miércoles, 19 de septiembre de 2012

Otra mirada sobre Medio Oriente


Un excelente artículo de Carlos Alberto Montaner que echa por tierra los argumentos del llamado antisionismo, careta carnavalesca del antisemitismo más extremo.

Carlos Alberto Montaner es un periodista de origen Cubano que reside en Madrid y Miami. Es uno de los periodistas de habla Hispana mas respetados en la actualidad y sus artículos periodísticos aparecen a través de España y Latino América en forma regular. El señor Montaner no es judio.
Escribió recientemente entre otros periódicos en el Miami Herald. Sus artículos se publican en Ingles y en Español.

QUÉ SIGNIFICA ISRAEL PARA OCCIDENTE
por Carlos Alberto Montaner

Mis propias raíces

El primer vínculo es el parentesco cultural. Toda persona que reconoce que sus raíces están en Occidente debe admitir que la esencia moral de esa cultura se encuentra en la tradición judeocristiana.
Da igual que la persona sea creyente, atea o agnóstica (como es mi caso).
La noción del libre albedrío, el culto por la razón, la justicia y el diálogo, cultivado en las sinagogas, la hipótesis de que existen derechos naturales que no pueden ser conculcados por el Estado, el ideal de la libertad como valor supremo de la especie, la proposición de que es preferible la compasión y el perdón, provienen del legado judeocristiano con las adherencias que en el trayecto pudieron dejar el estoicismo y otras corrientes de pensamiento del mundo grecorromano.

Uno, siendo español o hispanoamericano, no puede recorrer Jerusalén y evitar percibir que está en un sitio propio con el que tiene unos profundos aunque remotos lazos históricos y personales.
Todo occidental educado y con nociones de historia sabe que tiene dos patrias: la suya e Israel.
Y esa sensación no se siente cuando se visita Pekín, Tokio, Bombay o cualquier ciudad que no haya sido
desovada por la matriz judeocristiana, luego fundida en el crisol grecorromano.

Todavía recuerdo con emoción unas Navidades pasadas en Belén junto a mi familia. Aunque todos, en mayor o menor grado, compartimos el agnosticismo y una cierta indiferencia frente a la proposición de que
existe algún tipo de vida más allá de la muerte, disfrutamos intensamente la compañía y los villancicos entonados por miles de peregrinos cristianos procedentes de diversas partes del mundo.

Me horroriza pensar que el corazón moral de Occidente, tanto por lo que tiene de judío como de cristiano (que es sólo otra forma de ser judío), pueda algún día ser barrido del planeta como sucedió con los
sumerios o los fenicios. Lo vería como una mutilación de mi propia historia, de mi propia identidad.

Una deuda moral
En cuanto al Israel moderno, que tal vez me interesa más que el antiguo, me atan algunos elementos de carácter ético. Creo que Occidente tiene una enorme deuda moral con el pueblo judío. Es verdad que los nazis fueron los responsables directos del Holocausto.
Salvo algunos canallas, nadie medianamente informado pone en duda que 6 millones de judíos fueron asesinados en los campos de exterminio nazis. Pero no es menos cierto que en Occidente los líderes y los pueblos prefirieron mirar hacia otra parte mientras Hitler y el resto de esa feroz tribu ideológica planeaba y ejecutaba la masacre.

Bastaba la lectura de Mi lucha, publicado en los años 20, para predecir la catástrofe. Tras llegar Hitler al poder, las leyes antisemitas fueron proclamadas en Alemania en 1935. En noviembre de 1938 las turbas nazis llevaron a cabo lo que se conoce como “la noche de los cristales rotos”, monstruoso pogromo efectuado en varias ciudades de Alemania y Austria contra los judíos, culminado con el asesinato de un centenar de personas indefensas y el internamiento de decenas de miles de judíos en campos de concentración.

Ante estos hechos, ampliamente reportados por la prensa, lo que hizo Occidente, en general, fue cerrarles la puerta a los emigrantes judíos, aunque, en ciertos casos, los estafaban o engañaban, y era frecuente que diplomáticos inescrupulosos les vendieran las visas o los documentos de viajes a personas desesperadas que se veían obligadas a abandonar sus posesiones para escapar de las persecuciones.

En mi país de origen, Cuba, en 1939, poco antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, se dio el caso vergonzoso de rechazar un barco, el Saint Louis, en el que llegaron a La Habana casi 1000 refugiados judíos provistos de visas ilegalmente vendidas por funcionarios corruptos a 500 dólares cada una, cantidad muy apreciable para le época.

Los asustados pasajeros del San Luis no pudieron desembarcar en la Isla, dado que el gobierno del presidente Laredo Bru se negó a aceptarlos, pese estar perfectamente documentados, ni tampoco pudieron
poner pie en la Florida, en Estados Unidos, porque el presidente Roosevelt llegó a la conclusión de que era políticamente contraproducente. El barco regresó a Europa y el 80% de esos judíos luego fueron asesinados en los campos de concentración.

Es ingenuo pensar que los gobernantes de la época no sabían lo que estaba ocurriendo en las zonas ocupadas por los nazis. La verdad es que no les importaba demasiado porque, al fin y al cabo, discriminar, perseguir, maltratar, expulsar y hasta matar judíos fue una actividad usual en prácticamente todo el ámbito de occidente durante muchas centurias.

Quienes no vivieron durante la Segunda Guerra Mundial ni fueron simpatizantes de los nazis, ni practicaron forma alguna de antisemitismo, pudieran alegar que no sienten ninguna responsabilidad con esos hechos y, por lo tanto, no están obligados a ninguna reparación material o moral.

Pudiera ser, pero el mundo sería un lugar un poco más decente si alguien les pide perdón a las víctimas de las grandes injusticias. Los papas del siglo XX nada tuvieron que ver con la persecución a Galileo, pero la Iglesia Católica ha hecho muy bien en reconocer los crímenes de la Inquisición y rogar que excusen aquellos bárbaros atropellos.

Los armenios del siglo XXI no son los que sufrieron los crímenes de los turcos a principios del siglo XX, pero insisten en que ese viejo y ya raído ex imperio, hoy gobernado por personas que no habían nacido
cuando se cometieron aquellos crímenes, les pidan perdón por lo que les hicieron a sus antepasados.

Si tenemos memoria histórica y aceptamos, para lo que nos honra y beneficia, que pertenecemos a una civilización que ha dado a Sócrates, a Maimónides o a Leonardo, lo honrado es también reconocer en ella la
dotación de verdugos y gentes despreciables como Hitler o Stalin que nos han acompañado en el trayecto infectándolo con sus crímenes.

La judería extinguida

En todo caso, el reconocimiento de la negligencia, la apatía y la indiferencia cómplice de Occidente ante el holocausto judío, debería ser también el punto de partida de una reflexión sobre el daño intelectual y económico que todos sufrimos con la pérdida de la judería europea, especialmente la compuesta por los científicos, pensadores y artistas congregados en Alemania, Austria, Hungría y Checoslovaquia, sin menoscabo de reconocer también el perjuicio terrible infligido a los judíos polacos y ucranianos, mucho menos evolucionados culturalmente, aunque numéricamente mayoritarios.

Si algo sabemos con bastante precisión del desarrollo de las  sociedades, es que éste está íntimamente ligado a la existencia de  clusters que impulsan el progreso o el arte mediante espasmos creativos colectivos como los que sacudieron la Florencia de los Médici, el Madrid del Siglo de Oro, la Escocia ilustrada del siglo
XVIII o el llamado Silicon Valley en la California de las últimas décadas, por consignar algunos ejemplos, aunque sólo sea porque la concentración de talento potencia, fecunda y estimula la actividad del genio individual.

Pues bien, la concentración de talento judío en Europa central desde mediados del siglo XIX hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en un fenómeno casi único en la historia técnica y científica
contemporánea.
Personas como Einstein o Freud, por sólo mencionar dos entre cientos de nombres que pudieran figurar en la lista, hicieron aportes fundamentales para beneficio de toda la humanidad, pero esa inmensa fragua del pensamiento, de la que todos nos beneficiábamos, fue barrida y borrada del mapa por la furia nazi, con lo cual todos salimos perjudicados.

