lunes, 27 de mayo de 2013

El Noveno Día



El Noveno Día es una película alemana de 2004 dirigida por Volker Schlöndorff y basada en el libro autobiográfico "Pfarrerblock 25487" del sacerdote luxemburgués Jean Bernard, prisionero de los nazis en el campo de concentración de Dachau, desde mayo de 1941. 


El Campo de Concentración de Dachau funcionó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, fue liberado por tropas estadounidenses en 1945, en ese lapso estuvieron recluídos 2.579 religiosos de diversos credos de toda Europa y sólo sobrevivió la mitad.

Acceso al Campo de Concentración de Dachau



Ambientada en Dachau, el primer Campo de Concentración abierto por Adolf Hitler 50 días despues de llegar al poder, narra la historia de un cura católico que fue apresado por mostrarse contrario a la ideología racista hitleriana.
Al padre Kremer, un sacerdote luxemburgués, le conceden nueve días para ir al entierro de su madre. 

Vista de las barracas

En el film, lo que puede parecer un acto de caridad es en realidad, una estrategia para que Kremer convenza al influyente obispo de Luxemburgo para que presione al Papa, Pío XII y éste colabore con Hitler.

El protagonista deberá decidir si traiciona sus principios y gana así la libertad o se encamina hacia una muerte segura.

En la película se plantea un dilema etico y moral y finalmente llega el desenlace.

¿Fue necesaria la traición de Judas para conseguir que el cristianismo se convirtiera en una fe universal?, ¿Fue Jesús un judío que luchó contra su condición? ¿Todo salvador necesita su antagonista? 

Cuando estos razonamientos terminan, surgen nuevas preguntas: ¿es mejor perder unas cuantas vidas para que otros muchos no mueran? ¿El Papa tiene que elegir entre el poder nazi o los bolcheviques? ¿Hitler o Stalin? ¿El orden o el caos?

Y los cuestionamientos llegan a lo más cercano al sacerdote, su propia familia: ¿merece la pena arriesgar sus vidas por una idea? ¿es eso lo que nos dice la fe que debemos hacer?

El director Volker Schlöndorff, premiado con el Oscar a la mejor película extranjera y la Palma de Oro de Cannes por El tambor de hojalata, es el realizador de El Noveno Día.


Volker Schlöndorff

Volker Schlöndorff asegura que es muy importante para todos los europeos que "los nazis por fin hablen alemán y no inglés", en clara referencia a las escasas producciones europeas frente a la industria americana y añadió que "es importante que las imágenes de los nazis malos, al igual que las de los alemanes buenos, no lleguen solamente del extranjero, sino que sean también producidas en Alemania".

La película se centra especialmente en la interpretación de los dos actores antagonistas y en las discusiones que mantienen en nueve días.


Las autoridades eclesiásticas aceptaron muy bien la película, el arzobispo de Berlín, Georg Sterzinsky manifestó que "es una película importante, que hay que tomar muy en serio". 



Esta película ha coincidido en la cartelera alemana con La Caida, de Oliver Hirschbiegel protagonizada por Bruno Ganz como Hitler y
Ulrich Matthes en el papel de Goebbels. 


A continuación la película completa.


Pablo Fauaz


 


PABLO FAUAZ presenta su primer CD ALUMBRANDO y con el conversamos en Siempre Argentina Conexión Español


Conducción: Gustavo Ríos – Mirian Turkula – Leonardo Liberman


Puesta en el aire: Jorge Falcone


Producción: Liliana González Mori





Pablo Fauaz es compositor, guitarrista, arreglador y cantautor; su música transita por diferentes colores, paisajes y aromas que reflejan su pasado por géneros como la música académica, el folklore, el tango y el jazz.
 
Alumbrando es su primer trabajo discográfico solista editado por el sello EPSA Music. En él propone compartir canciones de raíz folklórica con un cuidadoso tratamiento estético del sonido, siendo el silencio uno de sus pilares como así su búsqueda incansable en cada palabra que conforman sus letras.
 
Cuenta con la colaboración de músicos como Néstor Basurto, Quique Sinesi, Miguel Pesce, Gustavo Nasuti, Iván González, Miguel Ángel Mendonca, Griselda Giannini y la ayuda de Silvia Iriondo.

1933 - Diario La Nación

Editorial

1933

Los trágicos hechos que acompañaron la caída de la República de Weimar y el comienzo del Tercer Reich deben mover a reflexión a los argentinos
Hace 80 años el mundo fue testigo, silencioso y tolerante, de la gradual desaparición de una república y, en pocos meses, de la instalación de una dictadura con el apoyo entusiasta de la población y sus fuerzas vivas. La República de Weimar fue reemplazada por un régimen totalitario que concentró en una persona los tres poderes del Estado, eliminó los derechos individuales, controló la justicia, suprimió la prensa independiente y, finalmente, ejecutó el terrible Holocausto.
 
