasamos un día maravilloso, inolvidable. Nos quedó a todos un recuerdo hermoso de aquel día compartido con todos los rusos.

Un amigo mío había llevado una partitura de una obra mía y todos aquellos visitantes, incluidos los agentes secretos de la tan temida KGB, antes de emprender el retorno y subir a la lancha me la firmaron y la tengo de recuerdo en casa.

Cuando Chacho me contaba esto, 30 años después, y me mostraba esa partitura, sus ojos brillaban al recordar esa jornada.

Conservo muchas cosas de Chacho: algunos discos de su discoteca, su poncho, su boina, amarillentas partituras originales escritas con lápiz, los cuadernillos editados por Lagos, fotos, y el regalo más preciado: su guitarra, una Antigua Casa Núñez.

No sé si será su sonido tan cálido y criollo, o por el recuerdo de Chacho: de las cuatro violas que tengo, ésta es la que me más me conforma y la tengo siempre cerca de mí.

Dicen algunos que Chacho era de carácter difícil, muy exigente, quizás gruñón, que era muy bravo opinando de música (y también de otras cuestiones); quizás puedan tener razón, acepto y comprendo todas las opiniones.

Chacho decía: “Hay dos tipos de música: la buena y la mala. No puedo escuchar música mala, ni aunque me obliguen”. “En las relaciones con la gente, algunos son mis amigos, el resto conocidos… y otros nada”.

Vaya a saber por qué tuve la suerte de ser su amigo. Y se lo agradezco. Quién sabe dónde fue a parar esa partitura firmada por la Sinfónica Moscú que me mostró en su casa de calle Colón al 2000.

Aquella histórica lancha vivió en el río y murió en el río: una crecida del Paraná la echó a pique a fines de los 60. Chacho se zambulló en el río tratando de salvarla, pero fue imposible, el agua era imparable. Quizás, no lo podría asegurar, Chacho anticipó su final cuando escribió La isla:

Y el río pasa,

lleva,

algo nos deja

y algo se va.

La isla: “Siempre algo nos da este río / pero hay veces que nos quita…”

Cuando falleció Chacho, un grupo de amigos y su hija Marisa, subimos una mañana de sol a una lancha que hace el trayecto a la isla frente a Rosario.

Se le avisó al conductor que detuviera la embarcación en la parte más profunda del Paraná, Marisa sacó la urna con sus cenizas y las dejó caer como abrazando el río. Carlitos Pino, atravesado por la emoción, cantó Botecitos de papel. Fue la única vez que lo escuché cantar con la voz quebrada, no sé cómo pudo terminar la canción tratando de contener el llanto y despidiendo a su amigo. Al amigo de todos nosotros.

Chacho Muller (Buenos Aires, 2 de enero de 1929 – Rosario, 23 de mayo de 2000) fue un compositor, arreglador, guitarrista, pianista e intérprete argentino de música folclórica. Es el creador del género «canción del litoral». Por su aporte a la música de raíz folclórica es considerado uno de los músicos más representativos del Litoral. En 1966 Atahualpa Yupanqui le dedicó estas líneas: «Chacho, aunque usted no compusiera más nada ―cosa que dudo mucho― con La isla ya ha cumplido su deber de músico».

*De José Luis Torres (Venado Tuerto, 1944) puede decirse que es un antropólogo sin título universitario. Como músico acompañó a Chacho Muller, Alfredo Ábalos, Horacio Banegas, Paco Ibánez, Colacho Brizuela, Kali Carabajal, Elpidio Herrera, Lalo Homer, Marcelo Perea, entre otros. Desde la década del 70 está dedicado a la creación de un archivo de música folclórica, manteniendo, para tal fin, correspondencia con Jorge Gómez Carrillo, Eduardo Falú, Adolfo Ábalos, Antonio Tarragó Ros, Perla Aguirre, Hilda Herrera, Sixto Palavecino, Carlos Carabajal, Humberto Carfi, Miguel Martínez, Aníbal Sampayo, Jorge Fandermole, Ramón Ayala, Carlos Pino, Juanjo Domínguez, Raúl Barboza, et al. Condujo programas radiales desde 1995 al 2020 y fundó el Archivo de Música Folclórica Argentina en el Archivo Sonoro de la Escuela Superior de Museología de Rosario, del que fue su técnico entre 2004 y 2020.     