No es verdad que en los campos de exterminio sólo padecieron los judíos y otras minorías como los gitanos y los homosexuales: con la desaparición de la intelligentsia judía europea todos salimos inmensamente perjudicados.
Al liquidar ese inmenso y fecundo cluster se le hizo a la humanidad un daño irreparable. Toda Europa ha podido restañar las heridas, todas las ciudades han sido reconstruidas, incluso las que fueron demolidas hasta los cimientos por los bombardeos, pero sólo una pérdida ha sido permanente: la inmensamente creativa judería europea.
Un nuevo cluster

Sin embargo, con el paso del tiempo, lo que la locura y la vesania nazis destruyeron en Europa, renació paulatinamente en el Medio Oriente por el esfuerzo de los judíos, muchos de ellos supervivientes del Holocausto, quienes llevaron a Israel los métodos, los conocimientos y las mejores tradiciones académicas europeas, echando las bases en el nuevo país de una sociedad amante de la investigación y la ciencia.

Israel es hoy un asombroso foco de iniciativas técnicas y científicas, un extraordinario laboratorio de ideas que luego se materializan en artefactos, sustancias o servicios que mejoran y alargan la calidad de vida de los seres humanos.
El milagro insensiblemente aplastado de la judería europea ha vuelto a florecer en Israel de manera creciente a partir de 1948, pese a la enorme cantidad de problemas que el joven estado israelí ha debido afrontar: guerras devastadoras, la llegada de millones de inmigrantes, la falta crónica de agua, y hasta la resurrección de una lengua prácticamente muerta, el hebreo, idioma que a principios del siglo XX hablaban muy pocas personas porque rara vez se utilizaba fuera del ámbito litúrgico.

Esa es otra de las razones por las que a mí, habitante de Occidente, me interesa sobremanera que los ciudadanos del estado de Israel continúen pensando y trabajando. Cada hallazgo científico que realizan, cada innovación técnica que concretan, cada empresa que consigue convertir en éxito económico esa innovación técnica o ese hallazgo científico logrados en su país, son elementos de los que me beneficio como usuario o consumidor en la otra esquina del planeta.

Es como si el mundo dispusiera de un enorme think-tank compuesto por millones de personas, por el que nada tiene que pagar hasta que no nos presenta resultados positivos en forma de bienes o servicios. Esas
universidades israelíes, esos institutos y centros de investigación, esas empresas que se incuban en Israel y luego saltan a la Bolsa, forman parte de un inmenso capital del que nos beneficiamos todos, como se beneficia la memoria de un computador por el auxilio de un disco duro externo, por decirlo en términos rabiosamente contemporáneos. Dudo que exista en el mundo, medido en términos relativos vinculados al número de habitantes, un cluster científico y técnico tan productivo y tan densamente constituido como el de Israel.

Al margen del horror que me produce saber que hay gobiernos decididos a repetir el genocidio nazi y “echar los judíos al mar”, como cada cierto tiempo amenaza el señor Ahmadineyad, dictador de Irán, siento que un crimen de esa magnitud, como ya sucedió en el siglo pasado, si se llevara a cabo me perjudicaría  tremendamente en el terreno individual, aunque yo no sea judío ni viva en Israel.
Es imposible cuantificar el daño que se le hizo a la humanidad con el Holocausto, pero me temo que si algo así volviera a suceder, esta vez en Israel, los perjuicios que todos sufriríamos serían aún mayores.

Israel como Benchmark

Israel es, además, un extraordinario benchmark para poner a prueba nuestras ideas sobre el desarrollo económico, la convivencia democrática y el cambio político.
Tras la experiencia israelí no es posible seguir culpando a la falta de recursos naturales de la relativa pobreza latinoamericana. Pocos países como Israel han sido tan pésimamente favorecidos por la naturaleza para alcanzar la prosperidad. Sin embargo, el ingreso per cápita es de 30.000 dolares anuales, cifra que duplica el de Chile, país que está a la cabeza de América Latina en ese rubro.

A partir del caso de Israel, tampoco es permisible imputarle la miseria a la escala de la economía. Israel es un pequeño mercado de 8 millones de habitantes, rodeado por países hostiles con los cuales apenas realiza intercambios.
No forma parte de grandes bloques comerciales como la Unión Europea, el Mercosur o el Tratado de Libre Comercio que vincula a México Canadá y Estados Unidos. Tiene y procura, eso sí, acuerdos comerciales con la Unión Europea, Estados Unidos y con cualquier país con el que pueda realizar transacciones económicas mutuamente beneficiosas.

Para colmo de males, Israel debe invertir en su defensa el 7.3% de su Producto Interno Bruto, lo que lo convierte en el sexto país del mundo que proporcionalmente más gasta en defensa, recursos que se desvían de otras áreas en las que pudieran generar riqueza, pero las tres grandes guerras que ha sostenido con los vecinos árabes, más las intervenciones militares en Líbano o en la Franja de Gaza, hacen inevitable esas erogaciones. Como punto de comparación, Estados Unidos, pese a librar guerras en Irak y Afganistán, sólo gastan en Defensa el 4% de su PIB.

Por otra parte, cuando nos dicen que el desarrollo es muy difícil o imposible en sociedades que padecen grandes tensiones y conflictos, es inevitable recordar el caso de Israel.

El pequeño país es una democracia libre, plural, sometida a elecciones periódicas, con poderes independientes celosos de su autoridad, dotada de un sistema judicial capaz de encarcelar al presidente, a los
ministros o a cualquiera que viole la ley, porque todos tienen que subordinarse al Estado de Derecho y a las reglas generales que se han dado libremente la comunidad.

Es verdad que la minoría árabe-israelí tiene algunas dificultades que no padece la mayoría judía, pero también es cierto que esos árabe-israelíes forman parte del parlamento, acuden a las mismas instituciones en las que estudian los judíos, tienen sus órganos de expresión, poseen libremente sus templos religiosos y las mujeres de esa etnia son las más libres de todo el mundo árabe.

Mientras en el vecino Egipto el 90% de las mujeres sufren la ablación genital y deben aceptar en silencio la poligamia, las humillaciones o las palizas conyugales prescritas en el Corán para mantener la autoridad del pater familias, en Israel impera la igualdad de sexos ante la ley y la protección de la mujer frente a cualquier “abuso de género”.
A dónde quiero llegar es al siguiente extremo: en Israel se desmiente la hipótesis de que el desarrollo impetuoso sólo es posible con gobiernos fuertes y con mano de hierro. No es verdad. Una democracia liberal como es Israel, gobernada por coaliciones débiles que gozan de exiguas mayorías parlamentarias, puede alcanzar altísimos niveles de progreso si la clase dirigente se somete al imperio de la ley.

Tampoco es cierto que los grandes cambios sociales exijan revoluciones frecuentes. Desde su fundación en 1948, el estado de Israel ha hecho la más profunda de las transformaciones políticas sin destruir el
andamiaje institucional, recurriendo solamente a la persuasión y a la regla de la mayoría.

Me explico. La mayor parte de los fundadores del Estado de Israel, aunque eran profundamente demócratas, soñaban con un modelo productivo colectivista basado en la asociación voluntaria que se daba dentro de
los kibutz, en el que las organizaciones sindicales tenían un peso decisivo. Si alguna vez ha existido en el mundo contemporáneo un socialismo democrático, era el que predicaban y practicaban los israelíes que fundaron, primero el Hogar Judío soñado por Teodoro Herzl, y luego el estado de Israel creado por la generación de Ben Gurion.

Pero el tiempo, la experiencia, las oleadas de inmigrantes y las circunstancias fueron cambiando a los israelíes y, poco a poco, o a veces con cierta celeridad, se modificaron los paradigmas y las ideas fuerza que mayoritariamente sostenía la sociedad, hasta llegar a lo que es hoy el moderno Estado de Israel: un país en el que predominan la empresa privada y el mercado, y en el que los kibutz y las cooperativas sólo ocupan un pequeño espacio en el aparato productivo porque se ha terminado la fascinación con las ideas del colectivismo democrático.

Esa sí es una verdadera revolución, un cambio profundo, pero una revolución sin golpes militares, sin barricadas, sin muertos, sin imposición arbitraria del grupo de poder o de caudillos iluminados. Una revolución hecha dentro de las instituciones y al amparo de la ley. ¿Se quiere una mayor lección para los latinoamericanos? No hay cambio, por profundo que sea, que no pueda realizarse dentro del Estado de Derecho si predominan la buena voluntad y los valores adecuados.