Salvando enormes distancias, hay ciertos paralelismos entre aquella realidad y la actualidad argentina que nos obligan a mantenernos alerta.
 
El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler asumió como canciller de Alemania, luego de obtener sólo el 33 por ciento de los votos en las elecciones parlamentarias de 1932. El anciano presidente, mariscal Paul von Hindenburg, influenciado por banqueros, industriales, empresarios y terratenientes, creyó que, de esa forma, podría neutralizar al creciente partido nazi. También él pecó de ingenuidad, y Hitler puso en práctica un plan que, en poco tiempo, culminó con la suma del poder público.
 
En su discurso del 1° de febrero, Hitler profetizó: "Dadme cuatro años y ya no reconoceréis Alemania". De inmediato, logró que Hindenburg disolviese el Parlamento y convocase a nuevas elecciones, lo cual le dio cinco semanas sin control parlamentario. El 4 de febrero obtuvo del presidente un decreto que prohibía las críticas al gobierno y suprimía la libertad de reunión y de prensa de las organizaciones de izquierda, para barrerlas de la contienda electoral.
 
El 27 de febrero ocurrió el recordado incendio del Reichstag y la atribución de culpas al partido comunista. Hitler forzó entonces la firma de un decreto para la "protección del pueblo y del Estado" suspendiendo las libertades individuales, de expresión, prensa, asociación, reunión y comunicaciones, autorizando a la autoridad política a realizar allanamientos de domicilios, detención de personas y a confiscar bienes privados.
 
El decreto del incendio del Reichstag se basó en el artículo 48 de la Constitución de Weimar, que autorizaba al presidente del Reich a dictar "decretos de emergencia" invadiendo la función legislativa del Parlamento. Fue la primera herramienta que Hitler utilizó para establecer una dictadura en vida de Hindenburg. A partir de ese momento, se cerraron diarios, se arrestaron opositores, se prohibieron manifestaciones públicas y se creó un clima de persecución política.
 
En las elecciones del 5 de marzo, el partido nazi logró sólo el 44% de los votos, aunque necesitaba dos tercios para la sanción de una ley que confiriese facultades extraordinarias al gobierno. Mediante el arresto de diputados socialistas y el apoyo de los nacionalistas, Hitler alcanzó esa mayoría y el 23 de marzo el Reichstag sancionó la "ley habilitante" para "solucionar los peligros que acechan al pueblo y al Estado". La norma implicó el "suicidio" del parlamento, al delegar sus facultades en Hitler. La fecha se recuerda como el fin de la República de Weimar y el comienzo del Tercer Reich.
 
El 13 de marzo Joseph Goebbels asumió como ministro de Propaganda. Su primer discurso en el Día del Trabajo estuvo destinado a seducir a la juventud alemana. El 24 de marzo, Hitler anunció ante el Parlamento la necesidad de una "limpieza en la vida intelectual del país", y ello implicó la confiscación de medios de los partidos socialista y comunista. Goebbels tomó el control inmediato de todas las formas de comunicación de Alemania: libros, revistas, periódicos, reuniones públicas, el arte, la música, el cine y la radio. La noche del 10 de mayo los "camisas pardas" y las "juventudes hitlerianas" allanaron bibliotecas y librerías de toda Alemania y quemaron más de 25.000 libros.
 
El 3 de abril Hitler estableció la "sincronización" de la prensa. Para poder publicar medios impresos, crear nuevos, darles un nombre, o para designar un nuevo director o jefe de redacción, era necesario obtener un "certificado de confiabilidad política" y este "certificado" sólo lo otorgaba el Ministerio de Propaganda. El 7 de abril, la "cláusula aria" de la "ley del servicio civil" obligó a la expulsión de jueces, abogados y profesores universitarios judíos de sus actividades.
 
El 2 de mayo se "sincronizaron" los sindicatos. Irónicamente, el día siguiente a la Fiesta del Trabajador. El principal sindicato fue asaltado y sus líderes, encarcelados. Todos los sindicatos fueron obligados a fusionarse con el único Frente del Trabajo Alemán. La "sincronización" del mensaje oficial fue impuesta con las nuevas conferencias de prensa. El 1° de julio pasaron al control del Ministerio de Propaganda y su Gabinete de Prensa. 
Se hicieron obligatorias para todos los periodistas acreditados en Berlín y reflejaron los temas sobre los cuales la prensa debía informar. En estas conferencias, sin diálogo, se los "educaba" sobre la forma en que debían transmitir las noticias oficiales. La "sincronización" de la política ocurrió con la eliminación de los partidos opositores. El 14 de julio se sancionó la "ley sobre el delincuente habitual", que proporcionó la primera población para los recién instalados campos de concentración, como Dachau, abierto por Heinrich Himmler en el mes de marzo.
 