A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento, con uno de sus grandes éxitos: Pescadores de mi río.


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miércoles, 1 de enero de 2025

Murió el cantante y compositor argentino Leo Dan

El Diario La Nación, en su edición digital, publicó esta información.

Murió el cantante y compositor argentino

Leo Dan

A continuación, lo recordamos con uno de sus grandes exitos: Cómo Te Extraño Mi Amor, con Rubén Albarrán.

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Maurice Béjart


Maurice-Jean Berger, más conocido como Maurice Béjart, nació en Marsella, Francia, el 1 de enero de 1927, y murió en Lausana, Suiza, el 22 de noviembre de 2007. Bailarín y coreógrafo.

El sitio www.danzaballet.com publicó este recordatorio.

Maurice Béjart, leyenda viva de la danza mundial

«un minimum d’explication, un minimum d’anecdotes, et un maximum de sensations»

(Un mínimo de explicación, un mínimo de anécdotas, y un máximo de sensaciones)

Extrait d’Un instant dans la vie d’autrui.

Su nombre, Maurice Béjart.

Un icono en el mundo dancístico. Un innovador del siglo XX. Quienes han seguido con lupa su trayectoria como bailarín, coreógrafo y director de su propia Compañía, han resaltado la riqueza de su propuesta, que es ecléctica, enriquecida con música contemporánea espectacular y sobre todo cargada de un gusto cosmopolita.

Debuta a los 18 años en el Teatro Municipal de Vichy y a continuación forma parte de los Ballet de Roland Petit y del Real Ballet Sueco. En 1959 estrena en Bruselas Le Sacre du printemps interpretada por bailarines de tres formaciones diferentes que pasarían a formar la genial compañía Ballet del Siglo XX. Durante 27 años, entre 1960 y 1987, Béjart revolucionó el mundo de la danza con espectáculos como Bolero, Canto del compañero errante (creada para Nureyev), Nijinski (para Jorge Donn) o Gaité parisienne (para Víctor Ullate).

En 1987 la compañía paso a ser el Béjart Ballet de Lausanne y en septiembre de 1992, después de quedar reducida a 20 bailarines tomó el nombre de Ruda Ballet. Actualmente vuelve a denominarse Béjart Ballet de Laussanne. Desde Bolero hasta Le Sacre du Printemps, pasando por piezas inspiradas en escritores, pintores, religiosos, músicos o filósofos, homenajes a cineastas como Fellini (Ciao Federico) o a diseñadores como Versace (Bolero pour Gianni), Béjart con su toque grandioso coreografía todo lo que se le pone por delante.

Secundado por su inseparable y equipo de bailarines del Béjart Ballet Lausanne, capitaneado por Gil Roman, su director asistente desde 1992, Béjart propone tres excepcionales coreografías inspiradas en temas españoles protagonizadas entre otros bailarines por tres primeras estrellas de la compañía desde hace años, los españoles Ruth Miró, Víctor Jiménez y Elisabet Ros. La formación está integrada por 22 hombres y 14 mujeres de muy diversas procedencias.

«Mis ballets —escribió Béjart— son, ante todo, encuentros con la música, con la vida, con la muerte, con el amor (…), seres cuyo pasado y obra se reencarnan en mí, igual que el bailarín que ya no soy se reencarna una y otra vez en unos intérpretes que lo rebasan».

Maurice Béjart

(Marsella, Francia; 1 de enero de 1927 – Lausana, Suiza; 22 de noviembre de 2007)

Coreógrafo y bailarín francés, conocido por su obra altamente efectista y a menudo impresionista. Su verdadero nombre es Maurice Jean Berger, y nació en Marsella, Francia. Bailó con el también coreógrafo francés Roland Petit y en diversas compañías.  En 1953 en París, fundó los Ballets de l’Étoile (más tarde conocidos como el Ballet Théatre de Maurice Béjart (1957). Sus innovaciones coreográficas suscitaron problemas en Francia, por lo que en 1959 se trasladó a Bélgica, al Teatro Real de la Moneda en Bruselas.