El aliado estratégico
Por último: ¿qué más es Israel para mí y para cualquier persona preocupada por la supervivencia de la libertad en el mundo? Como se ha dicho tantas veces, Israel es la única democracia existente en esa zona del mundo. Es el único aliado realmente fiable de Occidente en una región económicamente vital para el funcionamiento de las naciones desarrolladas, aunque sólo sea porque en el Oriente Medio se produce la mitad del petróleo que consumimos.

Por otra parte, es posible que el éxito económico y la calidad de vida logrados por Israel como consecuencia, entre otras razones, de su forma de organizar la convivencia, acabe por convertirse en un modelo de Estado exportable a otros países de la región, con lo cual disminuirían los peligros de guerra generalizada.

Hay síntomas de que algunos dirigentes de la Autoridad Palestina radicados en la antigua Cisjordania se dan cuenta de que debe seguirse el muy exitoso modelo de estado israelí, democrático y dentro de las reglas del mercado, lo que los aleja de las autocracias típicas del mundo árabe.

Hay encuestas que confirman que los palestinos prefieren vivir en sistemas democráticos y no en satrapías como las que sufren casi todas las sociedades árabes. Quienes creemos que es conveniente, en su momento, la creación de un verdadero estado palestino con todos los atributos de la soberanía, pensamos que la única garantía de que esa nueva nación prevalezca y prospere, es si surge dentro de las coordenadas de la democracia liberal y la economía de mercado, y con una clara vocación pacifista que se manifieste en el rechazo a cualquier asociación con organizaciones terroristas y con mantener un trato respetuoso y mutuamente satisfactorio con el vecino israelí.

Finalmente, Israel posee numerosos programas de ayuda técnica diseñados para el Tercer Mundo, especialmente en el terreno de la agricultura y la medicina. Uno de los centros de atención más eficientes de cuantos actuaron en Haití tras el reciente terremoto fue un hospital de campaña enviado por Israel con su correspondiente dotación de médicos, técnicos sanitarios y medicinas. Israel no sólo quiere ayudar. Sabe cómo hacerlo. Ésa es otra de las razones por las que merece ser admirado y por las que nos favorece su existencia. Es conveniente no olvidarlo.

martes, 18 de septiembre de 2012

Pedro Quartucci, el primer deportista olímpico de nuestro país

El Dr. Angel Quartucci visito Radiodifusión Argentina al Exterior. Con el conversamos acerca de la primera delegación de atletas argentinos que participaron en la Olimpíadas de Paris 1924.











El Arte de Horacio Lavandera


El 28 de agosto visito los estudios de Radiodifusión Argentina al Exterior el Maestro Horacio Lavandera. 

Reproducimos el dialogo que mantuvimos con el.


28-8 ENTREVISTA HORACIO LAVANDERA

Asuntos del Alma

 
El 2 de agosto de 2012 conversamos con el Prof. Sebastián Domínguez acerca de la presentación del libro Asuntos del Alma de reciente aparición. 

La entrevista fue realizada en Radiodifusión Argentina al Exterior.

 





Independencia de México

En el progrograma Música para Comenzar en Radio Nacional AM 870 entrevistamos con Graciela Almada al Concejero Cultural de la Embajada de México en Buenos Aires Sr. Ricardo Calderón con motivo de la Independencia de México.

Graciela Almada y Leonardo Liberman







sábado, 15 de septiembre de 2012

Marcela Suez y Cristina Pérsico












Cristina Pérsico y Marcela Suez
 
En Radiodifusión Argentina al Exterior conversamos con Marcela Suez y Cristina Pérsico sobre el espectáculo que presentan.

"Raíces del Flamenco del Sefarad al Cantejondo"

Los sabados de septiembre y los viernes de octubre en Mediterránea cafe/teatro. Tucuman 3378




















Solar Martínez

Solar Martínez visito Radiodifusión Argentina al Exterior y conversamos de su primer CD.

Denisse Ann Clavillier

El 21 de agosto conversamos con Denise Ann Clavillier sobre sus investigaciones y proyectos.


[audio="http://www.ivoox.com/libros-francia-argentina_md_1429128_1.mp3"] Ir a descargar

lunes, 30 de enero de 2012

30 de enero de 1933, El ascenso de Hitler al poder.

Presten atención a las palabras del que se transformaria en Dictador muy pocos días después de haber asumido el poder, vaciando de contenido la democracia que lo llevo al poder. en el final del discurso hace un anuncio mas que interesante. Lamentablemente, pasados tantos años, seguimos escuchando las mismas palabras.



Ingmar Bergman dirigió una película emblemática, El huevo de la serpiente. No se la pierdan.

Leonardo Liberman

lunes, 26 de diciembre de 2011

Si la muerte pisa mi huerto

Publicamos con su conocimiento, una nueva nota del Dr. Enrique Avogadro que es sumamente interesante.


“La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse”. Otto von Bismark
La libertad en la Argentina aún no ha muerto, pero se encuentra en terapia intensiva, con pronóstico reservado.
A partir del 10 de diciembre, cuando las mayorías cristi-kirchneristas ocuparon sus bancas en ambas cámaras del Congreso, a las cuales se sumaron en un alegre jolgorio los aliados “progresistas”, el Parlamento argentino ha degradado aún más su papel, cayendo en la más abyecta obsecuencia. Eso le ha permitido actuar como mero colocador de sellos de aprobación, sin fingir siquiera debates, en proyectos de ley que, enviados por el Poder Ejecutivo, cercenan los más básicos derechos humanos de los argentinos.
Resulta válido citar aquí a José Enrique Miguens, ese sociólogo y pensador con mayúsculas, recientemente desaparecido: “Sólo faltaría, para completar el cuadro, autorizarlo a aplicar penas de prisión para consolidar su dominio total. Pero pienso que no lo necesita, porque tiene medios, mediante sus patotas a sueldo en todo el país, para atemorizar a la gente e impedir hablar a sus oponentes”. Porque, desde ayer, según ese infame personaje que preside la UIF, don Sbatella, la ley antiterrorista sancionada la semana pasada lo permitirá.
La nota de Miguens, “Darse Cuenta”, que por su excelencia he mencionado en muchos de mis artículos y que insisto en poner a disposición del lector, si me la pide, es de una claridad meridiana, y utiliza la triste historia del final de la República de Weimar para, en ese momento, predecir el futuro nacional. Doña Cristina y, sobre todo, la anomia de los argentinos, lo han confirmado en el presente.
Ya el Presupuesto 2012, con su sanción, implicó la convalidación de gigantescas falsedades –inflación, crecimiento, etc.- que facultarán a la señora Presidente continuar, si las circunstancias exógenas lo permiten, disponiendo a su exclusivo arbitrio de enormes fondos que, como nos han enseñado desde 2003, serán usados para acumular, si cabe, aún más poder y, con certeza, mayor capacidad para disciplinar voluntades.
Por su parte, la extensión de una ya injustificable emergencia económica, que permite tanto el abusivo uso de los decretos de necesidad y urgencia cuanto la facultad al Jefe de Gabinete de reasignar partidas, desnuda la realidad esencial de ese Presupuesto -que, debiéramos recordarlo todos, es la “ley de leyes”- al demostrar que se trata sólo de papel pintado.
La ley de transparencia financiera, defendida por el oficialismo como un requisito de la comunidad internacional para excluirnos de la lista de los países tolerantes del lavado de dinero proveniente del tráfico de drogas, de la corrupción y del terrorismo, y sancionada luego de incorporar al proyecto una norma de protección a la protesta social, en manos de un demente como Sbatella, que no reconoce límite alguno a la hora de cumplir, “con obediencia debida”, todos los deseos de sus mandamases, servirá para perseguir a todos los periodistas independientes, cuando éstos describan la realidad económica y ésta no se adecúe al “relato” oficial. Si no es así, ¿por qué el jefe de la UIF dijo el miércoles que los medios de prensa que “aterrorizaran” a la población y se convirtieran en “potenciales instigadores” de corridas bancarias o cambiarias serían catalogados de terroristas?
Hace poco, una brillante cronista e investigadora, Romina Manguel, escribió un libro, “Yo te avisé”, en el cual describe, con precisión quirúrgica, las actitudes y las conductas previas de varios personajes de la historia nacional reciente que, luego, se transformaron en presidentes. Y se pregunta por qué los argentinos protestamos cuando, al ejercer la primera magistratura, simplemente hicieron lo mismo.
Cualquiera que haya seguido con algún detenimiento el proceder de don Néstor (q.e.p.d.) como Gobernador de Santa Cruz frente a la prensa local, tiene en sus manos las pruebas de los crímenes que, contra la libertad de ésta, cometerá doña Cristina utilizando la mentirosa ley de regulación de la producción y distribución del papel de diario, sancionada por este pseudo Congreso de la democracia el jueves.
Si no bastara con ello, también podría recurrir a la conducta de ambos Kirchner en lo que al manejo de la publicidad oficial se refiere; medios adictos, aún cuando su tirada sea absolutamente insignificante, reciben el masivo y cuantioso apoyo de la Casa Rosada, que se niega –desconociendo así una sentencia de la Corte Suprema- a incluir esa publicidad en los órganos de prensa que disienten con el “relato”.
No resulta superfluo recordar aquí el texto del artículo 29 de la Constitución Nacional: El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”. Es un sayo complicado y cae sobre todos los legisladores que, a lo largo del oscuro período kirchnerista, han transformado estas prohibiciones y nulidades en una costumbre genuflexa y permisiva, pero lamentablemente dudo que alguna vez tengan que comparecer ante el tribunal de la Historia.
Con un Congreso en el cual las mayorías, más automáticas que nunca, ignoran por completo a las minorías, culpa de lo cual también recae en éstas mismas, la última trinchera de los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos contra la arbitrariedad del Ejecutivo debiera ser, por imperio constitucional, el Poder Judicial.
Pero estamos hablando de un poder que, encabezado por esta corta Corte, presidida por don Lorenzetti –que ha reconocido, públicamente, aplicar en sus fallos “¡políticas de Estado!” consensuadas con la Casa Rosada- y que tolera que sus sentencias sean olímpicamente ignoradas por doña Cristina –como antes por don Néstor (q.e.p.d.)-, como en los casos del Procurador Sosa, las jubilaciones y el Riachuelo, no parece dispuesto a reaccionar en modo alguno.
Debemos entender, todos, que si de última trinchera se trata, ésta será absolutamente enclenque y débil, ya que se encuentra bajo el férreo control de los comisarios políticos de los Kirchner, sea en el Consejo de la Magistratura –que, con la complicidad de don Fargosi, convalidó concursos fraudulentas y designaciones de jueces indignos-, sea en el Fuero Criminal Federal –algunos de cuyos jueces, que ya estaban en la servilleta de Corach, además están en manos del poder político por su pasado prostibulario o por su presente, enriquecido sin explicación-, sea en la propia Corte –que, sin hesitar y sin vergüenza, tolera que uno de sus integrantes haya sido descubierto como propietario de varios inmuebles en los que se ejercía la prostitución y no le ha requerido explicación pública alguna- y no estará dispuesta a “morir” en cumplimiento de su deber.
Se están cerrando, sobre la libertad de la Argentina, las mismas tenazas que aplicaron el papagayo caribeño en su Venezuela natal, Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua, los Castro en Cuba y hasta Putin y Medvédev en Rusia.
Lo verdaderamente trágico es que a los argentinos parece no importarles en absoluto esta amenaza, cada vez más concreta, al menos mientras pueden comprar autos, plasmas, vacaciones, fútbol y Tinelli. Masivamente votaron por una democracia degradada –Guillermo O’Donnell la llamó “delegativa”- en la cual los derechos ciudadanos se reducen a emitir un voto cada dos años y, en los entreactos, entregar todo el poder a los electos.
Es cierto; esta misma nota servirá como argumento para decir que aún hay libertad en la Argentina pero, como dije, ya está en terapia intensiva. Falta preguntarse, parafraseando a Serrat, “quien firmará que ha muerto de muerte natural”.
Bs.As., 26 Dic 11