Hitler fue el primero en descubrir la importancia del cine para exaltar emociones y crear mitos personales. El 22 de septiembre se profundizó la "sincronización" de la cultura y la prensa. La ley que creó la Cámara Imperial de Cultura otorgó al Ministerio de Propaganda la facultad de establecer corporaciones gremiales de los trabajadores de la cultura y de la prensa. Y así se formaron corporaciones únicas para los escritores, los músicos, el teatro, las artes plásticas, la cinematografía y la prensa, todas bajo el mando de Joseph Goebbels.
 
La Cámara Imperial de Prensa fue presidida por el célebre Max Amann, ex oficial de las SS, quien dictó numerosas resoluciones para controlar la prensa y desplazar al personal de los medios que se oponían a sus decisiones. Amann levantó un imperio de prensa nazi adquiriendo, confiscando y amedrentando. La casa editorial central (Franz Eher-Nachfolger GmbH) llegó a controlar el 82 por ciento de las publicaciones periódicas. Los diarios y las revistas debían abastecerse de los "materiales periodísticos" provistos por la agencia de noticias oficial. En cuanto al sistema de radio, era controlado tanto en sus contenidos como económicamente por el Estado. A medida que avanzó la guerra, Amann era quien racionaba el papel para los diarios de acuerdo con las conveniencias políticas del nazismo. Este "zar de los medios" no tuvo ninguna formación superior, su nivel cultural era bajo y se caracterizaba por su rudeza y vulgaridad.
 
El 4 de octubre de 1933 se "sincronizó" en detalle el funcionamiento de los diarios y el trabajo de los periodistas. La ley de prensa reglamentó el comportamiento de los periodistas y del personal de la prensa en general. Para ejercer la profesión se debía tener nacionalidad alemana y ser de "raza aria"; se establecían los temas sobre los cuales no se podía escribir y se hacía obligatoria la afiliación en la Unión Imperial de la Prensa Alemana. La ley también prohibía a los medios fijar políticas editoriales o posiciones ideológicas: estos contenidos los transmitía el Ministerio de Propaganda.
 
En cuanto a la justicia, Hitler desde siempre odió a jueces y juristas, pues el Estado de Derecho implicaba limitar el principio de autoridad del Führer por encima de todas las normas. Ya en 1933 se dirigió a aquellos advirtiéndoles que "el Estado total no debe conocer diferencia alguna entre la ley y la ética", y que llegaría el día en que esta identidad iba a convertir en innecesaria a la primera. Gradualmente, llevó a cabo la virtual anulación del Poder Judicial a partir de ese año, otorgando mayores facultades a los "tribunales del pueblo", heredados de la República de Weimar, que funcionaban con total arbitrariedad y que en pocos años desplazaron a los juzgados penales de casi toda su esfera de actuación. Estos "tribunales del pueblo" se diseminaron por todas las ciudades alemanas y se convirtieron en otro órgano estatal por medio del cual el nazismo proclamaba sus consignas e imponía el terror en la población.
 
Todo esto ocurrió en un solo año, hace ochenta. Durante los doce años siguientes, el nazismo continuó su marcha atroz, controlando toda Europa Occidental (salvo Gran Bretaña) y realizando la mayor violación de derechos humanos que recuerda la historia. Es importante que todas las naciones del mundo recuerden cómo surgió ese régimen y las terribles consecuencias que la cobardía o la conveniencia de los dirigentes y el temor o desinterés de la población pueden provocar al debilitarse los valores colectivos y la vigencia plena de las instituciones democráticas.
 
Salvando, como decíamos, las enormes distancias, los argentinos deberíamos reparar en los rasgos autoritarios que, cada vez con mayor frecuencia, pone de manifiesto el Gobierno, y cobrar conciencia de que es imposible prever cómo puede terminar un proceso que comienza cercenando las libertades y la independencia de los tres poderes del Estado, al tiempo que distorsiona los valores esenciales de la República y promueve enfrentamientos dentro de la sociedad..

domingo, 26 de mayo de 2013

José y sus hermanos


En un fragmento de la Biblia se cuenta la conmovedora historia de José y sus hermanos y según el relato del Génesis, José es el undécimo hijo de los doce de Jacob y ancestro de dos de las doce tribus de Israel.

Jacob lo amaba más que al resto de sus hijos, porque lo había tenido en la vejez con Raquel su segunda esposa.

Por esa razón produjo la envidia de sus hermanos mayores y en sus sueños, José aparecía por encima de ellos, prediciendo lo que iba a suceder en el futuro.


Jacob lo designó como su sucesor y le dió una túnica de colores que lo distinguía, lo que enfureció aún más a sus hermanos, que buscaban la ocasión para vengarse.

Un día sus hermanos llevaron a pastar a los animales en un lugar lejano y pasado el tiempo y ver que no regresaban, Jacob envió a José a buscarlos y ver que se encontrasen bien.

Al ver desde lejos que José se acercaba, planearon matarlo, lo que generó una disputa entre ellos.

Rubén, el mayor, intentó convencerlos de que no era buena idea quitarle la vida y cuando llegó lo tiraron a un pozo de agua seco y lo tuvieron atrapado hasta decidir qué hacer con él.


