domingo, 29 de marzo de 2015

Gustavo III de Suecia


Gustavo III nació en Estocolmo, Suecia, el 24 de enero de 1746 y murió en su ciudad, el 29 de marzo de 1792.

Su infancia y juventud transcurrieron en un clima de extrema debilidad de la institución monárquica, y sus padres, los reyes, fueron humillados en más de una ocasión, mientras que la nobleza se había apoderado de la administración del Estado.

En su niñez, se mostró muy proclive a la fantasía, al arte teatral y a la frivolidad. Sus profesores lo guiaron de acuerdo a los preceptos de la ilustración francesa, que en ese tiempo era la tendencia cultural y humanística dominante. En su educación predominó la estética y la literatura, y el príncipe también mostró interés por la historia, y un marcado afecto hacia el poder, el éxito y el honor, pasiones que llegó a considerar como objetivos supremos en la vida.

Su empeño en destacarse en la vida política, y en recuperar la fuerza pasada de la monarquía, lo condujo a dirigir al partido de la corte, que no tardó en darse cuenta de las habilidades del príncipe y en considerarlo la esperanza de la monarquía sueca.
El liderazgo de Gustavo en el partido de la corte generó fricciones con su madre la reina Luisa Ulrica, quien no estaba dispuesta a declinar su influencia dentro del partido.

A la muerte de su padre el 12 de febrero de 1771, Gustavo se encontraba en París, donde consiguió la promesa de apoyo político del gobierno de Francia. Luis XV le dio el consejo de buscar la reconciliación entre los partidos a fin de lograr un gobierno de coalición bajo el liderazgo del monarca. Gustavo fue coronado el 29 de mayo de 1772 y pronto se dio cuenta que todo intento por reconciliar a los partidos era inútil.

El 19 de agosto de 1772, con el apoyo de guarniciones militares, el rey arrestó al consejo del reino y a los principales líderes del partido de los gorros en el parlamento. Dos días después, el parlamento, aprobó una nueva constitución elaborada en gran parte por el mismo monarca. 


Gustavo realizó mejoras en la vida social: comenzó el desarrollo económico, abolió la tortura en 1772, promovió la libertad de imprenta, mejoró los servicios de salud, combatió los abusos administrativos, y alzas salariales a los funcionarios públicos. También logró la liberación del mercado de cereales, la mejoría en el estado del ejército y la armada, la moderación de las leyes penales, y la puesta en marcha de impresión monetaria en 1777. 

Cuando el parlamento se reunió en 1778, reconoció los logros, reforzó las reformas y tomó en cuenta todas las propuestas del rey, y en ese año comenzó a incubarse una nueva oposición, enfocada en criticar varios decretos del soberano y su inclinación por el absolutismo. 

En esas circunstancias, Gustavo decidió girar sus intereses hacia la política exterior, empujado por el deseo de devolver a Suecia su estatus de gran potencia y de ganar los máximos honores militares que lo mantuvieran encumbrado en la popularidad.

Las finanzas públicas comenzaron a ser despilfarradas, se endeudó la economía del país sin el consentimiento del parlamento, sumadas a algunas reformas poco populares y la aparición de nuevos casos de corrupción en la administración, provocó el crecimiento opositor, encabezado por el conde Axel von Fersen.

El parlamento de 1786 rechazó la gran mayoría de las propuestas presentadas por Gustavo III, y esto
obligó al rey a recuperar el prestigio y la autoridad moral. En ese tiempo el monarca comenzó a considerar a Rusia como su principal enemigo, y al avizorar un futuro conflicto con ese país, comenzó en secreto un rápido rearme del ejército.

A fines de junio de 1788, las tropas suecas, sin una previa declaración de guerra, atravesaron la frontera con Rusia, bajo el pretexto de un conflicto fronterizo, de dimensiones insignificantes y provocado por los mismos suecos. 

El rey Gustavo confiaba en la victoria, pero luego de años de guerra y combates con suerte cambiante, el 9 de julio de 1790, los suecos derrotaron a la flota rusa, superior en número, en la segunda batalla de Svensksund, bajo mando del vicealmirante Olof Cronstedt y el propio Gustavo III.


La paz fue firmada el 14 de agosto de 1790 mediante el Tratado de Värrälä. Gustavo no logró sus pretensiones de conquista, pero finalizó el intervencionismo ruso en la política de Suecia y la reputación del soberano sueco aumentó significativamente, pero las finanzas del país sufrieron graves daños.

Gustavo III convocó al parlamento en Gävle en 1792 y allí buscó moderar sus posiciones para conciliar con sus opositores. La cautela que mostró Gustavo en sus propuestas fue bien vista por el parlamento, pero algunos opositores radicales encontraron que la presencia del rey en el gobierno era un estorbo.

A finales de 1791 y principios de 1792 se fraguó una conspiración entre algunos miembros de la nobleza, cuyo objetivo era cambiar la constitución y entre las posturas más radicales, asesinar al rey. Entre los principales instigadores estaban Carl Fredrik Pechlin y Jacob Johan Anckarström.

El 16 de marzo de 1792, en una noche de máscaras en la Ópera de Estocolmo, el rey Gustavo fue rodeado por cinco hombres vestidos de negro y Anckarström le disparó a quemarropa en la espalda.

El rey falleció después de algunos días de agonía, el 29 de marzo de 1792, y sus restos fueron sepultados en la iglesia de Riddarholmen, en Estocolmo.

Gustavo III es uno de los reyes suecos sobre los que más se ha escrito. Libros, películas y documentales, dan cuenta de su vida y su obra. Su tiempo, fue una etapa favorable en el campo del saber y la cultura.

El rey fue un apasionado del arte, escribió varios dramas de temática histórica y nacionalista que fueron posteriormente musicalizados y llevados a la ópera. Se destacó como orador, y contribuyó con la historia de Suecia, con una colección de escritos comprendidos en los Papeles Gustavianos, hoy custodiados por la Universidad de Upsala.

Varias instituciones culturales fueron fundadas o re fundadas por su iniciativa, como la Real Academia Musical Sueca en 1771, la Academia de Pintura y Escultura y el Teatro Sueco en 1773, la Academia Sueca, y la Academia de Letras, Historia y Antigüedades en 1786.

Las circunstancias de su asesinato fueron la base para el libreto operístico Gustave III de Eugène Scribe, musicalizado en 1833 por Daniel Auber, y por Giuseppe Verdi en su ópera Un baile de máscaras en 1859.


A continuación, de Giuseppe Verdi, la ópera Un ballo in maschera, o Un baile de máscaras, en la versión de Oksana Dyka como Amelia y Gregory Kunde como Riccardo, en los roles principales, junto al Coro y la Orquesta del Teatro Regio de Turín, con la dirección de Renato Palumbo. Producción 2012.