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

Blog: http://egavogadro.blogspot.com

lunes, 19 de diciembre de 2011

La música une

Lo mando una amiga, Susana

Una canción, que es bellísima, interpretada por gente de Brasil, Jamaica, Argentina, Cabo Verde y hasta de la India haciendo música y cantando juntos a la paz, la esperanza y la alegría. Con un ritmo que entusiasma y da ganas de cantar y bailar.



La música es una forma de comunicación que sobrepasa las fronteras. Disfrutemos de esta belleza.

Leonardo Liberman

Ayuda del Estado

Lo mando mi prima Fanny. La visión de un estadista.

"El ex presidente de Brasil contó durante su visita a Colombia detalles de la política social que hoy es ejemplo en el mundo.
Le recomendó a Colombia no dejar en manos de intermediarios la administración de los recursos públicos.

A Luiz Inácio Lula da Silva no se le olvida que lo que hizo el primer día de su gestión como presidente de Brasil fue reunir a todos sus ministros, subirlos a un avión y llevarlos a los lugares más pobres del país.
Quería que el presidente del Banco Central o su ministro de Hacienda “vieran a ese país que no se queja, que no hace manifestaciones, pero que está ahí, que es real y verdadero. Eso quizá haya ayudado a cambiar las cosas”.

Da Silva conocía muy bien esos sectores. Salió de una de esas zonas donde es común que los niños vayan a la cama sin comer o pasen un domingo sin almuerzo. “Conocí el pan por primera vez a los 7 años –recordó el exmandatario–. Hasta esa edad, el café que me tomaba por la mañana era con harina de yuca. Sé que es la desesperación de una madre que está delante de un fogón sin gas y sin lo más elemental para hacer una comida para sus hijos”.

Durante su visita al país, el expresidente de Brasil compartió no sólo su historia de vida, sino los resultados de su política social que sacó a 28’000.000 de brasileros de la pobreza y que redujo drástricamente los niveles de desnutrición y desescolarización de los niños y jóvenes de su país.

Brasil es una de las diez economías más importantes del mundo, pero para Lula esto de poco ayuda si no hay democracia ni políticas de distribución del crecimiento para evitar que el dinero siga en manos de pocos “y el pueblo siga pobre y desnutrido”.

“Cuando empecé mi gobierno, el 10 por ciento de la población más rica cogía la mitad del dinero del país y le dejaban a los más pobres apenas el 10 por ciento”, recordó el exmandatario quien logró cambiar estas cifras aumentando el salario mínimo en un 62 por ciento en cinco años, aún con voces en contra que le advertían que lo único que lograría era el crecimiento de la inflación.

“Y la inflación no aumentó”, dice ahora con satisfacción. Esta sola decisión sacó a millones de brasileros de la pobreza.
Es más, asegura que con la crisis del 2008 Brasil salió adelante gracias a esta población. “El consumo creció siete veces más, sobre todo en los sectores populares. Los pobres comenzaron a ser tratados como ciudadanos”.

Para Luiz Inácio Lula da Silva hubo varias estrategias clave para lograr los resultados. Una fue bancarizar la población pobre: en un año 45’000.000 de brasileros tenían cuentas bancarias activas, y esto ayudó a hacer viable la segunda estrategia: no dejarles a intermediarios la administración ni la entrega de estos recursos públicos.

“No creo que deba existir la figura del intermediario, porque la mitad de la plata se queda con él.

En Brasil las personas que reciben beneficios del gobierno no tienen contacto con intermediarios. Reciben una tarjeta magnética con la que puede ir al banco y sacar el dinero. Eso es sagrado”, recalcó el expresidente.

Y una tercera estrategia que garantiza el éxito es tener registros de calidad y hacer seguimiento a los programas y beneficiarios. Equipos del gobierno viajaron a lugares remotos en donde encontraron habitantes que ni siquiera tenían actas de nacimiento; eran ciudadanos que no existían. Ellos son hoy beneficiarios del programa bolsa familia, que entrega tarjetas a las mujeres del hogar para que cuenten con el dinero para la alimentación y la educación de su familia.

“Son 13 millones de tarjetas. Las personas van al banco y no les deben favores a alcaldes ni a gobernadores ni al presidente.

Me decían que estaba desperdiciando el dinero, que estaba creando vagabundos que no trabajaban. Había personas que criticaban que los pobres compraran lápices o zapatos para los niños y no comida.
Eso es fácil decirlo para alguien que los tiene, pero no para los que nunca lo han tenido.
Quienes nunca han pasado hambre ni necesidades no saben qué son 80 dólares en manos de una madre de familia”.

Combatir el hambre fue una prioridad del gobierno de Lula da Silva, al punto de crear un ministerio dedicado exclusivamente para esta tarea. En seis años la desnutrición de Brasil se redujo un 73 por ciento y la mortalidad infantil en un 45 por ciento.