Finalmente lo vendieron como esclavo a una caravana de mercaderes que se dirigían a Egipto.


Los hermanos regresaron al campamento y cuando Jacob preguntó por su hijo José, le mintieron, diciendo que habían encontrado su túnica ensangrentada, y le dijeron que José fue atacado por una bestia del bosque que lo mató ante lo que Jacob lloró la muerte de su hijo querido sin consuelo.


Los mercaderes en Egipto lo vendieron a Putifar, administrador del Faraón, y al ver que José sabía leer y manejaba los números, le confió la administración de su casa y se convirtió en su mano derecha.

Como esclavo trabajaba mucho, se convirtió en un joven fornido, y la esposa de Putifar, se fijó en él e intentó seducirlo, pero José se resistió, recordando las enseñanzas de rectitud que su padre siempre le enseñó, además de saber que sería una falta ante Dios y salió de la habitación dejando su manto en manos de la mujer que lo acusó de intentar aprovecharse de ella, mostrando el manto como prueba.


Putifar dudaba de la palabra de su mujer, conocía a José y sabía que era incapaz de ello, pero ante la insistencia del castigo a muerte, decidó enviar a José a la cárcel.


Allí conoció al copero y al panadero del Faraón, quienes fueron acusados de robar una copa de oro perteneciente al Faraón.

Ambos habían tenido sueños muy misteriosos, y José los ayudó a interpretar el significado.

El copero le contó: "Soñé que tenía ante mí una vid con tres sarmientos, que estaban echando brotes, subían y florecían y maduraban sus racimos. Tenía en mis manos la copa del faraón, y tomando los racimos, los exprimía en la copa del faraón y la puse en sus manos".

José le respondió que los tres sarmientos representaban tres días, y que al cabo de ese tiempo el copero sería declarado inocente y volvería a servir al Faraón y además le pidió al copero que intercediese por el con el faraón, para lograr su libertad.

El panadero le pidió que también le interpretara su sueño: "En el sueño voy caminando con tres canastillas llenas de pan blanco. En el canastillo de encima había toda clase de pastas de las que hacen para el Faraón los reposteros, y las aves se las comían del canastillo que llevaba sobre mi cabeza".

José contestó que las tres canastillas simbolizaban tres días, al cabo de los cuales el Faraón decapitaría al panadero, lo colgaría de un árbol y los pájaros picotearían su cuerpo.


Todo se cumplió según lo predicho por José y al tercer día, en que se celebraba el del cumpleaños del Faraón, éste dio un banquete a sus servidores; se acordó entonces del copero y del panadero, y decidió restablecer al primero en su puesto y condenar a muerte al segundo. Sin embargo, el copero se olvidó de José.

Al cabo de un tiempo, el faraón tuvo sueños que lo inquietaban y que no podía comprender.

Se encontraba nervioso y atormentado por sus sueños, preguntaba a sus adivinos y a los sabios de Egipto, ninguno sabía cómo interpretarlos.

El copero le contó al faraón sobre José en la cárcel y  fue llamado ante su presencia.

El faraón le dijo: "He tenido un sueño y no hay quien me lo interprete, y he oído hablar de ti, que en cuanto oyes un sueño lo interpretas".

José respondió: "No yo; Dios será el que dé una respuesta favorable al faraón".

El faraón dijo entonces a José: "Éste es mi sueño: estaba yo en la ribera del río, y vi subir del río siete vacas gordas y hermosas, que se pusieron a pacer en la verdura de la orilla, y he aquí que detrás de ellas suben otras siete vacas, malas, feas y flacas, como no las he visto de malas en toda la tierra de Egipto, y las vacas malas y feas se comieron a las primeras siete vacas gordas, que entraron en su vientre sin que se conociera que había entrado, pues el aspecto de aquéllas siguió siendo tan malo como al principio.

Y en otro sueño vi que salían de una misma caña siete espigas granadas y hermosas, y que salían después de ellas siete espigas malas, secas y quemadas del viento solano, y las siete espigas secas devoraron a las siete hermosas. Se lo he contado a los adivinos, y no ha habido quien me lo explique".


José dijo al faraón: "El sueño del faraón es uno solo. Dios ha dado a conocer al faraón lo que va a hacer.

Vendrán siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto, y detrás de ellos vendrán siete años de escasez, que harán que se olvide toda la abundancia en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra.


Busque el faraón un hombre inteligente y sabio, y póngalo al frente de la tierra de Egipto, nombre intendentes, que visiten la tierra y recojan el quinto de la cosecha de la tierra de Egipto en los años de abundancia; reúnan el producto de los años buenos que van a venir, y hagan acopio de trigo a disposición del faraón, para mantenimiento de las ciudades, y consérvenlo para que sirva a la tierra de reserva para los siete años de hambre que vendrán sobre Egipto, y no perezca de hambre la tierra.

El faraón, impresionado, dijo: "Tú serás quien gobierne mi casa, y todo mi pueblo te obedecerá; sólo por el trono seré mayor que tú".