En 1960 formó junto a su compañía el Ballet du XXe Siècle. Béjart ha producido espectáculos a gran escala, utilizando bailarines con formación clásica junto a efectos coreográficos basados en la danza moderna y la acrobacia. En sus producciones ha empleado elementos eróticos como en Bolero (1961), y temas sociales y políticos como en El pájaro de fuego (1970). Su compañía ha actuado en escenarios no convencionales y ha bailado ante multitudes en palacios de deportes y circos. Béjart ha utilizado en sus coreografías efectos teatrales, como el uso de textos literarios y elementos de multimedia. En muchos de sus trabajos Béjart ha destacado la figura del bailarín.

Legó la dirección artística del Ballet du XXe Siècle a J. Donn. En 1980 debutó como director de ópera en Ginebra con Don Juan de Mozart. En 1988 Béjart trasladó su grupo Lausana, Suiza. © eMe

Maurice Béjart (Marsella, Francia; 1 de enero de 1927 – Lausana, Suiza; 22 de noviembre de 2007)

Maurice Béjart, leyenda viva de la danza mundial

Ha cumplido 80 años de edad y sigue teniendo la misma intensidad que lo ha caracterizado.

Es una leyenda viva de la danza. Es una referencia obligada en todo el mundo. Ha dejado una huella incomparable dentro de la historia de esta manifestación dancística.

Su nombre, Maurice Béjart. Un icono en el mundo dancístico. Un innovador del siglo XX. Quienes han seguido con lupa su trayectoria como bailarín, coreógrafo y director de su propia Compañía, han resaltado la riqueza de su propuesta, que es ecléctica, enriquecida con música contemporánea espectacular y sobre todo cargada de un gusto cosmopolita.

En su lugar de origen, Francia, dio un impulso diferente al movimiento dancístico. De hecho, se considera que él abrió las puertas del ballet a un público que no era experto, es decir, no creía que la danza clásica fuera para una élite, sino que podía ser para las masas. En su momento, cambió el tutú por leotardos y jeans, revolucionando así el ballet europeo con su estética e innovadora técnica. Por esa razón, Béjart se convirtió en una de las personalidades francesas más conocidas en la Tierra. Y no fue para menos, sus bases fueron muy sólidas.

Su formación en la danza clásica fue a lado de iconos como Madame Egorova, Madame Roussane y Léo Staats. Su carrera profesional la inició con grandes figuras, como Jamine Charrat y Roland Petit.

Fue en 1949, durante una gira con el Ballet Cullberg, cuando descubrió la expresividad coreográfica que hasta hoy lo mantiene como un emblema de la danza. Después, estrenó su primera pieza: Sinfonía para un hombre (1955) con su Compañía Ballet de I’ Etoile. Con esta coreografía, descubrió a dos grandes compositores: Pierre Henry y Pierre Schaeffer, cuya música lo hizo pensar en la búsqueda de un nuevo lenguaje de la danza.

Más adelante, en 1960, fundó el Ballet del Siglo XX estrenando las obras Boléro (1961) y Messe pour le temps présent (1967). Hasta 1987, esta agrupación cambió su nombre a Béjart Ballet Lausanne (que ha celebrado su 50 aniversario). Al mismo tiempo, creó una fundación destinada a la promoción de actividades relacionadas con el arte de la danza. Durante este tiempo, hizo creaciones emblemáticas: Le Presbytére, La route de la soi y Á propos de Shéhérazade.

No hay que olvidar su labor como docente. Ha compartido su experiencia a través de sus dos escuelas: Mudra, fundada en 1970 en Bruselas, así como Rudra, creada en 1992 en Lausanne.

Una de sus grandes enseñanzas está resumida en una frase que él mismo creó y que define lo que es la danza para él: “Un minimum d’ explication, un minimum d’ anecdotes, et un maximum de sensations” (un mínimo de explicación, un mínimo de anécdotas y un máximo de sensaciones). Por Gabriela Jiménez Bernal. Fuente www.danza.unam.mx

A continuación, lo recordamos en el día de su nacimiento, con La consagración de la primavera. Coreografía de Maurice Bejart, producción de 1970.


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