La política es ejemplo en el mundo. Esta apuesta incluye restaurantes populares, programas de lactancia materna, promoción de la agricultura familiar, distribución de alimentos a los más pobres, la entrega de microcréditos y fomento de la economía local a través de la compra al pequeño productor para abastecer los programas de alimentación del gobierno, entre otros.

“La garantía para la buena alimentación de la población debería ser la prioridad de todos los hombres públicos y de los ciudadanos de buena voluntad. No es normal –dijo– que un gobernante del mundo no ponga la lucha contra el hambre como una prioridad de sus presupuestos, así como en sus políticas”.

La generación de millones de empleos formales para padres de familia buscó reducir el trabajo infantil y por el contrario, llevar a estos niños y jóvenes a las 214 escuelas de educación básica nuevas, así como a las 14 universidades federales construidas durante su periodo. Hoy hijos de albañiles estudian carreras como medicina en estas universidades.

Estos resultados, aseguró, son una muestra de que “no hay nada más barato que invertir en los pobres” y deja atrás la teoría de que hay que esperar al desarrollo para ser inclusivos. En el caso de Brasil, la inclusión llevó al desarrollo. “Los ricos también se benefician cuando los pobres dejan de serlo”, dijo.

“Hasta le pagamos la deuda el Fondo Monetario Internacional. Después de dos años de gobierno le devolvimos 16.000 millones de dólares que le debíamos. Hoy el FMI nos debe 14.000 millones de dólares que les prestamos para ayudar a la crisis de los países ricos”.
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Brasil saco de la pobreza a millones de habitantes y los inserto en la clase media. Es lo que hay que hacer mas allá de los planes sociales que favorecen el clientelismo y la dependencia.
Tenemos que dejar de fabricar pobres.

Leonardo Liberman

domingo, 18 de diciembre de 2011

Cristina se fue a la guerra

El Dr. Enrique Avogadro publicó en su Blog este comentario que reproducimos con su conocimiento

“Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error” Napoleón Bonaparte

Encaramada sobre el 54% de los votos que obtuvo tal vez limpiamente el 23 de octubre, doña Cristina ha decidido combatir por el “modelo” en todos los frentes a la vez. Quizás porque ignora –como lo ha demostrado tantas veces- la Historia, nada ha aprendido de la Alemania de Hitler que, al abrir el frente oriental, inició el camino de su inevitable derrota.

Tampoco parece recordar la famosa frase de Maquiavelo: “Divide y vencerás”; la reciente pelea que ha desatado contra los gremios, que le resulta indispensable para justificar la futura apropiación de los fondos de las obras sociales, ha conseguido juntar a Moyano con Barrionuevo y Venegas, y hasta De Gennaro ha sumado a esa alianza a su CTA no oficialista.

Saben que no pueden permitir que el Gobierno avance contra uno de ellos, pues sólo será el inicio de un efecto “dominó” que terminará con todos. Tal vez nunca resultará tan verdadera la frase de Borges, “no los une el amor sino el espanto”. Pues bien, la Presidente ha conseguido esa unión, actuando como fórceps en el parto de un frente sindical unido en su contra.

La pelea contra Scioli y algunos de los “barones” del Conurbano, que encarnan, desde el punto de vista de doña Cristina, las posibilidades de resurgimiento del peronismo tradicional –del cual ella se distinguió con el “nosotros” cuando confrontó con Perón en su discurso presidencial- llevó a que se produjeran los graves incidentes en la Legislatura bonaerense, de final aún incierto.

Así, dos nuevos frentes de combate se han abierto en el horizonte cristi-camporista, y ninguno de ellos dejará de producir efectos letales: la pelea por el “territorio” se ha caracterizado por la violencia con que se expresa en la calle, como nos enseña nuestra historia reciente, y doña Cristina no podrá recurrir, con la tranquilidad necesaria, al llamado a la represión de las fuerzas policiales, hartas de sentirse el pato de la boda política, como lo demostrara en el reciente acuartelamiento en La Plata.

Para mantener un ejército en operaciones se necesita mucho dinero, como bien lo sabían los monarcas europeos hasta el siglo XIX, que se veían obligados a hipotecar el futuro de sus reinos ante los bancos prestamistas. Como tantos analistas –entre ellos quien esto escribe- adelantaron en su momento, al terminarse la posibilidad de recurrir a las fuentes habituales de financiamiento –emisión, nuevos impuestos, fondos de las AFJP’s, adelantos del Banco Central y préstamos intra-Estado (Anses, Pami, Banco Nación, etc.)-, el Gobierno se verá obligado a recurrir a su inventiva para mantener a su tropa bien alimentada y con munición suficiente.

Anticiparon –anticipamos- que las posibilidades de nuevas “cajas” eran tres: nacionalizar el comercio exterior, confiscar los fondos sindicales o hacerse con los depósitos bancarios.

Sin embargo, nunca supusieron –supusimos- que doña Cristina, enarbolando ese ya mítico 54%, lo haría simultáneamente. La atribución a don Patotín Moreno de nuevas competencias, incluidas las que quedaron en manos de doña Paglieri, su cómplice en el Indec, agravará el cerrojo demencial a nuestro intercambio de bienes con el resto del mundo; el ninguneo a don Camión Moyano y la persecución al Momo Venegas informan que ha puesto en marcha el segundo proyecto; y los comentarios de don Sabatella y don Heller y la nueva ley de represión al “terrorismo financiero” anticipan que también irá por la nacionalización del sistema bancario.

Una de las explicaciones más plausibles sobre el cruento recorte que la Presidente impuso sobre las pre-candidaturas a legisladores de los hombres de la CGT es que, suponía, éstos resistirían en el Congreso a la peregrina idea de hacerle pagar el costo político del ajuste a los líderes gremiales y la resistencia natural que los mismos tendrían a una eventual apropiación de los fondos de las cajas sindicales, de las cuales proviene todo su poder. La negativa de los pocos que ingresaron a convalidar con su voto la ley anti-Momo le dio la razón.

Con un Congreso que ha reducido su triste papel de escribanía del Gobierno a mero mostrador donde poner sellos, sin siquiera hacer la pantomima de una discusión de los proyectos, doña Cristina cree que puede ir por todo y por todos a la vez. Pero, mal que le pese a don Pacho O’Donnell y a su revisionista instituto, la Historia no se puede cambiar y, menos aún, la realidad.

Es cierto que la apatía generalizada de nuestra ciudadanía, que la lleva a tolerar, mirando para otro lado, cómo se cercenan diariamente sus derechos humanos –la libertad de prensa, en el caso más actual, pero también la salud, la educación y la vivienda dignas, sacrificadas en el altar del Fútbol para Todos y de Aerolíneas Argentinas- debe actuar como un aliciente en el imaginario presidencial. Si todos permiten que la tuerta y falsa política aplicada sobre ese tema desde 2003 haya servido tanto para un roto como para un descosido, ¿por qué detenerse ahora?

Porque, convengamos, los argentinos hemos tolerado todo y, seguramente, doña Cristina cree que lo seguiremos haciendo sin reaccionar de modo alguno.

La enumeración de la falta de límites impuestos por la sociedad en su conjunto al proyecto kirchnerista desde sus albores en mayo de 2003 no puede ser más convincente: la corrupción rampante, la destrucción sistemática de todas las instituciones republicanas, la ignorancia de los fallos judiciales, la discrecionalidad y la arbitrariedad en las decisiones, la prepotencia en la imposición de medidas coyunturales, la inmoralidad de jueces y supremos, el enriquecimiento obsceno de los funcionarios, el crecimiento del tráfico de drogas, la inseguridad, y miles de etcéteras.

Como en todo proyecto totalitario, el culto de la personalidad es un elemento esencial al “modelo”, y a ello obedece la deificación que hoy se pretende de la figura de don Néstor (q.e.p.d.), bautizando con su nombre rutas, plazas, escuelas, teatros, campeonatos … Aún así, quienes soportamos este disparate –que don Camión se ocupó de poner en su lugar en Huracán- nos preguntamos por qué, si Kirchner era portador de las tantas virtudes que ahora se le atribuyen, su desaparición física mejoró -¡en veinte puntos porcentuales!- la imagen de la Presidente.