Dicho esto, el faraón se quitó su anillo y se lo puso a José, ordenó que lo vistieran con ropas blancas de lino, puso en su cuello un collar de oro y pasó a llamarse Zafnat Paneaj, que significa aproximadamente "Dios habló y él vino a la vida". 

José tomó por esposa a Asenat, tuvo dos hijos varones, Manasés y Efraím.


Los tiempos de prosperidad finalizaron, llegó el hambre y los pobladores compraban el trigo a José, no sólo de Egipto, sino también de otras tierras, como de  Canaán, y en especial Beerseba, donde vivía Jacob con su familia y enterado de que en Egipto había trigo, envió a sus diez hijos mayores a Egipto dejando a Benjamín, el menor de todos, a su lado.

Los hermanos llegaron hasta la corte del Faraón para pedir ayuda, se presentaron ante José, al que no reconocieron porque estaba muy cambiado por su indumentaria y por el paso de los años.

José los reconoció y los interrogó por medio de un intérprete, sobre sus origenes y familia, a lo que respondieron que venían de Canaán para comprar alimentos, pero José los acusó de ser ladrones y espías y les preguntó: “¿Como puede ser un hombre tan rico en hijos?”, y ellos explicaron que en realidad eran once hermanos, pero que el menor había quedado con su padre.

José los mandó encerrar en la cárcel durante tres días, período en el que reflexionaron sobre todo el mal que  habían causado y al cabo de los tres días, fueron liberados.

José los proveyó trigo para llevar a Canaán, pero para demostrar la veracidad de sus palabras, deberían volver y traer consigo al hijo menor, Benjamín y tomó a Simeón como rehén y lo encerró.

Cuando regresaron a Canaán, quedaron consternados al encontrar en sus alforjas el dinero que habían pagado.

Enterado de lo sucedido Jacob se entristeció por Simeón, pero les contestó que no iban a volver a Egipto con Benjamín porque ya había perdido a José y no soportaría perder también a Benjamín, el único hijo de Raquel que le quedaba. 

La sequía y escasez continuaron y, tras mucho insistir, consiguieron que Jacob transigiera, y los hijos de Jacob volvieron a Egipto con Benjamín.

Al volver a Egipto, el mayordomo de José, que les dijo que no debían preocuparse por el dinero y los reunió con Simeón. 

Todos fueron llevados a la casa de José, a quien le entregaron regalos y se alegró especialmente de ver a Benjamín después de tanto tiempo, y los invitó a un banquete, en el que los acomodó por orden de edad. 

Se sorprendieron mucho con el órden en la mesa, pero el mayordomo les explicó que José pudo adivinarlo gracias a su copa mágica y todos comieron y bebieron felizmente; en especial Benjamín, que recibió más y mejor comida que sus hermanos.

José decidió ponerlos a prueba e introdujo su copa de plata en las alforjas de Benjamín y cuando los hermanos ya se marchaban, fueron alcanzados por los soldados, que los acusaron del robo de la copa. 

Éstos negaron el hecho, y para sorpresa de todos, la copa apareció en la alforja de Benjamín cuando los soldados anunciaron que los demás podían seguir su camino, pero que el ladrón debía quedarse. 

Ninguno de sus hermanos quiso aceptar esto, y todos volvieron con José, quien les recriminó que defendiesen a un ladrón y los instó a volver a su tierra. 

Sin embargo, sus hermanos replicaron que preferían morir que ver sufrir nuevamente a su padre, quien ya sufrió el dolor de la pérdida de un hijo predilecto y no podría volver a soportarlo.

José quedó a solas con sus hermanos y al ver que habían cambiado y que estaban dispuestos a dar la vida por su hermano menor, por fin se dio a conocer. 

Enmudecieron de asombro y de miedo, pero José los calmó, diciendo “No os preocupéis, que todo fue obra de Dios, era necesario que yo viniese a Egipto para que nuestro pueblo, Israel, sobreviviera en este tiempo de escasez y hambruna”. 

Los hermanos de José volvieron a Canaán, cargados de regalos de Egipto, y le contaron todo a Jacob; éste, lleno de alegría, partió con toda su familia rumbo a Egipto. 

Al encontrase padre e hijo, Jacob exclamó: “¡Agradezco infinitamente a Dios porque me ha dado por segunda vez a mi hijo querido, Él obra de manera misteriosa!”. 

Jacob y su familia vivieron entonces en la tierra de Gosén, un lugar destinado al pastoreo del ganado en el Alto Egipto.

A continuación un telefilm sobre esta história tomada de la Biblia.


viernes, 24 de mayo de 2013

Duke Ellington


Edward Kennedy "Duke" Ellington nació en Washington, Estados Unidos el 29 de abril de 1899 y murió en Nueva York, el 24 de mayo de 1974, Duke Ellington.


Destacado como compositor, director y pianista y considerado como uno de los más importantes e influyentes músicos de jazz de la historia, junto a Louis Armstrong y Charlie Parker.


