Sintiéndose la única dueña de los doce millones de votos que la entronizaron nuevamente, doña Cristina pretende reescribir, también, la historia del acto de Plaza de Mayo, cuando Perón expulsó a los “imberbes” de la misma y defendió a rajatabla a los líderes sindicales. En la nueva versión, que seguramente los neo-revisionistas se ocuparán de relatar, los expulsados son los otros, pero también son otros, más rentados y menos ideologizados, los que permanecen en el mítico escenario. La diferencia más notoria, espero, radica en la ausencia actual de armas, pese a que las escandalosas revelaciones de Shocklender a Caparrós confirman las peores sospechas al respecto.

Marzo será un mes clave para descubrir quién –si es que existe alguno- es el real propietario del 54% que aprobó lo actuado y ratificó a la señora de Kirchner en el trono imperial.

Para entonces, habrán terminado las vacaciones, cuando todos gastan más de lo previsto, y el retorno a la normalidad traerá consigo simultáneamente el impuestazo en las facturas de la luz, del agua y del gas, el incremento de las cuotas de las prepagas médicas y de los colegios, los aumentos en las tasas municipales y un marcado crecimiento en los precios del supermercado, además de la obligación de pagar las cuotas de los plasmas, de los autos, etc., que compramos en la fiesta consumista organizada para octubre pasado. En esa cancha se verán los pingos.

Don Hugo Camión sostuvo que sus muchachos representan la mitad del porcentaje del que Ella se siente única dueña. Tal vez lo pueda confirmar, si todos los aumentos que los gremios obtengan se siguen transformando impunemente en mayor recaudación para la caja oficial y si el Gobierno consigue –vaya uno a saber con qué fórmula milagrosa- que las paritarias se cierren por debajo de la real inflación.

Pero lo dudo, ya que los líderes gremiales no comen vidrio y el famoso instinto de supervivencia los tiene entre sus mayores exponentes. No por nada han permanecido tanto tiempo y sobrevivido a tantos gobiernos, el de Perón mismo incluido. Eso me dice que, entre la espada de doña Cristina y la pared de sus bases, optarán por combatir.

Lo mismo sucede en el campo. Después del éxito parcial del Gobierno al cooptar a Buzzi, hay rumores de que éste se verá desplazado de la conducción de la Federación Agraria Argentina, para permitir a ésta reinsertarse en la Mesa de Enlace, que tanta protección brindó a los productores cuando estaba unida. Para éstos, también están sonando los tambores de la guerra.

En fin, doña Cristina va por todos y todas, y está dispuesta a llevarse por delante a los gremios, a los bancos, a los productores y a las libertades de los argentinos. Falta saber, para realizar un pronóstico, si alcanza sólo con la Cámpora y el poder formal para ganar esa guerra, en la cual hay tantos frentes en los que deberá combatir al mismo tiempo, ahora con menos municiones y recursos.

En estos días se cumplen los diez años de un momento en que los argentinos vieron sacudida su tradicional apatía; tal vez sería bueno que la señora de Kirchner pidiera algunos datos al respecto.

Bs.As., 18 Dic 11

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

Blog: http://egavogadro.blogspot.com

domingo, 11 de diciembre de 2011

Re-empezose del acabose

El Dr. Avogadro nos entrega otra de sus lucidas columnas, que con su conocimiento, reproducimos a continuación

“El político divide a la humanidad en dos clases: los instrumentos y los enemigos”

Friedrich Nietzsche

Ayer retomó posesión de su cargo su majestad, la señora Cristina Fernández de Kirchner, en un acto que recordó mucho a la autocoronación de Napoleón cuando, en 1804 y rompiendo todo el protocolo, se colocó a sí mismo el símbolo imperial por excelencia.

Si sólo se tratara de una mera informalidad más, a las que “El” era tan afecto, el tema no revestiría mayor importancia. En el marco de lo sucedido la corta semana pasada, en cambio, reviste una relevancia esencial.

Desde el 23 de octubre, cuando la señora Presidente revalidó los títulos obtenidos ya en agosto, la concentración del poder absoluto en sus propias manos se ha transformado en lo más explícito de su discurso.

Los riesgos –que los electricistas conocen muy bien- de trabajar sin fusibles, han sido asumidos por “Ella” con total conciencia: a partir de ahora, todos los aciertos serán propios y exclusivos, pero los errores también.

A la luz de la imperiosa necesidad de inversiones que doña Cristina puso ayer como demanda a los industriales, no parece que la ascensión de don Guillermo Patotín Moreno pueda considerarse una jugada magistral. El Secretario de Comercio –que ha sumado formalmente el área internacional a sus cuantiosas funciones- no es, precisamente, el ideal a la hora de concitar apoyos que se traduzcan en una real ampliación de la oferta de bienes.

Antes bien, todas y cada una de las políticas coyunturales, y la forma de imponerlas, no sólo han sido contraproducentes para el Gobierno y para el país a poco de andar, sino que no hacen más que quitar definitivamente a la Argentina del escenario posible de destinos de inversión extranjera. Nadie, en su sano juicio, invierte en un país en el cual un funcionario –caso por caso, como se ha visto, y privilegiando a los amigos- decide cuál es el margen de ganancia, si las utilidades pueden ser distribuidas, cuáles son los productos sujetos a control de precios y, sobre todo, donde no se puede tener la seguridad de contar con la energía necesaria para los procesos industriales.

Tampoco el nuestro es un Estado que pueda exhibir el respeto a la división de poderes, y donde los jueces den muestra de independencia a la hora de firmar sus sentencias. Esta suma de elementos, todos ellos indispensables y esenciales cuando de decidir inversiones se trata, faltan en la Argentina y el discurso presidencial de ayer no parece encaminado a enmendar ese cuadro. Antes bien, mientras escuchaba a doña Cristina ayer, resonaban en mis oídos las palabras famosas: “Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”.

La señora Presidente puso en palabras las nuevas guerras que pretende desatar en el futuro. Los enemigos recién creados son el Partido Justicialista, el sindicalismo organizado y los actores del sistema financiero. Ya les hizo entrega de las condiciones de rendición que, en realidad, pueden resumirse en dos: fidelidad canina al “modelo” y compromiso unívoco con el “relato”.

Al marcar tan ferozmente la diferencia entre Perón y “nosotros”, dejó en claro que el aparato peronista y sus antiguos líderes no pertenecen, en verdad, a la propia tropa, es decir, desnudó que don Néstor (q.e.p.d.) y “Ella” sólo se han servido de ellos y que, a partir de mañana y tal como demostró con la imposición de los jóvenes candidatos de “La Cámpora” en las listas electorales, deben renunciar a cualquier ilusión de poder real. Falta saber, ya que entre los impulsados a arrodillarse se encuentran mandatarios con caudal de votos propios, si éstos estarán dispuestos a una rendición tan humillante o si, por el contrario, querrán dar pelea con un instrumento archiconocido y eficaz: la “Liga de Gobernadores”.

La otra incógnita es qué harán los grandes caciques sindicales; sobre la cabeza de varios ellos pende la espada de Damocles de las causas por medicamentos y troqueles falsos y el Gobierno, como bien saben, cuenta con la docilidad del juez de pasado prostibulario para hacerla descender furiosamente.

Sin embargo, el peligro que aceptar el techo a los reclamos salariales que la Casa Rosada pretende imponer ha conseguido, como tantas veces en el pasado, abroquelarlos contra el enemigo común. Desde que Oyarbide puso entre rejas al Momo Venegas doña Cristina sabe que no será una pelea fácil. Enfurecida por el apoyo del líder ruralista a Eduardo Duhalde (el bueno), desconoció el acuerdo al que arribara el gremio en paritarias, y pretende quitarle el manejo del RENATRE, el registro que tan eficiente ha resultado para el blanqueo de la actividad y la prestación de servicios sociales a los peones rurales.

Siempre se ha dicho que es peronista la frase: “El que avisa no es traidor”, y ayer doña Cristina les hizo saber que, a partir de ahora, “Ella” será quien decida cuándo se trata de una huelga, y como tal legítima, y cuándo de una “extorsión” o un “chantaje”. En este último caso, además, dejó entrever que no dudará en hacer tronar el escarmiento.

Con Moyano bajo fuego amigo, han cerrado filas para acompañarlo gran parte de “Los Gordos”, la CGT Azul y Blanca, de Luis Barrionuevo, y hasta la CTA, de De Gennaro, que con razón imputa al Gobierno la fractura de esa central. Son extremadamente conscientes de que serán los próximos a los que irán a buscar, y no están dispuestos a recitar el famoso poema atribuido a Bertold Brecht. El jueves, en el acto del Día del Camionero, se sabrá de cuánta munición disponen para el combate.