Su padre James Edward Ellington, era mayordomo en la Casa Blanca y a los siete años, comenzó a recibir lecciones de piano y posteriormente a escribir música en su adolescencia.

En 1917 dejó el instituto en el que estudiaba y pasó a dedicarse por completo a la música, debutando profesionalmente poco después en su ciudad natal.

En boga en ese tiempo el ragtime, estilo esencialmente pianístico,  influyó en Ellington y a partir de 1919 comenzó a tocar con diversas bandas de la zona de Washington.

En septiembre de 1923 decidió trasladarse permanentemente a Nueva York con el quinteto The Washingtonians.


Se convirtieron en poco tiempo en el grupo residente del club The Hollywood Club de Times Square, más tarde conocido como The Kentucky Club.


Una de sus primeras grandes producciones, grabada en 1926, "East St. Louis Toodle-oo", es un ejemplo del denominado estilo jungle o jungla que tocaban y obras como ésta hicieron que la fama de la agrupación dirigida por Ellington, fuera creciendo.

A partir del 4 de diciembre de 1927 y durante tres años, Duke Ellington se presentó en The Cotton Club de Harlem, y se convirtió en un músico de gran renombre en todo Estados Unidos ya que muchas de sus actuaciones se transmitían por radio.


Durante esta etapa, en 1929, el quinteto actuó interpretando música de George Gershwin en el musical de Broadway Show Girl.

Las participaciones en varias películas y las giras por Estados Unidos y Europa acrecentaron su fama sobremanera.

Piezas musicales de la época, como "Mood Indigo" de 1930, "It Don't Mean a Thing If It Ain't Got That Swing" de 1931 o "Sophisticated lady" de 1933, disfrutaron un notable éxito, marcando el comienzo de una época dorada para la big band y en especial para Ellington.


Paulatinamente se fueron incorporando nuevos miembros a la agrupación, y lo que era originalmente un quinteto en sus primeras apariciones en el Cotton Club llegó a completar hasta un total de doce músicos y a partir de mitad de la década de 1940 se produjo un cambio en el sentido de sus composiciones, que pasaron a ser más formales y de mayor aliento temático: "Black, Brown and Beige" de 1944, "Frankie and Johnnie" de 1945 o "Deep South Suite" de 1946. 


Los gustos del público cambiaban, orientándose más hacia formaciones con mayor peso de un instrumento solista y de menor número de componentes, consecuencia todo de la revolución bop, pero Ellington permaneció leal a su concepción y forma de entender la música, dando paso en su banda a músicos de la talla del saxofonista Johnny Hodges o el trompetista Cootie Williams como muestra del nivel de exigencia de ésta.


El Festival de Jazz de Newport de 1956 catapultó a la fama nuevamente a The Washingtonians, iniciando varias giras por el mundo que aumentaron su ya de por sí notoria fama mundial.

En 1959, la composición de las bandas sonoras de las películas Anatomy of a murder (Anatomía de un asesinato), y, un año después, Paris Blues (Un día volveré), fueron parte de su incursión en el campo de la música cinematográfica.



La década de 1960 despertó el interés de Duke Ellington en la música litúrgica y compuso piezas como "In the beginning of God", reproducida públicamente por primera vez en 1965 en la catedral de San Francisco. 

Simultáneamente, también grabó con una extensa serie de músicos más jóvenes y de reconocido talento: John Coltrane, Max Roach o Charlie Mingus.


Poco despues llegaron los mayores reconocimientos a su carrera, teniendo en su haber los títulos de Doctor Honoris Causa por las Universidades de Howard en 1963, y de Yale en 1967, además de la Medalla Presidencial del Honor otorgada en 1969.

Estuvo nominado en 1965 para recibir el Premio Pulitzer, pero su candidatura fue rechazada, a lo cual reaccionó con una de sus frases más famosas: "El destino está siendo amable conmigo. No quiere que yo sea famoso demasiado joven".

Fue nombrado miembro del Instituto Nacional de las Artes y las Letras de Estados Unidos en 1970, y en 1971 pasó a ser el primer músico de jazz miembro de la Real Academia de la Música de Estocolmo.


Murió el 24 de mayo de 1974, víctima de un cáncer de pulmón agravado por una neumonía. Sus restos reposan en el Woodlawn Cemetery, en la ciudad de Nueva York.


Luego de su muerte, su hijo Mercer Ellington se hizo cargo de la orquesta realizando giras y presentaciones. 

En febrero de 2009, la imagen de Duke Ellington se convirtió en la primera individual de un afroamericano que es acuñada en las monedas de curso legal en Estados Unidos, fue inmortalizado junto a un piano en la moneda de 25 centavos.


A continuación una presentación en Holanda en 1958

jueves, 23 de mayo de 2013

Atahualpa Yupanqui


ATAHUALPA YUPANQUI, Héctor Roberto Chavero Aramburu nació el 31 de enero de 1908 en El Campo de la Cruz, al norte de la provincia de Buenos Aires, de madre vasca y padre criollo. 

"Me galopaban en la sangre trescientos años de América, desde que don Diego Abad Chavero llegó para abatir quebrachos y algarrobos y hacer puertas y columnas para iglesias y capillas", comentaba en "El Canto del Viento".
 

Esta versión de EL ALAZÁN fue grabada en 1980 para el programa de TVE "Retrato en Vivo: El Hombre del Camino".

Atahualpa Yupanqui falleció en Nimes, Francia el 23 de mayo de 1992.



Destino del Canto

Nada resulta superior al destino del canto.
 
Ninguna fuerza abatirá tus sueños, porque ellos se nutren con su propia luz, se alimentan de su propia pasión, renacen cada día para ser.
 
Si, la tierra señala a sus elegidos.
 
El alma de la tierra, como una sombra, sigue a los seres indicados
para traducirla en la esperanza, en la pena, en la soledad.
 
Si tú eres el elegido, si has sentido el reclamo de la tierra, si comprendes su sombra, te espera una tremenda responsabilidad.
 
Puede perseguirte la adversidad, aquejarte el mal físico, empobrecerte el medio, desconocerte el mundo, pueden burlarte y negarte los otros, pero es inútil, nada apagará la lumbre de tu antorcha, porque es sólo tuya.
 
Es de la tierra que te ha señalado.
 
Y te ha señalado para tu sacrificio, no para tu vanidad.
 
La luz que alumbra el corazón del artista es una lámpara milagrosa que el pueblo usa para encontrar la belleza en el camino,
la soledad, el miedo, el amor y la muerte.
 
Si tu no crees en tu pueblo, si no amas ni esperas no alcanzaras a traducirlo nunca.
 
Escribirás, acaso, tu drama de hombre huraño, solo sin soledad.
 
Cantarás tu extravío lejos de la grey, pero tu grito será un grito solamente tuyo, que nadie podrá entender.
 
Sí, la tierra señala a sus elegidos.
 
Y al llegar el final, tendrán su premio: nadie los nombrará, serán lo "anónimo", pero ninguna tumba guardará su canto.

Atahualpa Yupanqui

Gabriela Beccaglia


Gabriela Beccaglia nos visitó en Siempre Argentina Conexión Español. Conversamos sobre su libro "Como el Caramelo" de reciente aparición y que fue presentado en la Feria del Libro en su última edición.



Es autora de diversos guiones para televisión como "Culpables de este amor", “Dr. Amor”, “Costumbres Argentinas”, “Kachorra”, “Pasapalabra”, “Fugitivos”, entre muchos otros y también realizó la producción General del Teatro de la Comedia con BANG BANG
Dirección: Luciano Cazaux, HERMANO DE DIOS, Autor: Juan Pablo II EL ANGEL DE LA MEDIANOCHE, Dirección: Baby Etchecopar y “SOCORRO QUINTO AÑO” y en la oficina técnica del Teatro Nacional Cervantes con Teatro Nacional Cervantes: FAUSTO, Dirección: Augusto Fernández, SAVERIO EL CRUEL, Dirección: Roberto Villanueva, LA CENICIENTA, Dirección: Héctor Esteve, MADRE CORAJE, Dirección: Robert Sturua y CREMONA, Dirección: Alfredo Zemma




 






Conducción: Gustavo Ríos - Mirian Turkula - Leonardo Liberman

Puesta en el aire: Jorge Falcone

Producción: Liliana González Mori

miércoles, 22 de mayo de 2013

María Callas


María Callas en un recital en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, bajo la batuta de Georges Pretre, el 4 de noviembre de 1962.

Tu che la vanita de la ópera Don Carlos de Giuseppe Verdi

Habanera y Seguidilla de la ópera Carmen de Georges Bizet




Teresa Cristina

Una perla de la música de Brasil.

martes, 21 de mayo de 2013

Luna Park 10 de abril de 1938

Difunden fotos nunca vistas del enorme festejo nazi en el Luna Park

Trascendieron imágenes de un inédito encuentro en 1938. La historia. Galería de imágenes.