Luego vienen los players del mercado financiero, también muchos de ellos cómplices, hasta ayer nomás, del matrimonio hoy disuelto por fallecimiento. Más allá del acotamiento natural de la actividad, producto de la fuga de capitales ahora restringida por las medidas policiales de Patotín y por la falta de depósitos en pesos a largo plazo, doña Cristina les enrostra haber ganado como nunca.

Es cierto, pero pretender que acepten sin chistar que esas ganancias se transformen en pérdidas es caer en manos de una infantil ilusión. Por otra parte, los banqueros también son conscientes que, si la realidad continúa poniendo la proa al “modelo” más temprano que tarde se verán obligados a suscribir bonos del Gobierno, es decir, a cambiar los pesos de sus depositantes por papelitos sin valor.

La mención a las “corporaciones” y la aseveración de que no es la Presidente de ellas sino de los cuarenta millones de argentinos fue llamativa: el pueblo, a través de sus representantes en el Congreso, por unanimidad de ambas cámaras, sancionó la ley de protección de glaciares; doña Cristina, para favorecer a la Barrick Gold, la vetó.

Y cuando acusó a las mismas “corporaciones” de las ¿cinco? corridas cambiarias que habría soportado, dejó sin explicación ni argumento a las medidas policiales implementadas por Patotín y Echegaray para reprimir a los pequeños adquirentes de divisas. ¿En qué quedamos?

Una razón más “para sacarse el sombrero” –título de una nota reciente de quien esto escribe- frente al sistema comunicacional del Gobierno es la forma en que ha conseguido ocultar y hacer desaparecer la sensacional derrota –por los esfuerzos destinados a ganar la batalla- que sufrió doña Cristina en las elecciones de Boca Juniors. Que quien haya ganado sea el Presidente más exitoso de la historia del club y no el futuro candidato a opositor mayor de la Casa Rosada, con lo cual podría coincidir, no resulta óbice para percibir la magnitud de lo sucedido.

Para cerrar esta crónica de lo sucedido y pasar a proponer una solución al menos, sólo cabe una mención a las tres exigencias fundamentales que contuvo el discurso presidencial: el levantamiento de las medidas cautelares que traban el desmantelamiento de Clarín y la celeridad que debe imponerse a los juicios llamados “de lesa humanidad”, formuladas a la Justicia, y la sanción de la Ley de Tierras, reclamada con urgencia al Congreso.

Sobre las dos primeras ya he expresado mi posición en notas anteriores. En relación al nuevo ordenamiento de la propiedad inmobiliaria, pergeñado teóricamente para defender la necesidad de producir alimentos, sólo me cabe decir que pretender que, si el propietario es un extranjero, no hará que el bien produzca adecuadamente es una afirmación que no resiste el menor análisis. La única explicación que encuentro para una sandez de ese tamaño es que el propósito real sea hacer bajar, por falta de compradores, el precio de los campos, para que sus funcionarios sigan comprándolos como hasta ahora.

Para la UIA y José Ignacio de Mendiguren tengo una sugerencia antigua (la describí en detalle en http://tinyurl.com/84pgnqa) y bastante simple. Obviamente, otro sinsentido del discurso presidencial de estos días fue la recomendación, que Patotín se está encargando de llevar a la práctica, de “no importar ni un clavo”. Quisiera que doña Cristina me explique a quién le va a vender algo si, a la vez, no le compra; en poco tiempo más, el “modelo” se llevaría puesta a toda la industria argentina, tan dependiente de insumos importados, inclusive de agroquímicos, en el caso del campo.

Lo que hay que hacer para recuperar competitividad es sencillo. Transformar –con crédito subsidiado, si es necesario- a la industria local en una productora de bienes de exportación casi exclusivamente, y en lo posible de altísima calidad y precio consiguiente; a la vez, importar de otros países que producen con menos calidad pero a precio muy bajo (en especial, por los pobres salarios) las cosas que los argentinos más necesitados hoy no pueden adquirir, vgr. ropa, calzado, enseres domésticos, electrónicos. Pretender, por ejemplo, que favorece a la producción nacional que las “fábricas” de Tierra del Fuego sólo armen y embalen televisores y celulares que llegan completos en kits y, además, eximirlas de impuestos, sólo puede ser una gansada o un negociado.

En fin; pronto –mal que le pese a Amadito y su blindaje- llegará a la Argentina el tsunami que ya está golpeando fuerte a Brasil, destino del 24% de nuestras exportaciones industriales. Además, el precio de la soja, nuestro principal productor de divisas, se ha estancado y, probablemente, baje un poco más. La quita de subsidios -que, necesariamente, se trasladará a los precios- repercutirá como varios puntos de inflación, ya la segunda del continente (baste recordar que la “oficial” del Indec ya lo es). Las cajas a las que se recurre en busca de préstamos “intra-Estado” comienzan a agotarse. El gasto público continúa creciendo y la presión impositiva es ya insoportable para la población en general que, además, no ve que la recaudación sirva para mejorar el nivel de prestación de los servicios estatales. La inseguridad, que estuvo absolutamente ausente de las enunciaciones prioritarias que doña Cristina recitó ayer, sigue siendo la mayor preocupación de la población.

Estos son algunos de los problemas que la señora Presidente debe enfrentar desde mañana mismo. Que, para encararlos, no haya nombrado a un verdadero Ministro de Economía con conocimientos y personalidad y, en cambio, haya encumbrado a Patotín y a los chicos a sueldo de La Cámpora, confiere sentido al título de esta nota.

Bs.As., 11 Dic 11

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado
Blog: http://egavogadro.blogspot.com

jueves, 1 de diciembre de 2011

Reculando en chancletas

El Dr. Enrique Avogadro nos invita a pensar. Aqui reproducimos, con su conocimiento, su última nota.



“Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”.

Otto von Bismark

El Gobierno, como he aplaudido en la nota anterior, ha recurrido a la frondosa imaginación de la cohorte de geniales comunicadores que la Casa Rosada tiene a su alrededor para encontrar palabras que, al menos lo pretenden, nos hagan saber que nada ha cambiado: “reacomodamiento”, “tensiones”, “sensaciones”, y tantos otros circunloquios que los aleje de la realidad, tan temida y escondida.

Pero basta ver qué prometieron hacer los Kirchner y qué está ahora haciendo la viuda del fundador del “modelo” desde que el 54% de los votos la confirmara en el uso –y el abuso- del sillón de Rivadavia por cuatro años más.

En 2006, por ejemplo, don Néstor (q.e.p.d.) prohibió estúpidamente las exportaciones de carne, “para garantizar la mesa de los argentinos”. Lo califico de ese modo porque, al dictar esa medida, ignoraba que los cortes que se exportan no son los que se consumen en el país. Sin embargo, y como predije entonces (ver http://tinyurl.com/7weeevx), la prueba del disparate colosal cometido implicó la liquidación de millones de cabezas de ganado, la pérdida de más de cincuenta mercados conseguidos con esfuerzos y muchas dificultades, la crisis en la industria frigorífica, la desnacionalización de esa industria y, sobre todo, un alza desmedida en los precios de la carne, que redujo enormemente su consumo per cápita.

En 2003, cuando realizó su vuelo triunfal desde Río Gallegos a Buenos Aires, Kirchner se encontró con un país netamente exportador de energía; inclusive, se habían construido líneas de alta tensión para venderla a Brasil y a Uruguay y gasoductos para exportar gas a Chile; hoy, el sentido del tráfico de esos ductos se ha invertido.

Argentina disponía de reservas comprobadas para treinta y cinco años. Hoy, después de tan ¿exitoso? “modelo”, debemos importar combustibles de todo tipo –de menor calidad y mayor precio que los que exportamos- y para atender la demanda interna de gas no alcanza el que compramos a Bolivia (pagando a sus productores allí tres veces más de lo que les pagamos –son los mismos- en el país) y debemos importarlo bajo la forma líquida, a un precio seis veces mayor que el nacional.

La inefable señora Presidente ha suscripto un contrato con Qatar para la provisión de gas licuado por veinte años, que nos ha endeudado en US$ 50.000 millones, obviamente sin dar detalles ni llamar a licitación. Y nos hemos consumido todas las reservas; según Alieto Guadagni, reponerlas nos costaría ¡US$ 300.000 millones!

La sinrazón de esta política, o su verdadera locura, hizo que los precios a los productores se mantuvieran congelados desde hace nueve años, que éstos dejaran obviamente de invertir en prospección de nuevos yacimientos (de allí la caída de las reservas) y en producción, obligando al Gobierno a importar cantidades crecientes de combustibles a precios cada vez más caros. Para dar una idea de qué estoy hablando, las importaciones crecieron hasta alcanzar, en la proyección para 2011, a US$ 8.000 millones y, para 2012, a ¡US$ 12.000 millones!.

Ello nos lleva, naturalmente, al tema de los subsidios, ahora retirados o en vías de serlo. Los brillantes y sonrientes ministros de Economía y de Planificación dijeron la verdad al anunciar estas medidas: las tarifas no subirán al consumidor. Digo que es cierto porque, al menos hasta ahora, no está previsto el reconocimiento de aumento alguno a las compañías productoras, transportadoras y distribuidoras, con lo cual el problema del déficit energético tenderá a empeorar.

Lo que no dijeron con claridad es que, al retirar los subsidios y obligar al consumidor a que pague la diferencia crearon un nuevo cargo –un impuesto- que, ingresando a la caja del Estado, permitirá que doña Cristina siga gastando a su antojo. Sin embargo, existe un grave problema legal que, dudo, ni siquiera esta genuflexa Corte Suprema esté dispuesta a sortear y eludir: en la medida en que se trata de un nuevo tributo, el Poder Ejecutivo no tiene facultades para imponerlo; es más, lo tiene expresamente prohibido por la Carta Magna.

Otro “detalle” es que, en la medida en que total debido será mucho mayor, también se incrementará el monto que, en concepto de IVA, el consumidor deberá pagar a fin de mes. Quien tenga alguna duda al respecto, puede consultar su última factura.

Don Néstor (q.e.p.d.) había prometido -y estaba totalmente convencido de lo esencial de su cumplimiento- garantizar el superávit fiscal. Su viuda y sucesora lo ha hecho polvo, y la Casa Rosada se ha visto obligada a firmar cada vez más vales –verdaderos papelitos sin valor-, que reemplazan al dinero que retira diariamente de las cajas del Banco Central, de la Anses, del Banco de la Nación, etc., a pesar del saqueo a las AFJP’s.

Don Néstor (q.e.p.d.) había prometido –aunque dudo que lo dijera en serio, dada su esencial necesidad política- que su “modelo de inclusión social” terminaría con la pobreza en la Argentina. Sin embargo, según se supo la semana pasada por las informaciones brindadas por la Pastoral Social de la Iglesia y por el Observatorio Social de la Universidad Católica, hay ahora casi más pobres que al final de los malhadados 90’s, y eso que la medición se realizó después de casi nueve años de crecimiento a “tasas chinas”.

Doña Cristina –y don Néstor (q.e.p.d.) entre bambalinas- había explicado que la política del Gobierno frente al campo tendía a evitar el monocultivo del “yuyito” y a obligar a la diversificación de los siembras. La realidad dice que la Argentina se ha “sojizado” al extremo y que la frontera agrícola de esa oleaginosa se ha extendido por el país a costa de bosques, tierras ganaderas y del trigo, el maíz y otros cereales. Claro que, sin la soja y los extraordinarios precios que ésta alcanzó recientemente –hasta que la suerte se le terminó a la Presidente-, no hubiera sido posible esta fiesta de despilfarro, populismo y corrupción, inherente al “modelo”.

La Presidente, al reinaugurar cien veces los mismos galpones y cabinas de señales, prometió reconvertir al país en ferroviario. Sin embargo, no solamente nada se hizo sino que los fabulosos subsidios pagados a las empresas concesionarias –que parcialmente terminaban transportados en valijas de efectivo por don Ricardito Avión Jaime, cada viernes, al despacho de don Néstor (Cirielli dixit)- no se transformaron en inversiones y, para empeorar el panorama, se cedió un sillón en el Directorio de Belgrano Cargas a Moyano, enemigo natural y esencial del transporte en tren.

La señora Presidente no parece haberse cansado aún de autoelogiarse con las mejoras concedidas, por su gracia, a los jubilados. Pese a ello, y con la necesidad imperiosa de destinar los fondos de garantía para los programas “Computadoras para Todos”, “Fútbol para Todos”, Asignación Universal por Hijo, etc., vetó la ley que imponía el pago del 82% móvil a los pasivos, y el 90% de éstos cobra la jubilación mínima que, a todas luces, es insuficiente para atender a la canasta básica.

Motivada, seguramente, en razones de alta política –nadie vaya a pensar que lo hizo por razones “crematísticas”- pero sin molestarse en contarnos cuáles eran, a contramano de todas las promesas y gestos realizados desde los lejanos días de los “hielos continentales”, doña Cristina también vetó la Ley de Protección de Glaciares, sancionada por unanimidad de ambas cámaras del Congreso, ordenando a su sumisa bancada propia no insistir con ella.

La señora de Kirchner, que se ha llenado la boca hablando de la libertad de empresas y gremios para fijar los salarios en paritarias, con el Estado como garantía, ha invertido literalmente el rol de éste y ha denegado la homologación del Ministerio de Trabajo al aumento obtenido por la Unión de Trabajadores Rurales, conducida por el “Momo” Venegas.

De don Néstor (q.e.p.d.) -que consideraba al movimiento obrero como una aliado indispensable y la piedra basal de su “modelo”- a doña Cristina que, ante la rebeldía contra un acto imperial, pide se quite la personería a un gremio, hay una enorme distancia. La misma que la lleva a devolver a la Fuerza Aérea, cuatro años después de habérselo quitado su marido, a los controladores del espacio aéreo.

Falta saber qué decidirá el plenario de la CGT, convocado por don Hugo Camión para esta tarde y con carácter de urgente, para saber cómo seguirá la lucha por la inflación, los salarios y la calle. ¡Menudas cuestiones!

La enumeración, claro, podría continuar hasta el infinito, hablando de temas tales como el “desendeudamiento” (¡Argentina pagó al FMI y se endeudó con Venezuela, a una tasa mayor!, pero el monto total de la deuda pública es igual que cuando Kirchner asumió), la caída feroz en las reservas monetarias, la decadencia de la educación, la rampante inflación, la falta de inversión en infraestructura, la inseguridad ciudadana, la fuga de capitales, etc. Sin embargo, voy a concluir con otro de los pilares del “modelo”, esto es, el consumo interno como motor único de la economía.

Doña Cristina contribuyó, en enorme medida, a que los argentinos entraran en una fiesta fantástica de compras, muchas por completo innecesarias, de automóviles, de plasmas, de electrodomésticos y, por triste que le resulte, hasta de dólares.

Esos compradores de clase media, tan incentivados y que han convertido a sus tarjetas de crédito en transparentes a fuerza de usarlas, hasta hace pocos días tenían previsto cómo pagar las cincuenta cuotas de cada una de esas compras, pero ahora deberán destinar una porción no menor y creciente de sus ingresos al pago de las elevadas facturas de luz, de agua, de gas, de medicina prepaga y de educación privada, sin hablar de los alimentos y la indumentaria.

Este verano promete ser más caliente de lo habitual pero, además, ese calor promete prolongarse, al menos hasta que todos esos aumentos de gastos sean mentalmente absorbidos por los ciudadanos, que enfrentan una presión tributaria con escasos parangones en el mundo y una prestación de servicios del Estado más que deficiente e insatisfactoria.

La gran incógnita es qué hará la ciudadanía cuando reciba el mortal golpe en sus bolsillos, cuando se vea obligada a incumplir sus compromisos, es decir, cuando todo explote por el aire. El mayor problema que aquejará a la señora Presidente es que, en la medida en que carece de ministros con personalidad propia, todas las decisiones, por pequeñas que sean, recaen en ella. Y de ella serán, entonces, todos los costos que la falta de tales fusibles hará que deba pagar personalmente.

Existe un dicho popular que dice que, cuando la situación se complica, se torna “más difícil que recular en chancletas”. Como es de público y notorio, hasta a los más acérrimos militantes del modelo” se le está haciendo muy engorroso explicar que lo que vivimos los argentinos desde el 24 de octubre -¡hace poco más de un mes y parece que hubieran transcurrido años!- es lo mismo que hicieron don Néstor (q.e.p.d.) y doña Cristina desde los lejanos días de mayo de 2003 hasta entonces.

BsAs, 1 Dic 11

Enrique Guillermo Avogadro
Abogado

Blog:
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