  • Por Darío Silva D'Andrea (*) | 20/05/2013 | 19:02
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El matutino español El Mundopublicó hace unos días una serie de fotos pocas veces divulgadas en nuestro país que muestran a miles de personas en el estadio Luna Park de Buenos Aires expresando su apoyo al III Reich de la Alemania Nazi. Era el 10 de abril de 1938 y se trataba de la demostración más grande que se realizó fuera de Europa en pro del nazismo, que se hallaba en plena efervescencia en Europa.
Las imágenes, según el diario cedidas por la administración del Luna Park, muestran a unos 15.000 argentinos nazis festejando el "Anschluss", es decir, la anexión de Austria por parte del régimen de Hitler. Ese mismo día, el líder nacionalsocialista ganaba con el 99% un plebiscito sobre su permanencia en el poder y la embajada alemana en Buenos Aires quiso festejarlo.
Mientras entonces algunos diarios hablaban con preocupación de las"las pretensiones alemanas de extraterritorialidad", otros destacaban las "convicciones profundas" de Hitler y sus esfuerzos por establecer "la igualdad social" en Alemania, intentos que "se asemejan a un ideal democrático". Desde Alemania, el líder intentaba seducir a los argentinos publicando en el diario La Prensa: "Por intermedio del diario La Razón, envío a la prensa argentina y a los alemanes de la Argentina mis cordiales saludos".
El fervor de miles de argentinos por las "promesas" del nazismo y su "cautivante" líder, sin embargo, no se debía a la falta de información sobre lo que realmente sucedía en Alemania. En 1936 la prensa argentina ya informaba que Hitler buscaba "aniquilar, con los medios más abominables, a la laboriosa e inteligente población israelita".
Pese a todo, según los registros históricos, Alemania estuvo a punto de ampliar sus conquistas en América con Argentina como un poderoso aliado: 70.000 argentinos eran afiliados al Partido Nacional Socialista alemán, muchos de los cuales aquel 10 de abril vivaron a Hitler ("Heil Hitler!") en pleno centro de Buenos Aires.
Según la crónica del diario La Prensa, aquel domingo 10 de abril de 1938, las columnas al estadio Luna Park comenzaron a llegar pasadas las 9 de la mañana. “Era un público numeroso y entusiasta”. Las delegaciones austríacas y alemanas arribaron portando sus banderas e indumentarias nazis.
Dentro del estadio se pudo apreciar el escenario adornado con banderas alemanas con la cruz esvástica y argentinas, destacándose en la parte posterior del telón de fondo en rojo la inscripción “Heil Führer” y otra (en alemán) que decía: “Un pueblo, una nación, un conductor”.
“Muchos miembros de las entidades nazis, quienes vestían camisas pardas y llevaban brazaletes con la cruz esvástica, tuvieron a su cargo la ubicación del público realizada en un orden casi militar”, relató entonces La Prensa.
El delegado comercial de la embajada alemana, Erich Otto Meynen, arengó a la concurrencia que respondía "¡Heil Führer!" saludando con el tradicional saludo nazi, brazo en alto. Meynen destacó la anexión de Austria “sin violencia ni sangre” y “el afecto de los austroalemanes hacia la Argentina”, al que definió como un “país hospitalario en el cual se sienten cómodos y orgullosos de cobijarse bajo sus instituciones y bandera”.
Tras una manifestación antinazi, que se saldó con 2 muertos y 57 heridos, saltaron las alarmas. El presidente Roberto Marcelino Ortiz creó una comisión especial que investigaría las actividades “ilícitas” de organizaciones extranjeras, que consistían en el adoctrinamiento de niños en escuelas de nuestro país, entre otras cosas. Además decretó la disolución del multitudinario Partido Nacionalsocialista Alemán de la Argentina y decidió la expulsión de dos espías de la Gestapo.
Pero el "affaire" entre Argentina y el nazismo, sin embargo, no concluyó con la caída de Hitler. Se sabe que, finalizado el conflicto, y durante el primer gobierno de Perón, Argentina y varios países americanos se lanzaron a una encarnizada carrera por atraer a los más célebres cerebros alemanes, en lo más diversos campos de las ciencias o la ingeniería.
Al mismo tiempo, según el historiador Felipe Pigna, "entre 1945 y 1950 arribaron al país criminales de guerra nazis (…). Según las fuentes, se habla de 6.000 a 8.000 ‘refugiados’”. Este fue un largo periodo durante el cual tuvieron acceso al país, entre otros, el criminal croata Dinko Satic, el médico Joseph Mengele, y el jerarca Eric Priebke.
Seria el mismo Priebke quien admitiría, en un juicio en Roma, que “en 1945 el gobierno nacional [argentino] negoció con Alemania la entrega de documentación que permitió el ingreso de nazis. Se distribuyeron unos 2.000 pasaportes y 8.000 cédulas en blanco… Con esta modalidad ingresaron en la Argentina unos 2.000 nazis”.
En tanto, Adolf Eichmann, el ideólogo de la "solución final" para el "problema judío" ingresó a la Argentina con un pasaporte italiano falso a nombre de Riccardo Klement en 1950, se radicó en el barrio bonaerense de San Fernando y hasta llegó a trabajar en la planta local de la automotriz Mercedes Benz.
La reflexión y conclusión de El Mundo es categórica: "Al revisar las páginas de la Argentina nazi se comprende porqué se ha ido al carajo esta nación que a principios del siglo XX alcanzó el puesto número ocho de las más desarrolladas del mundo. Una saga intermitente de golpes de Estado y dictaduras cívico-militares -con la previsible reacción de guerrillas- y miles de ciudadanos desaparecidos llevan la señal distintiva de aquel totalitarismo mesiánico".
(*) Especial para Perfil.com.